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jueves, 12 de marzo de 2015

2015 y el futuro de la economía norteamericana

Estados Unidos ha culminado 2014 con un crecimiento interanual de 5%. En términos de Producto Interior Bruto. El consumo interno, la inversión, las exportaciones han contribuido fuertemente: tanto demanda interna como demanda externa.

El Banco Mundial –como otras instituciones internacionales: FMI, OCDE, Comisión Europea- augura en su informe de enero de 2015, que Estados Unidos será el principal motor del crecimiento económico mundial. Los semanarios económicos y de negocios The Economist y Business Week, de diciembre de 2014, sostuvieron la misma tesis.

A lo largo del período que abarca desde junio de 2009 hasta diciembre de 2014, la economía norteamericana ha ido cogiendo fuerza, en términos de crecimiento y de empleo. En 2014 ambos parámetros han empezado a asemejarse a los de “la era Clinton”. En 2014 se crearon 3 millones de empleos en Estados Unidos: el mejor dato desde 1999. La media mensual ha sido de 224.000, aunque en noviembre fueron 353.000 y en diciembre 252.000. La tasa de paro se ha visto reducida hasta el 5,6%: es casi la mitad de la que había en los inicios de la crisis, cuando el desempleo llegó al 10,2%, y cada mes eran despedidos entre 800.000 y 900.000 personas, en la segunda mitad de 2008 y el primer semestre de 2009.

Casi todos los sectores de actividad económica han contribuido a la creación de empleo, empezando por los 52.000 en servicios profesionales y tecnologías de la información. Pero también los 48.000 de la construcción o los 34.000 en servicios sanitarios. Ha aumentado el empleo a tiempo completo (más de 400.000 trabajadores lo han conseguido), aunque la tasa de participación sigue siendo relativamente baja, del 62,7% y los salarios –mes sobre mes, de noviembre a diciembre de 2014- han descendido el 0,2%, aumentando en el año el 1,7%.

Bien es cierto que la baja inflación y el fuerte descenso del coste de la gasolina han puesto más dinero en los bolsillos de los norteamericanos, aumentando su poder adquisitivo y capacidad de compra. Es decir, que, aunque los salarios no han aumentado significativamente en 2014 –durante los seis años de recuperación lo hicieron en un 4%, versus un 8% de la época de Clinton-, los hogares estadounidenses disponen de más dinero para consumir y ahorrar, debido a la fuerte contención y bajada de precios en algunos casos.

La Reserva Federal (FED) tiene presiones para actuar. También las tiene para que no actúe. The Wall Street Journal y Bloomberg hicieron a finales de 2014 encuestas entre cien economistas, respectivamente, acerca de la previsión de los datos de paro de diciembre y, en los dos casos, se quedaron cortos: preveían una creación de empleo de 240.000 puestos de trabajo y no de 252.000. También pensaban que la tasa de paro pasaría del 5,8% de noviembre al 5,7%, cuando la realidad fue mejor, del 5,6%. Estos mismos economistas –cientos de ellos- anticipan que 2015 y 2016 serán buenos años para la economía norteamericana.

De ahí las presiones para que la Reserva Federal actúe. Ben Bernanke, primero, y Janet Yellen, después, han buscado un crecimiento económico anual del 3% y que la tasa de paro baje al 5,5%. Ambos objetivos van camino de conseguirse. Y la FED tiene varios mandatos: asegurar el crecimiento económico con creación de empleo, por un lado, y la estabilidad de precios, por otro. Lo primero está encaminado, tras 6 años de crecimiento tenue, pero casi ininterrumpido. Y el objetivo de inflación está controlado: por debajo del 2%, como quiere la FED.

Las medidas extraordinarias adoptadas por la Reserva Federal y por el Gobierno estadounidense quizá empiecen a perder su sentido. Primero ha sido el Quantitative Easing, de tal manera que aquel se ha ido gradualmente, reduciendo la compra de deuda pública e hipotecaria; y ahora podría ser el turno de los tipos de interés, que han estado en el entorno del 0% durante seis años y, quizá, en la segunda mitad de 2015, podrían empezar a subir de nuevo.

Los mercados de valores viven momentos de euforia, con el DJ (Dow-Jones) en máximos históricos, al igual que el Nasdaq y el SP-500. Por lo general, todos los índices bursátiles han alcanzado niveles formidables en los últimos dos años. El mercado de la vivienda se ha revitalizado de nuevo –con fuertes diferencias regionales, como muestra el Índice Case Schiller-, y en Silicon Valley aparece un nuevo panorama empresarial exitoso completamente inmerso en el entorno digital, nacido en ese nuevo entorno, y que sigue la estela exitosa inaugurada por empresas que ya generan muchos beneficios, como Amazon.com, Facebook, Apple y Google.

Ya no se trata de lo que hicieron las famosas “dot.com” de 1999, 2000 y 2001, que arruinaron a tantos, y defraudaron grandes expectativas: entonces, el mundo no eran digital, pero hoy, tres lustros más tarde, los mercados de consumo, corporativo y de pequeñas y medianas empresas (pymes), están plenamente inmersas en los modelos de negocio de internet, las nuevas plataformas, la nube, el big data, la movilidad y las redes sociales, como herramientas para ser más productivas y competitivas. Las personas ya no pueden vivir sin la tecnología en movilidad y en estar plenamente, siempre, conectados. La necesidad de información actualizada es constante. Como explican Eric Schmidt y Jared Cohen en “The New Digital Age”, Internet ha redefinido el futuro de las personas, los negocios, la política y la concepción de la forma de participar en la democracia por parte de los ciudadanos.

Crónica de la recuperación
A lo largo de estas páginas, hacedores de la política económica norteamericana nos han ayudado a entender cómo Estados Unidos ha salido de la recesión y se ha vuelto a reinventar. Lo hemos hecho de la mano de Ben Bernanke (“The Federal Reserve and the Financial Crisis), desde la Reserva Federal. También con su colega Timothy Geithner, como secretario del Tesoro de 2009 a 2013 (“Stress Test: reflections on financial crisis”). Michael Brunwald nos ayudó a comprender y valorar el paquete de estímulo económico de febrero de 2009 por importe de 787 billones de dólares que salvó la economía americana del abismo y evitó una Depresión como la de 1929 (“The new, new deal”). El oráculo de la Reserva Federal, Alan Greenspan, a quien ya acudimos en anteriores escritos, nos ha servido para poner en valor la capacidad de predictibilidad de la economía, cuando se hacen bien los deberes (“The map and the territory. Risk, Human Nature and the Future of Forecasting”).

El premio nobel de economía, Joseph Stiglitz, en “The Price of inequality” –mucho más que el famoso Piketty en “Capital in the Twenty First Century”- ha explicado muy bien las fuertes diferencias de ingresos entre ricos y pobres que ha generado la crisis, y cómo la clase media americana ha sido la gran sufridora de la recesión.

Para nosotros, el gran cronista de la crisis ha sido el ex asesor de Bill Clinton, Alan S. Blinder, con su magna obra “After the music stopped: the financial crisis, the response, and the work ahead”. Por último, Thomas L. Friedman, junto a Michael Mandelbaum –“That used to be us: how America fell behind in the world it invented and how we can come back”- nos han enseñado que, desde los tiempos de la recesión de 2008 y 2009, cuando parecía que todo estaba hundido, y que América había perdido su primacía económica en el mundo, hasta hoy, se ha recorrido un trecho en el que el panorama ha cambiado radicalmente.

Es cierto, China ha jugado un papel esencial en estos años, y ha procurado ejercer su influencia económica, política y geoestratégica en el mundo, aprovechando que Estados Unidos atravesaba una recesión fuerte y estaba perdiendo “vidas y dinero” (Geoffrey Parker) en Oriente Medio. Nos lo ha recordado David Shambaugh en “China goes global”. Pero China –lo anticipamos hace tres años, y lo publicamos para que no hubiera duda- está experimentando una suave desaceleración de su crecimiento, que irá a más, porque sus fundamentos económicos y políticos no inclusivos son débiles (“Why nations fail. The Origins of Power, Prosperity, and Poverty”, de Daron Acemoglu y James Robinson). Por contraste, Estados Unidos está creciendo de nuevo con fuerza, y se convierte en el motor económico del mundo.

Esta obra es una explicación de las raíces, de las causas, de los fundamentos y de las consecuencias de la recuperación económica norteamericana, de la que se pusieron las bases entre 2009 y 2012 y se ha producido un proceso de afianzamiento entre 2012 y 2014. La siguiente etapa, entre 2015 y 2016 serán de fuerte acelerón del crecimiento económico y la creación de empleo. En estos años, ha sido un presidente demócrata, Barack Obama, quien ha aplicado las curas necesarias para volver a la senda de la prosperidad. Por eso hemos prestado atención a su segunda victoria electoral, en noviembre de 2012: la victoria de un presidente norteamericano –y su legado- no están asegurados si no culminan dos mandatos, como le está sucediendo a Obama.

En los últimos seis años, la economía ha sido la primera preocupación de los estadounidenses. Siempre lo es: en las duras, y en las maduras. Lo llevan en la sangre. Por eso, en esta obra hemos prestado una atención primordial a la economía, versus a otros escritos nuestros en los que las relaciones internacionales o la política interior jugaban un papel muy destacado.

2015 es el año de pistoletazo de salida de la carrera electoral hacia la Casa Blanca. Habrá elecciones presidenciales en noviembre de 2016. En su segundo libro de memorias, (“Hard Choices”), Hillary Clinton dice que tiene una difícil decisión que tomar, sobre si se presenta a las elecciones como candidata o no. Todas las encuestas la dan por ganadora, al menos por el bando demócrata. En el campo republicano, hay muchos potenciales candidatos: Jeff Bush, Marco Rubio, Ted Cruz, Mike Huckabee, Mitt Romney, Rand Paul, y muchos más. Serán las elecciones más caras de la historia, con candidatos gastando ingentes cantidades de dinero en la campaña electoral, tanto en las primarias como en las elecciones presidenciales.

Nadie sabe quién ganará, aunque todas las encuestas, hoy, dan por ganadora a Hillary Clinton. Sea como fuere, la economía será objeto de debate con toda certeza. Y esperamos, como ya hicimos en 2008 y en 2012, estar muy cerca de los Estados Unidos para, como ahora, poder vivirlo y escribirlo.

