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martes, 24 de abril de 2012

Wisconsin, Maryland, Columbia: la carrera final

Abril es vital para Mitt Romney y Rick Santorum. Son muchas elecciones concentradas en un mes, con primarias en las que el ganador consigue todos los delegados. Un esquema diseñado para que quien va en cabeza obtenga un impulso final: los 300 delegados en juego en abril no otorgarán a ninguno de los dos los 1.441 delegados necesarios para ser oficialmente nominado candidato presidencial. Pero, si las previsiones se cumplen, Romney se distanciará de Santorum. Este es el motivo de que, Romney, en una semana, haya recibido el apoyo de Jeff Bush (exgobernador de Florida), Paul Ryan (presidente del Comité Presupuestario del Congreso) y de George Bush padre, expresidente. Scott Fitzgerald, senador y líder de la mayoría republicana en el Senado de Wisconsin, se ha puesto del lado de Romney. El gran financiador de Gingrich, Sheldon Adelson, le ha dado por difunto y ha sugerido que podría "pasarse al bando mormón".

Los datos avalan a Romney: Gallup le daría por ganador, hoy, entre los cuatro candidatos: Romney (42%), Santorum (27%), Gingrich (11%) y Paul (10%). Romney ha cosechado 566 delegados (4.127.924 votos) frente a Santorum (263 delegados y 2.850.557 votos). Romney gana a Santorum por 15 puntos, le dobla en número de delegados y en votos. Y eso que el voto republicano está muy desanimado: solo un 40% tiene interés por estas primarias. Un 60% dice en las encuestas que la desunión es fratricida y que será la causa del fracaso conservador en noviembre. Al menos, ahora, no les falta razón: Obama, cuyo índice de aprobación (47,8) solo supera por un punto al de desaprobación (46,7), seguiría ganando a Romney (49 versus 45) y a Santorum (51 versus 43).

La última genialidad de los estrategas republicanos es repetir la experiencia de 2008: que el tándem electoral lo formen un moderado pragmático (Romney), acompañado por un conservador con sólidos principios (Santorum). Algo parecido a la feliz pareja que formaron McCain y Sarah Palin: un desastre. Esto podría decidirse en la convención de Tampa, Florida.

Hoy, los republicanos tienen que dirimir quién se lleva los delegados de Wisconsin (42), Maryland (37) y el distrito de Columbia (19). En todos los casos, las encuestas preelectorales bien hechas (muestra bien elaborada, fiel reflejo del censo del Estado y lo más amplia posible; metodología adecuada; índice de confianza nunca menor al 95,5% y margen de error del +/-2,3%: los americanos tienen la suerte de ser ricos y pueden permitirse invertir dinero en encuestas que aciertan) dan por victorioso a Romney: obtendría todos los delegados, consiguiendo un empujón monumental cara a la siguiente cita electoral, el 24 de abril, en Nueva York, Pensilvania, Connecticut, Rhode Island y Delaware.

En el distrito de Columbia, Romney tiene todas las de ganar: el perfil sociodemográfico del votante le es favorable; además, los únicos otros candidatos que se han cualificado para competir son Gingrich -que allí tiene muy mala imagen- y Ron Paul -a quien tienen, todavía, menos simpatía-. En Wisconsin y en Maryland es interesante destacar que Romney ha hecho encuestas que le dicen que el 31% de sus potenciales votantes no ven sus anuncios en televisión en el momento de ser emitidos, sino a posteriori, en internet. Así que ha decidido seguir invirtiendo ingentes cantidades de dinero en publicidad, pero dividiéndolas al 50%, entre televisión e internet.

En Maryland votarán a Romney, no por sus principios conservadores, sino porque su principal preocupación es la economía, el gasto público, la deuda y el desempleo: son conservadores fiscales (Tea Party), hombres de negocios, veteranos de guerra, que están convencidos de que Romney es el único capaz de vencer a Obama. Romney ganaría a Santorum, en el peor de los casos, por 17 puntos y, en el mejor, por 25. La última encuesta, hoy, arroja estos resultados: Romney (52%), Santorum (27%). No creo que la diferencia final sean tan abultada: es muy probable que, aunque gane Romney, las zonas urbanas se inclinen por él y las rurales por Santorum. Aunque este matiz es irrelevante, porque el ganador se lleva todos los delegados.

En Wisconsin, la joya de la corona con el mayor número de delegados (42), las encuestas no difieren tanto y son más uniformes en sus resultados: Romney (40,3%), Santorum (32,8%). Para ganar en este estado, el candidato tiene que meterse en el bolsillo tres mercados electorales: Milwaukee (43%), Green Bay (21%) y Madison (13%). Romney ya los tiene.

Publicado previamente en Cinco Días el 3 de abril de 2012

martes, 20 de marzo de 2012

Misuri y Puerto Rico, dos mundos opuestos

El martes, 13 de marzo, los medios de comunicación dieron por vencedor a Santorum. Las encuestas a pie de urna dijeron que Santorum había conseguido un mayor número de votos que sus contrincantes, seguido por Gingrich y, en tercer lugar, Romney. Adicionalmente al mayor porcentaje de votos, Santorum consiguió 100.000 dólares a través de internet, una hora después de conocerse los resultados, para financiar su campaña. Me dicen que Santorum rebosaba felicidad.

Curiosamente, durante esa misma hora, el perdedor Romney obtuvo 2 millones de dólares. A primera vista, parece extraño que quien quedó tercero, por número de votos en ambos estados, recaude 2 millones de dólares online, frente a los 100.000 dólares que recibió el victorioso Santorum. A no ser que aquellos que donaron los 2 millones de dólares a Romney tuvieran más y mejor información que los medios de comunicación que, inmediatamente, otorgaron la victoria a Santorum. Por ejemplo, este diario fue el único en España que, el mismo día 13, explicó que, además de en Alabama y en Misisipi, también había elecciones en Hawai y en la Samoa Americana. Tal y como anticipamos, Romney se llevó la mayoría de los delegados de estos dos olvidados estados.

