miércoles, 29 de febrero de 2012

Michigan y Arizona, la vuelta de la tortilla

Si me hubieran preguntado el 7 de febrero, cuando la victoria de Santorum en Colorado, Missouri y Minnesota fue oficial, quién creía que ganaría las primarias de hoy, hubiera respondido… ¡Santorum! Semanas después de la triple victoria de Santorum, ayer, hubiera afirmado que el ganador sería Santorum. Hoy, día electoral en Míchigan y Arizona, mi respuesta cambia. A pesar de que, durante semanas, las encuestas han situado a Santorum 10 puntos por encima de Romney, durante este tiempo han pasado cosas.

Los expertos en consultoría de negocio, política, demoscópica y sociología electoral tenemos en cuenta los acontecimientos diarios y medimos cómo afectan al electorado en su actitud hacia los candidatos. Han sucedido tantas cosas en estos días, con efectos inmediatos en el sentir de los votantes, que, tras favorecer en el pasado mayoritariamente a Santorum, hoy, día electoral, los conservadores otorgan la victoria a Romney: en Míchigan, su ganancia es muy estrecha (37,8% versus 35,3% de Santorum); se juegan 30 delegados. En Arizona (29 delegados), las encuestas han otorgado siempre la victoria a Romney, culminando hoy con el 41,4% de los votos, frente al 28,2% para Santorum.

¿Qué ha pasado para que se haya producido este vuelco electoral? ¿Qué encumbró primero a Santorum y ahora a Romney? Dando por sentado que el resultado final no lo otorgan las encuestas, sino los votos, los sucesos sí han influido en los electores. Primero, los republicanos vieron en Santorum a un candidato creíble, frente a Obama: defensor verdadero de los principios conservadores, tras sus tres victorias. Además, Santorum no solo ha apelado a valores religiosos que le han granjeado el apoyo de los cristianos. Sus orígenes sociales, con un abuelo emigrante y minero, atrajeron al trabajador blanco de clase media-baja.

Por su parte, Romney cometió errores: frente a la imagen de empresario exitoso, creador de empleos, que él transmite, publicaciones (The Wall Street Journal y Bloomberg-Businesss Week) destaparon su pasado como banquero de inversión que compraba empresas en quiebra, las reflotaba y las vendía, dejando a miles de trabajadores en la calle...

Por otro lado, se suponía que Romney debía ganar en Míchigan: nacido allí, su padre, directivo del sector del automóvil que da vida económica al estado, gobernador seis años… Confiado, Romney dio un mitin en un estadio, con cabida para 100.000 personas. Lo que resonó mundialmente en Youtube y, después, en prensa, radio, televisión e internet no fue el discurso económico de Romney -relevante-, sino que a la convocatoria acudieron 1.200 millonarios, convenientemente situados frente al escenario. Lo que América vio en las redes sociales fue el estadio vacío: Y, Romney… ¡abochornado! En cambio, Santorum habló ante la misma audiencia en un auditorio pequeño, donde no parecía haber 1.200 ricos, sino 100.000 individuos. Victoria para Santorum.

Pero a Santorum le faltó algo esencial para culminar su racha de éxito: explicar a los americanos cómo va a arreglar la economía, que es lo que más preocupa a los votantes. En el caso de Arizona, donde el 30% de la población es hispana y hay 470.000 latinos viviendo ilegalmente, Santorum ignoró a los que le pedían su regularización: la ciudadanía.

Romney cambió el tercio: propuesta de reducción de impuestos, para todos los contribuyentes, del 20%; más agresiva que las proposiciones de Santorum y Obama. Xi Linping, futuro presidente de China, visitó Estados Unidos: "Frente a la política de paños calientes de Obama", Romney defendió una postura de rotunda firmeza frente a China, en tres ámbitos: económico, militar, valores: "El siglo XXI no será el siglo de China, sino el de América".

Los inmigrantes ilegales fueron objeto de las iras de Romney en Arizona: un muro más alto, más policías patrullando y aplicación de la Ley de Inmigración de Arizona, que permite detener a "cualquier sospechoso de ser indocumentado"; apoyo a Romney de los conservadores. Publicidad: Romney ha invertido en anuncios, para promocionarse y denigrar a Santorum, en una proporción de diez a uno. En el último debate televisado entre candidatos, Romney puso a Santorum contra las cuerdas, al comparar sus declaraciones defendiendo sus principios y la realidad de los votos de Santorum en el Senado: incoherencia de Santorum, quien reconoció haber votado en contra de sus creencias para contentar a George Bush: firmó su sentencia de muerte. Hoy, las encuestas en Míchigan y Arizona dan ganador a Romney: la tortilla se ha dado la vuelta.

Publicado previamente en Cinco Días el 25 de febrero de 2012
 

martes, 28 de febrero de 2012

Economía y Capitalismo: es la hora de los Expertos Económicos (o Tecnócratas) I

Cuando hay problemas serios, Estados y Sociedad piden ayuda a los que más saben de Economía y Negocios, para evitar el desastre de la bancarrota, y volver a la senda del crecimiento y el empleo.

Cuenta Laureano López Rodó, -ya fallecido, famoso abogado especializado en Derecho Administrativo y, sobre todo, muy conocido, porque fue ministro de Franco: artífice de la salida de la autarquía, dinamizador de la economía productiva española y autor de los Planes de Desarrollo,- en uno de sus varios tomos de memorias políticas, que, en una ocasión, el falangista ministro de Vivienda, Arrese, lleno de fervor ideológico ante las masas, “prometió la construcción gratuita de un millón de viviendas de protección oficial”. Grandes aplausos de las masas “llevadas de excursión en autobús, bocadillo incluido”.

Por lo que parece, Franco, casualmente y, por aquel entonces Caudillo de España, se enteró de la medida anunciada por Arrese –no se sabe si, por los periódicos, o por comentarios de su mujer, Doña Carmen-, y, es obvio, que puso su atención en el dato, llamativo, de “construir un millón de viviendas de protección oficial, gratis”. El dictador se preguntó: Y esto, ¿cómo se va a pagar? (=financiar). Franco, que no sabía nada de Economía, llamó al ministro de Economía, que, como López Rodó, también casualmente era un “tecnócrata del Opus” (es decir, un economista que, además, era miembro del Opus Dei, si hablamos con propiedad y respeto), y le preguntó si, lo prometido públicamente por Arrese, era viable financieramente. El ministro de Economía respondió a Franco que no, que era completamente imposible, que no había dinero, a no ser que “España se endeudara más, aumentando el déficit público”. Franco hizo propios lo argumentos de su “tecnócrata del ramo” y llamó al “ideólogo de turno”, en este caso, Arrese, y le obligó a que “se desdijera públicamente, porque no hay dinero para construir tantas viviendas de protección oficial, gratis”.

Imagino perfectamente la frustración de Arrese, al verse derrotado por un (en el sentido más despectivo, peyorativo y despreciable posible, de la palabra) “tecnócrata”, por un “economista”. Y afirmo que me imagino cuál y cuán sería el enfado del ideólogo falangista, porque el debate y la lucha –en el ámbito de la Política Económica, especialmente-, entre “ideólogos” y “tecnócratas”, son tan viejos como la tos y, me temo, son un mal estructural que nunca se solucionará del todo. 

Ocasionalmente, con independencia de la ideología política del país de que se trata, “las naciones”, en sentido genérico, acuden a los “Tecnócratas Económicos” para que les rescaten; el escenario se ha repetido en muchos lugares: primero, gobiernan los ideólogos, sean de derechas o de izquierdas que, estadísticamente hablando tienden –en el cien por ciento de los casos- a despilfarrar el dinero de los Estados, aumentando sus diversos déficit (comercial, por cuenta corriente, de las administraciones públicas, etc), y acaban incrementado el conjunto de todos esos Déficits, que es la Deuda.

La consecuencia, en todos los casos, es siempre la misma: un empobrecimiento general del país, que suele obligar a una devaluación del valor económico “de todas las cosas”: salarios, propiedades, viviendas, etc: es decir, los activos de todo tipo, -individual y colectivamente- se ven obligados a perder valor; valor que, habitualmente, les había otorgado el mercado; que es lo que explica, en buena parte, a modo de ejemplo, el pinchazo -en el año 2000-, de la Burbuja de la Tecnología e Internet, y en 2007/2008, el estallido, de consecuencias brutales, de las Burbujas Inmobiliaria y la Construcción.

Ejemplos en la historia reciente sobran, de Estados que acuden a los “Tecnócratas-Economistas” para que les salven. Puesto que yo no soy ni de derechas, ni de izquierdas, porque –en mi personal y subjetiva opinión, para la que pido respeto- son ejemplos muy malos de inmovilismos, en lo económico, sino que soy defensor del Capitalismo y de la Economía de Libre Mercado, animo al lector a acudir a fuentes de información capitalistas que han publicado fabulosos libros, que explican en detalle y con perspectiva histórica, lo que yo solamente voy a enunciar: desde “El Ascenso del dinero” (2008, Allen Lane) y “Civilización” (2011, Pinguin Group, 2011), ambos de Niall Fergusson; hasta, “Esta vez es diferente” de los profesores Reinhart y Rogoff (2009, Princeton). En Amazon hay cientos de libros disponibles, que tratan esta misma materia, desde la visión capitalista estadounidense, con la que comulgo.

Confieso que estoy escribiendo un libro, entre otros, sobre la materia, por lo que estoy documentándome tanto como puedo; quizá por eso, me duele tanto (ironía: al contrario, ¡estoy encantado!), que el semanario (liberal y capitalista) británico “The Economist”, defienda la misma tesis que explico yo en mi libro, en su número, del 21-27 de enero de 2012, en que habla de “El surgimiento de un nuevo modelo económico: el Capitalismo de Estado”, conforme al cual, como ya he explicado varias veces en este artículo, los “Tecnócratas-Economistas” han de abandonar, temporalmente, sus lucrativos trabajos en la empresa privada, para –ganando muy poco dinero, en términos relativos, y por comparación con sus salarios en el sector privado- formar parte de Gobiernos, y salvar de la quiebra a sus Estados.

En la extinta Unión Soviética, el secretario general del PCUS, Mikhail Gorbachev, inspirándose en la Nueva Política Económica (NEP), impuesta por Vladimir Lenin a principios de los años 20 del siglo pasado, intentó, por las bravas, una transición a la economía de libre mercado, entre 1986 y 1991, pero dentro del sistema comunista, como hizo Lenin. Ni Perestroika ni Glasnost salieron bien paradas. Setenta años de “socialismo real” y de “comunismo de estado”, no se borran de un plumazo. Además, la experiencia histórica nos dice que, cuando en un país gobierna durante muchas décadas un mismo partido político, y no existe la libre competencia, se genera la corrupción institucionalizada.