Publicado previamente en Cinco Días el 15 de enero de 2015

321.000 motivos (empleos) para esta contento en EEUU

La economía norteamericana ha creado 321.000 empleos en el mes de noviembre de 2014. En el trimestre anterior, el Producto Interior Bruto aumentó el +3,9%. Dado que la economía lleva creciendo ininterrumpidamente desde junio de 2009 -con la excepción del primer trimestre de este año, debido al mal tiempo- y que, al mismo tiempo, la creación de empleo ha sido constante, cabe hablar de una relación causa-efecto entre crecimiento económico y creación de empleo, a menos en el caso norteamericano.

Esto no es una obviedad: muchas escuelas económicas han debatido, y se han enfrentado, a propósito de si puede haber crecimiento del PIB sin generación de empleo; y viceversa. Y, ésto, muchas veces ha sucedido. Es lo que pasa, por ejemplo, cuando una recuperación económica se basa, esencialmente, en exportaciones, pero no en la demanda interna. Hayek y Keynes hablaron de ello hasta la saciedad. Más bien, discreparon. El primero rehuía de la inversión pública -en caso de recesión-, para activar la demanda interna. El segundo era un firme defensor de la inversión pública para estimular el consumo y la inversión.

El economista Alan S. Blinder, en su obra "After the music stopped: the financial crisis, the response and the work ahead" (The Penguin Press, 2013) sostiene que, sin el famoso paquete de estímulo económico de 787 billones de dólares que puso sobre la mesa Obama en febrero de 2009, la economía norteamericana habría caído en una Depresión como la de 1929. Podría decirse que Blinder, que trabajó con Bill Clinton en la Casa Blanca, es un tanto keynesiano, lo cual no resta un ápice de objetividad a su análisis. George Bush intentó sacar adelante un paquete de estímulo económico similar unos meses antes que Obama pero se encontró con la oposición de su propio partido, el republicano.

Los frutos de la apuesta de Obama pueden verse seis años más tarde, con casi once millones de nuevos empleos creados. 55 meses ininterrumpidos de creación de empleo, en la racha de crecimiento y generación de empleo más larga desde la "era Clinton". Son varios meses seguidos creándose más de 267.000 empleos al mes. Un año entero con una media mensual de 200.000. Las cifras de empleo de septiembre y octubre se han revisado al alza (44.000 empleos más).

El empleo se ha generado casi en todos los sectores. Para nosotros, el más relevante es el de los servicios profesionales y las tecnologías de la información, con 87.000 nuevos puestos de trabajo: es el segmento donde más empleo se ha creado, síntoma de que la Sociedad del Conocimiento sigue avanzando en Estados Unidos. Pero también se ha creado empleo en la industria y manufactura, en la construcción, en el turismo, en los bares y restaurantes.

Un dato relevante, a la vez que esperanzador, es que la mitad del empleo público generado proviene de veteranos de guerra, especialmente de Irak y Afganistán. Muchos de ellos y ellas, tienen carencias físicas -les falta algún miembro, tienen heridas de guerra- y, la mayor parte, han sufrido el síntoma de estrés post-traumático. Todo ello les hace menos empleables en el sector privado y, por eso mismo, se ha estimulado su contratación en el sector público. Lo cual, ha tenido un efecto no buscado de una nueva admiración hacia el sector público norteamericano, habitualmente denostado. Pero ahora, cuando contrata a héroes de guerra, que son admirados por la población, la reputación y la imagen del sector público, mejoran.

Uno de los datos más relevantes que hay que destacar del empleo generado en noviembre en Estados Unidos es que los salarios han aumentado. Poco, un mero 0,4%, pero han aumentado. En lo que va de año, la mejora es del 2,1%, ligeramente por encima de la inflación, lo que mejora la capacidad adquisitiva y de ahorro de los hogares estadounidenses.

El camino hacia el pleno empleo -hoy, la tasa de paro está en el 5,8%, con un porcentaje de participación de la fuerza laboral del 62%- se ha iniciado y, como parece creer Jannet Yelen, presidenta de la Reserva Federal, podría conseguirse en 2016, cuando habrá elecciones presidenciales en Estados Unidos. Lo más probable es que, en 2015, la FED empiece a subir los tipos de interés, de la misma manera en que ha estado reduciendo paulatinamente la compra de deuda pública e hipotecaria.

Estados Unidos sigue siendo un buen ejemplo que muchos otros países pueden imitar.

Publicado previamente en Cinco Días el 9 de diciembre de 2014

Factores del éxito de las Empresas Tecnológicas de EEUU

La economía norteamericana sigue siendo el motor económico mundial. Ha crecido un 3,9% en el tercer trimestre del año, espoleada por el consumo interno y la inversión. La tasa de paro descendió al 5,8%. La industria repunta, con multitud de empresas trayendo de vuelta a casa la producción, y poniendo de nuevo de moda el “made in America”. Las economías emergentes, en cambio, se desaceleran, especialmente China, Rusia y Brasil. México es una positiva excepción. Europa solo creció el 0,2% y, a las puertas de la deflación, se ha escapado por los pelos de una tercera recesión…, por ahora. Hace ya un año avisamos –y lo publicamos por doquier- que esta situación se iba a producir y, el tiempo y los hechos, nos han dado la razón.

Las compañías tecnológicas norteamericanas se han beneficiado de la bonanza económica: el 85% han batido las previsiones de ingresos de los analistas, y el 67% han superado las expectativas de beneficios. El caso más emblemático es Apple, que ha conseguido una revalorización del 47% en el año y, el 25 de noviembre, se convertía en la empresa con mayor capitalización bursátil del mundo, con 702 billones de dólares: supera en 1,7 veces a la compañía que, hasta hace poco, era la más valorada del mundo, Exxon Mobil. La caída de los precios del petróleo (de casi el 40%, hasta los 80 dólares el barril) no ayuda a las compañías energéticas de ese mercado: brevemente, hasta Microsoft volvió al podio de segunda empresa más valorada del mundo por capitalización bursátil, superando a Exxon, aunque su reinado fue fugaz, efímero, y, en cualquier caso, sin llegar a más de la mitad del de Apple.

Hewlett-Packard, HP, en cambio, ha decepcionado a los inversores. Las expectativas eran muy elevadas, tras el anuncio, hace un mes y medio, de la separación en dos compañías del negocio empresarial y del negocio de ordenadores e impresoras. Los inversores querían atisbar destellos de la nueva estrategia y de que los nuevos datos iban a avalar esa nueva dirección. Aunque HP se ha revalorizado un 34% en bolsa en lo que va de año, la decepción por los resultados fue mayúscula: la facturación y los beneficios globales descendieron, tanto los del año, como los del trimestre. La facturación de todas las líneas de negocio, excepto la de los pc’s, también descendió. Las explicaciones de los analistas –muchos citados por Bloomberg- han sido que, esos primeros resultados tras el anuncio de Spin off, manifiestan que se trata de una estrategia defensiva de HP, no ofensiva; al menos, por el momento. Aún es pronto para juzgar.

En otras palabras: HP tendría que salir al mercado a ganar cuota, en vez de defenderla. Precisamente, la lógica detrás de la separación está en el refrán de “zapatero a tus zapatos”, buscando la eficacia y la eficiencia en costes: se supone que una HP dedicada a vender solo ordenadores e impresoras, triunfará más en su mercado frente a sus competidores. La respuesta de Dell ha sido significativa: “que vengan, porque vamos a por ellos”. También Lenovo, ya líder mundial. Y, en el caso de los sistemas empresariales, software, servidores, almacenamiento, informática empresarial, cloud y servicios, pasa tres cuartos de lo mismo: desde IBM a Oracle y EMC, muchas empresas están esperando a una Hewlett-Packard Enterprise más pequeña, a la que robar cuota de mercado. La HP actual tendrá muy difícil –aunque afirma que la va a mantener- sostener la estrategia de centralización de compras, y perderá muchas sinergias que generaban economías de escala y ahorros de costes.

Y, con respecto al tamaño, este trimestre HP ha facturado 28,8 billones de dólares, grosso modo. Apple anuncia que el próximo trimestre facturará entre 63 y 66 billones. Apple supera en tamaño a HP con gran diferencia. Y no solo en tamaño, volumen y beneficios. Recuerdo que, en Intel –una compañía muy exitosa por parámetros empresariales, séptima marca del mundo en valoración, a pesar de no vender directamente al consumidor: las personas no compramos procesadores como hacemos con las hamburguesas- se utilizaba mucho la expresión “value proposition” o propuesta de valor. Apple lo está haciendo posible gracias a sus revolucionarios productos y su marketing revelador: teléfonos con pantalla más grande, tabletas más finas y con más funcionalidades, relojes inteligentes, cercanía al consumidor gracias a sus “outlets” o tiendas –que ahora imita el rey del comercio electrónico, Amazon.com-, etc.

Son buenos ejemplos de lo que podría hacer Hewlett-Packard, HP. Cuando los analistas han visto que ciertos directivos de la compañía se escudaban en que las venta de pc’s (especialmente algunos portátiles, los notebooks) aumentaban facturación en un 4% para justificar lo acertado de su estrategia, se han llevado las manos a la cabeza. La solución a los problemas de HP no está en hacer más de lo mismo, dicen. Sino en ser disruptiva en marketing y productos.

Como dije en mi segunda biografía sobre el presidente Obama, citándole a él (“La reinvención de Obama”, LID, 2011): “uno no puede hacer dos veces la misma cosa de la misma manera y esperar un distinto resultado”. HP debe cambiar radicalmente si, de verdad, pretende reinventarse. Hace meses que, desde Reino Unido me llegan ecos de que, en SAGE, hay un nuevo CEO mundial que, precisamente, llega con esa misma actitud: revolucionarlo todo para triunfar. No hace falta ser un gurú de la gestión como Michael Porter para, con él, apreciar una clara ventaja competitiva en la reinvención constante. Le sirve a SAGE, le sirve a Apple. Le sirvió a IBM. Le toca el turno a HP.

Publicado previamente en Cinco Días el 2 de diciembre de 2014

Demócratas pierden elecciones y el desempleo en EEUU baja al 5,8%

El empleo no agrícola aumentó en 214.000 personas en Estados Unidos en octubre, y la tasa de desempleo bajó a 5,8 por ciento, informó la Oficina de Estadísticas Laborales. El empleo aumentó en los servicios de alimentación y bebidas, comercio al por menor, y cuidado de la salud.

Tanto la tasa de desempleo (5,8 por ciento) como el número de personas desempleadas (9 millones), bajó en octubre. Desde el comienzo del año, la tasa de paro y el número de parados ha disminuido en un 0,8 punto porcentual y 1,2 millones, respectivamente.