¿Qué otorga la nominación presidencial: el número de votos o el de delegados? Respuesta: el número de delegados. En ese sentido, el ganador no fue Santorum, sino Romney. Este hombre consiguió el 13 de marzo 41 delegados versus los 35 de Santorum y los 24 de Gingrich. Romney ya ha ganado el 50% de los delegados repartidos hasta el momento y el 45% de los necesarios para obtener la nominación. La estrategia de Santorum se basa en ganar los corazones de los votantes con sus principios. Romney solo busca sumar más delegados. Y en cada elección que se celebra, su distancia en el número de delegados se agranda: tiene 495, Santorum, 252, Gingrich, 131, y Paul, 48.

Gingrich había dicho que, para él, ganar en Alabama y en Misisipi era "cuestión de vida o muerte". Según esto, ya le teníamos que haber enterrado. Sin embargo este político afirmó en la noche poselectoral: "Me mantendré hasta el final". Su plan es sencillo: mientras siga compitiendo, continuará robando delegados a sus oponentes, Romney y, sobre todo, Santorum. Gingrich quiere evitar que Romney se arrogue el mérito de la inevitabilidad de la victoria, impidiendo que consiga los 1.141 delegados necesarios antes de la convención republicana. Y, de paso, evitar que Santorum aparezca como el único candidato genuinamente conservador: en Alabama y Misisipi, Santorum y Gingrich, conservadores, consiguieron el 70% de los votos. En ambos estados, Romney obtuvo el apoyo de liberales, moderados, independientes e individuos con altos ingresos. El ganador Santorum fue votado por los muy conservadores y evangélicos: 8 de cada 10 en Misisipi; dos tercios en Alabama. Hoy hay 52 delegados en juego en Misuri, y mañana 23 en Puerto Rico.

En Misuri, Santorum juega con ventaja sureña, pero Romney necesita ganar más delegados para recuperar la imagen de líder que perdió en Alabama y Misisipi. Romney apelará al apoyo del votante culto y adinerado de las grandes urbes (St. Louis y Kansas City). Santorum recibirá mucho voto rural. Nadie da por ganador a Romney en Misuri: hay encuestas que dan la victoria a Santorum por 50, frente a Romney, 37. Otras, sitúan a Gingrich en cabeza con 43 versus 42 para Romney. Una tercera encuesta reparte juego: Gingrich, 30, Santorum, 28, Romney, 24 y Paul, 11. La CNN va tan lejos como para darle a Santorum el 55% y a Romney el 25%, basándose en unas primarias no vinculantes, ya celebradas. Me da la impresión de que Misuri no es tierra muy favorable a Romney… sin embargo, hoy no habrá reparto obligatorio de delegados.

Ambos candidatos han hecho campaña en Puerto Rico -que pronto decidirá en referéndum si deja de ser estado asociado para convertirse en estado de pleno de derecho de la Unión-, apelando a un voto hispano necesario, pero históricamente despreciado por los republicanos: la primera condición para unirse a Estados Unidos, completa y jurídicamente, es que Puerto Rico deje de tener dos idiomas oficiales, abandone el castellano y se quede solo con el inglés. El aparato del partido en Puerto Rico está de parte de Romney. Quien gane en el estado hispano se lleva los 23 delegados. Estados Unidos tiene casi 50 millones de ciudadanos legales hispanos.

Publicada previamente en Cinco Dias, el 17 de marzo de 2012

Alabama y Misisipi: la batalla del sur

Mucho se habló del supermartes, que dejó las cosas como estaban: Romney en cabeza, sin consolidarse como líder republicano. Aquel día votaron 10 estados. En cuatro días se han celebrado, y habrá elecciones, en nueve estados: tanto valor como el supermartes: quizá más, porque los candidatos se sumergen en el sur: hoy hay elecciones en Alabama -que Santorum denomina "el corazón del conservadurismo"- y en Misisipi. 

Son dos estados muy propicios para que Santorum y Gingrich obtengan hoy buenos resultados. El electorado es extraordinariamente conservador. No hace falta ser experto en consultoría política: basta con haber visto películas como Sweet home Alabama (Alabama, dulce hogar) y Arde Misisipi. Simplificando mucho: para el común de los mortales, Alabama y Misisipi son estados de extrema derecha (es un estereotipo: hay de todo, como en botica), frente a California y Nueva York, ejemplos del progresismo extremo.

Romney tenía, hasta hace dos meses, unos altos índices de simpatía entre todos los votantes a escala nacional. Pero, al enfrentarse al sur, donde algunos dicen sigue ondeando la bandera de la Confederación, Romney ha radicalizado su discurso, todo lo que ha podido, hacia la derecha. Hasta la famosa Ley de Inmigración de Arizona -inconstitucional- le parece ahora poco: quién le ha visto y quién le ve. El electorado tiene memoria: hoy, el 39% de los americanos le consideran bajo un prisma negativo y un 28%, con simpatía: mal augurio cara a las presidenciales. Entre los que deciden el resultado electoral -los independientes-, sus índices son aún peores: 22% le apoyan y 38% no pueden ni verle. El creciente voto latino se manifiesta cinco a uno contra él. Pero Romney quiere conquistar el corazón del sur. ¿El punto de partida?

Hoy, Romney tiene 455 delegados; Santorum, 199; Gingrich, 117, y Paul, 64. Para conseguir la nominación, Romney necesita aumentar en un 40% sus delegados. Alabama y Misisipi ofrecen a Santorum la posibilidad de convertirse, por fin, en la auténtica y genuina alternativa conservadora, a Romney. Si Gingrich quiere conservar una mínima credibilidad, necesariamente, ha de conseguir buenos resultados hoy. De otra manera, lo sensato sería retirarse, como le pide ya, abiertamente, Santorum. Pero Gingrich quiere -como Paul- seguir hasta el final, con la esperanza de poder conseguir algo en la convención de Tampa: un número suficiente de delegados le permitiría negociar con Romney un buen puesto en la nueva Administración si pierde Obama. El presidente ya tiene un índice de aprobación de su gestión del 48% versus el 46% de desaprobación. 

Crecimiento económico del 2% y tres meses generando empleo por encima de las 200.000 personas, mensualmente. Su maquinaria electoral, con sede en Chicago, está engrasada, utiliza las últimas tecnologías y no deja de recaudar muchísimo dinero. Mientras, los republicanos se desangran. Una mujer que ha protagonizado muchas campañas electorales, esposa de presidente, madre de presidente, Barbara Bush, fue aclamada en Texas cuando dijo que no había sido testigo de "peor primaria republicana que la actual".