A Gorbachev le organizaron un “coup de ètat”, un golpe de estado, sus correligionarios comunistas, del que le salvó un embravecido Boris Yeltsin, quien –cuando ascendió al poder- sí que inició, sin anestesia, la transición radical del comunismo de estado a la economía de libre mercado. Yeltsin incorporó al Gobierno a “Tecnócratas-Economistas”, fichó como asesores a los “Hombres de Harrelson”, economistas provenientes de las Escuelas de Harvard, Standford y Chicago (de Norteamérica donde, a Dios gracias, no se cuestiona el capitalismo como la mejor forma de generar riqueza y empleos). Sin embargo, el hacerlo tan rápidamente, sin la existencia de una clase media capaz de soportar un cambio tan radical de pensamiento, estructuras y forma de actuar, provocó que, su política económica, sumiera a Rusia en el caos y generó, inmediatamente, 45 millones de pobres (muy pobres): con criterios del FMI y del Banco Mundial (instituciones capitalistas nacidas de los Acuerdos de Bretton Woods, en 1944), “pobres son aquellos que viven por debajo del umbral de la pobreza, es decir, tienen por toda fuente de ingresos uno o dos dólares diarios”.

Hasta que no se convirtió en presidente el primer ministro de Yeltsin, un hombre de hierro que, como Lenin, también se llamaba Vladimir, pero con apellido Putin, Rusia no entró en la senda del crecimiento económico. Proveniente del KGB en la antigua República Democrática Alemana (RDA), durante los últimos doce años, ha colocado en el gobierno ruso a tantos “Tecnócratas-Economistas” como agentes del KGB (no me gusta la nueva denominación de los servicios secretos rusos; prefiero la antigua). Rusia es un país muy rico en materias primas -petróleo, gas y carbón-, y la gestión de Putin y sus amigos tecnócratas, han colocado a su Nación, en el Grupo de Países Emergentes (BRIC), que son los que más crecen económicamente en el mundo, todavía.

No deja de ser curiosa la coincidencia, en los cuatro países que dan lugar al acrónimo “BRIC”, que, en todos los casos, haya unos orígenes socialistas o comunistas, reconvertidos -a Dios gracias-, al capitalismo de estado. Veamos muy brevemente caso por caso: el gran autor del crecimiento económico de Brasil es el antiguo sindicalista y ex miembro del Partido de los Trabajadores (Partido Comunista), Lula da Silva, quien se ha enriquecido, como Gorbachev, dando conferencias y escribiendo libros, al dejar de ser presidente. 

El caso de Rusia ya lo hemos mencionado. India es un país que, durante toda la Guerra Fría, buscó calor acercándose a la Unión Soviética (lo cual le protegía de uno de sus varios enemigos, en este caso, China, enfrentada con la URSS, tras la muerte de Stalin, en 1953), y sus estructuras económicas y productivas eran tan socialistas, como ineficaces e ineficientes. Pero el crecimiento económico de la última década y media, en India, la han generado gobiernos de “Tecnócratas Economistas”, educador y formados en Inglaterra, y empeñados en llevarse bien con Estados Unidos. Más aún, los indios lucharon fuertemente, aun sin éxito, para que uno de sus nacionales se convirtiera en director gerente del FMI, en vez de la francesa Christine Lagarde.

Los chinos son fabulosos. Otro de mis libros, muy extenso, trata este caso excepcional de éxito. Ya he citado, en este Confidencial Digital, en una ocasión, las palabras del “Pequeño Timonel”, Deng Xiaoping, cuando en 1982 inició la transición de China, desde el comunismo de Mao Zedong, al comunismo político, mezclado con el capitalismo de estado: “hacerse rico es glorioso” y, ante las críticas de viejos camaradas del Partido, Deng Xiaoping respondió, gritando: “¡Qué más da que el gato sea blanco o negro, si caza ratones!”. 

Los chinos habían estudiado muy bien el caso de sus correligionarios del norte, los rusos soviéticos y, aprendida la lección, evitaron los errores cometidos por Rusia: en la élite gobernante china es casi imposible discernir entre empresario, directivo y funcionario del Partido Comunista Chino. Todo se mezcla. Eso sí, crecimientos del PIB, de más de dos dígitos, durante tres décadas, de manera ininterrumpida, que han arrancado de la pobreza a 400 millones de chinos, también generan enormes diferencias sociales: pero no hay problema, porque el ejército de infantería más numeroso de la tierra (el Ejército de Liberación Chino) no parece tener por misión enfrentarse a los Marines americanos, sino mantener la estabilidad social dentro de las fronteras de China.

No quisiera pasar por alto, la Unión Europea, ni transmitir la idea –que sería claramente equivocada-  de que sólo dictaduras con problemas (“de derechas” o de “izquierdas”, da igual, ya hemos visto, que se trate de las dictaduras de “derechas” como la España de Franco o la Chile de Pinochet; o las dictaduras de “izquierda”, como la antigua URSS o China) acuden a los “Tecnócratas-Economistas” para que salven a sus Patrias de la ruina económica.

Si empezamos por ejemplos positivos, vemos que, en Estados Unidos, entre 1929 y 2011, ambos inclusive, los mayores crecimientos económicos del Producto Interior Bruto y más baja tasa de desempleo, se dan con presidentes demócratas: siendo JFK, Kennedy, presidente, el PIB creció una media del 5,4%, entre 1960 y 1963, y América vivía en el pleno empleo. Entre 1993 y el 2000, cuando Bill Clinton fue presidente, el PIB creció a un ritmo del 4,4%, y la tasa de paro –media aritmética- fue del 5,5%, es decir, pleno empleo en el caso americano (en España la cifra equivalente, más o menos, sería una necesaria/máxima, tasa de paro del 8%): con Clinton, se crearon 200.000 empleo netos mensuales en el sector privado o, lo que es lo mismo, 23,1 millones de empleos en sus ocho años de gobierno. Ni Kennedy ni Clinton eran socialistas; Obama, tampoco, y lleva creados 3,1 millones de empleos netos en tres años, versus los 3,5 millones que generó su antecesor, George Bush hijo, entre el 2000 y el 2008. Mientras la Unión Europea cae de nuevo en la recesión en 2012, los Estados Unidos, con Obama, han crecido en 2010 y 2011, y volverán a crecer este año, por encima del 2%.

En Reino Unido, de todos es sabido, Margaret Thatcher revolucionó con sus profundas y atrevidas reformas económicas, un país que iba derecho a la ruina económica. John Major siguió sus políticas, aun siendo mal alumno, y, para sorpresa de comunistas y socialistas, entre mayo de 1997 y junio de 2007, un laborista llamado Tony Blair, que en el 2005 se convirtió al Catolicismo, puso en marcha un conjunto de programas económicos, que consiguieron para su país la década de mayor crecimiento económico de todo un siglo. Para Blair, al igual que para Clinton: “ni izquierdas, ni derechas, sino una Tercera Vía”. Obvio decir cómo denomino yo esa tercera vía. Sindicatos de clase, socialistas, comunistas…; todavía guardan rencor a Tony Blair, “por haber abandonado los principios marxistas leninistas, el socialismo y el Laborismo”.

El mismo fenómeno, entre 2008 y 2012, vemos en muchos países de la Unión Europea: En Reino Unido, encabezados por David Cameron, mandan los “Tecnócratas-Economistas”; su programa de reducción del déficit público es el más agresivo de toda la Unión Europea (ver últimos datos de Eurostat, de la tercera semana de febrero de 2012). En Francia, con Nicolás Sarkozy, se ve a pocos “políticos-ideólogos” en el Gobierno de la República y, en cambio, haría falta estar ciego, para no apreciar e identificar a los Expertos en Economía, que están gobernando el país.

La Alemania de Angela Merkel es tan conocida, por ser la Locomotora Económica de Europa, y aparecer tanto en los periódicos, que no merece ni comentario. Una mujer culta, como Merkel, que vivió bajo el yugo comunista de la antigua RDA hasta la Caída del Muro de Berlín, en noviembre de 1989, sólo podía poner todos los huevos en una misma cesta, y apostar por el crecimiento económico dirigido por “Tecnócratas-Economistas”. Reino Unido, Francia y Alemania son los países más exitosos de la Unión Europea. Según los datos hechos públicos el jueves 23 de febrero de 2012, por Eurostat, la Unión Europea entró oficialmente en recesión técnica, en el último trimestre del 2011, y así seguirá durante todo el 2012, con un decrecimiento general del PIB, del -0,3%. No es casualidad que Reino Unido, Francia y Alemania, tengan previstos para 2012, levísimos crecimientos económicos positivos: +0,6%, +0,4% y +0,6%, en cada caso. Países llamados Periféricos, como Italia y España, según la Unión Europea, decrecerán este año su PIB, el 1,6% y el 1%, respectivamente.

En el caso español, los Servicios de Estudios (entre otros muchos, aun más pesimistas) de: el Banco Mundial, el FMI, el Banco de España, BBVA, La Caixa, Santander, Funcas y el propio ministerio de Economía y Competitividad, sacan una media aritmética de decrecimiento económico para España, del -1,6%, en 2012,  y una conclusión tremenda: con estos mimbres, es imposible reducir el déficit público del 8% (no del 6% del PIB, reportado por el anterior gobierno) al 4,4%, este ejercicio. España tendría que recortar otros 50.000 millones de euros adicionales, este año y, esto, es, sencillamente, imposible. Sí es posible, pero no voy a explicar cómo.

La buena noticia, para Italia y para España, es que, en ambos casos (en el primero, proveniente de un gobierno de “derechas”, el de Berlusconi, que además de corrupto, es un gobernante incompetente, que no sé qué es peor; en el segundo, en España, venimos de 8 años de gobierno socialista que lo ignoraba todo en Economía y que, además cerraba los ojos a la realidad: peor, imposible: su herencia son 5,3 millones de parados), ha habido cambios de gobierno y, ahora, los que están al timón son, por Gracia de Dios y de la Confianza de los Votantes, “Técnicos-Expertos-Tecnócratas-Economistas”. Tardarán, en torno a cinco años largos, en sanear Italia y España, y será muy doloroso para todos, pero lo conseguirán.

He prometido al Editor de este Confidencial Digital que, en próximas tribunas, escribiré en detalle, bajo el contexto de lo enunciado hoy, el caso español y el sentido de las Reformas que lleva a cabo el Gobierno de Rajoy; y el del G-20, ejemplo de gobernanza Mundial, reunido este pasado fin de semana en México.