Entre los principales grupos de trabajadores, la tasa de desempleo para los blancos se redujo a 4.8
por ciento en octubre. Los porcentajes para los hombres adultos (5.1 por ciento), las mujeres adultas (5.4 por ciento), adolescentes (18,6 por ciento), negros (10,9 por ciento) y los hispanos (6.8 ciento) cambió poco durante el mes. La tasa de desempleo para los asiáticos fue de 5,0 por ciento (sin desestacionalizar), con pocos cambios respecto al año anterior.

En octubre, el número de desempleados de larga duración (aquellos sin trabajo durante 27 semanas o
más) cambió poco, en 2,9 millones. Estas personas representaron el 32,0 por ciento de los desempleados. En los últimos 12 meses, el número de largo plazo desempleados ha disminuido en 1,1 millones.

La tasa de participación en la fuerza laboral en el sector privado, cambió poco: en el 62,8 por ciento
en octubre, y ha sido esencialmente plana desde abril. El ratio de empleo-población, aumentó al 59,2 por ciento en octubre.

El número de personas empleadas a tiempo parcial por razones económicas (a veces se hace referencia a los trabajadores a tiempo parcial como involuntarios) estaba a punto sin cambios en octubre a 7,0 millones. Estas personas, que habrían preferido el empleo a tiempo completo, estaban trabajando a tiempo parcial, debido a que sus horas se había recortado, o porque no fueron capaces de encontrar un trabajo de tiempo completo.

En octubre, 2,2 millones de personas se unieron a la fuerza laboral, con pocos cambios respecto al año anterior. (Los datos no están ajustados estacionalmente). Estas personas no estaban en la fuerza de trabajo, querían y estaban disponibles para trabajar, y había buscado trabajo en algún momento de los 12 meses anteriores. No eran tenidos en cuenta como desempleados, porque no habían buscado trabajo en las 4 semanas anterior a la encuesta (similar a la EPA del INE, en España).

Hubo 770.000 trabajadores desalentados  o desanimados en Octubre, esencialmente sin cambios respecto al año anterior. (Los datos no son estacionalmente ajustados.) Desalentado/desanimados son aquellas  las personas no están buscando activamente trabajo, porque creen que no hay empleos disponibles para ellos. El resto -1,4 millones de personas marginalmente vinculadas a la fuerza de trabajo en octubre-, no habían buscado trabajar, por razones tales como la asistencia a la escuela o las responsabilidades familiares.

El empleo total del trabajo no agrícola aumentó en 214.000 en octubre, en línea con la ganancia promedio mensual de 222.000 durante los 12 meses anteriores. En octubre, el crecimiento se produjo en los servicios de alimentación y de bebidas, comercio al por menor, y la salud.

Servicios de alimentación y bares y restaurantes añadieron 42.000 empleos en octubre, en comparación con una ganancia promedio de 26.000 empleos al mes durante los 12 meses anteriores.

El empleo en el comercio minorista aumentó en 27.000 en octubre. Dentro de la industria,
el empleo creció en las tiendas de mercancía general (12.000) y los concesionarios de automóviles
(4.000). Comercio al por menor ha añadido 249.000 puestos de trabajo durante el año pasado.

La atención de la salud agregó 25.000 puestos de trabajo en octubre, en línea con el promedio anterior de los 12 meses previos, con una ganancia media de 21.000 puestos de trabajo al mes. En octubre, el empleo aumentó en ambulatorio y los servicios de atención de la salud (19.000).

El empleo en los servicios profesionales y de negocios, continuó su tendencia a lo largo de
el mes (37.000). Durante los 12 meses anteriores, las ganancias de empleo promedio fue de 56.000 al
mes. En octubre, el empleo continuó registrando una tendencia alcista en los servicios de ayuda temporal (15.000) y en el diseño de los sistemas de informática y servicios conexos (7.000).

En octubre, el empleo manufacturero continúa en una tendencia al alza (15.000). Dentro de la industria, las ganancias de empleo se produjeron en maquinaria (5000), muebles y productos relacionados (4.000), y los semiconductores y componentes electrónicos (2000). A lo largo del año, la industria manufacturera ha añadido 170.000 puestos de trabajo, principalmente en bienes duraderos.

El empleo también continuó registrando una tendencia alcista en el transporte y almacenamiento (13.000) y la construcción (12.000).

El empleo en otras industrias importantes, como la minería y la explotación forestal, el comercio al por mayor; las tecnologías de la información, las actividades financieras y el gobierno, mostraron pocos cambios durante el mes.

En octubre, la semana de trabajo promedio para todos los empleados sobre las nóminas no agrícolas privadas subió un 0,1 por hora para 34,6 horas. La semana de trabajo de fabricación se mantuvo sin cambios en 40,8 horas, y las horas extraordinarias en fábrica bajaron a 3,4 horas. El promedio de la semana de trabajo para los empleados de producción y no supervisores sobre las nóminas no agrícolas privadas subió un 0,1 por hora para 33,8 horas.

Las ganancias promedio por hora para todos los empleados en las nóminas no agrícolas privadas aumentaron 3 centavos de dólar, hasta los 24,57 dólares en octubre. A lo largo del año, los ingresos por hora promedio han aumentado en 2,0 por ciento. En octubre, las ganancias medias por hora de producción del sector privado y los empleados no supervisores aumentaron 4 centavos a 20,70 dólares.

El cambio en el empleo total del trabajo no agrícola para agosto fue revisada de 180.000 hasta 203.000, y el cambio para septiembre fue revisado desde 248.000 a 256.000. Con estas revisiones, el aumento del empleo en agosto y septiembre combinado fue de 31.000 más que lo reportado previamente.

Los demócratas perdieron las elecciones, pero la economía y el empleo siguen ganando.

Publicado en Cinco Días el 7 de Noviembre de 2014

viernes, 30 de enero de 2015

Este y Oeste: dos formas de crecer y generar empleo

Ilustración: un pulso entre dos brazos que representan a Estados Unidos y China.
En mis continuos viajes a Estados Unidos, desde junio de 2009, cuando comenzó la recuperación económica americana, todos los años he visto crecer la ansiedad estadounidense respecto al ascenso económico de China (When China rules the world, Martin Jacques, Allen Lane 2009,). Se refleja en los medios de comunicación, en los más de trescientos libros que he leído sobre la materia y en el sentir de la calle, proyectado en las encuestas que influyen en los políticos norteamericanos.

Según el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional (FMI) o The Boston Consulting Group, la economía china será mayor que la norteamericana en porcentaje de Producto Interior Bruto (PIB) mundial en 2019: China (18% del PIB) será la economía más grande del planeta, seguida de Estados Unidos (17%). En la primera página de la obra de Friedman y Mandelbaum (That used to be us, FSG 2011) se cita al presidente norteamericano Barack Obama: “No tiene sentido que China tenga mejores trenes que nosotros, o que Singapur tenga mejores aeropuertos que los nuestros. Sabemos que China tiene el ordenador más rápido del planeta: that used to be us, eso solíamos ser nosotros” (Obama, 3 de noviembre, 2010).

Desde la muerte de Mao, en 1977 –y el ascenso de Deng Xiaoping–, China ha creado 400 millones de puestos de trabajo: personas que salieron de la pobreza, y se incorporaron a la clase media (China goes global, David Shambaugh, Oxford University Press 2013). Ciertamente, en las últimas tres décadas, Norteamérica no ha creado tantos empleos. Por supuesto, puede argumentarse la obvia disparidad demográfica: el censo oficial del Partido Comunista Chino
–distinto del oficial del Buró de Estadísticas del Gobierno chino– muestra una población de 1.500 millones de chinos (versus 1,3 de la segunda fuente). El censo estadounidense de julio de 2013 habla de 311 millones de norteamericanos. Son realidades muy distintas, por tanto, que favorecen a Estados Unidos.

Aun así, la pregunta persiste: ¿alcanzará China a Estados Unidos como primera economía del planeta? Con Alan Greenspan (ex presidente de la Reserva Federal estadounidense: The map and the territory. Risk, human nature and the future of forecasting, Penguin Press 2013), afirmamos que no porque, de nuevo, hablamos de realidades diferentes. Demos la respuesta final: cuando, en 2019, China alcance a Estados Unidos en tamaño relativo del PIB mundial, los chinos seguirán siendo pobres y los norteamericanos seguirán siendo ricos…, incluso más ricos. Las mismas fuentes antes citadas (FMI, Banco Mundial) proyectan un PIB per cápita –basado en paridad de poder adquisitivo– de 16.000 dólares anuales para los chinos, versus 66.000 anticipados para los norteamericanos.
Como suele decir Jim O’Neill, inventor del acrónimo BRIC (Brasil, Rusia, India, China) en 2001, y más recientemente del acrónimo MINT (The Growth Map. Economic opportunity in the BRICs and beyond, Portfolio 2011: México, Indonesia, Nigeria, Turquía): “Un mercado de trabajo en ebullición suele ser síntoma de una economía boyante”, aunque no siempre. Y de acuerdo con Simon Baptist, economista jefe de The Economist Intelligence Unit y su director regional en Asia: “El crecimiento económico que genera empleo a lo largo del ciclo es empujado por cambios en la demanda (…); a largo plazo, el potencial de crecimiento económico de un país depende de la oferta: cuántos trabajadores tiene y cuán productivos son”.

Estados Unidos y China, modelos diferentes

Ambos expertos nos ayudan a entender las diferencias en crecimiento económico y generación de empleo entre Estados Unidos y China. Con menor crecimiento económico, Estados Unidos genera más empleo –en términos relativos– que China, a quien además se le acaba el fuelle económico: tras tres décadas creciendo a dos dígitos, la segunda década del nuevo siglo ha visto crecimientos del 7,7-7,5%, crecimiento insuficiente en PIB para generar empleo en China. Estados Unidos, en cambio, aumenta en empleo y productividad, mientras China desacelera en lo uno y en lo otro debido al aumento de los costes laborales y de producción. Este es uno de los motivos que lleva a gigantes corporativos americanos a volver al made in America y repatriar producción a Estados Unidos (Apple, GM, HP, Wal-Mart). En 2019, los costes de producción chinos aumentarán el 102%, versus el 96% estadounidense: los americanos seguirán siendo más productivos que los chinos, dentro de cinco años.