Santorum ganó en Kansas (sur) con el 51%: Romney obtuvo un 21% y Gingrich, un 14%: malos augurios para este conservador. En Wyoming, Romney salió victorioso (44%); Santorum consiguió el 28%. Romney obtuvo más delegados que sus contrincantes en Guam, en las Islas Marianas del Norte y en las Islas Vírgenes.

¿Qué pasará hoy? Están en juego Alabama (50 delegados), Misisipi (40), Hawai, estado natal de Obama (20), y Samoa Americana (9). En Alabama, las encuestas dicen: Gingrich (27%), Romney (26,3%) y Santorum (25%). Sí, Gingrich ganaría a Romney por +0,7%, pero la asignación proporcional de delegados dejaría las cosas como están. La situación se repite en Misisipi: Gingrich (33), Romney (31), Santorum (27). En Hawai estaría en cabeza Romney (24), seguido por Gingrich (8).

Estos resultados manifestarían que en Alabama y Misisipi el 50% de los votantes conservadores optarían por Romney: no porque les guste, sino porque le ven capaz de vencer a Obama; y que el corazón del sur está dividido entre Santorum y Gingrich, dándole a este argumentos para seguir en la carrera. The Economist, Time, Newsweek, FT y WSJ están de acuerdo en que, con estos mimbres, los republicanos seguirán pegándose durante semanas o, incluso, meses. Obama puede estar tranquilo, imponiendo sanciones más duras a Irán, torciéndole el brazo nuclear a los norcoreanos y discutiendo con Netanyahu. Si Barbara Bush tuviera razón, entonces Obama no tendría mucho de qué preocuparse.

Publicado previamente en Cinco Dias, el 13 de marzo de 2012

martes, 6 de marzo de 2012

El 'supermartes' se decide en Toledo

Es un placer referirse a cuestiones norteamericanas en español, sin utilizar anglicismos. La capital de Ohio, el estado más relevante para los republicanos que celebran hoy elecciones en 10 estados, es Colon (o Columbus, de Cristóbal Colón). La ciudad más importante del estado es Toledo, así llamada cuando, entre 1537 y 1539, estando el emperador Carlos V fuera de España, su mujer, la emperatriz Isabel, vivía en Toledo.

Los candidatos hacen campaña e invierten publicidad en Toledo, donde está la manufactura del estado, como lo estaba en Detroit (Míchigan) porque jamás un candidato republicano ha llegado a ser presidente sin ganar Ohio: tiene un valor simbólico y, además, tras Georgia, es el estado que hoy otorga más delegados. Los republicanos que votan hoy otorgarán 437 delegados que irán a la convención del partido en septiembre. El candidato que obtenga 1.141 delegados será el candidato. Sin embargo, en 2012, el partido ha complicado mucho las normas por las cuales se distribuyen los delegados: estos se reparten proporcionalmente al porcentaje de votos que obtenga cada candidato en cada estado. Hasta las primarias de 2008, quien ganaba en un estado por número de votos se llevaba a casa todos los delegados. Ahora no.

Este sistema está provocando una brutal lucha entre los candidatos y las facciones que les apoyan, hasta el punto de que todos llegan al supermartes de hoy habiéndose dejado la piel en el camino, tras haber gastado ingentes cantidades de dinero: Romney ha invertido 55 millones de dólares, de los 63 recaudados (un 87%); Santorum ha gastado 5,2 (79%) de los 6,6 que tenía: y son los dos candidatos con más posibilidades de obtener la candidatura republicana.

Mientras tanto, Obama, cuyo índice de aprobación (48%) supera al de desaprobación (46%), gracias a la mejora de la economía, ha invertido en la campaña 43 de los 136 millones recaudados (46%). Quien más tiene, más gasta: Romney, millonario, ha invertido 10 millones en publicidad en Ohio: 5 en anuncios que denigran a Santorum. Porque, como sucedió en Míchigan, donde Romney ganó a Santorum por un 3%, también ahora, en Ohio, Romney y Santorum están muy igualados.

Hoy, Romney tiene 203 delegados, Santorum, 92, Gingrich, 33 y Paul, 25. Romney desembarca en el supermartes, tras cinco victorias consecutivas: Míchigan, Arizona, Maine, Wyoming y las elecciones del sábado pasado en Washington (43 delegados). Además, ha recibido el apoyo de Eric Cantor, líder de la mayoría republicana en la Cámara de Representantes, "porque es el candidato más cualificado para arreglar la economía". Romney está harto de tener que debatir con Santorum de cuestiones morales: él quiere hablar de economía. Sin embargo, aquí ha encontrado también la horma de su zapato: aunque en las fábricas de Toledo (Ohio) Romney habla enérgicamente de que hay que competir con China, fortaleciendo la manufactura americana, en los estados del centro y del sur, donde hoy hay elecciones, Romney es percibido como "un rico elitista del este, a quien le gusta comprar empresas y hacerse rico vendiéndolas, dejando miles de trabajadores en la calle". Hasta la portada de Bloomberg-Business Week, fechada este 4 de marzo, se hacía eco de que "la tendencia de Romney a despedir gente es contradictoria con su posicionamiento de creador de puestos de trabajo: es como la kriptonita para Superman".

¿Qué pasará hoy? Primero, no habrá un vencedor definitivo, sino que cada candidato se llevará tantos delegados como porcentaje de votos obtenga. La consecuencia lógica es que, puesto que los cuatro contendientes han dicho que seguirán hasta el final, las primarias se alargarán durante semanas o, incluso, meses. Mientras, tras estudiar durante cinco días todos los distritos electorales de los 10 estados, cada uno de ellos con sus propias normas de proporcionalidad para asignar candidatos, he concluido que, por variables sociodemográficas, el escenario más probable sería el siguiente: victorias de Romney en Massachusetts (41 delegados), con un intervalo mínimo de 44 y máximo de 48; Virginia (49 delegados), intervalo de 30-49; Vermont (17 delegados), intervalo de 17-9; Idaho, donde el 27% de la población es mormona; en Ohio, la joya de la corona, fiel espejo del país, cual microcosmos sociodemográfico, que representa la diversidad de América, intuyo un (casi) empate técnico entre Romney y Santorum, como en Míchigan (donde di por ganador a Romney por un 3% de diferencia, y así fue): Romney 34%, Santorum 31%.

