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martes, 11 de mayo de 2010

Karl Rove o la comunicación al servicio de ganar elecciones

"Los libros del enemigo", dice un pie de foto en el diario El País, del viernes 26 de marzo de 2010. En la fotografía se puede ver al presidente norteamericano, Barack Obama sosteniendo en sus manos un par de libros: "Buscaba libros para sus hijas, Sasha y Malia, pero se encontró con munición ideológica del enemigo. Barack Obama posa en una librería de Iowa con las obras del ex candidato presidencial republicano Mitt Romney y el estratega de George Bush, Karl Rove. La fotografía está firmada por la agencia de noticias Reuters.

En su libro sobre las elecciones presidenciales de 2008, el director de campaña de Obama, David Plouffe ("The audacity to win"), habla con muchísimo respeto de Karl Rove. Sin entrar en controversias ni en juicios sobre la moralidad o inmoralidad de las actuaciones de Rove (siempre objeto de debate), Plouffe admira el genio del principal consejero de George W Bush. Incluso cita a Obama alabando las campañas dirigidas por Rove, especialmente la de 2004, que llevó a la reelección a George Bush, frente al demócrata John Kerry. Una de las grandes hazañas de Karl Rove, según parece dijo Obama, fue conseguir la total unidad del equipo que trabajaba a favor de la reelección del presidente. En la campaña electoral de 2008, las superestrellas del equipo de Hillary Clinton se disputaron entre sí la primacía; en el tándem electoral republicano de John McCain y Sarah Palin, hubo más que disensiones y enfrentamientos, como puso de manifiesto en su propio libro de memorias Sarah Palin ("Going rogue. An American life").

Sabiendo que la desunión es germen de derrotas, Obama dio instrucciones a sus consejeros para que siguieran el ejemplo de la disciplina impuesta por Karl Rove en sus campañas electorales. Y no le faltaba razón al presidente, porque al aplicar la receta al pie de la letra, Obama consiguió la presidencia en noviembre de 2008. Al igual que la alcanzó George Bush en 2000 y 2004. Incluso mucho antes, porque, gracias a Karl Rove, George Bush ganó las elecciones a gobernador del estado de Texas en 1994 y en 1998. Y Texas, tradicionalmente, había sido mayoritariamente, un estado demócrata: el ex presidente Lyndon B. Johnson era tejano y, hasta que ganó Bush hijo sus primeras elecciones a gobernador, en 1994, lo habitual era que los tejanos votaran en clave demócrata. Rove consiguió para Bush sus victorias electorales, al igual que lo hizo para más de setenta senadores y congresistas republicanos para quienes trabajó desde su propia empresa ("Rove + Company") a lo largo de diecinueve años. Debido a tanta victoria electoral a él atribuida, se dice que George Bush hijo le dio el apodo de "El Arquitecto". Otros, más preocupados por las presuntas actuaciones (faltas de ética) de Rove, le han denominado "Maquiavelo" o "Príncipe de las Tinieblas".

No sé si tanto para despejar dudas sobre la moralidad de sus maquinaciones, como teniendo por objetivo dejar claro lo formidable y eficaz de sus actuaciones, Karl Rove publicó en marzo de 2010 sus memorias. Tituladas "Courage and Consequence. My Life as a Conservative in the Fight" ("Coraje y Consecuencias. My Vida como un Conservador en la Lucha", de Threshold Editions), sus 598 páginas -en la versión en inglés de tapas duras- son un manual del perfecto consultor político, experto en marketing electoral, que utiliza todas las herramientas de que dispone, al objeto de que sus clientes ganen elecciones. Frente a quienes se les llena la boca con "la gestión de intangibles", Rove da lecciones prácticas sobre cómo utilizar la comunicación, las relaciones públicas, el marketing electoral, las encuestas políticas, las estadísticas y hasta los conocimientos de historia de la presidencia de Estados Unidos, al servicio de un solo fin: ganar elecciones.

Muchos buscan en este tipo de libros el conocer más cosas sobre el presidente al que sirvieron los autores de las obras. Otros intentan desentrañar "los misterios de la historia". La autobiografía de Karl Rove ciertamente da algunos datos interesantes sobre George W. Bush y aporta datos relevantes sobre la historia de Estados Unidos a lo largo de dos décadas. Sin embargo, esas dos características no son las más importantes del libro, ni mucho menos. Cualquier persona interesada en política y economía de Norteamérica sabrá mucha de la información que, con respecto a esos dos temas, cuenta Karl Rove en su libro. En cambio, cómo ha puesto en marcha de manera exitosa tantas campañas electorales "el Arquitecto", no es moneda de cambio corriente de la sabiduría popular.