En los últimos 54 meses, las empresas han generado 10 millones de empleos en Estados Unidos: el más largo período de creación de empleo en el sector privado desde 1939 (Departamento de Trabajo estadounidense, septiembre 2014). Entre marzo de 2010 y agosto de 2014, la economía americana ha crecido una media del 2,2% en PIB y cada mes se han creado, también de media, 186.000 empleos netos. Cierto, ambas citas son medias, porque la economía americana creció en el último trimestre un 4,2% (venía de una contracción del -2,9%) y en agosto solo se crearon 142.000 puestos de trabajo, dejando la tasa de paro en el 6,1%. Nuestras predicciones son que Norteamérica alcanzará la ansiada tasa de desempleo del 5,5% (objetivo de la Reserva Federal, con Ben Bernanke y, ahora, con Janet Yellen) a mediados de 2016, lo que podría facilitar que otro presidente demócrata sucediera al actual.

Esto abundaría en las tesis de los economistas de Princeton, Alan Blinder y Mark Watson, que sostienen que la economía americana crece más y genera más empleo con presidentes demócratas que con republicanos, habiendo estudiado la evolución del PIB anualizado y la generación de empleo desde Truman a Obama: “Desde 1961…, los republicanos han dirigido la Casa Blanca 28 años; los demócratas, 24 –dijo Bill Clinton, en 2012. En estos 52 años, el sector privado ha generado 66 millones de empleos. ¿Cuál es el saldo? Los republicanos, 24 millones; los demócratas, 42 millones”. Concluye Blinder: “Y Obama ha añadido (2012-2014) otros cinco millones al saldo.

Blinder (After the music stopped: The Financial Crisis, the Response, and the Work Ahead, Penguin 2013) y Michael Grunwald (The New, New Deal, Simon & Schuster 2012) atribuyen a motivos distintos la creación de 10 millones de puestos de trabajo en Norteamérica con Obama. Blinder, que trabajó con Clinton y con Greenspan, compara la era Obama con la de Clinton y concluye que son los incrementos de productividad, gracias a las tecnologías de la información (TIC), los que más aportan al empleo. Grunwald defiende la tesis de que el paquete de estímulo a la economía (787 billones de dólares) de febrero de 2009, que salvó el automóvil, los bancos, las aseguradoras, la construcción e invirtió en infraestructuras, TIC y energías verdes –por simplificar–, es el motivo de la generación de empleo de Obama.

TIC y empleo en Estados Unidos

Para Bernanke, ex presidente de la Reserva Federal (The FED and the financial crisis, Princeton 2013) y Timothy Geithner, ex secretario del Tesoro (Stress Test, Crown 2014), la respuesta adecuada sería una mezcla de ambas tesis: el crecimiento con empleo de los últimos cinco años ha sido resultado de la inversión pública y privada, el moderado incremento del consumo (70% del PIB americano), bajos precios del petróleo y fuertes aumentos de productividad. En este último punto, ponen énfasis tanto Blinder (demócrata), como Bernanke (libertario, versión más extrema del republicanismo).

Según Blinder, en los años noventa, América se benefició de uno de los crecimientos económicos más fuertes, superior al 3%, gracias a una fuerza laboral que se expandía a más del 1% anual, debido a incrementos de productividad anual del 3%, fruto de la implementación de las TIC en las empresas e Internet. Entre febrero de 1996 y abril de 2000 (segundo mandato del presidente Clinton), la creación de trabajo fue de 240.000 empleos mensuales (como en la primera mitad de 2014). Para ver una recuperación mayor, hay que remontarse a principios de los años cincuenta, cuando hubo un período de 13 meses en que se generaron 315.000 empleos cada mes, con bajo crecimiento económico.

En Estados Unidos, en los años cincuenta y noventa del siglo XX y entre 2009 y 2014 se han producido aumentos de productividad gracias a las tecnologías de la información, que han facilitado el crecimiento económico y la generación de empleo. Por supuesto, la inversión pública y privada, el desarrollo de las infraestructuras y, en última instancia, la capacidad de consumo de los norteamericanos han hecho el resto, pero las TIC son el común denominador que une los tres períodos de expansión. Y es el parámetro que se echa en falta en la economía china –que apostó muy fuerte por el factor trabajo a muy bajo precio, durante tres décadas- y en las BRIC y MINT– de Jim O’Neill, antes mencionadas.

En Why Nations Fail: The Origins of Power, Prosperity, and Poverty (Crown 2013), dos economistas de Harvard, Daron Acemoglu y James Robinson, aseveran que las nuevas tecnologías explican el triunfo del Imperio Romano sobre sus contemporáneos, o la primacía de Estados Unidos sobre la Unión Soviética en la Guerra Fría, entre otros ejemplos.

El capitalismo de estado chino, con instituciones políticas que no son inclusivas de la ciudadanía –a pesar de ser el segundo país del mundo con millonarios, 1,5 millones versus los 7,3 millones de Estados Unidos, según The Boston Consulting Group, en junio de 2014–, tiene el germen de la desaceleración de su crecimiento económico, sin el cual China es incapaz de generar empleo (ya vimos que Norteamérica era capaz de crear puestos de trabajo con poco crecimiento). La expansión de China por toda Asia, sus inversiones en América Latina, la compra de materias primas en África hacen que su alcance sea global (As China goes, so goes the world, Karl Gerth, Hill & Wang 2010) y que, por tanto, su potencial ralentización económica pudiere afectar al resto de países BRIC y MINT.
En cambio, la influencia de Estados Unidos –por ejemplo, a través del Acuerdo de Libre Comercio o TTIP con la Unión Europea– en Europa podría ser beneficiosa en términos de PIB y empleo para ambas partes, aunque esta temática se saldría del ámbito de nuestro artículo.

Nota: Este artículo fue escrito durante la primera semana de septiembre.

Publicado previamente en Catalunya Económica

Imagen de Obama hoy, versus legado a largo plazo

Multitud de encuestas anticipan una victoria republicana en las elecciones de mitad de mandato de noviembre de este año. Si así fuere, los demócratas perderían la única cámara que aun controlan -el senado- y el presidente Obama quedaría solo ante el peligro, atrincherado en la Casa Blanca, teniendo que elegir entre cualquiera de las siguientes opciones: firmar las leyes -de sabor republicano- que le envíe el Congreso; vetarlas, o llegar a un entendimiento con los conservadores. Quizá esta última opción fuera la más sensata para facilitar la amable gobernabilidad del país; pero es difícil que llegue a buen puerto, porque los republicanos apuntalan su estrategia electoral en oponerse al presidente. Difícil es que, por tanto, se alíen con él tras la victoria, en caso de que la consigan.

Este es el marco en el que el presidente Obama llega a su vigésimo tercer trimestre como presidente. Muy importante, nos dice la historia reciente, para aquellos presidentes de dos mandatos que, llegan a las vísperas de las elecciones de mitad del segundo mandato... en situación..., "buena" o "mala".

El índice de aprobación de la gestión del presidente Obama, a punto de celebrarse las elecciones legislativas y para elegir gobernadores, influye en el ánimo de los electores y en su orientación del voto. El índice de aprobación de la gestión de Obama en su trimestre número veintitrés como presidente, es del 41,5%, bastante bajo, comparado con el 63% de inicios de su presidencia. Peor es el índice de desaprobación de su gestión, que se sitúa en el 53,4%. Aún así, algunos sostienen que, a pesar de lo que digan las encuestas en el corto plazo, lo que importa son las políticas que ha hecho el presidente y que eso es lo que convierte en un gran político. Así se expresa el Economista y Premio Nobel de dicha disciplina en la última portada de la revista Rolling Stone ("In defense of Obama", octubre 2014).

Veamos cómo ha influido históricamente la percepción de la gestión del presidente, en términos electorales, cara a su partido, en circunstancias similares a las actuales, y qué ha hecho grandes a unos presidentes y a otros. En 1998, Bill Clinton aún no había llegado a su purgatorio personal, que arrastró el país, y la economía crecía y generaba empleo; el índice de aprobación de su gestión era elevado y los demócratas ganaron puestos en la Cámara de Representantes y en Senado. En 2006, cuando pintaban bastos en Irak y en Afganistán, los sucesos del Huracán Katrina erosionaron la imagen de "compassionate conservatism" de George W. Bush proyectando incompetencia, ineficacia y falta de atención a las necesidades de los que peor lo pasan, en pleno vigésimo tercer trimestre de la presidencia de Bush hijo, su partido, el republicano perdió la mayoría en las dos Cámaras del Congreso, propiciando la victoria demócrata de 2006 que anticipó la victoria presidencial de Obama dos años más tarde (noviembre de 2006).

Algo parecido sucedió a los republicanos en el trimestre número 23 de la presidencia de Richard Nixon: consecuencia de la fuerte presión por el escándalo que él mismo había creado (Watergate, agosto 1974), Nixon dimitió. En las elecciones de noviembre de ese año, legislativas de mitad de mandato, los republicanos sufrieron una derrota.

Hay relación entre la percepción que se tiene del presidente, de su gestión, y la orientación del voto en las elecciones legislativas. Cuán grande sea un presidente, en atención a la defensa encendida de Obama por parte de Krugman, es algo que solo el tiempo puede decir. Hay logros de presidentes, que en su momento fueron controvertidos, pero pasado el tiempo se han convertido en grandes hazañas: la política económica de Roosevelt y la creación de la Seguridad Social en 1939, que llega hasta nuestros días; "The Bill of Rights" de LBJ, Johnson, que inició el fin de la segregación racial; el reinicio de pacíficas relaciones con la China comunista de Mao Zedong que hizo Nixon, o las negociaciones nucleares de Reagan con Gorbachev, forzando su mano gracias a la iniciativa "Star Wars", que dio al traste con la economía soviética y, en última instancia, provocó la caída del Muro de Berlín, liberando media Europa.

Sabemos que Obama, sus políticas combinadas con la iniciativa del sector privado, han sacado América de la Gran Recesión y que el país ha crecido una media del 2,2%, creando 198.000 empleos mensuales desde junio de 2009 (54 meses consecutivos, 10 millones de empleos). La Reforma Sanitaria, Obamacare, que provee de seguro médico a 32 millones de nuevos pacientes aún está en sus albores y siempre ha sido controvertida, incluso antes de su aprobación en marzo de 2010.

El hoy y ahora de las encuestas indican castigo al presidente a través de su partido en el Congreso. Si el legado de Obama es percibido más positivamente que hoy a medio y largo plazo, lo sabremos en noviembre de 2016, con las elecciones presidenciales. Entonces, el 53% del electorado tendrá la llave de la presidencia, esto es las mujeres, que en 2012 apoyaron mayoritariamente a Obama (55%).

