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jueves, 19 de septiembre de 2013

Crónicas desde USA (II)

En el ámbito macroeconómico hay varias cuestiones fundamentales. Los hogares norteamericanos han reducido enormemente sus niveles de endeudamiento, volviendo a la situación que vivían en 2006. El índice de confianza del consumidor ha vuelto a mejorar en julio, junto con los datos de empleo y de venta de viviendas, de tal manera que la demanda interna (ventas minoristas, consumidores, inversión empresarial, etc) se ha incrementado por cuarto mes consecutivo, subiendo en julio un 0,5%. 

Las reformas financiera y sanitaria -en cambio- siguen sin arrancar en la práctica, a pesar de haber sido aprobadas legislativamente. Obama acaba de llamar la atención a los reguladores financieros para que impulsen la puesta en marcha de la Ley Dodd-Frank, aprobada en julio de 2010: el 60% de los plazos
previstos en la ley no se han cumplido, y solo un 38,9% de las provisiones establecidas en la normativa han sido puestas en marcha. Ni siquiera la famosa “ley Volcker”, que lleva el nombre de su autor, expresidente de la Reserva Federal, y que impide que los bancos lleven a cabo inversiones arriesgadas con su propio dinero –es decir, el de los clientes-, ha entrado en vigor. “Obama ha vuelto a dejar claro que la reforma financiera debe entrar en vigor para evitar que una crisis como la Gran Recesion, vuelva a producirse”.
Esto sucede cuando JP Morgan vuelve a estar en el ojo del huracán, fruto de supuestas prácticas ilegales que dos de sus ejecutivos habrían denunciado a las autoridades a cambio de cierta impunidad. 

La reforma de la sanidad (“Affordable Care Act” u Obamacare), tardará en aplicarse, porque como ya dijimos, Obama ha retrasado a enero de 2015 su puesta en marcha para las empresas, porque éstas le hicieron llegar el mensaje de que no estaban preparadas para proveer de seguro médico a sus empleados. Sin embargo, una encuesta encargada por el diario estadounidense USA Today, de finales de agosto de 2013, dice que ocho millones y medio de personas estarían dispuestas a acudir a los seguros médicos que, según Obamacare, han de proveer los estados mediante un sistema de mercado abierto y
competitivo presente en Internet en páginas web especificas creadas a tal efecto. A esos 8,5 millones de personas se sumarian los 30 millones de nuevos asegurados que deberían estar cubiertos por las empresas. Por tanto, en torno a 48 millones de personas –de los 50 millones- que no tienen hoy cobertura médica, deberían tener un seguro médico a partir de 2015, como establece la ley.

La política internacional preocupa mucho a Obama (posible intervención en Siria, la inestabilidad en Egipto), y los frentes abiertos son muchos. El más importante, aunque es aquel del cual menos se ha hablado, es el económico. Hay noticias positivas y negativas. Es muy bueno para América que la Eurozona haya salido de la recesión económica en que vivía desde hace 18 meses. En el segundo trimestre de 2013, la Eurozona “creció” en términos de PIB, el +0,3%, impulsada por el dato de producción industrial de junio, del +0,7% y por los crecimientos de Alemania (+0,7%), Reino Unido (+0,6%) y Francia (+0,5%). El principal motor sigue siendo Alemania, cuya economía sigue impulsada por la manufactura (supone el 24% de su PIB, frente al 13% de España), el consumo interno, la inversión y las exportaciones. Francia, en cambio, arroja dudas, debido a su agresiva política fiscal, que castiga a las rentas más altas, con hasta un 75% de impuestos, pudiendo provocar una fuga de capitales. En cualquier caso, Europa sigue siendo el principal socio comercial de Estados Unidos y lo que es bueno para uno, es bueno para otro. 

Las cosas son distintas en China, donde la ralentización del crecimiento económico en los últimos doce meses, pone presión al gobierno chino para que cumpla con el objetivo de crecimiento anual del 7,5%, conseguido en el segundo trimestre del año, tras el 7,7% del primer trimestre. El capitalismo de estado chino tiene obvias y grandes limitaciones. A los graves desequilibrios internos a los que ya hemos aludido en ocasiones previas (campo atrasado, versus desarrollo en la ciudad; bajo consumo interno y elevadas tasas de ahorro familiar, junto al muy relevante de peso las exportaciones), se suma el advenimiento del previsible estallido de su propia burbuja inmobiliaria, el excesivo endeudamiento del sector público, muy deficientes sistemas educativos y sanitarios, y de seguridad social, y la rampante corrupción de altos cargos del Partido Comunista Chino (PCH), como bien pone de manifiesto el juicio del ex dirigente-estrella Bo Xilai: no se producía un proceso legal contra un dirigente político chino, de tanto nivel como el actual, desde que, en 1980, se juzgó a la mujer de Mao Zedong y la llamada “Banda de los Cuatro”. 