¿Cuáles son los pilares de una campaña electoral exitosa? Rove describe la hoja de ruta que hay que seguir al pie de la letra para ganar elecciones. Primero, la campaña debe girar en torno a grandes ideas que reflejen la filosofía del candidato y que, al mismo tiempo, sean percibidas por los votantes como importantes y relevantes.

Segundo, la campaña debe tener clara conciencia de las actitudes del electorado, así como conocer en detalle las fortalezas y debilidades tanto del candidato propio como las de los competidores.

Tercero, la campaña tiene que basarse en datos históricos; Rove afirma que "las campañas electorales del pasado pueden ayudarte a entender lo que podría pasar en las campañas electorales del futuro".

En cuarto lugar, Rove recomienda el uso de sofisticados métodos de modelización, que permitan identificar potenciales votantes, a los que hacer propuestas que les atraigan, y garanticen que van a votar a tu candidato. Esto supone disponer de formidables bases de datos en que estén localizados millones de potenciales votantes, así como tantos rasgos que les definan como sea posible.

La quinta característica de una campaña eficaz y exitosa es el asumir que hay formas correctas y formas incorrectas de criticar a tu oponente. No piense el lector que Rove está refiriéndose a la presunta moralidad o inmoralidad en la manera de atacar al enemigo. A lo largo de todo el libro Rove da a entender que no le preocupa tanto la ética (el deber ser de las cosas) como la eficacia. Cuando tantos le han criticado por -presuntamente- haber llevado a cabo actuaciones ilícitas (contra Mc Cain, por ejemplo, senador por Arizona, contrincante electoral de George Bush en las primarias republicanas del año 2000), Karl Rove parece despreciar tales críticas. No presta atención a la (supuesta) falta de ética de sus actos: a Rove sólo parece preocuparle la eficacia de lo que hace.

Es tanto como decir: "¿Cómo es posible que me acusen de hacer tal o cual cosa inmoral si, en realidad, es una estupidez?". No lo dice abiertamente, pero Rove aparentemente está de acuerdo con aquello de que "el fin justifica los medios". De hecho, y a modo de ejemplo, Rove critica a Nixon -presidente acusado de haber sido el más inmoral y anti ético de todo el siglo XX, en Estados Unidos, y que tuvo que dimitir por el caso Watergate- no por sus inmoralidades, sino por cometer estupideces. Como en una ocasión dijo un historiador: "es como criticar a Hitler no por la inmoralidad de asesinar a seis millones de judíos, sino por la imbecilidad de enfrentarse al mismo tiempo con los soviéticos y los norteamericanos".

El sexto rasgo de la perfecta campaña electoral es que debe tener un plan estratégico, disciplina y la inclinación constante a actuar: "Una campaña roviana fija objetivos y continuamente mide su consecución".

En séptimo lugar, Rove recomienda utilizar las tecnologías de la información de manera intensiva, así como reclutar voluntarios tanto como sea posible.

Por último, el autor destaca que una campaña dirigida por él debe centrarse en tres recursos vitales: conocimiento e información para el candidato; voluntarios dispuestos a salir a la calle a conseguir votos; y el dinero necesario para hacer realidad los dos primeros elementos.

Sabiendo ya cómo lleva a cabo Karl Rove sus campañas electorales, es verdaderamente fascinante leer cómo consiguió que un estado habitualmente demócrata como Texas votara por un candidato republicano como George Bush. Es impresionante comprobar cómo Rove domina las artes demoscópicas: estudia las tendencias de evolución demográfica en Texas (uno de los más grandes estados de la Unión) y llega a la conclusión de que, en 1994 Texas es un estado mucho más conservador de lo que se piensa. Y, al igual que hizo Obama muchos años después, en su campaña presidencial de 2008, Rove "fue a pescar votos" a caladeros distintos de los habitualmente republicanos: Latinos, Afroamericanos, católicos, demócratas conservadores y hasta independientes. Rove sale de las grandes ciudades y busca el voto rural. Identifica los deseos de la población tejana de disponer de una educación mejor, una sanidad distinta, un mayor crecimiento económico, y se lo ofrece en la persona de George Bush hijo. Es apreciable en los relatos de Karl Rove que, en realidad, su candidato es un producto que él tiene que vender a la opinión pública.

En la campaña presidencial del año 2000, Rove, junto a la asesora de comunicación Karen Hughes, encuentra "el Dorado" de los lemas electorales que llevarán a George Bush hijo a la presidencia: "the compassionate conservatism" ("conservadurismo compasivo", sería la traducción literal). Dice Rove que, en una ocasión, el ex presidente demócrata Bill Clinton "le dijo a George Bush hijo que cuando escuchó ese lema por vez primera en sus labios, supo que los demócratas corrían peligro de perder las elecciones presidenciales del año 2000".