Victorias pírricas de Santorum (a quien sus inconsistencias entre las ideas conservadoras que defiende y su comportamiento incoherente en el Senado, durante 16 años, le está pasando factura) en Tennessee (58 delegados), Santorum 34%, Romney 30%, y Oklahoma (43 delegados), con un intervalo de 16-21. Gingrich despierta pasiones encontradas, divisorias y polarizadoras en su estado natal, Georgia (76 delegados): ganaría, con el apoyo del gobernador, Nathan Deal, y del excandidato georgiano, protagonista de escándalos sexuales, Herman Cain, con el 38-39%, frente a Romney y a Santorum (ambos con un intervalo de 22-24%). En Alaska (27 delegados), el resultado del caucus es incierto: Romney ha recibido el apoyo de destacados miembros del aparato del partido, pero las bases conservadoras se sienten ofendidas por él, porque no se ha dignado a visitar el estado; tampoco Gingrich, que ha conseguido el apoyo de la ya casi olvidada Sarah Palin, y, sorprendentemente, el único candidato que ha visitado Alaska ha sido Ron Paul, que ha despertado furor entre las masas. Dakota del Norte (28 delegados) es un calco de Alaska, en cuyo caucus solo Ron Paul ha hecho el esfuerzo de visitar el estado, dándole la importancia debida a los votantes.

El día 10 hay caucus en Kansas, Islas Vírgenes y Guam. El 13 en Alabama, Hawai y Misisipi. Ojalá fuera tan sencillo anticipar resultados electorales, en las primarias republicanas, como en las elecciones presidenciales rusas (ganó Putin, ¿verdad?). Pero si se cumple la tradición, quien gane en Toledo (Ohio) conseguirá la nominación presidencial republicana.

Publicado previamente en Cinco Días el 6 de Marzo de 2012

miércoles, 29 de febrero de 2012

Michigan y Arizona, la vuelta de la tortilla

Si me hubieran preguntado el 7 de febrero, cuando la victoria de Santorum en Colorado, Missouri y Minnesota fue oficial, quién creía que ganaría las primarias de hoy, hubiera respondido… ¡Santorum! Semanas después de la triple victoria de Santorum, ayer, hubiera afirmado que el ganador sería Santorum. Hoy, día electoral en Míchigan y Arizona, mi respuesta cambia. A pesar de que, durante semanas, las encuestas han situado a Santorum 10 puntos por encima de Romney, durante este tiempo han pasado cosas.

Los expertos en consultoría de negocio, política, demoscópica y sociología electoral tenemos en cuenta los acontecimientos diarios y medimos cómo afectan al electorado en su actitud hacia los candidatos. Han sucedido tantas cosas en estos días, con efectos inmediatos en el sentir de los votantes, que, tras favorecer en el pasado mayoritariamente a Santorum, hoy, día electoral, los conservadores otorgan la victoria a Romney: en Míchigan, su ganancia es muy estrecha (37,8% versus 35,3% de Santorum); se juegan 30 delegados. En Arizona (29 delegados), las encuestas han otorgado siempre la victoria a Romney, culminando hoy con el 41,4% de los votos, frente al 28,2% para Santorum.

¿Qué ha pasado para que se haya producido este vuelco electoral? ¿Qué encumbró primero a Santorum y ahora a Romney? Dando por sentado que el resultado final no lo otorgan las encuestas, sino los votos, los sucesos sí han influido en los electores. Primero, los republicanos vieron en Santorum a un candidato creíble, frente a Obama: defensor verdadero de los principios conservadores, tras sus tres victorias. Además, Santorum no solo ha apelado a valores religiosos que le han granjeado el apoyo de los cristianos. Sus orígenes sociales, con un abuelo emigrante y minero, atrajeron al trabajador blanco de clase media-baja.

Por su parte, Romney cometió errores: frente a la imagen de empresario exitoso, creador de empleos, que él transmite, publicaciones (The Wall Street Journal y Bloomberg-Businesss Week) destaparon su pasado como banquero de inversión que compraba empresas en quiebra, las reflotaba y las vendía, dejando a miles de trabajadores en la calle...

Por otro lado, se suponía que Romney debía ganar en Míchigan: nacido allí, su padre, directivo del sector del automóvil que da vida económica al estado, gobernador seis años… Confiado, Romney dio un mitin en un estadio, con cabida para 100.000 personas. Lo que resonó mundialmente en Youtube y, después, en prensa, radio, televisión e internet no fue el discurso económico de Romney -relevante-, sino que a la convocatoria acudieron 1.200 millonarios, convenientemente situados frente al escenario. Lo que América vio en las redes sociales fue el estadio vacío: Y, Romney… ¡abochornado! En cambio, Santorum habló ante la misma audiencia en un auditorio pequeño, donde no parecía haber 1.200 ricos, sino 100.000 individuos. Victoria para Santorum.

Pero a Santorum le faltó algo esencial para culminar su racha de éxito: explicar a los americanos cómo va a arreglar la economía, que es lo que más preocupa a los votantes. En el caso de Arizona, donde el 30% de la población es hispana y hay 470.000 latinos viviendo ilegalmente, Santorum ignoró a los que le pedían su regularización: la ciudadanía.

Romney cambió el tercio: propuesta de reducción de impuestos, para todos los contribuyentes, del 20%; más agresiva que las proposiciones de Santorum y Obama. Xi Linping, futuro presidente de China, visitó Estados Unidos: "Frente a la política de paños calientes de Obama", Romney defendió una postura de rotunda firmeza frente a China, en tres ámbitos: económico, militar, valores: "El siglo XXI no será el siglo de China, sino el de América".

Los inmigrantes ilegales fueron objeto de las iras de Romney en Arizona: un muro más alto, más policías patrullando y aplicación de la Ley de Inmigración de Arizona, que permite detener a "cualquier sospechoso de ser indocumentado"; apoyo a Romney de los conservadores. Publicidad: Romney ha invertido en anuncios, para promocionarse y denigrar a Santorum, en una proporción de diez a uno. En el último debate televisado entre candidatos, Romney puso a Santorum contra las cuerdas, al comparar sus declaraciones defendiendo sus principios y la realidad de los votos de Santorum en el Senado: incoherencia de Santorum, quien reconoció haber votado en contra de sus creencias para contentar a George Bush: firmó su sentencia de muerte. Hoy, las encuestas en Míchigan y Arizona dan ganador a Romney: la tortilla se ha dado la vuelta.