China va a necesitar profundas reformas económicas, si quiere cumplir sus objetivos de crecimiento, ya de hecho revisados a la baja: mayor competencia, reforma financiera, desregulación y privatizaciones. En realidad, este programa reformista podría resumirse en una palabra: libertad, aunque el vocablo no esté en el vocabulario de los comunistas chinos. China se está volviendo muy agresiva, al menos con la Unión Europea, adoptando políticas proteccionistas, que afectan a sectores tan dispares, como al vino y el acero. China,necesitada de Estados Unidos, no se atreve a llegar tan lejos: mientras continúe la relación de mutua dependencia por la que China (que tiene 1,296 trillones de dólares americanos en bonos y otros activos del Tesoro americano) financia el consumo americano, el “Dialogo Económico y Estratégico” entre ambos países que Obama y Hu Jintao inauguraron en Londres en abril de 2009, continuará. Es lo que, con gran acierto, el gran historiador de Harvard (Niall Fergusson) denominó como “Chimerica”. 


Publicado previamaente el 27 de agosto de 2013 en mi blob en Cinco Días EE.UU y mercados emergentes

martes, 17 de septiembre de 2013

Desequilibrios de la economía china

En la medida en que el crecimiento económico y del empleo, y otros indicadores, no se sitúen por debajo de nuestras expectativas, y la inflación no supere ciertos límites, seguiremos impulsando nuestro programa de reformas”, explicó el primer ministro chino, Li Keqiang, a líderes provinciales del partido, en la segunda semana de julio de 2013.

Por ahora, los datos que conocemos de la economía china se mantienen dentro de los parámetros establecidos por el gobierno. El crecimiento económico (en términos de Producto Interior Bruto) del segundo trimestre de 2013, fue del 7,5%, que es el objetivo establecido para el conjunto del ejercicio. El trimestre previo vio un crecimiento del 7,7% y, en 2012, el PIB aumentó el 8%. Los datos muestran que la economía china se está desacelerando. Lo anticipamos desde ADVICE Strategic Consultants en Cinco Días en el año 2012: si se confirma el objetivo de crecimiento para 2013, se tratará del peor año de la serie histórica desde 1990.

Los desequilibrios de la economía china, de que tanto hemos hablado, se ponen cada vez más de manifiesto, y son la causa de la desaceleración. China había apostado fuertemente por las exportaciones, en las dos últimas décadas: sin embargo, se han reducido el 3,1%, en el segundo trimestre del año, debido a una menor demanda de productos y servicios de Estados Unidos y la Unión Europea. 

En la primera mitad del año se han creado siete millones de puestos de trabajo nuevos, aunque el departamento de estadísticas chino solo provee datos referidos a los empleos generados en las ciudades, optando por ignorar lo que sucede en las zonas rurales, de las que solo dice que “se sigue produciendo un éxodo progresivo de trabajadores del campo a las ciudades”.

Hasta ahora, el patrón de crecimiento chino se apoyaba en la producción industrial y en la inversión, fundamentalmente. La primera creció el 8,9% (la previsión era el 9,1%) y la segunda aumentó el 20,2%, versus las expectativas del 20,2%: cuando hablamos de la segunda economía del mundo, con más de mil trescientos millones de personas, las décimas cobran un enorme significado y relevancia. La construcción de barcos y la producción de acero, esenciales para componer el índice de producción industrial chino, vieron una progresiva desaceleración, que se remonta a los dos últimos trimestres de 2012.

En cambio, el consumo privado, en el mercado doméstico, aumentó hasta el 13,3%, aun cuando se redujo la renta disponible de los hogares –una vez más, en las ciudades-, hasta el 6,5%, desde el 9,7% del mismo período del año anterior (2012). Una de las razones más relevantes que explican por qué aumenta el consumo, aunque los individuos han visto cómo disminuye su poder adquisitivo, está en el hecho de que, en China, no todos consumen por igual. El mercado del lujo es el segmento que más ha crecido, pero afecta relativamente a unos pocos, aunque sean cientos de miles de personas: empresarios, funcionarios del partido, militares y personas cercanas al régimen. El Gobierno prevé que los mayores crecimientos en la demanda, provengan del consumo de “comida y coches”. 