Un libro tan extenso es prolijo en anécdotas, experiencias y ejemplos. De ahí que, junto al hecho de estar muy bien escrito -al menos en su versión original, en inglés- sea un libro que recomiendo leer despacio, para saborearlo y tomar notas.

En otro orden de cosas, la propia experiencia vital del autor muestra que no es cierta la tan manida y tradicional visión conservadora de América que muestra uniformidad en el perfil de la sociedad americana. El autor reconoce que la gran mayoría de la sociedad americana es conservadora, lo cual no significa que no haya una enorme diversidad. Karl Rove cuenta en su libro, que aún a día de hoy no tiene claro si su padre fue o no homosexual; dice que no entiende cómo es posible "la falta de perspectiva vital de mi madre, que decidió abandonarse, y acabó suicidándose"; él mismo ha sido protagonista de dos matrimonios fracasados: sus dos esposas, la segunda muy recientemente, le han abandonado. La historia personal de Karl Rove, en sus propias carnes, muestra que no todas las familias americanas -al menos no el 100 por cien, como pretenden hacer creer ciertos políticos y políticas americanos, conservadores y conservadoras- viven el Sueño Americano en sus vidas personales.

Rove, que fue principal asesor del presidente del 2000 al 2007 ("Senior Advisor") y "Deputy Chief of Staff" del 2004 al 2007 ("Subdirector de Personal" de la Casa Blanca, literalmente), repasa con detalle las primarias y las presidenciales del 2000 y del 2004, dando lecciones magistrales sobre cómo ganar elecciones. Ya en la Casa Blanca, Rove cuenta la intrahistoria -que diría Unamuno- de las jornadas que siguieron al 11 de Septiembre de 2001; explica las decisiones de ir a la guerra en Afganistán y en Irak -por las cuales, lejos de pedir perdón a lo que él denomina "la progresía liberal", muy al contrario, saca pecho, con orgullo-; da razón de la actuación de la Administración para la que trabajó, en la solución del desastre del Huracán Katrina de agosto de 2005; y, por último, da su versión de los hechos a propósito de la filtración a la prensa de la identidad de la agente de la CIA, Valerie Plame debido a la afirmación del marido de ésta -embajador Wilson- de que la Administración Bush había inventado las pruebas que demostraban la existencia de armas de destrucción masiva ("WMD", en sus siglas inglesas), que fueron la justificación utilizada por George Bush para invadir Iraq.

Ciertamente, la versión de los hechos de Karl Rove contrasta enormemente con la del ex Director de la CIA por aquellos años, George Tenet ("At the center of the Storm", "En el centro de la Tormenta", que es el título de su libro de memorias) y del ex jefe de prensa de Bush, Scott McClellan ("What happened", biografía en que da su versión de los hechos): ambos ex colaboradores de Bush dicen - de manera complicada, como quien no tiene certeza, ni el cien por cien de la información disponible- que el organizador del entuerto, fue el propio Karl Rove.

Más allá de disputas, y de las ideas políticas de cada uno, este libro es una lectura obligada para cualquier experto en marketing electoral que quiera aprender cómo poner en marcha una campaña eficaz y dar un buen uso a los recursos demoscópicos y de comunicación.

En la actualidad, Rove escribe en The Wall Street Journal, en el semanario político Newsweek y participa en las tertulias -y es entrevistado con frecuencia- de la cadena de televisión Fox, donde también colabora Sarah Palin.

jueves, 12 de noviembre de 2009

“Los Diarios de Alistair Campbell”, Jefe de Prensa de Tony Blair (1994-2003)


No todo el mundo recuerda su nombre, pero, en Reino Unido, TODOS, reconocen su expresión: “La Princesa del Pueblo” (The Princess’ People), con que Tony Blair se refirió a Lady Diana, tras su fallecimiento en agosto de 1997. Pero la denominación no la acuñó el Primer Ministro británico, sino su Jefe de Prensa, estratega político más importante y mano derecha: Alistair Campbell. De hecho, en la película “The Queen”, protagonizada por Helen Mirren y dirigida por Stephen Frears, se aprecia no sólo la anécdota de la frase, sino el devenir de los acontecimientos que rodearon la muerte de Diana de Gales y, sobre todo, el inmenso poder que ejercía Alistair Campbell, en el manejo de la Opinión Pública.