Publicado previamente en Cinco Días el 25 de febrero de 2012
 

lunes, 27 de febrero de 2012

Elecciones USA: una visión global

En La reinvención de Obama sostengo que si Barack Obama quiere ser elegido para un segundo mandato, debe imitar lo mejor de Ronald Reagan (su carisma) y de Bill Clinton (la política económica: mayor crecimiento y creación de empleo en 70 años). Según Gallup, una inmensa mayoría de norteamericanos piensa que Reagan y Clinton son los mejores presidentes de los últimos 50 años. Obama aún tendrá que esperar para que la historia le juzgue. Esta teoría se la aplica George Bush hijo a sí mismo: dejó la presidencia con el peor índice de aprobación de la historia moderna y dice en sus memorias (Decision Points) que espera y desea que la historia le juzgue mejor que sus contemporáneos. Le entiendo.

¿Tiene posibilidades Obama de ser reelegido? Las elecciones tendrán lugar el 6 de noviembre. Todas las encuestas dicen que, de celebrarse hoy las elecciones, Obama ganaría a los principales oponentes republicanos: a Romney, por 6,1 puntos, a Santorum, por 8,4, y a Gingrich, por 13,9. El índice de aprobación de Obama ha mejorado en los últimos seis meses, superando, por vez primera, el índice de desaprobación: 49% versus 46,8%, respectivamente.

Y, con certeza, Obama estaría en mejor posición de no haberse enfrentado con una parte importante de su propio electorado: católicos (29,7% de la población) e hispanos. Su enfrentamiento con las iglesias (católica, ortodoxa, protestante de diversas denominaciones, calvinista, luterana y judía ortodoxa) a cuenta de la contracepción -incluida en la reforma sanitaria- no le ha beneficiado electoralmente: los republicanos han aprovechado la coyuntura y parte de su electorado demócrata se ha sentido ofendido.

En el caso de los latinos, por partida doble: supondrán un 14% del electorado el 6 de noviembre; son 50 millones de ciudadanos legales y 15 millones ilegales. Mayoritariamente son católicos. La polémica de la contracepción les ha tocado la fibra sensible de sus creencias (para la sociología americana la cuestión no era la contracepción en sí misma, sino el sagrado principio constitucional de la libertad religiosa) y su apoyo al presidente ha descendido 10 puntos: del 67% al 57%. Además, han pasado cuatro años desde que Obama les prometió la reforma de la inmigración. Los latinos se preguntan: ¿para cuándo?

Hoy, Obama tiene el apoyo del 85% de los demócratas; un 10% de conservadores moderados le votarían y, sobre todo, el 40% de independientes están a su favor. El 41% de los blancos, el 57% de los latinos y el 91% de los afroamericanos son pro-Obama.

La favorable, aun moderada, mejora de la economía está ayudándole (al igual que la división del bando republicano): durante seis meses se ha creado empleo neto, a un ritmo medio de 145.000 puestos de trabajo mensuales en el sector privado; la petición de subsidios de desempleo desciende: la tasa de paro es del 8,3%, acercándose al 8% que prometió en 2008.

Los datos relativamente positivos se reflejan en el índice de confianza de la Universidad de Míchigan: aumento de 20 puntos desde el verano de 2011 hasta hoy. Espero que el dato de febrero sea del 72,5. Los mercados de valores, que ya no se sabe si son indicadores de algo o de nada, viven un buen momento: el índice S&P experimenta su momento más álgido desde la caída de Lehman Brothers (2008). Han aumentado la producción industrial y las exportaciones.

El gran socio y enemigo, al mismo tiempo, ideológico, económico, geoestratégico y militar de Estados Unidos, China, muestra mayor sintonía con Norteamérica en lo que más preocupa a los norteamericanos: la economía (y el desempleo). El vicepresidente chino, Xi Jinping -futuro presidente de China a partir de noviembre- ha mostrado más sintonía con América que el actual presidente, Hu Jintao. A pesar de que China (como Rusia) se niega a imponer más sanciones económicas a Irán para que deshaga su programa nuclear y (al igual que Rusia) se opone a Estados Unidos en el Consejo de Seguridad de la ONU a cuenta de Siria. China da una de cal y otra de arena.

Pero en política internacional, al igual que en la gestión medioambiental, los americanos dan a Obama índices favorables: 52% y 51%, respectivamente. Por ahora, las relaciones internacionales no son el foco fundamental de la campaña electoral. Hasta hace bien poco lo eran la economía, el desempleo y los impuestos: ni Obama quería aparecer como un inútil ni los republicanos del Congreso como meros obstruccionistas: juntos han aprobado extender hasta final de año las exenciones fiscales para todos los contribuyentes (afecta a 160 millones de trabajadores) e, igualmente, los subsidios de desempleo para parados que buscan activamente empleo (11 de los 15 millones de parados).

El campo republicano parece una montaña rusa de duelos. Romney, con el apoyo del aparato del partido, e invirtiendo 10 veces más dinero que sus competidores, parecía ser el inevitable ganador. Sus victorias en Nevada y Florida le encumbraron. Gingrich parece olvidado. Ron Paul nunca fue una opción. Santorum, que no tiene dinero, sino principios católicos muy sólidos, está atrayendo a evangélicos, Tea Party y conservadores de todas las denominaciones. Dio la gran sorpresa al ganar, contra pronóstico, en Colorado, Missouri y Minnesota, donde no había gastado un solo dólar, pero había recorrido los estados en camioneta, mientras Romney había invertido una fortuna en publicidad. Ni siquiera la victoria en Maine (11 de febrero) fue consuelo para Romney.

El 28 de febrero, los republicanos vuelven a enfrentarse en Arizona y en Míchigan, estado natal de Romney, donde su padre fue gobernador seis años en los sesenta. Romney ha invertido en publicidad 2,1 millones de dólares en Míchigan. Santorum, 42.443 dólares. Sin embargo, todas las encuestas dan por ganador a Santorum y no a Romney: 37% versus 28,8%.