Publicado previamente el 21 de Octubre de 2014 en mi blog de Cinco Días EE.UU y mercados emergentes

lunes, 6 de octubre de 2014

USA: 10 millones de empleos en cinco años..., más los 142.000 de agosto

Leo con gran sorpresa que algo tan genérico como "el consenso de analistas" o "el mercado", se han llevado las manos a la cabeza con el último dato de paro de Estados Unidos. Allí se crearon 142.000 empleos netos nuevos en el mes de agosto. Parece ser que alguien esperaba que se generaran más de 200.000 empleos. Curiosamente, los mercados de valores -al menos, los norteamericanos-, ni se inmutaron: el DJ siguió su estela ascendente, el SP-500 -dicen los economistas y analistas con nombres y apellidos entrevistados por Bloomberg y por The Wall Street Journal- continuó imparable hacia el 3.000, tras haber pasado su record histórico de los 2.000 puntos. Estos analistas y economistas saben más que los anónimos "consensos y mercados". He vivido en Estados Unidos en el último mes y medio y he visto trabajo y consumo en todos los rincones de América.

Es asombroso observar cómo muchos se dejan llevar como veletas por el último dato; y corren desaforados con pánico, sin orden ni concierto, sin criterio. De tal manera que, pareciera, según esos comportamientos, que un día Norteamérica va a comerse el mundo y, al día siguiente, va a hundirse en la miseria. Qué maravilla, frente al atolondramiento de los frívolos y superficiales, es fijar la atención en las tendencias, en la evolución, en las causas..., y en los efectos. De otra manera, la vida económica y empresarial es un sin vivir. La economía americana, como el propio país, está llena de contrastes. Pero tiene una lógica interna, sin la cual, no se entiende nada. Ejemplos hay muchos:

El primer trimestre del año 2014 nos dio el susto de la fuerte contracción del PIB en un -2,9%. Los frívolos se escandalizaron, y los libertarios dijeron: "si ya lo decíamos nosotros, Obama no sabe dirigir la economía y así está el índice de aprobación de su gestión, en mínimos históricos". El Departamento de Trabajo estadounidense explicó el papel que el duro invierno había jugado negativamente en el crecimiento económico, porque se produjo una fuerte contracción de la demanda. Alguno se rió, pensando que se trataba de una excusa sin fundamento.

La realidad es que, desde 1939, este fenómeno -la influencia de la metereología en el desempeño económico- ya había sucedido: durante los 8 años en que Bill Clinton fue presidente (1993-2001), se crearon 22 millones de empleos o, lo que es lo mismo, una media de 240.000 empleos mensuales. Hubo una excepción: el invierno de 1996, cuando Clinton inició su segundo mandato, lleno de nevadas, debido a lo cual, se crearon, solamente 2.000 empleos menos en el mes de enero: 220.000, por tanto. Por lo demás, de todos es sabido que, con Clinton, gracias a las nuevas tecnologías e Internet, no solo hubo crecimiento económico y generación de empleo de calidad, sino también, fuertes aumentos de productividad empresarial (media anual del 3%, con aumento de la fuerza de trabajo, también cada año, del 1%).

El PIB creció el 4,2% en el segundo trimestre del año, así que "los analistas anónimos" se quedaron sin argumentos para atacar al presidente Obama: por supuesto, ese crecimiento se debió al inicio de la temporada de verano, de la misma manera en que hubo ralentización en el invierno. ¿Y qué pasó con el empleo? En los seis primeros meses del año, se generaron 1,4 millones de puestos de trabajo o, lo que es lo mismo, 240.000 empleos mensuales de media, como en la entera era Clinton. Y, esto, con decrecimientos del PIB (-2,9%, primer trimestre) y con aumentos del PIB (+4,2%, segundo trimestre).

Agosto no ha sido un mes tan bueno para el empleo, por los ya dichos 142.000 empleos generados en dicho mes en el sector privado. La tasa de paro, eso sí, descendió al 6,1%. Todo hace indicar que, el objetivo de llegar al 5,5% de tasa de desempleo llegará en 2016, a mediados de ese año, facilitando la labor del candidato/a demócrata que quiera suceder a Obama en la Casa Blanca. La tasa de participación quedó en el 59% (baja para los estándares históricos desde finales de la Segunda Guerra Mundial).

¿Quién encontró trabajo? Aquellos con mejores estudios y cualificaciones profesionales en dos sectores concretos de actividad: los Servicios Profesionales y las Tecnologías de la Información, así como en la Sanidad. En el primer caso, de todos es sabido que las TIC e Internet tienen un efecto de arrastre de la demanda, en el resto de sectores empresariales y en el consumo, que supone el 70% del PIB americano. En el segundo caso, parecería que la afluencia de millones de americanos con seguro médico, gracias a la Reforma Sanitaria de Obama (Obamacare, o Affordable Care Act) tiene efectos positivos en la economía, pues los pacientes requieren tratamientos, medicamentos, etc, a los que han de dar respuesta hospitales, laboratorios y personal sanitario -médicos, enfermeros/as-, que antes no eran menester: una vez más, se ha estimulado la demanda de productos y servicios y, por tanto, el consumo.

De acuerdo, 142.000 empleos con un crecimiento del 4,2% de PIB son pocos puestos de trabajo. ¿Son muchos 268.000 al mes, en el primer trimestre, con un decrecimiento del PIB del -2,9%? Intuyo que también. Luego, ¿con que cifra nos quedamos? La respuesta es terminante: con ninguna. Examinemos qué ha pasado desde que se inició la recuperación económica en junio de 2009: el PIB ha crecido una media del 2,2% y se han generado 10 millones de puestos de trabajo en el sector privado en los últimos 54 meses. Es el período más largo de creación de empleo desde 1939, en Estados Unidos. Y esta es la tendencia que verdaderamente importa.

Publicado previamente el 9 de septiembre de 2014 en mi blog de Cinco Dias: EE.UU y mercados emergentes

EEUU, el 4% de PIB, y el retorno a la prosperidad

En "Return to prosperity. How America can regain its economic superpower status" (Threshold Editions, 2010), Arthus B Laffer y Stephen Moore predijeron la vuelta al crecimiento económico, de la manera fuerte y sostenida que ahora estamos viendo, cuatro años después de haber publicado el libro (2014 versus 2010, cuando pocos creían en la recuperación).

Como sostiene Hillary Clinton en su segundo libro de memorias, "Hard Choices" (Simon & Schuster, 2014), "el presidente Obama tiene una mente analítica que lo estudia todo". Esto se aplica de manera especial a la economía, a la que el presidente ha dedicado buena parte de su atención desde enero de 2009. El Producto Interior Bruto ha crecido una media mensual del 2,2% desde junio de 2009.

En el segundo trimestre de 2014, el PIB aumentó el 4%. No nos sorprende, porque los estudios publicados por ADVICE Strategic Consultants a principios de año y hechos públicos en Cinco Días ya indicaban que -cuando terminara el invierno- la economía repuntaría fuertemente. La firma ADP estima más de 210.000 empleos nuevos en julio, a los que habrá que sumar los potencialmente creados por el sector público. Quinto mes consecutivo generando más de 200.000 puestos de trabajo cada mes.

El presidente Obama no lanzó las campanas al vuelo, aunque las noticias economicas positivas serán explotadas por los demócratas en la campaña electoral que se avecina, en noviembre de 2014 ("Mid-Term Elections") en que las encuestas actuales vaticinan victorias republicanas para muchos gobernadores, congresistas y, quien sabe, si también en el Senado, donde hoy vemos empate técnico entre los dos grandes partidos. Obama afirmó que se alegraba que el PIB creciera, así como los beneficios de las grandes empresas... "pero ahora quiero ver que un americano normal consigue un trabajo de 9 a 5 y, después, puede seguir haciendo horas extras y ser pagado por ellas por encima del salario mínimo".

Efectivamente, el gran reto de la recuperación va a ser el aumento de los salarios y del poder adquisitivo de las familias. Previsiblemente, esto sucederá a lo largo de los siguientes 24 meses, de una manera tan sólida, que consolidará fuertemente la recuperación económica, y el legado económico que Obama dejará a su sucesor o sucesora, será inmejorable. Hoy, la tasa de paro está en el 6,1% y, en dos años podría descender al 5% o, lo que es lo mismo, el pleno empleo.

En la última semana de julio, Conference Board anunciaba que la confianza del consumidor alcanzaba su nivel más alto desde julio de 2007. Y el consumo ha aumentado el 1,69% -y el consumo, recordémoslo, supone el 70% del PIB americano-, gracias a la compra de coches, mobiliario y alimentos. La inversión empresarial se incrementó el 0,68%, porque las empresas entendieron que, tras el invierno económico, vendría la primavera económica: las familias consumieron mucho menos en el primer trimestre, no porque no quisieran, sino porque no pudieron, debido al mal tiempo, de tal manera que el PIB decreció el -2,1% (menos de la estimación inicial del-2,9%).

La inversión residencial repuntó el +0,23%, y los inventorios el 1,66%, de tal manera, que los almacenes han estado repletos de bienes listos para ser servidos en el canal de distribución, toda vez que las familias, con más empleo, más poder adquisitivo y, sobre todo, más confianza, han ido a los centros comerciales a comprar. La inversión pública aumentó el 0,3% y, tan solo las exportaciones contribuyeron negativamente al crecimiento (-0,61%, lejos del +7% del primer trimestre).

No es mala cosa que las importaciones sustituyan a las exportaciones como aportación positiva al crecimiento económico: es síntoma de que se recupera la demanda interna y, por tanto, el consumo y la inversión. Si este dato se confirma en los próximos seis meses, la economía americana estará en la rampa de lanzamiento del "retorno a la prosperidad".

Publicado previamente el 31 de julio en mi Blog de Cinco Días: EE.UU y mercados emergentes

La Revolución del Gas Natural en Estados Unidos: geopolítica, economía y medioambiente

Las grandes compañías energéticas norteamericanas disponen de servicios de estudios que publican previsiones periódicamente. Ninguna de ellas había previsto la fuerte recuperación de la producción de gas y petróleo en Estados Unidos, que ahora se está produciendo. Posiblemente porque no habían tenido en cuenta la tecnología propia, "made in the USA" que lo ha hecho posible.