Tanto y tan grande era el poder del Jefe de Prensa de Tony Blair, que hasta la mujer del Primer Ministro, Cherie Blair, se queja de ello públicamente en sus memorias, publicadas en junio de 2008. La visión de Alistair Campbell era simple: proteger la imagen y la reputación del Primer Ministro incluso de sí mismo y de sus más allegados. La visión de Cherie Blair es la de quien no está dispuesta a aceptar órdenes, intromisiones en la intimidad familiar o, simplemente la injerencia de un tercero, por parte del Jefe de Prensa de su marido.

Si un Jefe de Prensa, un Director de Comunicación o puesto similar (tanto en el sector público como privado) quiere saber lo que es no estar cerca del poder sino ejercerlo, le recomiendo que lea “The Blair years: Extracts from the Alistair Campbell diaries”, publicadas por Hutchinson en 2007. Yo compré el libro en Londres recién publicado, a principios de ese año, en la librería Hughes & Hughes, por 19,95 libras esterlinas. Hoy, en Amazon, el libro está a precio de saldo, con toda la comodidad que ofrece la compra por Internet. Son casi 800 páginas intensas, prietas, llenas de información…, tanto que parece que el autor, con tantos datos, está a punto de hacer explotar el libro por exceso de fechas, acontecimientos, conversaciones, lujo de detalles, etc.

Alistair Campbell, Jefe de Prensa de Tony Blair desde 1994 hasta 2003 mantuvo un diario durante toda la década que le llevó a construir y mantener la victoria del Nuevo Laborismo. Día tras día escribió por las noches el devenir de los acontecimientos de la campaña electoral de 1997, las relaciones con los miembros del Gabinete, las presiones de los grandes grupos de comunicación, la utilización de las encuestas (la mayor parte de ellas, provenientes de la empresa para la que trabajo, Ipsos Public Affairs) y tantas otras cosas más relacionadas con el Gobierno Británico y su Comunicación.

El libro no esconde, no oculta nada. Campbell era y es conocido por su franqueza, hasta por su brutal honestidad y sinceridad. Otra cosa es que, tanto obligado por ley, como vinculado por lealtad al todavía Partido Laborista aún en el poder, Campbell no publica todo, sino sólo una tercera parte de todo lo que escribió en aquellos años. Empieza su libro diciendo que algún día, cuando sea totalmente libre, publicará el contenido íntegro de sus Diarios. Yo lo estoy deseando: durante los dos primeros meses de 2007, no pude dejar de leer por las noches un libro que, en inglés, te apasiona, agarra, engancha, no te deja respirar: Campbell es un torrente de información pero tú, como lector, quieres aún más.

Cómo hacer política a gran escala. Cómo mangonear ministros. Cómo decirle a la mujer del Primer Ministro con quién debe o no mantener amistad. Cómo tratar con los dueños de los principales medios de comunicación mundiales. Cómo tratar con Bill Clinton, aliado y amigo. Cómo tratar con George Bush, aliado, que embarca a Reino Unido en las guerras de Afganistán e Irak. Cómo tratar con un Ministro de Economía (Gordon Brown, Chancellor of the Exchequer) que quiere quitarle el puesto al Primer Ministro…

Alistair Campbell no es un Jefe de Prensa que emita notas de prensa, aunque también lo hace. Es un personaje que quita y pone ministros. Otorga confianza y la quita. Genera reputación y la destruye. Es un Director de Comunicación en estado puro, con todas las herramientas del Estado a su disposición, para hacer lo que tiene que hacer: orientar a la opinión pública británica a favor del Gobierno Laborista, a través de los medios de comunicación.

Es una lectura obligada para cualquier Director de Comunicación culto que pretenda influir y ser tenido en cuenta en su ámbito de trabajo.

lunes, 14 de septiembre de 2009

Obama, Alberto Ruiz Gallardón y la Candidatura Olímpica Madrid 2016


La semana pasada fue especialmente relevante para la Presidencia de Obama y para los Estados Unidos. En muchos aspectos, la segunda semana de septiembre de 2009 pasará a la historia como la más simbólica de todo el año, para Barack Obama.

En el frente doméstico, Obama presentó oficialmente su Plan para la Sanidad en Estados Unidos. Desde un punto de vista comunicativo, eligió la fórmula más solemne a disposición de los presidentes norteamericanos, además del discurso del Estado de la Nación y de los discursos inaugurales: un discurso (de 47 minutos) ante Congreso y Senado juntos. A modo de ejemplo, Roosevelt lo hizo en 1941, cuando declaró la guerra a las potencias de Eje, tras el ataque japonés a Pearl Habour; LBJ se dirigió al poder legislativo tras el asesinato de Kennedy; Ronald Reagan fue recibido por ambas cámaras tras el atentado contra su vida, en 1981. George W Bush fue aclamado por ambas, tras los atentados del 11S.