Posiblemente, cuando el presidente chino y secretario general del partido comunista (Xi Jinping) dice que quiere corregir los desequilibrios en la economía, también está pensando en que cambien los patrones de consumo. En su caso, que el aumento de la demanda de coches y comida se aplique a las masas, y no solo a unos cuantos privilegiados. Aunque se trate de un supuesto igualitario paraíso comunista en el que, parafraseando a George Orwell “The Animal Farm”, todos son iguales, pero unos más iguales que otros.

Publicado previamente en mi Blog de Cinco Días EE.UU y mercados emergentes

EEUU vs China, primacía mundial: quién ganará, realmente

El último estudio de investigación de mercado basado en encuesta cuantitativa global de Pew Research, sobre las percepciones que, en todo el mundo, se tiene sobre Estados Unidos y China, no deja lugar a dudas. Cada vez, son más los ciudadanos del mundo que creen que China acabará superando a Estados Unidos en poderío económico. Hasta los norteamericanos temen que, tarde o temprano, su país cederá el testigo de nación más rica y poderosa de la tierra a China. Hace tiempo que, en Estados Unidos, se encuentra muy extendido un sentimiento de falta de fe, en que el país puede seguir ostentando la primacía mundial. Hay mucha literatura al respecto,  especialmente desde 2008 hasta el día de hoy, que citaré más adelante. Aunque una cosa son las percepciones y, otra muy distinta, la realidad.

Tras la caída de Lehman Brothers, el 15 de septiembre de 2008, la percepción de que China va a ser la primera potencia económica de la tierra, se ha ido extendiendo entre millones de personas en todo el planeta. Esto no quiere decir que China sea una nación querida o estimada, o que lo sea más de lo que son queridos los Estados Unidos. América tiene un índice de favorabilidad mundial del 63%, frente al 50% de China. En otras palabras, Norteamérica sigue teniendo mucha mejor imagen positiva global que China. Uno de los motivos, es que todavía son muchos más los que piensan que Norteamérica sigue respetando más los derechos individuales de sus ciudadanos, enormemente más que China. 

El Estudio de Pew Research Center está fechado el 18 de julio de 2013, cuando ya se sabía en detalle, de las filtraciones que el ex trabajador para la CIA (Edward Snowden), había hecho acerca de los programas secretos de la Agencia de Seguridad Nacional, para recolectar datos a través de conversaciones telefónicas y tráfico en Internet. Sin embargo, estas actividades de Estados Unidos son, todavía, aprobadas por una mayoría de americanos: El 24 de junio, una encuesta de TIME/ABT SBRI mostraba que el 48% de estadounidenses estaban de acuerdo con que el gobierno “recolectara información de conversaciones telefónicas, correos electrónicos y búsquedas en Internet, al objeto de impedir ataques terroristas”. El 44% no estaba a favor. 

Más aún, frente a aquellos que consideran a Snowden un héroe, el 53% de americanos afirman que “el Gobierno debería llevar a juicio a aquellos que filtran material clasificado que pueda poner en riesgo la seguridad nacional”. Solo el 28% defienden a aquellos que, como el militar Bradley Manning, filtraron información secreta a Wikileaks: Manning ha acabado en los tribunales, acusado de “ayudar al enemigo”. El 70% de la población mundial opina que Estados Unidos respeta los derechos individuales de sus ciudadanos, versus el 36% que piensa lo mismo de China (10.000 ejecuciones al año).

Estados Unidos es visto más favorablemente que China en todas las regiones del planeta, con la sola excepción de Oriente Medio: aquí, solo el 21% de ciudadanos tienen en alta estima a Norteamérica, frente al 45% que “piensan bien de China”. Pero en Asia, donde se percibe a China como una nación “invasora”, el 64% tienen buena opinión de Estados Unidos, frente al 58%. Y en Latinoamérica, con naciones muy críticas con América, como Venezuela, Argentina, Bolivia y Ecuador, la mayoría de sus habitantes tienen buena imagen de los Estados Unidos: el 66% frente al 58% de China.

Uno de los principales motivos por los que se percibe más favorablemente a Estados Unidos que a China, es que son mayoría los que piensan que América es una nación amiga, frente a los que opinan que Estados Unidos es “el enemigo”: el 59% creen que América es nación amiga, frente al 39% que opinan lo mismo de China. 