La producción de petróleo en Norteamérica ha decrecido en los últimos cuarenta años, pero América va camino de convertirse en el primer productor de dicha energía en 2015. Los últimos datos de la Agencia Internacional de la Energía así lo ponen de manifiesto. También el gas natural se había producido en mucha menor proporción en las últimas cuatro décadas. Sin embargo, la US Energy Information Administration asegura que, con el ritmo de producción actual, y manteniéndose los actuales ratios de consumo, Estados Unidos tendría asegurados 100 años de provisión de gas natural. El consumo se irá reduciendo, conforme aumenta la eficiencia energética y su uso inteligente, por lo que la Administración norteamericana estima un escenario de independencia energética de hasta 200 años.

La producción de crudo seguirá incrementándose más del 25% al día, hasta los 9,3 millones de barriles diarios en 2015, alcanzando su nivel más alto desde 1972, un año antes de la primera crisis del petróleo. La producción diaria de gas natural, que creció un 5% en 2013, aumentará fuertemente, y convertirá a Estados Unidos en su primer exportador neto mundial, en 2018.

Desde el punto de vista estadounidense, se trata de noticias positivas para el crecimiento económico, el aumento del consumo doméstico y la renta disponible de los hogares, al igual que para la política del presidente Obama de protección del medioambiente, así como para la seguridad nacional de Estados Unidos, para quien es necesaria la independencia energética, como ya dijimos previamente.

Dado que las reservas de gas natural americano son enormes, y que la enegía en Estados Unidos es mucho más barata, la factura energética va a ser mucho menor en todo el país. Y el gas natural está sustituyendo a energías mucho más "sucias", como el petróleo y el carbón, para generar electricidad. Desde el punto de vista geopolítico, conforme Norteamérica importa menos energía de los países del Golfo Pérsico y de China, se convierte en más libre de tomar decisiones a favor de sus intereses en la escena internacional. Y, desde el punto de vista económico, estudiosos tanto conservadores como liberales -Fareed Zakaria, Thomas Friedman, Joseph Stiglitz, Paul Krugman, etc- están de acuerdo en que el auge energético norteamericano es el principal logro económico y social del país, junto con la explosión de Internet en los años 90. Grandes empresas españolas como Gas Natural Fenosa están liderando el proceso en Estados Unidos.

La protección del medioambiente es esencial y la EPA, obedeciendo directrices del presidente Obama, ha puesto en marcha programas para reducir las emisiones de CO2, que, de hecho, están ya decreciendo: hoy son un 5% inferiores a las de 2005. Es plausible pensar que Estados Unidos cumplirá sus objetivos de recorte de emisiones en un 17% en 2020, por debajo de los niveles del 2005.

Las tecnologías de la información y la nueva regulación del presidente Obama explican esta tendencia positiva de reducción de emisiones de CO2, que afectan a la industria del automóvil -mucho más eficiente- y a las fábricas que usan carbón y petróleo, y han de reducir la emisión de CO2.

Norteamérica ha sido -es- líder en crecimiento económico, y también fue uno de los peores enemigos de la protección del medioambiente. Pero con el presidente Clinton esto ya empezó a cambiar para mejor, con fuerte impulso del vicepresidente Al Gore. Barack Obama está culminando esta tarea e inicia un nueva era de crecimiento económico y protección al medioambiente, dando ejemplo al resto del mundo. Es hora de que China, Rusia, Venezuela, y tantos otros, tomen nota del ejemplo positivo norteamericano.

Publicado previamente el 25 de julio de 2014 en mi Blog de Cinco Días: EE.UU y mercados emergentes

Movilidad, Robótica, Impresión 3D y TIC Digital revolucionan el Made in America

Si hay una característica virtuosa que define el espíritu norteamericano es "resilience": fortaleza para soportar los golpes, ánimo para seguir luchando, levantarse siempre, sacudirse el polvo y tirar para adelante. Gracias a esa resilience, Estados Unidos ha salido de muchas crisis de distinta naturaleza, mientras que sus competidores, incapaces de tal perseverancia combinada con el genio inventivo americano, se quedaban atrás.

En los años 80' muchos daban por muerta a Norteamérica, frente a la exitosa Japón, reina de la electrónica de consumo y las tecnologías de la información. Los famosos conglomerados japoneses desembarcaron en Estados Unidos, comprando todo lo que se les ponía por delante. Sony adquiría Columbia, icono del cine americano. Hasta Steve Jobs se maravillaba del "Walkman" y lo definía como el mayor invento tecnológico de todos los tiempos. El fundador de Apple llegó a plantear a Sony que, en su compañía fabricante de ordenadores personales, utilizaran su sistema operativo, el de Apple. Los japoneses, altivos, dueños del mundo, dijeron que no. Japón se hizo con el Rockefeller Center, en Nueva York y todo hacía indicar que el Imperio del Sol Naciente le daría la vuelta a la tortilla de su humillante derrota en la Segunda Guerra Mundial. La industria cinematográfica norteamericana, siempre haciéndose eco de "los temas de moda de cada momento", lanzó películas en que se manifestaba esa superioridad empresarial económica y empresarial norteamericana: "La Jungla de Cristal" (Bruce Willis), "Sol Naciente" (Sean Connery), entre otras.

Sin embargo, pocos años después, Estados Unidos salía de la "malaise" de la que habló de manera ignominiosa el presidente Carter y, con el liderazgo de Reagan, primero, y de Bill Clinton, esencialmente, después, volvía a crecer y a pasar por la izquierda a Japón: El Imperio del Sol Naciente iniciaba un período de dos décadas de estancamiento económico, y sus empresas -muy especialmente las tecnológicas- estaban en franca retirada. El "ipod" de Apple destronó al "Walkman" de Sony. Los ordenadores Vaio de Sony ya no pertenecen a esta compañía, que los vendió a un fondo de inversión que pierde dinero con ellos. Las tabletas de Sony no son rentables, frente al líder de la categoría, el "ipad" de Apple.

Sony, Panasonic, Sharp... todas están pasando a mejor vida, mientras las empresas tecnológicas norteamericanas florecen y triunfan, como Facebook, Google, Apple y Amazon. La movilidad, hoy, es el "todo absoluto". Todas estas empresas, y las tradicionales del sector tecnológico norteamericano, ganan dinero gracias a la movilidad. El último caso ha sido Facebook, que anunció a finales de julio de 2014 beneficios más del doble de lo estimado por los analistas e ingresos récord por noveno mes consecutivo: el 62% de sus ingresos publicitarios ahora vienen de anuncios en teléfonos móviles y tabletas. Amazon anuncia que lanza su propio teléfono móvil para no tener que depender de Android (Google). Apple acaba de obtener beneficios formidables gracias, esencialmente, a la venta de teléfonos inteligentes, más que ninguna otra línea de negocios, incluída la de ipads.

Hay una lección en todo esto. Los norteamericanos viven en continuo estado de paranoia y, como escribió en 1997, el presidente de Intel, Andry Grove, "only the paranoids survive", solo los paranoicos sobreviven. Esa paranoia es el secreto de su éxito: En los años 80' fue Japón quien amenazó la primacía mundial norteamericana; Estados Unidos reaccionó, como hemos visto, y Norteamérica vuelve a liderar en crecimiento económico y empresarial. Para triunfar, Estados Unidos, un país eminentemente competitivo por naturaleza, necesita un enemigo al que batir: durante la Guerra Fría fue la extinta Unión Soviética, que espoleó la carrera espacial y el desarrollo tecnológico: en los años 70', IBM o Kodak dominaban el mundo tecnológico y de la fotografía, respectivamente, mientras los soviétivos apenas sabían lo que eran los ordenadores personales. En consecuencia, la productividad norteamericana aumentó exponencialmente, y el sistema soviético, viciado económicamente en sus cimientos, se vino abajo.

El enemigo hoy es China, que junto con otros emergentes, quiere disputar la primacía mundial a Estados Unidos. Ya hablamos de ello en "Obama y el liderazgo pragmático" (2010) y "La Reinvención de Obama" (2011). En 2008 había tratado el tema Fareed Zakaria, en "The Post American World". China, convertida en la gran fábrica del mundo, gracias a los costes de fabricación, hasta ahora baratos, pero cada vez más equiparables a los de Occidente: la diferencia, antes abismal, es hoy de un 15%. Es por ello, que las empresas estadounidenses vuelven a poner énfasis en la manufactura local: un informe de Brookings Institution enfatiza que la robótica, la impresión 3D y la tecnología digital están transformando la fabricación norteamericana, versus la china que depende fundamentalmente de la mano de obra.

Eso explica que muchos fabricantes estadounidenses estén llevándose de nuevo la producción a casa: Walmart ha anunciado que va a vender 50 billones de dólares más de productos "made in America", durante los próximos diez años y the Boston Consulting Group estima que un 30% de la producción americana en el extranjero volverá a casa.

Bendita sea la competencia con los chinos, que ha hecho reaccionar a Norteamérica y, como afirmó el presidente Obama en su Discurso de la Unión de 2011: "It used to be us" o, lo que es lo mismo, los que tenemos que liderar somos nosotros, los norteamericanos, y no los chinos.

Publicado previamente el 24 julio 2014 en mi blog de Cinco Días: EE.UU y Mercados Emergentes

miércoles, 23 de julio de 2014

TIC y Vivienda animan la confianza económica en EEUU

El Índice de Confianza Económica que publica cada semana Gallup muestra una recuperación en la tercera semana de julio, en línea con la evolución de los siete primeros meses del año, indicando una tendencia que se está consolidando en 2014. La confianza económica de los estadounidenses se ha recuperado tres puntos y, aunque permanece en terreno negativo (-15), vuelve a los niveles de abril y mayo, tras una reciente caída.

La confianza de los americanos en la economía ha sido estable este año. Goldman Sachs y otras fuentes de información anticipan un crecimiento del 3,3% en PIB de aquí a finales de 2014. En el primer semestre, el país ha experimentado la más fuerte creación de empleo en 15 años, reduciéndose la tasa de paro al 6,1% de la población activa. La riqueza financiera neta de los hogares y el empleo en el sector privado ya han superado los niveles de 2008. El crédito a las pymes ha alcanzado su nivel más algo en siete años.

El panorama económico norteamericano es mucho mejor que el de Japón y la Unión Europea. La Gran Recesión de 2007-2009 hizo que los negocios estadounidenses se reconvirtieran, haciéndose más productivos y más competitivos: los costes de producción son menores y el sistema financiero se ha recapitalizado, especialmente tras la entrada en vigor de la Reforma Financiera Dodd-Frank de julio de 2010. Por ahora, no hay burbuja inmobiliaria, aunque los precios de la vivienda se han recuperado, especialmente en las mejores zonas metropolitanas.