¿Ganará el dinero o las ideas más conservadoras? Si Romney pierde Míchigan, cuando menos, habrá de hacer dos cosas: primero, despedir a su tesorero. Segundo, pegarse un tiro en la rodilla.

Publicado previamente en Cinco Días el 23 de febrero del 2012

martes, 14 de febrero de 2012

La batalla llega a Maine, Colorado y Minnesota

Lucharé hasta el final, hasta llegar a la convención y conseguir la nominación como candidato, a pesar del aparato del partido y de los moderados". Las palabras no salieron de la boca del ganador de las elecciones conservadoras de Nevada, sino del segundo en liza, Newt Gingrich. Santorum y Paul también declararon su intención de continuar. Aunque hay que recordar que quien ganó en Nevada fue Mitt Romney. Su discurso de aceptación como ganador siguió la tónica con la que inició el posicionamiento de su campaña: en vez de citar a aquellos con los que compite por la nominación republicana, Romney criticó de nuevo a Obama, como si él hubiera sido su oponente. No hace falta ser sociólogo ni politólogo para intuir que la estrategia de Romney se basa en transmitir que él es el candidato republicano mejor preparado y con más posibilidades para batir a Obama el 6 de noviembre, cuando se celebrarán las elecciones presidenciales.

Aún queda mucho camino por delante. Romney tiene más delegados que sus competidores, más dinero y una mejor organización en todos los estados. Lo cual no significa que tenga la victoria asegurada, en absoluto. Tiene un doble reto por delante que le va a costar trabajo superar: los estados del sur y los del medio oeste. Entre ambas zonas geográficas cabe identificar en torno a 80 millones de evangélicos muy conservadores, muy aferrados a sus creencias religiosas y con una abierta aversión a los liberales y moderados de las costas Este y Oeste. Precisamente, estos puntos flacos los está explotando Gingrich, que se deleita en describir a Romney como "un moderado de Massachusetts a favor del aborto y de Wall Street". Toda la frase, casi palabra por palabra, es un insulto a Romney que, de resonar positivamente en los corazones de los votantes republicanos del Sur y del Medio Oeste, pondrá las cosas muy cuesta arriba al candidato mormón. En Nevada, Romney contó con los votos de un 5,9% de la población, que es mormona y conservadora. En las elecciones de hoy en Maine, Colorado y Minnesota, el número de mormones no llega al 2,2%.

Hay que tener en cuenta, eso sí, que el caucus de Maine se inició el 4 de febrero, otorga 28 delegados y los resultados no se sabrán hasta el día 11. Colorado -que al igual que Nevada tiene un nombre que le pusieron los españoles, casi todos vascos, que llegaron allí en el siglo XVI- otorga 36 delegados y Minnesota, 40. Son números relativamente importantes que los candidatos quieren ganar y, por eso, Gingrich, Santorum y Paul quieren seguir en la carrera electoral.

De todas formas, esta es una batalla de dos: Romney versus Gingrich. En buena medida, este enfrentamiento recuerda al que hace cuatro años mantuvieron en el bando demócrata Obama y Hillary Clinton. En su caso, la inevitabilidad de la victoria se le otorgó a Clinton, pero el irrefrenable ascenso de Obama llevó a Clinton, a pesar de sus muchas derrotas, a seguir luchando hasta el final, con el fin de conseguir algo: la campaña de Obama se hizo cargo de las deudas de Clinton y, cuando Obama formó su Gabinete, nombró a esta secretaria de Estado. Estamos acostumbrados a la frase: "La política hace extraños compañeros de cama". 

No es descartable un tique electoral futuro, compuesto por el moderado hombre de negocios, generador de empleo, Romney, y el conservador, defensor de valores republicanos a ultranza, antiestado-antiimpuestos, Gingrich. Porque la unión hace la fuerza. Las encuestas (Gallup) muestran, hoy, que Obama ganaría por dos puntos a los dos candidatos republicanos (50-48). Pero, ¿y si se unen las dos almas del partido conservador frente a Obama? El aparato del partido -ese que tanto detesta Gingrich-, varios movimientos evangélicos y del Tea Party ya lo están discutiendo. Lo único importante es batir a Obama, como sea. Veremos qué pasa.

Hoy toca Colorado, donde según varias encuestas ganaría Romney (40%), seguido por Santorum (26%), Gingrich (18%) y Paul (12%). En Minnesota las cosas no parecen tan claras: seis encuestas arrojan resultados distintos. La media aritmética dice que Santorum lidera (29%), Romney obtiene un 27%, Gingrich un 22% y Paul un 19%. Si hay algo que tienen en común los posibles resultados de las encuestas preelectorales de los dos estados conservadores, Colorado y Minnesota, es el paso atrás que da Gingrich.

Publicado previamente en Cinco Días el  7 de febrero de 2012

miércoles, 8 de febrero de 2012

Nevada: consolidación o volver a empezar

La media aritmética de las últimas 10 encuestas realizadas en Nevada, donde este fin de semana se celebra el caucus republicano, dice lo siguiente: Romney gana por 45%, Gingrich (25%), Santorum (11%) y Paul (9%). Romney, tras su victoria en Florida, arrasaría en el primer estado del Oeste en que se celebran elecciones.

Sin embargo, las cosas no son siempre tan simples como aparentan. Conozco Nevada. Tengo familia allí; viajo a menudo a ese estado: si quiero ir a un parque de atracciones para adultos -pero sin jugar un dólar-, viajo a Las Vegas. Si deseo ver a mi familia, voy a Reno. Ayer me dijeron que las encuestas internas de Romney y de Gingrich arrojan datos diferentes a las encuestas públicas: ambos candidatos estarían menos alejados de lo que parece; Ron Paul, que decidió no hacer campaña en Florida, para centrarse en Nevada, saldría mejor parado.

Pocas cosas permanecen completamente estáticas con el paso de los años. A mí me parece que fue ayer cuando, en 2008, Romney ganó las primarias republicanas por el 51%, seguido por Ron Paul. Entonces, Nevada era un estado rebosante de optimismo. La tasa de paro era del 5,5% y sus motores económicos (turismo y construcción) suponían, respectivamente, un 15% y 12% del PIB del estado y eran boyantes.