Obama pudo haber anunciado su Plan para la Sanidad norteamericana de muchas maneras, evitándose incluso la agonía de un verano plagado de tertulias en los medios de comunicación y town halls por todo el país en que expertos, periodistas, políticos y opinión pública/población general han opinado apasionadamente sobre un plan del que apenas sabían nada. La forma en que Obama está haciendo las cosas demuestra su inteligencia política. En serio. Ahora lo veremos.

Por un lado, el Presidente quiere evitar los errores que cometió Bill Clinton. También este Presidente quiso revitalizar y renovar la Sanidad norteamericana. Pero lo hizo de manera inapropiada e ineficaz, generando críticas incluso entre su propio partido y entre sus votantes, “matando” el capital político ganado tras las elecciones en que derrotó a George H. W. Bush, en 1992.

Primero, encargó a su mujer (First Lady, pero sin cargo electo) que, de manera “secretista”, elaborara un plan complejo al margen del proceso legistativo y gubernamental, con expertos no elegidos por los ciudadanos –anatema, en América-. Segundo, se comprometió a presentar un plan y aprobarlo en un tiempo récord: 100 días, en 1993. El Plan con el que apareció Hillary Clinton al cabo del período comprometido era extremada complejo. Y difícil de explicar y “vender” a la sociedad americana. Tercero, Clinton no se aseguró de tener el apoyo de los congresistas y senadores de su propio partido, que se sintieron alienados por su propio Presidente. Cuarto, al hacer las cosas de manera “secretista”, Clinton no tuvo el apoyo de la opinión pública, absolutamente necesario. Aquello de “gobernar para el pueblo pero sin del pueblo”, de antaño, no vale en una América cuya Constitución empieza con un plural “we, the American people...”: los americanos llevan muy mal que no se les consulte y no se cuente con ellos: después de todo, son la primera democracia de la tierra, en todos los órdenes.

Las consecuencias de los errores de Clinton y su mujer son bien conocidos: la reforma sanitaria no fue aprobada ni en el Congreso ni en el Senado; Clinton perdió mucho apoyo popular; tuvo enormes conflictos dentro del partido y, cuando se celebraron –en 1994- las llamadas midterm elections, los demócratas perdieron el control de las dos Cámaras, por vez primera desde finales de la Segunda Guerra mundial. Tanto Hillary, en “Living History” (2003), como Bill Clinton, en “My life” (2004) reconocen sus errores en la forma en que hicieron las cosas, en esta materia.

Obama, en cuanto a la reforma sanitaria, no ha querido cometer los mismos errores. Más aún, creo que ha querido imitar a dos Presidentes expertos en ganarse el favor de congresistas y senadores, de ambos partidos: LBJ (Johnson) y Ronald Reagan (ver “The Presidents: the transformation of the American Presidency from Theodore Roosevelt to George W. Bush”, de Stephen Graubard, 2004). Obama lleva todo el verano llamando a unos y otros, entrevistándose con ellos y tratando de conseguir su apoyo. Y sus continuas explicaciones y apelaciones (aún siendo todavía genéricas) a la población general están dando sus frutos: todas las encuestas publicadas tras su discurso del miércoles 9 de septiembre por la noche, le dan ratios de aprobación superiores al 60%. Esto no significa que aún no le quede mucho terreno que recorrer, pero al menos, ha cerrado un ciclo favorable en favor de su reforma. El propio Clinton dice, en su biografía, que tras su debacle con la sanidad, fue acusado de gobernar a base de encuestas, de lo mucho que se apoyaba en ellas.

Sin llegar a tanto, claramente Obama está teniendo en cuenta lo que piensa la gente. Especialmente, porque Obama sabe que el individualismo corre por las venas de los norteamericanos y que la intervención del Estado en sus vidas, a demócratas y republicanos, provoca sarpullidos innecesarios y no buscados. Por eso, Obama camina con mucho cuidado en este camino de la reforma sanitaria. Y, al final, con su pragmatismo habitual, sacará adelante una reforma de compromiso que contente a todos.