Publicado previamente en El Confidencial Digital el 27 de Febrero del 2012

lunes, 27 de febrero de 2012

La religión, foco de las elecciones americanas

Durante las elecciones presidenciales de 1960, que enfrentaron a Kennedy y a Nixon, la condición de católico del candidato demócrata fue el principal foco de atención. Hasta tal punto que, Kennedy, exasperado, se desahogó con su amigo Ted Sorensen: “¡Pero qué tendrá que ver el catolicismo con ser presidente”! Durante un siglo, los protestantes miraron con recelo a los católicos americanos. Kennedy, tras prometer mantener la separación entre Iglesia y Estado, asegurar que no se sometería al Papa, en cuestiones políticas, y que el principio constitucional de la Libertad Religiosa se mantendría incólume, gano las elecciones.

En América, según Gallup, el 78% de los norteamericanos son cristianos y aquellos que viven su religión con más fervor, son más felices, tienen más calidad de vida, y un propósito para “luchar”. Debido a la crisis, el paro, la economía, el tamaño del Estado, el déficit, los impuestos y los beneficios sociales, han sido los ejes de atención de los candidatos. De repente, la religión también surge, para demócratas y republicanos. 

Obama pronunció hace poco estas palabras: “al que mucho se le ha dado, mucho se le pedirá”. Obama utilizó la frase evangélica para justificar el mantener las exenciones fiscales al 99% de los contribuyentes, y excluir al 1% que más ganan: “a más ingresos, más impuestos”.

Obama consiguió lo imposible: con la contracepción, Católicos, Ortodoxos, Protestantes, Evangélicos y Judíos han seguido a la Conferencia Episcopal Católica en su oposición a la medida. Para los cristianos, la política de Obama atentaba contra el principio de la Libertad Religiosa. Obama enfadó a dos grupos afines a los demócratas: católicos (29,7% del electorado) e Hispanos (14% del electorado), mayoritariamente católicos. Los asesores católicos del presidente, incluido el vicepresidente Joe Biden, le advirtieron de que no siguiera adelante con su política. Testarudo, Obama dio un paso al frente, pero al ver las negativas repercusiones electorales, tuvo que dar, parcialmente, marcha atrás.

En el bando republicano Santorum, católico de principios sólidos y muy conservador; Romney, moderado, mormón, y exitoso empresario; Gingrich, oportunista, casado en terceras nupcias, convertido al catolicismo y ansioso por restaurar la gloria de América, y el libertario Ron Paul, se enfrentan por obtener la candidatura presidencial: todos seguirán en la carrera, hasta la celebración de la Convención Republicana en Tampa (Florida), en septiembre. 

La campaña será larga, para los conservadores. Hoy, el duelo lo protagonizan Santorum y Romney. Las encuestas sitúan a Santorum (33,6%) por delante de Romney (28,4%). Santorum ha conseguido el apoyo del Tea Party, conservadores sociales y fiscales y, sobre todo, muchos cristianos, por su oposición al aborto, divorcio, matrimonio entre homosexuales y contracepción. ¿Qué piensan los cristianos de Romney? Un influyente líder religioso protestante dijo: “es mormón…, pero cree en Jesús, y esto me basta”.

Publicado previamente en La Gaceta el 26 de febrero del 2012

Elecciones USA: una visión global

En La reinvención de Obama sostengo que si Barack Obama quiere ser elegido para un segundo mandato, debe imitar lo mejor de Ronald Reagan (su carisma) y de Bill Clinton (la política económica: mayor crecimiento y creación de empleo en 70 años). Según Gallup, una inmensa mayoría de norteamericanos piensa que Reagan y Clinton son los mejores presidentes de los últimos 50 años. Obama aún tendrá que esperar para que la historia le juzgue. Esta teoría se la aplica George Bush hijo a sí mismo: dejó la presidencia con el peor índice de aprobación de la historia moderna y dice en sus memorias (Decision Points) que espera y desea que la historia le juzgue mejor que sus contemporáneos. Le entiendo.

¿Tiene posibilidades Obama de ser reelegido? Las elecciones tendrán lugar el 6 de noviembre. Todas las encuestas dicen que, de celebrarse hoy las elecciones, Obama ganaría a los principales oponentes republicanos: a Romney, por 6,1 puntos, a Santorum, por 8,4, y a Gingrich, por 13,9. El índice de aprobación de Obama ha mejorado en los últimos seis meses, superando, por vez primera, el índice de desaprobación: 49% versus 46,8%, respectivamente.

Y, con certeza, Obama estaría en mejor posición de no haberse enfrentado con una parte importante de su propio electorado: católicos (29,7% de la población) e hispanos. Su enfrentamiento con las iglesias (católica, ortodoxa, protestante de diversas denominaciones, calvinista, luterana y judía ortodoxa) a cuenta de la contracepción -incluida en la reforma sanitaria- no le ha beneficiado electoralmente: los republicanos han aprovechado la coyuntura y parte de su electorado demócrata se ha sentido ofendido.

En el caso de los latinos, por partida doble: supondrán un 14% del electorado el 6 de noviembre; son 50 millones de ciudadanos legales y 15 millones ilegales. Mayoritariamente son católicos. La polémica de la contracepción les ha tocado la fibra sensible de sus creencias (para la sociología americana la cuestión no era la contracepción en sí misma, sino el sagrado principio constitucional de la libertad religiosa) y su apoyo al presidente ha descendido 10 puntos: del 67% al 57%. Además, han pasado cuatro años desde que Obama les prometió la reforma de la inmigración. Los latinos se preguntan: ¿para cuándo?

Hoy, Obama tiene el apoyo del 85% de los demócratas; un 10% de conservadores moderados le votarían y, sobre todo, el 40% de independientes están a su favor. El 41% de los blancos, el 57% de los latinos y el 91% de los afroamericanos son pro-Obama.

La favorable, aun moderada, mejora de la economía está ayudándole (al igual que la división del bando republicano): durante seis meses se ha creado empleo neto, a un ritmo medio de 145.000 puestos de trabajo mensuales en el sector privado; la petición de subsidios de desempleo desciende: la tasa de paro es del 8,3%, acercándose al 8% que prometió en 2008.

Los datos relativamente positivos se reflejan en el índice de confianza de la Universidad de Míchigan: aumento de 20 puntos desde el verano de 2011 hasta hoy. Espero que el dato de febrero sea del 72,5. Los mercados de valores, que ya no se sabe si son indicadores de algo o de nada, viven un buen momento: el índice S&P experimenta su momento más álgido desde la caída de Lehman Brothers (2008). Han aumentado la producción industrial y las exportaciones.

El gran socio y enemigo, al mismo tiempo, ideológico, económico, geoestratégico y militar de Estados Unidos, China, muestra mayor sintonía con Norteamérica en lo que más preocupa a los norteamericanos: la economía (y el desempleo). El vicepresidente chino, Xi Jinping -futuro presidente de China a partir de noviembre- ha mostrado más sintonía con América que el actual presidente, Hu Jintao. A pesar de que China (como Rusia) se niega a imponer más sanciones económicas a Irán para que deshaga su programa nuclear y (al igual que Rusia) se opone a Estados Unidos en el Consejo de Seguridad de la ONU a cuenta de Siria. China da una de cal y otra de arena.

Pero en política internacional, al igual que en la gestión medioambiental, los americanos dan a Obama índices favorables: 52% y 51%, respectivamente. Por ahora, las relaciones internacionales no son el foco fundamental de la campaña electoral. Hasta hace bien poco lo eran la economía, el desempleo y los impuestos: ni Obama quería aparecer como un inútil ni los republicanos del Congreso como meros obstruccionistas: juntos han aprobado extender hasta final de año las exenciones fiscales para todos los contribuyentes (afecta a 160 millones de trabajadores) e, igualmente, los subsidios de desempleo para parados que buscan activamente empleo (11 de los 15 millones de parados).

El campo republicano parece una montaña rusa de duelos. Romney, con el apoyo del aparato del partido, e invirtiendo 10 veces más dinero que sus competidores, parecía ser el inevitable ganador. Sus victorias en Nevada y Florida le encumbraron. Gingrich parece olvidado. Ron Paul nunca fue una opción. Santorum, que no tiene dinero, sino principios católicos muy sólidos, está atrayendo a evangélicos, Tea Party y conservadores de todas las denominaciones. Dio la gran sorpresa al ganar, contra pronóstico, en Colorado, Missouri y Minnesota, donde no había gastado un solo dólar, pero había recorrido los estados en camioneta, mientras Romney había invertido una fortuna en publicidad. Ni siquiera la victoria en Maine (11 de febrero) fue consuelo para Romney.

El 28 de febrero, los republicanos vuelven a enfrentarse en Arizona y en Míchigan, estado natal de Romney, donde su padre fue gobernador seis años en los sesenta. Romney ha invertido en publicidad 2,1 millones de dólares en Míchigan. Santorum, 42.443 dólares. Sin embargo, todas las encuestas dan por ganador a Santorum y no a Romney: 37% versus 28,8%.

¿Ganará el dinero o las ideas más conservadoras? Si Romney pierde Míchigan, cuando menos, habrá de hacer dos cosas: primero, despedir a su tesorero. Segundo, pegarse un tiro en la rodilla.

Publicado previamente en Cinco Días el 23 de febrero del 2012

miércoles, 22 de febrero de 2012

Reforma financiera y éxito empresarial

La reforma financiera será una evidencia más de la existencia de entidades financieras exitosas en España, con o sin crisis, como Santander, CaixaBank (La Caixa) y BBVA.

Desde el año 2006 vengo realizando un Estudio llamado KAR, que sirve como termómetro que mide el Éxito Empresarial de las primeras doscientas empresas españolas y filiales de multinacionales con presencia en nuestro país. Esas compañías, agrupadas en sus diferentes sectores de actividad, contribuyen en un 90% a la generación de riqueza en España. Lógicamente, el sector financiero, los bancos y las cajas de ahorro (95 entidades, en el año 2006, antes de la crisis) españolas siempre han ocupado un lugar relevante en este Estudio: con crisis financiera y económica o sin crisis.

La teoría económica subyacente que el Estudio pretende demostrar empíricamente, es la existencia de compañías privadas que son ejemplo y protagonistas del Éxito Empresarial, en cualquier circunstancia; mejor aun: con independencia de las circunstancias exógenas a esas empresas. Son entidades que, por tener incorporado a su ADN una serie de características (en torno a cuarenta), fueron fundadas para durar durante mucho tiempo y dando siempre buenos resultados.