Hoy el desempleo alcanza el 13% versus el 8,3% de la Unión (enero de 2012); el turismo está de capa caída porque la gente viaja y consume menos; el negocio de la construcción y el inmobiliario están por los suelos: una de cada 175 casas con hipoteca han sido devueltas al banco porque los dueños no podían hacer frente a los pagos. El valor de mercado de las viviendas se ha reducido en dos tercios: no así el valor de la hipoteca. De 2008 a 2012 hay un abismo con nombre: pesimismo. A veces, el pesimismo tiene también nombre propio: una amiga dentista para famosos de Las Vegas ha visto reducido su negocio entre 2009 y 2011 en un 50%. Otro amigo, que se hizo millonario con el boom inmobiliario de Las Vegas, hoy está en quiebra.

Los únicos que parecen tener dinero son los candidatos: Romney lleva recaudados 57 millones de dólares y su comité de acción política ha conseguido otros 30,2 millones. Gingrich ha recaudado solo 12,7 millones de dólares, pero su amigo multimillonario, magnate de los casinos de Las Vegas, Sheldon Adelson, con sus 22.000 millones de dólares, puede permitirse dos lujos: donar al comité de Gingrich 11 millones de dólares y permitir al antiguo house speaker alojarse en el Hotel Venecia de Las Vegas, que le pertenece: aunque esto contraviene las normas electorales, que impiden contactos directos o indirectos entre las campañas de los candidatos y sus comités de acción política que recaudan fondos para anuncios.

Aunque, para anuncios, el que hizo el día 2 el magnate Donald Trump, al apoyar públicamente a Romney: "Él impedirá que a este país le sigan pasando cosas desastrosas". No es fácil discernir si el apoyo de Trump beneficiará o no a Romney: los dos son multimillonarios y a Romney le acompaña el sambenito de ignorar todo sobre la clase media americana. Todos los libros, muchos, escritos por Trump tienen una temática común: "Tienes que ser millonario y yo te voy a decir cómo vas a conseguirlo". Un 29% de americanos tienen mala opinión de Trump -quien en abril de 2011 anunció que también él sería candidato, pero luego se retiró, al perder su batalla con Obama tras acusarle, mintiendo, de no ser americano- y un 27% tiene buena imagen. Luego, polariza y divide.

También está dividido el Tea Party, entre los que apoyan a Gingrich, Santorum, Paul…, y, ¡sorpresa!, ¡a Romney! Uno de cada cuatro miembros del Tea Party votaría hoy a Romney: creen que es el mejor candidato para ganar a Obama. Un 7% de los nevadinos son mormones: el 95% apoya a Romney. 

Luteranos, protestantes, evangélicos y católicos votarían a Romney. Los hispanos, un 27% de la sociedad, son mayoritariamente demócratas. Hay en juego 28 delegados que serán repartidos proporcionalmente al porcentaje de votos obtenido. En Nevada, Romney tiene la oportunidad de consolidarse pero, si como dicen ciertas encuestas privadas, hay empate entre él y Gingrich, con un Ron Paul crecido, la carrera de las primarias, con 47 estados aún por delante, no habrá hecho sino volver a empezar.

Publicado previamente en Cinco Días día 4 de febrero de 2012
Fotografía cortesía The Inquisitr

martes, 7 de febrero de 2012

Florida tiene la llave

Hoy, día 31 de enero, se celebran las cuartas elecciones entre republicanos. En el Partido Conservador están nerviosos. ¿Por qué? Florida es el Estado más importante en el que se han celebrado las primarias para elegir un líder capaz de enfrentarse al presidente Obama en noviembre, y ganarle. Florida debería decidir hacia dónde va el Partido Republicano.

Se ha llegado al día de hoy sin un ganador claro: en Iowa ganó Santorum por un 0,1%; en New Hampshire arrasó Romney, con un 16,4%. En Carolina del Sur, Newt Gingrich quedó en primer lugar con el 12,6%. Un ganador por cada primaria.

A estas alturas, el Grand Old Party (GOP o Partido Republicano) ya querría tener un claro favorito. Además, en Florida, los republicanos han decidido que los delegados obtenidos fruto de los votos van todos a parar al bolsillo del ganador, mientras que, en otras primarias, los delegados se reparten proporcionalmente conforme al porcentaje de votos obtenidos.

En ese sentido, tanto Gingrich como Romney desean los 50 delegados de Florida.

Ha sido interesante llegar al 31 de enero, jornada electoral, dedicando muchas horas, desde el 21 de enero (elecciones en Carolina del Sur) a intentar anticipar el resultado electoral de hoy.

En las elecciones previas estudié una media de seis encuestas diarias. Aquí he tenido que analizar diez: Florida es un estado complejo desde el punto de vista socio-demográfico. Es el cuarto estado más poblado de la Unión. Tiene diez mercados mediáticos distintos (cada uno con su prensa, radio, televisión e internet). La mayoría de la población vive en ciudades, son menos evangélicos y hay una mayor diversidad de ideas.

Nada de esto favorece a Newt Gingrich: puede parecer una paradoja, pero en Miami, donde hay una mayoría hispana con emigrantes legales, que se declaran católicos coherentes, la gran mayoría se inclinan por un mormón, Romney: las radicales ideas de Newt Gingrich sobre la inmigración, su aparentemente catolicismo postizo (se convirtió al catolicismo gracias a su tercera esposa, Callista, con quien tuvo una relación íntima cuando él estaba casado en segundas nupcias y, qué curioso, Gingrich quería echar de la presidencia a Bill Clinton, en 1998, por hacer lo mismo que él: ser infiel a su mujer, en el caso de Clinton, no con Callista, sino con Mónica). Los hispanos-católicos-conservadores de Miami no se fían de Gingrich.

Más de dos millones de republicanos han acudido a votar hoy. En los últimos diez días, las encuestas diarias se asemejaban a una montaña rusa. El dinero ha sido fundamental, junto a los debates.