El rasgo de imagen que más caracteriza a China es la de potencia económica en ascenso, que acabará por destronar a Estados Unidos. Todavía hoy, Estados Unidos sigue siendo percibida como la primera nación de la tierra, pero desde 2008 al 2013, las percepciones a favor de China han evolucionado mucho: en 2008, el 47% opinaban que Estados Unidos era la primera potencia del planeta, frente al 20% que pensaban lo mismo de China. En 2013, son el 41% y el 34%, respectivamente, los que mantienen esas percepciones.
Nos interesan, sobre todo, las opiniones, cara a futuro: el hecho de que se piense que, “en algún momento futuro, tarde o temprano, China será la primera nación económica de la tierra”. Hoy, hasta el 47% de los estadounidenses creen esta idea. Y, lo que es aún más llamativo, los principales socios económicos y comerciales de Estados Unidos también piensan de la misma manera: el 67% de los canadienses y el 57% de los europeos. 

Ya dije más arriba que es bastante abundante la bibliografía que, en los últimos años, ha alimentado la idea de que la supremacía de China es inevitable: “Chinamerica. Why the future of America is China” (Handel Jones, 2010, Mc Graw Hill), “A contest for supremacy: China, America, and the struggle for mastery in Asia”, de Aaron L. Friedberg (2011, Norton), “Advantage”, de Adam Segal (Norton, 2011), “The end of cheap China” (Shaun Rein, 2012, Wiley), “What Chinese want”, de Tom Doctoroff  (Palgrave, 2012), “The China Strategy”, de Edward Tse (2010, Basic Books), “As China goes, so goes the world”, de Karl Gerth (2010, Hill and Wang), y el más importante e impactante de todos los libros sobre la materia: “When China rules the world”, de Martin Jacques (“2009, Allen Lane). 

Mucho más recientemente, se han empezado a publicar libros que ponen en tela de juicio que el ascenso de China al puesto de número uno mundial sea inevitable. El historiador de Harvard David Shambaugh, tras tres décadas de estudiar la economía, política y sociología china, concluye que el poderío de China nunca será global, ni absoluto: El autor ha recogido sus experiencias en una obra publicada en febrero de 2013 titulada “China goes global: the partial power” (Oxford University Press, 2013). La desaceleración de la economía china, ya experimentada lentamente a lo largo de 2012, y de manera más clara en el primer semestre de 2013, podría abonar las teorías de Shambaugh, puesto que China está siendo víctima de sus fuertes desequilibrios sociales y políticos, que afectan al rendimiento y crecimiento de su economía.

Por último, hay una percepción muy fuerte a nivel mundial, cercana al 80%, que favorece a Estados Unidos, frente a China. Es lo que se denomina en anglosajón “soft power”, “poder suave”, versus el poderío militar. Es un concepto que se refiere a la primacía de Estados Unidos desde el punto de vista de la innovación y la tecnología, el sistema capitalista y la forma de hacer negocios, la cultura, el ocio, el cine y la música: todos estos elementos positivos atraen a una inmensa mayoría de ciudadanos del mundo, sin que China tenga nada parecido que ofrecer, para contrarrestar a Norteamérica.

Publicado previamente en mi Blog en Cinco Días EE.UU y mercados emergentes

Sociología, Economía y Política de Estados Unidos a mediados de julio de 2013

Durante cinco años, los índices de aprobación del presidente Obama, entre norteamericanos, han sido positivos: ni la polémica reforma sanitaria ni la reforma financiera le hicieron mella; de hecho, ambos programas fueron llevados a cabo en su primer mandato (2009-2012) y, a pesar de ello, Obama fue reelegido en noviembre de 2012 para un segundo mandato.

Sin embargo, entre abril, mayo y junio de 2013, la imagen del presidente Obama se ha resentido en Norteamérica. A mediados de julio de 2013, le aprueban el 44,6% y le suspende el 49,8%. Tiene, por tanto, un saldo negativo acerca de la percepción de su gestión como presidente, del -5,2%. Algo similar le sucede en los dos puntos fuertes de la política de Obama: economía y relaciones internacionales. Las encuestas de julio de 2013 valoran negativamente al presidente en ambos aspectos.

En cuanto a la economía, el 51% de los americanos piensa que dentro de un año su situación económica será peor que la actual, versus el 45% que opinan que, en doce meses, su calidad de vida mejorará. Dos de cada tres norteamericanos creen que el país se dirige “en la incorrecta dirección”, es decir, que el país está siendo mal dirigido. Solo el 30% creen que la nave económica norteamericana sigue un rumbo adecuado, como de hecho indican los datos: crecimiento económico, empleo, mercados de valores (bolsa, con todos los índices en positivo), construcción y vivienda, todos  en positivo.