Aunque este fin de semana haya habido manifestaciones de gentes contrarias a su plan en Washington (también las tuvo Bush en contra de la guerra de Irak o Nixon contra la de Vietnam o Clinton por su reforma de la Administración que enervó a los funcionarios americanos), creo que el Presidente busca una comunicación eficaz: mejor aún, ha supeditado la comunicación al servicio de su fin último, que es sacar adelante la reforma sanitaria y que sus senadores y congresistas mantengan sus escaños, en las elecciones del año que viene: sin ellos, la reforma no saldrá adelante y su capacidad de gobernar se verá seriamente comprometida. En ese sentido, Obama demuestra que, más que gestionar intangibles, la comunicación debe estar al servicio de algo superior que contribuya al bienestar de la gente, de la sociedad, de las empresas y los individuos.

A nadie se le oculta que su reforma sanitaria tiene un enorme coste económico, además de político: muchos billones de dólares. Sin entrar en el detalle, -para nada- de las mil páginas que Obama ha presentado al Congreso, sí diré, que lo que se gasta o pretende gastar Obama en sanidad es mucho menos de lo que la Reserva Federal (FED) se ha gastado desde marzo de 2008 (Bearn Stearns, ¿recuerdan?) en rescatar bancos y estabilizar el sistema financiero. Y todo experto en economía, de derechas y de izquierdas, está de acuerdo en que esta intervención del estado en la economía financiera, era necesaria para que el dinero fluyera a familias y empresas (“la financiación es la sangre de la economía", afirma Alan Greenspan, en “The age of Turbulence”, 2007). Lo que se gastaría Obama en sanidad, de sacar adelante su plan, es mucho menos de lo gastado en la guerra de Irak, como demuestra en su obra maestra el premio Nóbel de Economía Joseph Stiglitz “The Three Trillion Dollar War: the true cost of the Iraq conflict” (2008).

Y, además, hay muchos americanos que sí están de acuerdo en reformar la sanidad americana, con ciertas condiciones: dando más cobertura, ofreciendo una alternativa pública a las de las aseguradoras privadas, haciendo la Sanidad más eficiente y reduciendo sus costes (América gasta 1,5 más en Sanidad que la Unión Europea, por ejemplo, y, sin embargo, tiene 47 millones de personas fuera del sistema sanitario, frente a nuestro sistema de cobertura universal), al tiempo que la convierte en fuente de revitalización de la economía y generación de empleo. Porque estos parámetros –y no otros- son los que definen, a grandes rasgos, los objetivos de la reforma sanitaria de Obama. Las soflamas -no ciertas- de que Obama es socialista y quiere introducir el comunismo en los Estados Unidos son absolutamente fuera de lugar y sin sentido, por mucho que tantos, de izquierda (en Europa) y de derecha (en América), se empeñen en repetirlo.

Además de la reforma sanitaria, Obama honró a los asesinados por Al Qaeda en el 11 de septiembre de hace ocho años. Y, con su retórica, que no es la de su predecesor, reafirmó su intención y determinación de acabar con el terrorismo islamista y que no le temblará la mano a la hora de luchar contra Bin Laden y sus secuaces. Obama será demócrata, pero no de izquieras: antes que nada es norteamericano y, por tanto, patriota. Si Bill Clinton bombardeó los campamentos de Bin Laden en el desierto, Obama perseguirá al saudí hasta los confines de la tierra, aunque respetando la ley y sin torturas.

También en el ámbito económico, la semana pasada ha sido importante para Obama y para América. El secretario del Tesoro Timothy Geirthner, afirmó que la economía americana empezaba a ver la luz al final del túnel. Por contraste con algunos comentarios que vemos y escuchamos en otras latitudes más cercanas, Geirthner fundamentó sus afirmaciones en datos, estadísticas y estudios. El estímulo económico del Presidente, por ejemplo generó más de 1,5 millones de empleos, en lo que llevamos de año. Desgraciamente en España, este mes pasado ha generado más desempleo y, según nuestro ministro de Trabajo, Corbacho, la tasa de paro podría alcanzar el 20% de la población activa. En marzo de 2008, Zapatero hablaba de pleno empleo, para esta legislatura, en víspera de elecciones.

En Comercio Exterior Obama tomó una decisión histórica: subir los aranceles a la importación de neumáticos chinos. Desde que Nixon y Kissinger iniciaran la política del deshielo con Mao y la China comunista, los gobiernos americanos habían tenido una relación cordial con los chinos: con la excepción del conflicto por Taiwan, americanos y chinos se llevan bien en lo económico; ya se habla del G-2, frente al G-20. No hay que olvidar que China financia buena parte de la deuda estadounidense (deuda pública, deuda de los bancos, deuda del consumo, deuda de la inversión, deuda de las familias, etc). Por ese motivo, la reacción airada de las autoridades chinas, que no se ha hecho esperar, tiene especial relevancia: la decisión de Obama, en defensa de los intereses económicos americanos (los sindicatos de los sectores afectados ya han mostrado su alegría por la medida, porque se salvarán muchos puestos de trabajo en América, al tiempo que se perderán en China: así es el juego de las redes y de la globalización) podría interpretarse como proteccionista y despertar una guerra comercial que no sería buena para nadie. Sin embargo sospecho que la sangre no llegará al río y que Obama se sentará a hablar con los chinos, antes de que comiencen los problemas.