En el extremo opuesto de esta teoría económica, empresarial y de negocios, estaría el caso de aquellas empresas que, como dice la expresión popular, son “flor de un día”. Por ejemplo, en el sector tecnológico, empresas como Microsoft o Hewlett-Packard pertenecerían a la primera categoría, mientras que en sus mismos segmentos, Sun Microsystems y Palm estarían en la segunda. Esta teoría económica, empresarial y de negocios la validan, en el estudio KAR (Key Audiences Research) tanto la población informada (analistas financieros e inversores institucionales; empresarios y directivos; políticos, autoridades y reguladores; periodistas económicos, de finanzas, de negocios y de sectores de actividad concretos; economistas y académicos; el llamado Tercer Sector –fundaciones, ONGs y sindicatos-; líderes de opinión en Internet y redes sociales) como la población general. Los resultados son consistentes y sólidos a lo largo de los años.

El jueves 16 de febrero el INE constató lo que el Banco de España ya había adelantado: en el último trimestre del 2011, España entró en recesión (no confundir con depresión, que es una recesión a largo plazo), con un descenso del 0,3% del Producto Interior Bruto. En esencia, cuatro factores en caída libre, explican la marcha atrás en el crecimiento económico de España: declive en el consumo de los hogares (consecuencia lógica del desempleo, en el 22,9% de la población activa, que equivale a 5 millones de individuos en paro y sin perspectiva de encontrar empleo); restricción del gasto público –Europa nos exige un déficit público, para 2012, del 4,4%, es decir, un 50% inferior al actual, que supera el 8%-, menor inversión empresarial y descenso de las exportaciones. 

No hacía falta que el Banco de España o el Instituto Nacional de Estadística (INE) nos dijeran, el 16 de febrero, lo que todos ya sabíamos: “España no sólo no va bien, sino que va ir a peor”. Si se me permite la (muy mala) ironía, la única diferencia consiste en que la recesión aparece oficialmente en el Boletín Oficial del Estado (BOE) y antes solo estaba en el diario personal de los 47 millones de españoles.

Ese mismo día, jueves 16 de febrero de 2012, se aprobó en el Congreso de los Diputados, la Reforma Financiera de la que tanto habíamos oído hablar desde hace dos años: 303 votos a favor, 28 diputados en contra y 6 abstenciones. En el contenido de la Reforma Financiera aprobada el jueves pasado por sus Señorías no hay nada nuevo, que previamente antes no se conociera. Sí es cierto que, desde que el ministro de Economía y Competitividad, Luis de Guindos, hiciera parcialmente pública la Reforma hace varias semanas, a través de una entrevista concedida a Financial Times de Londres, hemos ido, poco a poco, sabiendo más detalles de la Reforma y, lo que es más importante, su letra pequeña, que (y ahora la ironía será mala, pero es acertada) en el caso de una Reforma Financiera, es tan importante como cualquier contrato que un individuo o empresa firma con una entidad financiera: como mero objeto de supervivencia de la especie, es necesario y menester “leerse la letra pequeña” del contrato de la hipoteca. Así se evitan las sorpresas desagradables.

Los pilares de la Reforma Financiera son bien conocidos, al menos en sus líneas más generales, y en sus objetivos: se busca el saneamiento del sistema financiero –bancos y cajas- para restaurar la credibilidad y abrir de nuevo la puerta del crédito a familias y empresas; cerrado durante cuatro años. Las declaraciones de varios banqueros muy conocidos, como Emilio Botín, presidente de Santander, de Francisco González, presidente de BBVA y de Isidre Fainé, de La Caixa (CaixaBank), no dejan lugar a dudas: no se conceden créditos si no hay garantías de que serán devueltos; que es tanto como decir, que sólo obtendrán una hipoteca, por ejemplo, aquellos que puedan demostrar al banco o caja de ahorro correspondiente, que pueden devolver el capital y los intereses.

Una de las muchas causas de la crisis financiera y económica que sufrimos, desde hace más de cuatro años, tiene su origen en que, entre 2002 y 2007, en Occidente (Estados Unidos y Unión Europea, fundamentalmente), se concedieron millones de créditos a personas y empresas que nunca tuvieron –ni jamás hubieran tenido- capacidad de cumplir sus compromisos. Y, como reconoce, en la segunda versión ampliada de sus memorias (“La edad de la turbulencia”, Pinguin Group, 2008 y 2009), el expresidente de la Reserva Federal americana, el autodenominado libertario Alan Greenspan, “con unos mercados financieros casi totalmente desregulados, se abrió la espita para ganar dinero de cualquier manera, incluso, y sobre todo, con la especulación inmobiliaria”.

Este fenómeno dio lugar a la llamada “burbuja inmobiliaria”, de la que no voy a hablar aquí, pero que ha tenido un reflejo muy concreto en la Reforma Financiera Española: las entidades financieras en España tienen que dedicar –y disponen de un año para hacerlo- 52.000 millones de euros a provisiones, para limpiar sus balances, tanto de créditos inmobiliarios “malos”, como de créditos inmobiliarios “buenos”.

En mi obra “La reinvención de Obama” (LID, 2011), dedico un tercio de su contenido a explicar la llamada Nueva Arquitectura Financiera Internacional, que requiere, por ejemplo, mayores exigencias de capital de calidad (hasta un 9% de sus activos, capital y reservas) a las entidades financieras, y se toman medidas para que los bancos más grandes no puedan caer, conforme al principio enunciado por el Secretario del Tesoro con George Bush, Hank Paulson, de que existen ciertas entidades financieras “too big to fail”, es decir son sistémicas por su tamaño y cantidad de activos, y, si ellas se hunden, existe un riesgo cierto de que arrastren a todo el sistema con ellas. 

Era cuestión de tiempo que esa Nueva Arquitectura Financiera Internacional surgida del G-20, de la Reforma Financiera estadounidense (Ley Dodd-Frank, de julio de 2010), de Basilea III y de las nuevas normas regulatorias del Banco Mundial  y del FMI llegaran a España. Están en el BOE desde el 16 de febrero de 2012.

En 2006, cuando empecé a aplicar y desplegar mi Teoría económica-financiera y de negocios del Éxito Empresarial, validada por el Estudio KAR que cité más arriba, antes del estallido de la crisis, por tanto, en España existían 95 entidades financieras: bancos y cajas de ahorros. Entre las diversas exigencias de la Reforma Financiera está la reducción del número de entidades, especialmente de cajas de ahorro, mediante fusiones y adquisiciones.

La primera fase de la aplicación práctica de la Reforma ha supuesto la desaparición de muchas cajas de ahorro y la fusión de muchas de ellas, que después se han convertido en bancos. Es el caso de Caja Madrid, convertida en Bankia, y sobre cuya viabilidad futura se pregunta hasta el diario estadounidense más vendido del mundo, The Wall Street Journal: en su edición del viernes 10 de febrero, este prestigioso periódico dedicaba una página entera a Bankia: “El siguiente momento de la verdad para Bankia: la independencia de Bankia, en entredicho, como fruto de las normas de la Reforma Financiera Española, solo meses después de su salida a Bolsa”, que se produjo en julio de 2011.

La Reforma Financiera busca que, en España, haya pocas entidades financieras y que éstas sean muy fuertes. El gran reto de las cajas de ahorro va a ser su “despolitización”, puesto que las cajas, en muchos casos, han sido instrumento de poder político de las Comunidades Autónomas.

Me parece más interesante y relevante para la economía española en su conjunto, y el futuro peso que tenga en la Economía Mundial, el hecho de que España tenga pocas entidades financieras y fuertes. Confieso que he hecho un ejercicio para mi revelador: contrastar mi Teoría del Éxito Empresarial aplicado a las entidades financieras, según la validación empírica del Estudio KAR, y saber qué entidades tienen en su ADN la característica de la durabilidad exitosa, con crisis y sin crisis.

En 2006, las entidades financieras españolas más exitosas se agrupaban en dos divisiones o ligas: la primera división la encabezaban Santander, La Caixa y BBVA. En la segunda estaban Banc Sabadell, Banco Popular y Bankinter. En enero de 2012 el resultado es el siguiente: las entidades más grandes, fuertes y estables son Santander, CaixaBank (La Caixa) y BBVA. Les siguen Sabadell (que se ha hecho con la CAM), Popular (que ha comprado Banco Pastor) y Bankinter, que, tras un cambio en su gestión, ha aumentado un 20% sus beneficios.

Entre enero de 2006 y enero de 2012 ha habido muchos procesos de integración, desaparición, fusión y adquisición de entidades financieras. Sin embargo, cada seis meses, en esos años, conforme a cuarenta parámetros de Éxito Empresarial, las entidades más fuertes siempre lo han sido, con independencia del estado de la economía, el paro o la situación del resto del sector. Simplifico y resumo: no me queda duda de qué entidades financieras, en España son las más exitosas; las he citado en el párrafo anterior. La Reforma Financiera aprobada en el Congreso, el jueves 16 de febrero, también validará la realidad que constatan los expertos. 

El viernes 17, por la noche, el presidente Obama alabó públicamente la Reforma Financiera de Mariano Rajoy: típicamente americano, para Obama, la Reforma Financiera Española es mero reflejo inspirado en el ejemplo americano  y eso bien merece una palmadita en la espalda de Obama a Rajoy.

Publicado previamente en El Confidencial Digital el 20 de Febrero del 2012

martes, 21 de febrero de 2012

La arrogancia intelectual de Obama le genera enormes problemas en la Casa Blanca

Pocos presidentes de Estados Unidos han levantado tantas pasiones, a favor y en contra, como Barack Obama. Para algunos es la gran esperanza reformista, para otros un peligroso demagogo que conduce a su país por la senda del socialismo e, incluso, del comunismo. Jorge Díaz-Cardiel, buen conocedor de la política estadounidense, analiza su figura en La reinvención de Obama. ¿Tras la decepción hay esperanza? (LID Editorial Empresarial), libro del que ha acudido a hablar a Periodista Digital. En la conversación también ha analizado las primarias y la situación interna del Partido Republicano.