Las empresas -especialmente las pymes- compran e implementan más tecnologías de la información que nunca, incrementando su productividad media un 20%. El sector tecnológico tira de la economía hacia arriba y se ve recompensado por ello: grandes compañías como Intel y Apple alcanzan resultados récord en el segundo trimestre. Otras, como Hewlett-Packard y Microsoft, siguen su proceso de reestructuración, para adaptarse al nuevo entorno digital, que dominan "los cuatro grandes" (Apple, Amazon, Google y Facebook).

Especialmente duro es el ajuste de Microsoft, que despedirá a 18.000 empleados en el ejercicio fiscal 2015 -que ha comenzado en julio de 2014-, en su mayor parte provenientes de su división de móviles, tras la compra de Nokia. Una vez más, el fenómeno de "creative destruction" enunciado por Schumpeter. En los años 90' HP y Microsoft lo fueron todo en el mundo del hardware y del software, respectivamente. Pero los modelos de negocio digitales del siglo XXI no tienen nada que ver con los de aquellos años.

Los consumidores lo han asumido, lo han hecho propio fuertemente. Los hogares norteamericanos son los que tienen más productos tecnológicos del mundo, seguidos por los de Japón y Corea del Sur. Ni siquiera durante los últimos años de leve recuperación económica los hogares han dejado de comprar teléfonos inteligentes y tabletas, que siguen al alza. Aunque ha llevado siete años, el consumo, que supone el 70% del PIB nacional, se está recuperando en todos los sectores, no solo en el tecnológico. La recuperación de la bolsa y del valor de las casas ha hecho que la riqueza financiera neta de las familias vuelva a los niveles de 2007, en su punto más alto antes del estallido de la crisis. La creación de empleo ha sido muy fuerte en la primera mitad de 2014.

Como consecuencia, se recupera la confianza económica del consumidor, que llega casi a niveles previos a los de la crisis. El consumo de las familias podría aumentar de manera pareja al del PIB (3%) este año, conforme aumenta su renta disponible y se modera el ritmo de ahorro. En un año, la tasa de paro podría situarse en el 5%, si continúa el ritmo de creación de empleo de los últimos seis meses, con una media de 248.000 nuevos puestos de trabajo netos cada mes.

Una sana recuperación del mercado inmobiliario era inevitable. Como ya indicamos, el Índice Case-Schiller ha aumentado el 25%, en las 20 principales áreas metropolitanas del país. La construcción de nueva vivienda, además, vuelve a ser fuerte, con algo más de un millón de viviendas construídas este año -por debajo de las 1,5 millones anuales construídas en los años previos a la crisis, pero más del doble de la media de 2007-2012-. Las previsiones apuntan a 1,2 millones de nuevas viviendas en 2015 y 1,6 millones en los años siguientes.

El mercado de la construcción y la vivienda son esenciales para que aumente el consumo y la confianza económica, porque -al igual que las tecnologías de la información- tienen un "efecto tractor" sobre otros sectores de la economía, como los auxiliares de la construcción, servicios, electrónica de consumo, transporte y logística, etc.

La crisis obligó a muchos jóvenes a permanecer con sus padres en vez de independizarse, como era costumbre en Norteamérica, a partir de los 18 años: según Harvard's Joint Center for Housing Studies, el ratio de formación de hogares aumentará hasta los 1,2 millones al año, conforme los jóvenes se independizan y, en consecuencia, aumenta el porcentaje de población adulta y en edad de trabajar.


Publicado previamente el 23 de julio en mi blog de Cinco Días EE.UU y mercados emergentes

lunes, 21 de julio de 2014

China, 7,5, EEUU, 3: gana USA..., en PIB, por supuesto

El Gobierno chino se había propuesto que, este año, la economía creciera el 7,5%. Así lo ha hecho en el segundo trimestre, versus el 7,4% del trimestre anterior. Estados Unidos, que venía de un fuerte retroceso en el primer trimestre (-2,9%, PIB), crecerá muy posiblemente el 3%. El estudio de los datos muestra una realidad que no es evidente: Estados Unidos fortalece su recuperación y China tiene que mantenerse a flote con gran esfuerzo para cumplir sus objetivos.

Si pudieran establecerse comparaciones homogéneas, nos daríamos cuenta que estamos hablando de realidades distintas, al analizar el crecimiento del PIB americano y el de China. Un crecimiento del 3% en Estados Unidos, con fuerte creación de empleo como la actual, llevaría a un período prolongado de prosperidad, con equilibrio fuerte en sectores de actividad y en regiones. En cambio, para China, crecer por debajo del 7% sería lo equivalente a una recesión en Estados Unidos.

Hay que tener en cuenta que el poder de compra en Estados Unidos, la renta per cápita y el nivel de vida sigue siendo muy superior en Norteamérica por comparación con el chino. De 1.500 millones de chinos (200 millones más que los que reconoce el censo oficial del Gobierno) solo 400 millones podrían tener niveles de renta relativamente equivalentes a los de los norteamericanos, con unos ingresos medios anuales de 36.000 dólares, por comparación con la media estadounidense, de 51.000 dólares: y, aún así, hay una fuerte divergencia. Y, verdaderamente, el problema no es ése, sino los restantes 1,1 billones de chinos (casi tantos como población tiene la India, con 1,2 billones), que todavía viven en relativa pobreza. Además, los chinos más ricos viven en la costa, donde se agolpan en ciudades como Shanghai, versus el interior del país, que es rural y francamente pobre. Hay fuertes desequilibrios regionales, en China.

Xi Jinping -presidente chino- prometió corregir los desequilibrios económicos y sociales de China, pero está descubriendo que no solo no es fácil, sino que -todavía peor-, para mantener el ritmo de crecimiento, China ha de estimular esos mismos desequilibrios con los que tiene que acabar. Por ejemplo, "la burbuja del crédito". Se supone que China debe empujar el consumo interno -ahora, los chinos que ganan dinero, dedican la mitad de sus ingresos al ahorro, tanto por cuestiones culturales como por miedo al futuro- para compensar un crecimiento muy basado en las exportaciones. Dado que el resto del mundo compra poco, animar el consumo interno se convierte en inminente necesidad. Pues bien, cada vez que el PIB baja ligeramente -y lleva haciendo desde 2010-, el gobierno chino estimula el crédito, creando una gran burbuja que ya preocupa el Occidente, dado que los bancos chinos se encuentran entre los más grandes del mundo por activos. No es menos preocupante que el gobierno china tenga invertidos 1,3 trillones de dólares en activos del Tesoro norteamericano.

El crecimiento económico norteamericano en el segundo trimestre se ha basado en los siguientes componentes: producción acelerada, aumento del consumo de las familias y la inversión y la recuperación del turismo nacional y extranjero. La creación de empleo en el trimestre ha sido de 272.000 nuevos puestos de trabajo al mes, de media. En cambio, China, a pesar de aumentar en una décima su crecimiento, sigue estancada. Más aún, la evolución del crecimiento en cada país en los últimos cuatro años no podía ser más divergente: el PIB chino creció el 12% en 2010, cuando Estados Unidos aún luchaba por salir de la recesión y su crecimiento no llegaba al 2%. Del 12% del 2010, China ha pasado al 7,5% del 2014, mientras Estados Unidos ha aumentado del 2% de media al 3% con el que acabará el año: las diferencias esenciales hay que encontrarlas en las ventas del comercio minorista y en la producción industrial: las ventas al por menor, en China aumentaron el 22% en 2010, mientras este año se han acelerado el 12%. El crecimiento de la producción industrial en China fue del 18% en 2010 versus el 8% de 2014.

En cambio, ambos componentes son fuertes y equilibrados en el caso americano: la producción industrial estadounidense, según la Reserva Federal aumenta este año el 5,5%, contribuyendo un 12% al PIB. El Libro Beige de la Reserva Federal de 16 de julio, constata el aumento del consumo y de las ventas al por menor en todo  el país, así como el fuerte incremento de la actividad industrial. Solo el mercado inmobiliario muestra desequilibrios según la zona del país de que se trate e, incluso, dentro de cada estado y ciudad. Cosa que no deja de ser una obviedad, porque en una ciudad de 14,5 millones de habitantes como Los Ángeles, los precios de la vivienda en Beverly Hills han aumentado un 45% (una de las zonas más ricas del país), mientras que en los extrarradios los precios apenas han aumentado.

El "S&P/Case-Shiller 20-City Composite Home Price Index" -que mide el valor del mercado inmobiliario en las 20 mayores áreas metropolitanas de Estados Unidos: Atlanta, Boston, Charlotte, Chicago, Cleveland, Dallas, Denver, Detroit, Las Vegas, Los Angeles, Miami, Minneapolis, New York, Phoenix, Portland, San Diego, San Francisco, Seattle, Tampa y Washington, D.C.- muestra un crecimiento del valor de la vivienda medio del 10,8% en los seis primeros meses del año, pero con fuertes variaciones según ciudades.

El crecimiento económico en Estados Unidos, que va acompañado de fuerte creación de empleo muestra una evolución positiva en los últimos años, porque se está acelerando: esto llevará a la FED a no sólo seguir reduciendo la compra de deuda pública y terminar con el Quantitative Easing en octubre de este año, sino también, aumentar los tipos de interés, que ahora están cerca del 0%. En cambio el crecimiento chino, que se ha reducido a la mitad en los últimos seis años, habrá de seguir fundamentándose en el crédito (ha aumentado el 16,2% en lo que va de año, según el Banco Central Chino), con la consiguiente formación de una burbuja.

Lo dijimos en estas mismas páginas en 2010, lo reiteramos en 2012 y volvemos a insistir en 2014: "ésta" es una carrera a largo plazo, en la que China empieza a dar síntomas de cansancio; por el contrario, Estados Unidos empieza a coger carrerilla y acelerar el paso de su crecimiento.


Publicado previamente el 18 de julio en mi blog en Cinco Días EE.UU y Mercados Emergentes

miércoles, 16 de julio de 2014

Estados Unidos consigue la ansiada independencia energética

En su segundo libro de memorias, "Hard Choices" (2014), Hillary Clinton recuerda los enfrentamientos que ella y Barack Obama -ya unidos tras las primarias demócratas que ganó Obama- tuvieron con el candidato republicano, Mitt Romney a propósito del precio de la gasolina, que había aumentando, "hurting the pockets of the American people", en el verano de 2008. En Estados Unidos, el aumento del precio del petróleo tiene un efecto inmediato en la inflación -por ser su principal componente- y, en consecuencia, en el poder adquisitivo de las familias, máxime si los salarios se mantienen estables o, peor aún, a la baja. Es, también, tema sensible, electoralmente.