Al igual que ha dicho que está dispuesto a sentarse a hablar con norcoreanos y con iraníes para parar sus programas nucleares. El diálogo ya empezó con su predecesor, pero a Bush, su retórica del “eje del mal” no le ayudó a la hora de establecer ciertas relaciones diplomáticas. La visión multilateral de Obama será de gran utilidad para resolver conflictos internacionales.

Por último, una decisión curiosa y de índole interna podría afectarnos mucho a los españoles. Obama anunció esta semana que su mujer, Michelle, y no él, acudiría a Copenhage a defender la Candidatura de Chicago para los Juegos Olímpicos de 2016. Esta decisión podría tener muchas repercusiones: a los miembros del COI, que se reúnen el próximo 2 de octubre en Copenhage, les gustan las representaciones de muy alto nivel, a la hora de defender candidaturas olímpicas.

En el caso de Madrid, nuestra candidatura, que presentará el Alcalde Alberto Ruiz Gallardón, irá encabezada por la Familia Real al pleno (la única enteramente olímpica, por cierto: todos sus Miembros han participado en alguna Olimpiada). La Candidatura Olímpica Madrid 2016, con su lema “tengo una corazonada o I feel it in my bones” es la que más apoyo popular tiene de las cuatro opciones, con más del 90% de la población española a favor, según las encuestas.

Sin Obama, nuestra Candidatura, ya de por sí sólida y fuerte, podría verse seriamente reforzada a los ojos del COI. Ojalá sea así y, ganando por sus propios méritos, Madrid se convierta en la sede de los Juegos Olímpicos de 2016.

Fotografía  EFE

miércoles, 6 de mayo de 2009

Michael J. Fox y optimismo en tiempos de crisis


Tras recibir, en los últimos meses, miles de impactos negativos acerca de la crisis económica, mi mujer y yo decidimos hacer un viaje de diez días a los Estados Unidos. No porque pensáramos que allí no hubiera crisis económica y los medios de comunicación no hablaran de ello (la crisis financiera comienza en USA en el verano de 2007, y de ahí se extiende al resto del mundo), sino porque, cambiando de país, queríamos también cambiar de aires, en busca del optimismo que exuda el famoso "American Dream" o sueño americano.

Y, ciertamente, visitas a impresionantes parques naturales como Lake Tahoe o el Cañón del Colorado, te hacen..., te obligan, a respirar aire fresco que te hace olvidar los problemas, al menos por un momento. Visitar el aspecto más glamouroso de Las Vegas -el que aparece reflejado en las películas de George Clooney, Ocean's Eleven y sus dos secuelas- y el aún más sofisticado del Los Angeles-Meca del Cine-Hollywood, también te hace olvidar durante un rato las penurias de la crisis económica. Sin embargo, ninguna de esas experiencias de nuestro viaje a los Estados Unidos suponía un cambio radical, a mejor, del estado de ánimo tristón que tenemos los españoles, tras haber alcanzado el número de parados más alto de la historia y..., subiendo.

Sin embargo, algo verdaderamente sorprendente y, por tanto inesperado, vino a ponerme en bandeja el revulsivo que yo estaba buscando para conseguir un duradero, permanente y sólido cambio de estado de ánimo a mejor y más, mucho más positivo. La oportunidad me la prestó el famoso actor que protagonizó la saga de películas Regreso al Futuro, Michael J. Fox. Como creo, casi todo el mundo sabe, Michael J. Fox padece una terrible enfermedad incurable, al menos a día de hoy: el Parkinson. Es posible que alguien se pregunte qué tiene de inspiración optimista un actor que sufre -y mucho- de Parkinson. Pues mucho más de lo que se imaginan.

Lo primero que me llamó la atención es ver su fotografía, extraída de la portada de su último libro, prácticamente en todos los sitios en los que estuvimos en los Estados Unidos: Chicago, Vegas, Los Angeles, Santa Mónica, Cañón del Colorado y Lake Tahoe! En los aeropuertos, o en los "billboards" de las calles y autopistas. En los periódicos. ¡En las televisiones! Encender la televisión y hacer zapping suponía un ejercicio en el que, estadísticamente hablando, era altamente probable encontrarse con noticias relativas a Michael J Fox o, incluso, encontrarse al propio actor concediendo entrevistas: CNN, Fox, etc. Puesto que una de mis grandes aficiones es la lectura, fui a varias librerías: en todas ellas, el libro más expuesto al público era precisamente el de Michael J Fox, titulado, por cierto, "Always looking up". Una traducción literal del título podría ser "Siempre mirando hacia arriba" y una traducción más liberal podría ser algo así como "Siempre con optimismo". (Todo menos "quedarse mirando al techo").