 
Díaz-Cardiel, que no oculta su admiración por el actual inquilino de la Casa Blanca, diferencia dos etapas en el mandato de Obama:
Hay 18 meses de una primera etapa de presidencia de Obama verdaderamente positivos (...) Consigue el índice de eficacia legislativa más alto de la historia de la presidencia norteamericana desde la fundación de la república. "
La segunda parte del mandato de Obama está siendo polarizante, está siendo complicada en cuanto a que tiene a la oposición política en casa, que le impide seguir adelante con su programa de reformas.  Y tiene en ciernes unas elecciones que, como sucede en cualquier país cuando hay elecciones, se muestra altamente dividido y polarizado.
El autor destaca la gran inteligencia de Obama, una virtud que va a acompañada de un defecto por el que ha pagado un alto precio:
Su carácter, su forma de ser, es extremadamente inteligente, extremadamente inteligente; hasta tal punto que, empezando por su mujer y acabando por sus asesores; hay, digamos, consenso considerable, extremadamente arrogante. Es decir, que si él tuviera que, ascéticamente luchar contra un vicio sería el de la arrogancia, el de la arrogancia intelectual. Le genera enormes problemas dentro de la Casa Blanca, no te quiero ni contar los problemas que le causa con gente que no es tan allegada como puede ser la oposición política, con quien tiene que negociar a veces o a veces tiene que echar pulsos. Él muchas veces piensa que, como fruto de un razonamiento lógico, él tiene la razón y se carga de argumentos.
Han acabado todos "más quemados que la pipa de un indio" de la arrogancia del presidente. Hasta el punto de que todos han dimitido aduciendo motivos personales. Con la excepción de Timothy Geithner, el secretario actual del tesoro que ha intentado dimitir varias veces pero Obama no le ha dejado.
Díaz-Cardiel ve mucho en común entre Obama y un presidente que, en principio, representa su antítesis, Ronald Reagan:
La revista Time hace un un fotomontaje y aparecen Barack Obama y Ronald Reagan, y en las sucesivas fotos uno se va convirtiendo en el otro. Y el titular, traducido al inglés no de manera literal, viene a decir que tienen mucho en común y que si se conocieran hoy se harían amigos.
Barack Obama necesita, quiere, de manera imperiosa, levantar el estado de ánimo del país. El que lo consiga o no  es harina de otro costal. Ronald Reagan si lo consiguió.

La popularidad de Obama no pasa por su mejores momentos, sin embargo, sus rivales políticos no consiguen beneficiarse de eso:
Los republicanos no están sabiendo aprovecharse de la debilidad o debilidades  del presidente Obama. Eso tiene mucho que ver con que son demasiadas las sensibilidades que hoy hay dentro del partido republicano.
De hecho, el Partido Republicano pasa por un momento crítico:
Lo que está sucediendo es que el Partido Republicano se está desgarrando, se está rompiendo"
En cuanto a las primarias:
El mejor posicionado debería ser Mitt Romney ¿por qué? porque, por un lado, responde a un perfil empresarial, y un track récord en el ámbito de los negocios que le da credibilidad para sacar a EEUU de la crisis . Y, en segundo lugar, porque apela a un tipo de conservadurismo no radical que es atrayente para moderados y para muchos millones de independientes que hoy están desencantados con Obama.

Publicado previamente en Periodista Digital, el 10 de febrero del 2010

jueves, 16 de febrero de 2012

La inutilidad de una reforma laboral "sin alma"

La reforma laboral será eficaz si va acompañada de un sistema de valores y principios que, como el "Sueño Americano", ponen énfasis en el trabajo duro y esforzado, y lo recompensa.

Hace veinte años, la madre de una conocida mía se reunió con sus amigas para invitarlas a merendar: quería celebrar con ellas "que a su hija le habían hecho fija en la empresa". En otras palabras: la madre ya podía descansar aliviada, porque –en su entendimiento- su hija tenía trabajo para toda la vida. Si, además, supongo, encontraba un novio y se casaba y tenía dos hijos, el círculo de la felicidad de su hija, y el suyo propio, sería perfecto.

Ignoro qué ha sido de aquella muchacha –como denominamos en Castilla La Mancha a las mujeres jóvenes- y de su madre. Sí sé otras cosas: primero, que su madre, estaba influenciada enorme e inconscientemente –psicológica y socialmente- por siglos de "Historia del Trabajo", en nuestro país, que han dado como consecuencia que la mejor resultante deseable, es el tener un trabajo de por vida y, a ser posible, en la misma empresa, aunque esta quiebre. Aquella madre, además, estaba sujeta a un sistema de valores y principios, relativos al Trabajo, que mi propia madre definiría como "la ley del mínimo esfuerzo". Los principios de esta metafórica ley son diametralmente opuestos a la Ética Calvinista del Trabajo o a la Santificación del Trabajo Ordinario de los Católicos. El primer principio lo sostienen los calvinistas, al menos muchos de ellos; el segundo, los católicos, al menos muchos de ellos. Ambos "conjuntos" de valores se reúnen en torno a teorías de cómo ha de desenvolverse una persona en el Trabajo: el por qué y cómo debe realizarlo son extraordinariamente poderosos. Y, de hecho, si se me permite la expresión, gracias a ellos, muchos calvinistas y muchos católicos han sido exitosos en sus negocios. Han sido valores, ideas, principios, ("el alma"), con repercusiones psicológicas y sociales, las que han movido a las personas a trabajar. Unos, generando riqueza mediante la creación de empresas; otros, sin vocación de emprendedores, trabajando duro como profesores, investigadores o taxistas. En ambos casos se produce creación de valor y redistribución de riqueza. Son principios básicos de la Economía de Libre Mercado.

Lo mismo sucede con el llamado "Sueño Americano", cuya definición trasciende a los dos grandes partidos políticos, republicano y demócrata, y a ideologías, conservadoras y progresistas. Desde Reagan a Obama, desde Lincoln a Kennedy, la definición que da el presidente Bill Clinton del Sueño Americano en su último libro, publicado escasamente hace dos meses, ("Vuelta al trabajo: por qué necesitamos un gobierno inteligente para tener una economía fuerte"), es aceptada por todos: "trabaja dura y esforzadamente, sométete a las normas y a las leyes (...), y la empresa y la sociedad te recompensarán con una vida digna para ti y para tu familia, en la juventud, en la madurez y, cuando te retires, en la vejez". Lo primero que dice Clinton es "trabaja dura y esforzadamente". Clinton no dice: "busca un trabajo de por vida" o "conviértete en funcionario", por ejemplo. Estados Unidos, que no ha llevado a cabo ninguna reforma laboral en los últimos años (entendiendo por tal una reforma del mercado de trabajo), salió oficialmente de la recesión en junio de 2009. En los últimos seis meses se han creado una media de 145.000 empleos netos en el ámbito privado –es decir, excluyendo la Administración Federal, Estatal y Local-. La tasa de paro que heredó Obama de Bush Hijo, en enero de 2009, era ligeramente superior al diez por ciento: hoy está (enero de 2012) en el 8,3% de la población activa. Se ha reducido en dos puntos porcentuales.

En Países Emergentes como India (mil doscientos millones de habitantes) y China (mil quinientos millones de ciudadanos), tampoco se han llevado a cabo reformas legales de sus mercados laborales. Es de todos conocido que, en las últimas décadas, ambos países han experimentado espectaculares crecimientos económicos. Esto se ha traducido en dos hechos muy tangibles y positivos: cientos de millones de personas que antes vivían por debajo del umbral de la pobreza –según la ONU, con uno o dos dólares de diarios, por todo ingreso- hoy se han incorporado al mercado de trabajo y forman parte de lo que, en sus respectivas naciones, se entiende por Clase Media. En China, además, aunque no se ha cumplido la promesa de su actual presidente, Hu Jintao, de "crecimiento armonioso" -porque en China no sólo persisten, sino que se acentúan las diferencias sociales entre ricos y pobres-, hay una clase empresarial activa y emprendedora, que también genera riqueza y millones de puestos de trabajo. Eso sí, el proceso de crecimiento en India y en China no se entiende sin considerar la existencia de sistemas productivos eficaces, lo que en Economía denominamos tejidos empresariales diversificados, con muchos y variados sectores de actividad, creciendo de manera interrelacionada. Ambos países, además, han apostado por las exportaciones, dado que el valor de su moneda, respecto al dólar –con gran enfado americano-, es muy bajo. Esto les da "cash", dinero en efectivo, reservas, para invertir en casa, en el estado del bienestar o, como sucede en China, tanto en la economía doméstica como en la estatal, para ahorrar.

En nuestro entorno más cercano, Alemania y Francia tienen, en términos relativos, bajas tasas de paro, pero muy fuertes sistemas productivos y empresariales, públicos y privados, orientados tanto al consumo doméstico nacional como a la exportación.

En España no tenemos una Ética Calvinista del Trabajo. El número de católicos declarados, desde 1978 a 2011, se ha reducido en 20 puntos porcentuales: del 93% al 73% de toda la población. Y, de estos, estadísticamente hablando, son pocos, en términos absolutos y relativos, los que creen en la "Santificación del Trabajo Ordinario". En España no tenemos nada similar al "Sueño Americano": no hay una ambición sana por triunfar, por trabajar, por crear, por inventar...; sistemáticamente, las encuestas nos dicen que, desde hace más de setenta años –luego, la Historia cuenta, es importante- la inmensa mayoría de jóvenes sigue queriendo tener "un empleo seguro y de por vida, aun a costa de ganar poco dinero". Desde hace más de cincuenta años, las encuestas del Ministerio de Trabajo dicen que el porcentaje de jóvenes que quieren ser funcionarios no deja de aumentar. Porcentajes no significativos desde el punto de vista estadístico (por debajo del 5%) de jóvenes dicen que quieren ser empresarios; pero, a éstos, en nuestra sociedad, se les demoniza: todo aquel que quiere crear riqueza es mirado con sospecha y recelo, mientras se aplaude al funcionario como héroe social que se resiste al capitalismo rampante. En España no experimentamos fenómenos parecidos a los de China e India, ni tenemos sistemas productivos fuertes como el francés o el alemán.

¡Ah! Pero tenemos una reforma laboral que, por decreto ley y, como dijo Rajoy, "con el tiempo", creará empleo. Repito: alguien cree que una ley va a crear empleo. Alguien cree que el Derecho Positivo va a cambiar la realidad social. No voy a describir los detalles de la Reforma Laboral: no hay medio de comunicación que no la haya comunicado ya de manera concreta, hasta la saciedad y el aburrimiento. Creo, por mi parte, que sin principios, valores, sin "alma", una ley no va a crear empleo por sí sola. Por eso estoy convencido de que esta reforma laboral va a ser inútil. Con una tasa de paro del 22,9%, y creciendo, las probabilidades estadísticas de que aquella conocida de que hablé al principio, cuya madre celebró con sus amigas el "empleo de por vida de su hija", esté hoy en el paro, son del 22,9%, y subiendo.

Publicado previamente en El Confidencial Digital día 14 de febrero de 2012
 

martes, 14 de febrero de 2012

Obama, contracepción y unidad de los cristianos

Obama ha conseguido lo que parecía imposible y por lo que rezan muchos católicos: la unidad de todos los cristianos. En esta caso, como fruto de una política "social" equivocada que le podría costar la relección.