La cuestión energética no es nueva en Estados Unidos. El candidato presidencial Barack Obama ya habló de ella en un discurso titulado "New Energy for America" (4 de agosto, 2008) y, de nuevo, ya recien ganadas las elecciones presidenciales, en "Remarks to the Global Climate Summit" (18 de noviembre, 2008). El presidente Obama retomaba una temática -"cantinela", mejor dicho, por manida-, que ya había propuesto el presidente Richard Nixon en 1973, tras la primera gran crisis del petróleo: la necesidad de que Estados Unidos alcance la llamada "independencia energética". En sus discursos, Obama llamaba a Norteamérica a no depender energéticamente de países que, no necesariamente, tienen por qué compartir los ideales de democracia y economía de libre mercado que fundamentan Estados Unidos, se trate de Rusia, Venezuela, Irán, Irak o Arabia Saudí, todos ellos grandes productores y exportadores de petróleo.

La cuestión tiene raíces históricas: tras la Guerra de Yom Kippur, en octubre de 1973, los países árabes impusieron un fuerte embargo de petróleo a Occidente, provocando aumentos generalizados de precios, con la consiguiente alta inflación y, lo que es peor, en un momento de casi nulo crecimiento económico. Es lo que se dio en llamar "Stagflation": estacamiento económico e inflación disparada. Fenómeno del que hablan extensamente los tres últimos presidentes de la Reserva Federal (FED) en sus libros de memorias, dada la importancia económica del fenómeno y la fuerte dependencia de Estados Unidos del petróleo: Paul Volcker en "The triumph of persistence" (2012), Alan Greenspan ("The age of turbulence", 2007, 2008 y 2009) y Ben Bernanke, en "The FED and the financial crisis" (2013). El fenómeno de 1973 volvió a repetirse en 1979, con un segundo embargo de petróleo por parte de los países árabes.

En su discurso sobre el Estado de la Unión de enero de 2006, el presidente George Bush dijo textualmente que "nuestra adicción al petróleo (...), dependiendo de partes inestables del mundo", eran una causa de preocupación: en consecuencia, era necesario conseguir la independencia energética de Estados Unidos..., de nuevo. Cuando Barack Obama llegó a Washington, en noviembre de 2008, no se hablaba de otra cosa, en el contexto de las guerras de Irak y Afganistán, y en el de la crisis financiera que acababa de estallar tras la quiebra de Lehman Brothers; aunque, de todos es sabido, esta crisis tenía raíces más profundas y saltó por los aires bastante antes, en el verano de 2007, con el estallido de las hipotecas subprime y el inicio de la "Gran Recesión".

En sus dos discursos ya citados de 2008, Barack Obama buscaba, como sus predecesores (Nixon, Ford,Carter, Reagan, Bush padre, Clinton y Bush hijo), la independencia económica de Estados Unidos. El primer paso serio en esa dirección se dio en febrero de 2009 con la aprobación del gran paquete de estímulo a la economía por importe de 787 billones de dólares, a los que se sumaron otros 400 billones en septiembre de 2011. Un 10% del total de esa inversión, se dirigió a energías alternativas, energías verdes, energías renovables, renovación de la infraestructura energética norteamericana -empezando por todas las instalaciones del Gobierno Federal-, etc. Por tanto, "la nueva política" sobre el Cambio Climático enunciado por la EPA (Environmental Protection Agency), ni es nueva ni, por supuesto es una invención del vicepresidente Al Gore ("An inconvenient truth", 2006): la magna obra económica de Michael Grunwald ("The new new deal", 2012), explica en detalle los componentes energéticos y su derivada económica, del paquete de estímulo económico de Obama.

La realidad es que, hoy, Estados Unidos ya ha superado a Arabia Saudí como primer productor de petróleo del mundo y esto se ha producido con Barack Obama. Bank of America hizo públicos los datos la segunda semana de julio, según los cuales, con una producción de 11 millones de barriles de petróleo al día, en la primera mitad del año, Norteamérica supera tanto a Rusia como a Arabia Saudí en producción de petróleo, aunque una gran parte de ella vaya destinada al consumo interno del mercado americano, con la consiguiente bajada de precios para el consumidor, y, también, a nutrir las reservas estratégicas de petróleo de Estados Unidos.

La revolucionaria forma de extraer petróleo y gas, "from shale rock", ha hecho que las predicciones de la Agencia Internacional de la Energía (IEA), expongan que la producción de petróleo estadounidense aumentará exponencialmente durante los próximos años, alcanzando su zénit en 2019 y, estabilizándose después en la década de 2020. Según el organismo con sede en París, la primacía de Estados Unidos en la producción de petróleo continuará durante los siguientes diez años, hasta que a principios de los 2040, "otros países" (Rusia, Venezuela, Irán, Irak, etc) volverían a alcanzar de nuevo a Estados Unidos.

Aunque, para entonces, Estados Unidos ya habría nutrido suficientemente sus reservas energéticas estratégicas y, cuando menos, en gas, tendría en sus manos la soñada independencia energética, asegurada, durante, al menos los siguientes dos siglos, o, lo que es lo mismo, durante los siguientes doscientos años, garantizando un futuro mejor y más seguro -menos dependiente de Oriente Medio-, para las siguientes generaciones de norteamericanos.


Publicado previamente el 16 de julio en el blog de Cinco Días  EE.UU y Mercados Emergentes

El consumo interno no despega en Estados Unidos..., y por qué

La FED (Reserva Federal norteamericana) ha decidido finalizar su programa de "quantitative easing" (compra de deuda pública e hipotecaria) en octubre de 2014. La Reserva Federal empezó a apoyar a los mercados en 2008, cuando parecía que -especialmente, tras la quiebra de Lehman Brothers el 15 de septiembre de aquel año- Wall Street se venía abajo. El banco central estadounidense ha estado reduciendo paulatinamente la compra de bonos desde septiembre del año pasado -10 billones de dólares menos cada mes- y realizará la última compra en octubre de 2014, por importe de 15.000 millones de dólares. Desde que se inició el programa, hasta su finalización, las tres rondas de QE (quantitative easing) habrán supuesto un balance de 4,4 trillones de dólares o, lo que es lo mismo, cuatro veces más que el coste económico de la guerra de Iraq entre 2003 y 2013, por utilizar una comparación ("The 1 trillion dolar war", del premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz).

La FED ha tomado estas decisiones porque entiende que se están cumpliendo los objetivos para los que dichos programas fueron diseñados: primero, la tasa de desempleo se acerca ya al 6%. Segundo, el crecimiento económico, a final de año, alcanzará el 3%, en términos PIB. Tercero, la inflación ronda el objetivo del 2%; es decir, la Reserva Federal ha impulsado el aumento de los precios, en un esfuerzo por estimular el crecimiento económico. Y, fruto de este mayor crecimiento, la FED espera que aumenten los salarios de manera que aumente la capacidad de adquisitiva de los hogares norteamericanos y, en consecuencia, se estimule el consumo. La creación de 272.000 empleos nuevos al mes en el último trimestre va en esta línea, aunque los salarios todavía no han respondido en la misma medida que la creación de empleo.

La inflación aumentó en mayo el 1,8%, comparado con el mismo mes del año anterior, el mejor dato desde octubre de 2012, y el que más se acerca al objetivo de la FED de un aumento de los precios del 2%. "Adjusted for inflation", que se dice en inglés, el consumo cayó por segundo mes consecutivo. Tras seis años de lenta recuperación económica (2% de crecimiento medio del PIB entre 2009 y 2013, versus el 3% de recuperaciones previas), los norteamericanos se han vuelto más cautos en sus gastos.

El aumento de los precios en mayo se ha traducido en que se ha encarecido el carrito de la compra y, sobre todo, la gasolina, que en Norteamérica es un artículo de primera necesidad. Según el CPI (Consumer Price Index) del Departamento de Trabajo, el precio de los alimentos aumentó el 0,5% en mayo respecto a abril. Y los precios de la gasolina están en su máximo histórico en seis años, teniendo en cuenta que ya estamos en verano, cuando el consumo de gasolina aumenta.

El Departamento de Comercio hizo público su informe sobre el consumo interno el pasado 26 de junio: en mayo, la compra de ropa decreció el 0,9% respecto a abril (ya ajustados los precios a la inflación); las comidas fuera del hogar se redujeron en un 0,4% y la asistencia a las salas de cine se derrumó el 10,3%. Hay que tener en mente que el consumo en Norteamérica supone el 70%  del PIB,  y que su crecimiento medio en los últimos seis años ha sido análogo al del Producto Interior Bruto: 2,2% cada trimestre, versus el 3% de la recuperación de 1993-2000. Los salarios han aumentado el 2,5% cada año desde 2009, comparado con el 4,3% de los años del boom inmobiliario (2001-2007).

Si hubiera que seguir al pie de la letra la famosa obra de Piketty ("El Capital en el siglo XXI"), estaríamos verdaderamente observando esa fuerte divergencia en la evolución de ingresos de que habla el economista francés. Las rentas más altas se han visto beneficiadas por la subida de la bolsa y los precios de las casas. Son los menos. En el extremo opuesto, una inmensa mayoría de la fuerza laboral no ha visto un aumento significativo de sus salarios. Según el último estudio de ADVICE Strategic Consultants, "el 49% de los consumidores estadounidenses necesitaría un aumento del salario antes de decidir salir de compras", lo que se traduciría en que, primero, muchos viven con lo justo para pagar los gastos familiares y no les queda mucho excedente para consumir más allá de lo necesario e imprescindible, y, segundo, que ha aumentado el ahorro familiar en un entorno de incertidumbre. Otro estudio de RCB Cappital Markets llega a las mismas conclusiones: "el consumidor tiene el dinero en el bolsillo, pero no la confianza de salir a la calle y comprar".

El índice de confianza económica de Gallup del 8 de julio se mantenía en el -16, inalterable desde principios de junio. De hecho, el índice de gasto del consumidor de la propia Gallup indicaba que los norteamericanos gastaron de media 91 dólares en junio, versus 98 dólares del mes anterior. Y esto en un contexto de fuerte creación de empleo.

Hay una conclusión clara: esta es una recuperación económica con fuerte creación de puestos de trabajo, pero no de aumento del poder adquisitivo de la fuerza laboral, puesto que las empresas optan por aumentos de productividad vía contención salarial, al tiempo que el consumidor se ha vuelto más cauto, tras haber aprendido las lecciones del pasado.


Publicado previamente el 14 de julio en el  blog en Cinco Días EE.UU y mercados emergentes