Decidí comprar el libro. Y lo leí de un tirón, en dos días, aprovechando ratos libres. Durante esos ratos libres, sorprendentemente, se me acercaba gente que no conocía a preguntarme "¿Qué tal va el libro? Ayer vi a Michael J Fox en una entrevista en Televisión y me emocionó". Esto me pasó con una azafata en un avión, que se emocionó al ver el libro; y también con un tipo que, al sentarme yo en un banco en Santa Monica, mientras mi mujer estaba visitando tiendas, se acercó y me espetó: "Yo también lo he leído: ¿impresionante, verdad?".

Al principio tuve dudas sobre si tanta expectación sobre Michael J Fox era fruto de la comunicación mediática de su libro, y la publicidad y marketing que lo acompañan. Cuando leí el libro, me di cuenta de que no era así, sino al revés: los medios de comunicación norteamericanos, deseosos -como el Presidente Obama- de transmitir mensaje positivos y optimistas a la sociedad americana, han cogido el formidable y maravilloso ejemplo de Michael J Fox y lo están contando a los cuatro vientos...; los medios de comunicación americanos, ignoro si coordinados entre sí o no, supongo que no, han decidido proponer a Michael J Fox como ejemplo o role model, de lo que supone salir adelante con alegría y con optimismo a pesar de las dificultades: a veces, incluso, cuando se atraviesan extremas dificultades.

No voy a hacer publicidad del libro: en cualquier caso se acaba de publicar en USA y aún tardará en llegar en España la edición en Español, si es que llega. Lo que sí sé (me dedico al negocio de tomarle el pulso a la opinión pública mediante encuestas) es que la sociedad americana se ha sentido enormemente conmovida, emocionada e inspirada por el enorme despliegue de coraje de Michael J Fox. Siendo rico, pudo optar por dedicar su fortuna a, "simplemente", cuidarse y vivir mejor. Sin embargo, se embarca en la extenuante aventura de crear una Fundación que "levanta dinero a los ricos" para dedicarla a la investigación que, quizá algún día sea capaz de curar la enfermedad. Su trabajo en la fundación le supone un enorme esfuerzo físico y pasar muy malos momentos, especialmente cuando los temblores y convulsiones se disparan sin control...; sin embargo, el actor no ceja en su empeño, y sigue trabajando.

Siendo hombre de mentalidad demócrata (cercano al Partido Demócrata norteamericano, quiero decir), se ha dedicado, contra corriente, durante los ocho años de reinado republicado de la era Bush, a hacer lobby con el gobierno, los congresistas y los senadores, al objeto de que apoyaran con fondos gubernamentales, la investigación científica necesaria para, si es posible, curar algún día la enfermedad. Su descripción de sus intervenciones ante senadores y congresistas para pedirles leyes y dinero, "cuando le da el telele", como él mismo dice, resulta francamente divertida y, por un momento, te hace olvidar que, en realidad, ese tipo de situaciones deben de resultar enormemente dramáticas, en vez de cómicas.

Michael J Fox tiene familia: mujer e hijos. Yo supuse que él siempre podía haber optado por tener lástima de sí mismo, replegarse sobre sí mismo, dedicarse a sí mismo, cuidarse a sí mismo..., dedicarse en definitiva a cualquier cosa que acabe con la expresión egoísta del "sí mismo". Y, sin embargo, Michael J Fox muestra a un hombre que sale de sí mismo para entregarse a su familia, a su mujer y sus hijos, olvidándose de sí mismo para preocuparse y ocuparse de ellos, en la medida en que sus limitaciones físicas se lo permiten. Todo lo que él cuenta en este ámbito íntimo y familiar resulta francamente emocionante.

Con razón, Michael J Fox se ha convertido en un ejemplo a seguir, en estos tiempos tan duros que nos ha tocado vivir. Porque nos descubre que, el secreto de la felicidad en épocas de vacas flacas consiste en olvidarse de uno mismo y entregarse a los demás. Cuando Michael J Fox me descubrió este secreto a través de su libro, entendí el porqué los medios de comunicación americanos habían hecho de él un ejemplo de comunicación positiva (a seguir e imitar) en tiempos de crisis.