El Vicepresidente de Estados Unidos, Joe Biden es católico y es un político que le tiene muy bien tomado el pulso a la opinión pública norteamericana en general y a la base del partido demócrata en particular. Por eso, Obama y Biden hicieron un buen tándem electoral en 2008: Biden aportó a Obama lo que este carece. De tal manera que, cuando dentro del marco de la Reforma Sanitaria, Obama decidió –hace escasamente unos días, llevar a cabo, "implementar", una política de contracepción-, Biden le advirtió que no lo hiciera. Resulta que, por motivos que no vienen al caso, el cincuenta por ciento de los asesores de Obama en la Casa Blanca, son judíos, y el otro cincuenta por ciento son católicos. Los asesores católicos también aconsejaron a Obama que no siguiera adelante con esta política, porque, como un boomerang, iba a ser contraproducente para el presidente, más aun, en un año electoral.

Obama no hizo caso ni a Biden ni a sus asesores ni a aquellos miembros de su Gabinete (equivalente a nuestro Consejo de Ministros) que son católicos, como la Secretaria de Salud, Kathleen Sebelius, que es quien tendría que llevar a cabo, en la práctica, la política de Obama en materia de contracepción. Como muy bien anticipó Joe Biden, fue anunciar la medida y "all hell broke out", o "se montó la marimorena", que decimos en Toledo. ¿Por qué? Porque la norma obligaba a muchos –demasiados- millones de personas a actuar en contra de su propia conciencia. Pero, ¿no se define América como Land of the Free, lugar donde la gente es libre y puede ejercer sus derechos consagrados en los Documentos Fundacionales sin presión alguna? Los primeros ingleses y holandeses que llegaron a América a principios del siglo XVII habían huido de la persecución de otras sectas protestantes que, en Europa, les impedían vivir la religión tal y como ellos querían: buscaban "la Libertad Religiosa".

Hay coincidencia, tanto entre los que admiran como entre los que odian al presidente, en que Obama es un hombre de extraordinaria inteligencia. También esto, en demasiadas ocasiones, ha derivado en una cierta arrogancia y, frente a presidentes muy carismáticos como Reagan y Clinton, que sí se dejaban aconsejar, Obama no lleva nada bien la crítica, incluida la constructiva. Ninguna "Casa Blanca" toma decisiones sin antes llevar a cabo encuestas entre la opinión pública: muchas encuestas. En España desde Presidencia de Gobierno pueden hacerse semanalmente y, además, están las encuestas del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), que tienen su propia periodicidad. En Estados Unidos, el Equipo de Asesores presidenciales hace, desde los tiempos de Kennedy, encuestas a diario, sobre los temas más variados. En un año electoral, como es el 2012, en que Obama se juega un segundo mandato, toda precaución es poca.

Es obvio que los republicanos no han elegido aun a su candidato oficial, y que el bando conservador está muy dividido: conservadores sociales, conservadores, fiscales, Tea Party, Neoconservadores, etc. Y esto, pone las cosas más fáciles a Obama quien, según todas las encuestas, hasta hace dos días (incluidas todas las encuestas encargadas por la cadena de televisión que menos quiere a Obama, la Fox) ganaría a cualquiera de los cuatro actuales contrincantes republicanos conservadores, de celebrarse hoy las elecciones. Podría citar encuestas de Ipsos Public Affairs, Gallup, YouGov, TNS, y un largo etcétera de institutos de investigación social: Obama gana en todas las encuestas prelectorales. La economía salió de la recesión en junio de 2009, se lleva creando empleo neto desde hace seis meses y tanto el índice de confianza económico de los americanos, como el índice de aprobación del presidente se han incrementado. Por tanto, Obama estaba, hasta hace unos días, en la mejor posición que ha estado, desde noviembre de 2010, para ganar las elecciones presidenciales el 6 de noviembre de este año.

Sin embargo, de repente y de manera inexplicable, Obama quiere sacar adelante una política de contracepción que, por supuesto, no sólo pone todavía más en contra de él a quienes no le van a votar en el bando republicano y conservador, sino que aliena y aleja de él a su propio electorado tradicional. Me explico: cuando el 24 de diciembre de 2009 se aprobó en la Cámara de Representantes la Reforma Sanitaria de Obama y, el 21 de marzo de 2010 se convirtió en ley firmada por el presidente, lo fue porque los congresistas y senadores demócratas de religión católica exigieron a Obama que "arrancara" del proyecto de ley, la financiación pública de los abortos, por ejemplo. Obama reculó, y el proyecto se convirtió en ley. Con su actual política de contracepción que obliga, tanto a iglesias como a hospitales, y centros asociados a ellas a actuar en contra de su conciencia, Obama se salta a la torera el importantísimo principio de Libertad Religiosa, consagrado por la Declaración de Independencia, la Constitución y la Bill of Rights o Carta de Derechos, como le recordó muy recientemente en dos conversaciones telefónicas el arzobispo de Nueva York al presidente Obama. La inmensa mayoría de las 195 diócesis católicas norteamericanas, tras el presidente de su Conferencia Episcopal (Timothy M. Dolan, de Nueva York) se ha opuesto al presidente. 

Según las propias encuestas de la Casa Blanca, el 95% de los católicos (que suponen el 29,7% del electorado, según el último Censo, de 2010), se oponen a la medida de Obama; ¿los Hispanos? Muy posiblemente, en las elecciones presidenciales, como consecuencia de la demografía creciente de este segmento poblacional, sea más relevante que la Afro-Americana y se inviertan los porcentajes: los Hispanos legales que pueden votar alcanzarían el 15%, y los Afro-Americanos, el 13%. En las elecciones de 2008, el 67% de los Hispanos votaron a favor de Obama: hoy, más del 80% se han expresado en las encuestas en contra de las medidas de contracepción de Obama. Por su parte, los Afro-Americanos están descontentos con Obama, porque sus circunstancias económicas no han mejorado desde 2008, pero esto es harina de otro costal. También la inmensa mayoría de los Hispanos han votado habitualmente a los demócratas y, además, son mayoritariamente católicos. Sin la prometida Reforma de la Inmigración, y "atacados" en sus valores católicos, los Hispanos podrían re-plantearse a quién votar en noviembre.

Pero, ¿es esta una cuestión que afecta y molesta solamente a los 70 millones de Católicos norteamericanos? No. Resulta que los Evangélicos del Centro y del Sur (80 millones) "se han unidos a los Católicos". Los Cristianos Ortodoxos –con orígenes rusos, griegos y ucranianos- se han unido a los Católicos. Los líderes religiosos más significativos de Movimientos Calvinistas, Luteranos, Protestantes (Baptistas, Metodistas, etc) se han unido a los Católicos. Los dos Grupos Religiosos Judíos Ortodoxos más importantes de Estados Unidos, también se han unido a los católicos. Los únicos que no han dicho nada públicamente –pero no voy a entrar en los motivos-, son los Musulmanes, que también están en contra, y son la nada despreciable cifra de 2,5 millones de habitantes con derecho a voto. ¿A quién han seguido todos estos líderes religiosos en su reacción contra la política de contracepción de Obama? Al arzobispo católico de Nueva York, Timothy M. Dolan.

Obama dio, parcialmente marcha atrás, el viernes 10 de febrero. Serán las compañías aseguradoras las que financien la contracepción, "y no las iglesias", como dicen en América. Y se respetará la objeción de conciencia. A la primera persona a la que llamó Obama para comunicarle que iba a poner en marcha el programa de contracepción que tanto ha enfadado a los movimientos religiosos en Estados Unidos, fue al arzobispo Dolan. A la primera persona a la que, el viernes diez de febrero, llamó Obama para decirle que daba parcialmente marcha atrás en su política, fue al arzobispo Dolan. Este, contestó, entre otras cosas, a Obama, con cierta ironía que "aunque no estaba del todo contento, al menos es un primer paso en la buena dirección". Ese mismo viernes diez de febrero por la noche, la Conferencia Episcopal Norteamericana emitía un comunicado en el que rechazaba completamente el pequeño cambio dado por Obama, "ya que no respeta suficientemente los Derechos de Libertad Religiosa".

Hubo un tipo bastante famoso de la Biblia que estuvo dispuesto a jugarse la primogenitura, por un plato de lentejas. Obama no ha querido jugarse, en el último segundo, las elecciones del 6 de noviembre por una cuestión que ofende a una inmensa mayoría de la ciudadanía. Aún muchos se preguntan qué llevó a Obama a empeñarse en algo que le ha causado electoralmente tantos perjuicios.

Y, por último, ironías de la vida: tras los cismas del siglo décimo (Ortodoxos) y siglo XVI (Anglicanos, Luteranos, Protestantes, Calvinistas, etc), los Católicos rezan por "la Unidad de Todos los Cristianos". Ha tenido que venir Obama y cometer una torpeza mayúscula para que Todos, incluidos los Judíos, se pongan de acuerdo en algo esencial, en la primera Nación de la Tierra.

Publicado previamente en El Confidencial Digital el 13 de febrero de 2012

La batalla llega a Maine, Colorado y Minnesota

Lucharé hasta el final, hasta llegar a la convención y conseguir la nominación como candidato, a pesar del aparato del partido y de los moderados". Las palabras no salieron de la boca del ganador de las elecciones conservadoras de Nevada, sino del segundo en liza, Newt Gingrich. Santorum y Paul también declararon su intención de continuar. Aunque hay que recordar que quien ganó en Nevada fue Mitt Romney. Su discurso de aceptación como ganador siguió la tónica con la que inició el posicionamiento de su campaña: en vez de citar a aquellos con los que compite por la nominación republicana, Romney criticó de nuevo a Obama, como si él hubiera sido su oponente. No hace falta ser sociólogo ni politólogo para intuir que la estrategia de Romney se basa en transmitir que él es el candidato republicano mejor preparado y con más posibilidades para batir a Obama el 6 de noviembre, cuando se celebrarán las elecciones presidenciales.

Aún queda mucho camino por delante. Romney tiene más delegados que sus competidores, más dinero y una mejor organización en todos los estados. Lo cual no significa que tenga la victoria asegurada, en absoluto. Tiene un doble reto por delante que le va a costar trabajo superar: los estados del sur y los del medio oeste. Entre ambas zonas geográficas cabe identificar en torno a 80 millones de evangélicos muy conservadores, muy aferrados a sus creencias religiosas y con una abierta aversión a los liberales y moderados de las costas Este y Oeste. Precisamente, estos puntos flacos los está explotando Gingrich, que se deleita en describir a Romney como "un moderado de Massachusetts a favor del aborto y de Wall Street". Toda la frase, casi palabra por palabra, es un insulto a Romney que, de resonar positivamente en los corazones de los votantes republicanos del Sur y del Medio Oeste, pondrá las cosas muy cuesta arriba al candidato mormón. En Nevada, Romney contó con los votos de un 5,9% de la población, que es mormona y conservadora. En las elecciones de hoy en Maine, Colorado y Minnesota, el número de mormones no llega al 2,2%.