En cuanto a los fondos electorales, tanto el candidato como su comité de acción política han invertido más de 20 millones de dólares en publicidad a favor de Romney y en contra de Gingrich. Romney, consistente con su libro, No hay disculpa. Creed en América (2010), defiende su trayectoria empresarial en Bain Capital, creando empleos y riqueza. Solo el hacer públicas sus declaraciones de la renta de 2010 y 2011, conforme a las que puede verse que, a pesar de ser millonario, paga muchos menos impuestos que un americano de clase media, le ha afectado negativamente.

Gingrich ha aprovechado los debates televisados y sus cinco millones de dólares del comité de acción política fundado por su amigo -dueño de casinos- Sheldon Adelson, para acusar a Romney de ser un "rico alejado de los problemas de la clase media americana".

El problema para Gingrich es que, a pesar del apoyo del Tea Party, los evangélicos, Sarah Palin, Marco Rubio… se ha posicionado como un outsider, un hombre no contaminado por el sistema, que va a ir a Washington para ponerlo todo patas arriba, devolviendo el poder al pueblo. Así lo explica en su obra Una nación como ninguna otra: por qué la excepcionalidad de América es importante (2011).

¿Problema? Que su posicionamiento no se corresponde con la realidad: algo que no gusta a los electores, que buscan un candidato creíble y genuino. Gingrich no puede decir que "es un recién llegado a Washington", cuando lleva trabajando allí más de 30 años. Dice que va a meter a los lobbies en vereda y, sin embargo, su firma consultora ha ganado millones con empresas gubernamentales que, como la entidad hipotecaria Freddi Mac, vendían hipotecas basura.

Así las cosas, concluyo que, haciendo una media aritmética de un total de 60 encuestas, Mitt Romney ganaría hoy con un 40,9%, seguido por Gingrich (29,4%), Santorum (12,9%) y Paul (10,3%).

Publicado previamente en Cinco Días, día 31 de enero de 2012

Las elecciones en América se ganan en el centro

La religión juega un papel muy importante en la vida de los estadounidenses. El 26,3% se declaran protestantes evangélicos (incluidos los baptistas del sur: el 6,7% de la población de Estados Unidos. Los católicos suponen un 23,9%. La mayoría protestante es un 18% y las minorías son mormones (1,7%), judíos (1,7%) y musulmanes (0,6%).

Cuando las primarias republicanas pasaron de New Hampshire a Carolina del Sur, muchos acudieron a lugares comunes: "La carrera electoral se traslada al Sur", que es tanto como decir que, para Romney, ganador del liberal y moderado estado de New Hampshire, Carolina del Sur se convertiría en la prueba de fuego de su capacidad de llegar a ser el candidato oficial republicano. El 60% de los republicanos registrados son evangélicos. Todos muy conservadores. Divididos entre las dos grandes familias que luchan por hacerse con el alma del partido y América: los conservadores fiscales (menos Estado e impuestos; equilibrio presupuestario) y los conservadores sociales, para quienes las cuestiones religiosas son más importantes que la economía: no al aborto, no al matrimonio entre homosexuales, no al divorcio.

A las elecciones primarias del sábado 21 de enero de 2012 acudieron cuatro contendientes: Mitt Romney, Rick Santorum, Ron Paul y Newt Gingrich. Hasta dos días antes de celebrarse los comicios, seis encuestas diarias daban por ganador en Carolina del Sur a Mitt Romney, sacándole una media de 13 puntos a su más inmediato seguidor, el católico casado en terceras nupcias, Gingrich. Rick Santorum, católico practicante, acérrimo defensor de sus valores y nada dispuesto al compromiso, estaba al mismo nivel que el libertario Ron Paul, con un 14,5%. Sin embargo, los imponderables existen y, como escribió el emperador romano Marco Aurelio en sus Meditaciones, "ante los imponderables, hay que amar lo inevitable".

El único motivo por el que los republicanos de Carolina de Sur estaban dispuestos a darle la victoria a Romney era por su capacidad de batir a Obama. Los más pudientes económicamente apoyaban a Romney por sus conocimientos económicos y su capacidad de gestión empresarial, al frente de Bain Capital, denostada por Gingrich y The Wall Street Journal. Curiosamente, los más ricos en Carolina del Sur son también los menos religiosos. De hecho, el presidente de la Convención Baptista de Carolina del Sur se lamentó de que "la economía -y no los valores religiosos- sean la gran motivación de esas elecciones". En las primarias republicanas de 2008, el ganador en este estado fue el pastor Mike Huckabee, con un 43%; Romney se llevó solo un 15% de los votos.

Una de las grandes cuestiones que suscitó las primarias republicanas de Carolina del Sur es si las ramas conservadoras se vuelven más pragmáticas, con dos ejes fundamentales: la economía -y Mitt Romney es el mejor capacitado en el campo republicano para levantarla- y la electabilidad o capacidad de enfrentarse con éxito a Obama. Cuatro años más tarde, todos los republicanos de Carolina del Sur saben que votar a Huckabee en 2008 fue un error garrafal, aunque fuera un excelente pastor.

Santorum no ha dado, todavía, muestras de tener el más mínimo interés por la economía, que es lo que más preocupa a sus conciudadanos: como buen político, ignora todo en materia económica. Y, por encima de todo, valora sus principios cristianos, aunque la crisis económica se lleve por delante la prosperidad de la sociedad de consumo americana. Al menos le preocupa Irán, de quien ha dicho que, de ser él presidente, ya les hubiera bombardeado. Aquí tenemos a un George Bush Júnior II, en potencia. Ron Paul ha repetido que su objetivo no es alcanzar la presidencia, sino concienciar a la sociedad americana de la necesidad de liberarse del peso del Estado.

Poco antes de celebrarse las elecciones en Carolina del Sur, Rick Perry abandonó la carrera y dio su apoyo a Newt Gingrich. De repente, las encuestas se dieron la vuelta: un día antes de las primarias, Gingrich ganaba con el 32,5%, seguido por Romney (31,5%), Paul (14%) y Santorum (11,8%). Las encuestas bien hechas no se equivocan, sino que reflejan de forma evolutiva el sentir de los votantes. FT, The Economist y Bloomberg-Businessweek están de acuerdo: las elecciones, en América, se ganan en el centro. Desde 1980, quien gana las primarias republicanas en Carolina del Sur consigue la nominación presidencial.

Publicado previamente en Cinco Días, el 23 de enero del 2012