Hay que tener en cuenta, eso sí, que el caucus de Maine se inició el 4 de febrero, otorga 28 delegados y los resultados no se sabrán hasta el día 11. Colorado -que al igual que Nevada tiene un nombre que le pusieron los españoles, casi todos vascos, que llegaron allí en el siglo XVI- otorga 36 delegados y Minnesota, 40. Son números relativamente importantes que los candidatos quieren ganar y, por eso, Gingrich, Santorum y Paul quieren seguir en la carrera electoral.

De todas formas, esta es una batalla de dos: Romney versus Gingrich. En buena medida, este enfrentamiento recuerda al que hace cuatro años mantuvieron en el bando demócrata Obama y Hillary Clinton. En su caso, la inevitabilidad de la victoria se le otorgó a Clinton, pero el irrefrenable ascenso de Obama llevó a Clinton, a pesar de sus muchas derrotas, a seguir luchando hasta el final, con el fin de conseguir algo: la campaña de Obama se hizo cargo de las deudas de Clinton y, cuando Obama formó su Gabinete, nombró a esta secretaria de Estado. Estamos acostumbrados a la frase: "La política hace extraños compañeros de cama". 

No es descartable un tique electoral futuro, compuesto por el moderado hombre de negocios, generador de empleo, Romney, y el conservador, defensor de valores republicanos a ultranza, antiestado-antiimpuestos, Gingrich. Porque la unión hace la fuerza. Las encuestas (Gallup) muestran, hoy, que Obama ganaría por dos puntos a los dos candidatos republicanos (50-48). Pero, ¿y si se unen las dos almas del partido conservador frente a Obama? El aparato del partido -ese que tanto detesta Gingrich-, varios movimientos evangélicos y del Tea Party ya lo están discutiendo. Lo único importante es batir a Obama, como sea. Veremos qué pasa.

Hoy toca Colorado, donde según varias encuestas ganaría Romney (40%), seguido por Santorum (26%), Gingrich (18%) y Paul (12%). En Minnesota las cosas no parecen tan claras: seis encuestas arrojan resultados distintos. La media aritmética dice que Santorum lidera (29%), Romney obtiene un 27%, Gingrich un 22% y Paul un 19%. Si hay algo que tienen en común los posibles resultados de las encuestas preelectorales de los dos estados conservadores, Colorado y Minnesota, es el paso atrás que da Gingrich.

Publicado previamente en Cinco Días el  7 de febrero de 2012

miércoles, 8 de febrero de 2012

Nevada: consolidación o volver a empezar

La media aritmética de las últimas 10 encuestas realizadas en Nevada, donde este fin de semana se celebra el caucus republicano, dice lo siguiente: Romney gana por 45%, Gingrich (25%), Santorum (11%) y Paul (9%). Romney, tras su victoria en Florida, arrasaría en el primer estado del Oeste en que se celebran elecciones.

Sin embargo, las cosas no son siempre tan simples como aparentan. Conozco Nevada. Tengo familia allí; viajo a menudo a ese estado: si quiero ir a un parque de atracciones para adultos -pero sin jugar un dólar-, viajo a Las Vegas. Si deseo ver a mi familia, voy a Reno. Ayer me dijeron que las encuestas internas de Romney y de Gingrich arrojan datos diferentes a las encuestas públicas: ambos candidatos estarían menos alejados de lo que parece; Ron Paul, que decidió no hacer campaña en Florida, para centrarse en Nevada, saldría mejor parado.

Pocas cosas permanecen completamente estáticas con el paso de los años. A mí me parece que fue ayer cuando, en 2008, Romney ganó las primarias republicanas por el 51%, seguido por Ron Paul. Entonces, Nevada era un estado rebosante de optimismo. La tasa de paro era del 5,5% y sus motores económicos (turismo y construcción) suponían, respectivamente, un 15% y 12% del PIB del estado y eran boyantes.

Hoy el desempleo alcanza el 13% versus el 8,3% de la Unión (enero de 2012); el turismo está de capa caída porque la gente viaja y consume menos; el negocio de la construcción y el inmobiliario están por los suelos: una de cada 175 casas con hipoteca han sido devueltas al banco porque los dueños no podían hacer frente a los pagos. El valor de mercado de las viviendas se ha reducido en dos tercios: no así el valor de la hipoteca. De 2008 a 2012 hay un abismo con nombre: pesimismo. A veces, el pesimismo tiene también nombre propio: una amiga dentista para famosos de Las Vegas ha visto reducido su negocio entre 2009 y 2011 en un 50%. Otro amigo, que se hizo millonario con el boom inmobiliario de Las Vegas, hoy está en quiebra.

Los únicos que parecen tener dinero son los candidatos: Romney lleva recaudados 57 millones de dólares y su comité de acción política ha conseguido otros 30,2 millones. Gingrich ha recaudado solo 12,7 millones de dólares, pero su amigo multimillonario, magnate de los casinos de Las Vegas, Sheldon Adelson, con sus 22.000 millones de dólares, puede permitirse dos lujos: donar al comité de Gingrich 11 millones de dólares y permitir al antiguo house speaker alojarse en el Hotel Venecia de Las Vegas, que le pertenece: aunque esto contraviene las normas electorales, que impiden contactos directos o indirectos entre las campañas de los candidatos y sus comités de acción política que recaudan fondos para anuncios.

Aunque, para anuncios, el que hizo el día 2 el magnate Donald Trump, al apoyar públicamente a Romney: "Él impedirá que a este país le sigan pasando cosas desastrosas". No es fácil discernir si el apoyo de Trump beneficiará o no a Romney: los dos son multimillonarios y a Romney le acompaña el sambenito de ignorar todo sobre la clase media americana. Todos los libros, muchos, escritos por Trump tienen una temática común: "Tienes que ser millonario y yo te voy a decir cómo vas a conseguirlo". Un 29% de americanos tienen mala opinión de Trump -quien en abril de 2011 anunció que también él sería candidato, pero luego se retiró, al perder su batalla con Obama tras acusarle, mintiendo, de no ser americano- y un 27% tiene buena imagen. Luego, polariza y divide.

También está dividido el Tea Party, entre los que apoyan a Gingrich, Santorum, Paul…, y, ¡sorpresa!, ¡a Romney! Uno de cada cuatro miembros del Tea Party votaría hoy a Romney: creen que es el mejor candidato para ganar a Obama. Un 7% de los nevadinos son mormones: el 95% apoya a Romney. 

Luteranos, protestantes, evangélicos y católicos votarían a Romney. Los hispanos, un 27% de la sociedad, son mayoritariamente demócratas. Hay en juego 28 delegados que serán repartidos proporcionalmente al porcentaje de votos obtenido. En Nevada, Romney tiene la oportunidad de consolidarse pero, si como dicen ciertas encuestas privadas, hay empate entre él y Gingrich, con un Ron Paul crecido, la carrera de las primarias, con 47 estados aún por delante, no habrá hecho sino volver a empezar.

Publicado previamente en Cinco Días día 4 de febrero de 2012
Fotografía cortesía The Inquisitr

martes, 7 de febrero de 2012

Florida tiene la llave

Hoy, día 31 de enero, se celebran las cuartas elecciones entre republicanos. En el Partido Conservador están nerviosos. ¿Por qué? Florida es el Estado más importante en el que se han celebrado las primarias para elegir un líder capaz de enfrentarse al presidente Obama en noviembre, y ganarle. Florida debería decidir hacia dónde va el Partido Republicano.

Se ha llegado al día de hoy sin un ganador claro: en Iowa ganó Santorum por un 0,1%; en New Hampshire arrasó Romney, con un 16,4%. En Carolina del Sur, Newt Gingrich quedó en primer lugar con el 12,6%. Un ganador por cada primaria.

A estas alturas, el Grand Old Party (GOP o Partido Republicano) ya querría tener un claro favorito. Además, en Florida, los republicanos han decidido que los delegados obtenidos fruto de los votos van todos a parar al bolsillo del ganador, mientras que, en otras primarias, los delegados se reparten proporcionalmente conforme al porcentaje de votos obtenidos.

En ese sentido, tanto Gingrich como Romney desean los 50 delegados de Florida.

Ha sido interesante llegar al 31 de enero, jornada electoral, dedicando muchas horas, desde el 21 de enero (elecciones en Carolina del Sur) a intentar anticipar el resultado electoral de hoy.

En las elecciones previas estudié una media de seis encuestas diarias. Aquí he tenido que analizar diez: Florida es un estado complejo desde el punto de vista socio-demográfico. Es el cuarto estado más poblado de la Unión. Tiene diez mercados mediáticos distintos (cada uno con su prensa, radio, televisión e internet). La mayoría de la población vive en ciudades, son menos evangélicos y hay una mayor diversidad de ideas.

Nada de esto favorece a Newt Gingrich: puede parecer una paradoja, pero en Miami, donde hay una mayoría hispana con emigrantes legales, que se declaran católicos coherentes, la gran mayoría se inclinan por un mormón, Romney: las radicales ideas de Newt Gingrich sobre la inmigración, su aparentemente catolicismo postizo (se convirtió al catolicismo gracias a su tercera esposa, Callista, con quien tuvo una relación íntima cuando él estaba casado en segundas nupcias y, qué curioso, Gingrich quería echar de la presidencia a Bill Clinton, en 1998, por hacer lo mismo que él: ser infiel a su mujer, en el caso de Clinton, no con Callista, sino con Mónica). Los hispanos-católicos-conservadores de Miami no se fían de Gingrich.

Más de dos millones de republicanos han acudido a votar hoy. En los últimos diez días, las encuestas diarias se asemejaban a una montaña rusa. El dinero ha sido fundamental, junto a los debates.

En cuanto a los fondos electorales, tanto el candidato como su comité de acción política han invertido más de 20 millones de dólares en publicidad a favor de Romney y en contra de Gingrich. Romney, consistente con su libro, No hay disculpa. Creed en América (2010), defiende su trayectoria empresarial en Bain Capital, creando empleos y riqueza. Solo el hacer públicas sus declaraciones de la renta de 2010 y 2011, conforme a las que puede verse que, a pesar de ser millonario, paga muchos menos impuestos que un americano de clase media, le ha afectado negativamente.

Gingrich ha aprovechado los debates televisados y sus cinco millones de dólares del comité de acción política fundado por su amigo -dueño de casinos- Sheldon Adelson, para acusar a Romney de ser un "rico alejado de los problemas de la clase media americana".

El problema para Gingrich es que, a pesar del apoyo del Tea Party, los evangélicos, Sarah Palin, Marco Rubio… se ha posicionado como un outsider, un hombre no contaminado por el sistema, que va a ir a Washington para ponerlo todo patas arriba, devolviendo el poder al pueblo. Así lo explica en su obra Una nación como ninguna otra: por qué la excepcionalidad de América es importante (2011).

¿Problema? Que su posicionamiento no se corresponde con la realidad: algo que no gusta a los electores, que buscan un candidato creíble y genuino. Gingrich no puede decir que "es un recién llegado a Washington", cuando lleva trabajando allí más de 30 años. Dice que va a meter a los lobbies en vereda y, sin embargo, su firma consultora ha ganado millones con empresas gubernamentales que, como la entidad hipotecaria Freddi Mac, vendían hipotecas basura.

Así las cosas, concluyo que, haciendo una media aritmética de un total de 60 encuestas, Mitt Romney ganaría hoy con un 40,9%, seguido por Gingrich (29,4%), Santorum (12,9%) y Paul (10,3%).

Publicado previamente en Cinco Días, día 31 de enero de 2012

Las elecciones en América se ganan en el centro

La religión juega un papel muy importante en la vida de los estadounidenses. El 26,3% se declaran protestantes evangélicos (incluidos los baptistas del sur: el 6,7% de la población de Estados Unidos. Los católicos suponen un 23,9%. La mayoría protestante es un 18% y las minorías son mormones (1,7%), judíos (1,7%) y musulmanes (0,6%).

Cuando las primarias republicanas pasaron de New Hampshire a Carolina del Sur, muchos acudieron a lugares comunes: "La carrera electoral se traslada al Sur", que es tanto como decir que, para Romney, ganador del liberal y moderado estado de New Hampshire, Carolina del Sur se convertiría en la prueba de fuego de su capacidad de llegar a ser el candidato oficial republicano. El 60% de los republicanos registrados son evangélicos. Todos muy conservadores. Divididos entre las dos grandes familias que luchan por hacerse con el alma del partido y América: los conservadores fiscales (menos Estado e impuestos; equilibrio presupuestario) y los conservadores sociales, para quienes las cuestiones religiosas son más importantes que la economía: no al aborto, no al matrimonio entre homosexuales, no al divorcio.

A las elecciones primarias del sábado 21 de enero de 2012 acudieron cuatro contendientes: Mitt Romney, Rick Santorum, Ron Paul y Newt Gingrich. Hasta dos días antes de celebrarse los comicios, seis encuestas diarias daban por ganador en Carolina del Sur a Mitt Romney, sacándole una media de 13 puntos a su más inmediato seguidor, el católico casado en terceras nupcias, Gingrich. Rick Santorum, católico practicante, acérrimo defensor de sus valores y nada dispuesto al compromiso, estaba al mismo nivel que el libertario Ron Paul, con un 14,5%. Sin embargo, los imponderables existen y, como escribió el emperador romano Marco Aurelio en sus Meditaciones, "ante los imponderables, hay que amar lo inevitable".

El único motivo por el que los republicanos de Carolina de Sur estaban dispuestos a darle la victoria a Romney era por su capacidad de batir a Obama. Los más pudientes económicamente apoyaban a Romney por sus conocimientos económicos y su capacidad de gestión empresarial, al frente de Bain Capital, denostada por Gingrich y The Wall Street Journal. Curiosamente, los más ricos en Carolina del Sur son también los menos religiosos. De hecho, el presidente de la Convención Baptista de Carolina del Sur se lamentó de que "la economía -y no los valores religiosos- sean la gran motivación de esas elecciones". En las primarias republicanas de 2008, el ganador en este estado fue el pastor Mike Huckabee, con un 43%; Romney se llevó solo un 15% de los votos.

Una de las grandes cuestiones que suscitó las primarias republicanas de Carolina del Sur es si las ramas conservadoras se vuelven más pragmáticas, con dos ejes fundamentales: la economía -y Mitt Romney es el mejor capacitado en el campo republicano para levantarla- y la electabilidad o capacidad de enfrentarse con éxito a Obama. Cuatro años más tarde, todos los republicanos de Carolina del Sur saben que votar a Huckabee en 2008 fue un error garrafal, aunque fuera un excelente pastor.

Santorum no ha dado, todavía, muestras de tener el más mínimo interés por la economía, que es lo que más preocupa a sus conciudadanos: como buen político, ignora todo en materia económica. Y, por encima de todo, valora sus principios cristianos, aunque la crisis económica se lleve por delante la prosperidad de la sociedad de consumo americana. Al menos le preocupa Irán, de quien ha dicho que, de ser él presidente, ya les hubiera bombardeado. Aquí tenemos a un George Bush Júnior II, en potencia. Ron Paul ha repetido que su objetivo no es alcanzar la presidencia, sino concienciar a la sociedad americana de la necesidad de liberarse del peso del Estado.

Poco antes de celebrarse las elecciones en Carolina del Sur, Rick Perry abandonó la carrera y dio su apoyo a Newt Gingrich. De repente, las encuestas se dieron la vuelta: un día antes de las primarias, Gingrich ganaba con el 32,5%, seguido por Romney (31,5%), Paul (14%) y Santorum (11,8%). Las encuestas bien hechas no se equivocan, sino que reflejan de forma evolutiva el sentir de los votantes. FT, The Economist y Bloomberg-Businessweek están de acuerdo: las elecciones, en América, se ganan en el centro. Desde 1980, quien gana las primarias republicanas en Carolina del Sur consigue la nominación presidencial.

Publicado previamente en Cinco Días, el 23 de enero del 2012

lunes, 6 de febrero de 2012

Aborto: Incoherencia de Obama

Acabo de leer esta noticia: “Obama persiste en denegar el pedido de los obispos y de los hospitales de asegurar la libertad de conciencia en las instituciones hospitalarias católicas sobre el aborto, la contracepción y la esterilización”. Confieso que no salgo de mi asombro. Y el motivo de mi sorpresa no es tanto el hecho de que Obama parezca estar a favor del aborto y, por contraste, yo me defina como una persona que está a favor de la vida, desde la concepción hasta la muerte. Por tanto, soy contrario al aborto en cualquiera de sus llamados “supuestos”.

Me importa más poner de relieve que lo que Obama está imponiendo es inconstitucional. Cualquier juez, en cualquier instancia, sin necesidad de llegar al Tribunal Supremo o al Constitucional, podrá tirar por tierra esta “legislación”: en Estados Unidos, al igual que en España, los derechos fundamentales de la persona recogidos en la Constitución (en el caso estadounidense, además, en los otros dos Documentos Fundacionales de la República: la Declaración de Independencia y el Código de Derechos) están por encima de cualquier otro. A instancias de parte, si, por ejemplo un médico o un hospital se niegan a hacer lo que la legislación de Obama pretende imponer, acude a los tribunales, las probabilidades estadísticas de que le den la razón al médico o al hospital son del 99,99%. Obama es profesor de Derecho Constitucional por Harvard Law School y sabe esto perfectamente. Aun así, sigue adelante en su empeño.

Segundo, la postura de Obama, al igual que la de Hillary Clinton, con respecto al aborto, siempre ha sido conciliatoria, nunca de confrontación. El presidente sabe que el aborto (al igual que el matrimonio entre personas del mismo sexo) es una cuestión que en América levanta pasiones, polariza, genera enfrentamiento. En su segunda biografía (“La audacia de la esperanza”, 2006), Obama narra un encuentro que tuvo con una familia numerosa católica que mostraba posturas contrarias a las suyas en lo que al aborto se refiere. Obama quiso razonar con ellos, aludiendo a los casos de violación, incesto, peligro para la vida de la madre, etc. Como la familia numerosa católica se mantenía en sus trece, al final Obama –siempre pragmático-, buscó una solución de compromiso: “bueno –les dijo-, al menos podremos ponernos de acuerdo en encontrar fórmulas para evitar embarazos no deseados, como la educación sexual, ayudas económicas para madres solteras, etc”. No del todo convencidos, los miembros de aquella familia le respondieron que “bueno, al menos, nos damos cuenta de que usted no es un fanático: rezaremos por usted todos los días”. Sin embargo, la posición tan firme en esta materia que ahora sostiene Obama, no va con él, ni con su carácter, ni con su forma de pensar, ni con sus escritos ni con su trayectoria. Es apreciable, una vez más una enorme incoherencia. Me llama mucho la atención.

Los católicos suponen el 23,9% de la población total de Estados Unidos (310 millones, según el último Censo, de 2010). Una gran mayoría de ellos son contrarios al aborto. Un 26,3% de estadounidenses son evangélicos y son abiertamente contrarios al aborto y muy combativos y agresivos en la defensa de sus ideas. Hay un 18% de americanos que pertenecen al resto de ramas protestantes (baptistas, metodistas, etc): en un 90%, son también personas que detestan el aborto. Siendo una cuestión que, por decirlo suavemente, “molesta” a la mitad de la población de Estados Unidos no alcanzo a entender la obstinación del presidente.

Confieso que aún lo comprendo menos desde el punto de vista electoral: el 6 de noviembre de este año 2012 se celebrarán elecciones presidenciales. Para el 73% de los votantes registrados (demócratas y republicanos) la principal preocupación es la economía. El 54% están angustiados por el elevado nivel de desempleo –pero esto es porque no conocen España y sus circunstancias-. En el bando republicano, donde se celebran elecciones primarias para elegir al candidato presidencial que se enfrentará a Obama en noviembre, todos los candidatos (Gingrich, Romney, Santorum y Paul) se oponen al aborto. Y América, en los últimos tres años, ha dado un giro al centro derecha que ya se manifestó claramente en las elecciones legislativas de noviembre de 2010, que ganaron los republicanos. Obama se equivoca electoralmente con su postura “abortista”: en cuestiones sociales, los católicos americanos se declaran demócratas, pero cuando se trata de temas morales y religiosos, los católicos son conservadores.

Por último, no me cabe en la cabeza que un presidente que defendió, con la Constitución en la mano, el derecho de los musulmanes a construir una mezquita en la Zona Cero de Nueva York, aludiendo al derecho a la libertad religiosa consagrada en la Carta Magna, ahora, incoherentemente, pisotee los derechos de muchos millones de ciudadanos (católicos, protestantes, evangélicos, musulmanes, y otros muchos no creyentes), imponiendo una ley que, en cualquier caso, la Cámara de Representantes y el Senado podrán tirar por tierra, si es que antes, no lo hacen los tribunales.

Publicado previamente en El Confidiencial Digital el 26 de Enero del 2012
Fotografía Top News