Las relaciones internacionales admiten más matices y división de opiniones, porque el 40% están a favor de las políticas de Obama y el 35% están en contra. Unos dicen que Estados Unidos no debería intervenir militarmente en Siria; tampoco vender armas a los rebeldes contra Bashar Al Asad. Otros dicen que Obama debería impulsar el cambio democrático en Egipto, en vez de apoyar a los militares. Muchos creen que Estados Unidos debería ser más duro con Corea del Norte, versus los que piensan que Obama debería sentarse a negociar con Irán, ahora que un presidente menos radical acaba de ser elegido.

Lo que a todos preocupa es China. No solo porque sigue teniendo 1,264 trillones de deuda pública americana (el 26% del total o, si se tiene en cuenta solo la deuda pública que está en manos de inversores privados, excluido el gobierno, ese porcentaje alcanza el 47%), sino porque sigue queriendo disputar a Estados Unidos el papel de primera potencia económica del mundo. Las previsiones de Goldman Sachs, que anticipaban que en 2016 China alcanzaría en PIB a Estados Unidos (no en producto interior bruto per cápita) no se cumplirán, por mucho que Estados Unidos crezca sólo el 2,2% en 2013 y China alcance el 7%. La cuestión es que, para Norteamérica, ese crecimiento, siendo moderado, es suficiente, mientras que en el caso chino, pasar del 8% al 7%, significa poner de manifiesto los fuertes desequilibrios de su economía.

Los chinos están embarcados en una “guerra de ciberespionaje”, por la que organizaciones vinculadas al ejército (“The Comment Group”) espían los ordenadores del Pentágono, la CIA y empresas tecnológicas y medios de comunicación (Wall Street Journal y the New York Times, por ejemplo). Este espionaje ha sido objeto de conversaciones y disputas entre Barack Obama y el presidente chino, Xi Jinping durante todo el año 2013 y, en julio de este año, es el tema central de un encuentro sino-americano del máximo nivel.
Como hemos sabido por las revelaciones de Edward Snowden, también Estados Unidos ha espiado a países amigos y enemigos, al igual que lo hacen Rusia, China, Reino Unido y Francia, entre otros. El Gobierno americano no ha actuado solo, y tampoco lo ha hecho al margen de la ley. Las “Patriotic” y Surveillance” Acts, o Leyes Patriótica y de Vigilancia, permiten que los jueces den cobertura legal a las actuaciones del Gobierno: un total de 550 millones de personas han sido “espiadas en sus comunicaciones”. Siempre teniendo en cuenta que la Seguridad Nacional es lo que estaba en juego o, en otras palabras, evitar atentados terroristas y localizar a sus potenciales autores.

El Gobierno americano ha contado con la colaboración de empresas tecnológicas, operadoras de telecomunicaciones, conglomerados de Internet y redes sociales y los ISP o proveedores de acceso a Internet: Microsoft, Google, Facebook, Apple, Verizon, Yahoo y otras muchas empresas han colaborado con las autoridades: la CIA, la NSA o el FBI. Durante meses, la población general americana no ha penalizado al presidente Obama por ordenar llevar a cabo dichas escuchas; solo recientemente, en la primera mitad de julio, por un mínimo margen estadístico, son más los que no están de acuerdo con Obama –en este punto-, que los que le apoyan. El motivo es sencillo: Obama fue elegido presidente porque prometía “hope and change”, esperanza y cambio; un tipo de política muy diferente de la de su predecesor, George W. Bush. Esto le dio estatura moral y legitimidad: cuando propios y extraños se han dado cuenta de que Obama –como presidente, como comandante en jefe-, actúa de manera parecida a la de Bush, muchos en la izquierda se han llevado las manos a la cabeza. En cambio, Obama está haciendo todo lo posible por avanzar su agenda más liberal, en cuestiones morales, como el aborto, el matrimonio entre personas del mismo sexo y el control de armas de fuego.

Esto explicaría una posible electoral demócrata si se celebraran hoy elecciones legislativas, que no tendrán lugar hasta noviembre de 2014. Hoy, al menos, en julio de 2013, los demócratas ganarían a los republicanos por un estrecho margen del +2,4%. Por supuesto, este dato hay que “cogerlo con pinzas”, porque aún falta mucho tiempo para que se celebren esas elecciones. Más aún, históricamente, el partido del presidente no suele ganar esas elecciones de mitad de mandato. Las excepciones más notables en el último siglo, las consiguieron los demócratas con Bill Clinton en 1998 y los republicanos con George Bush en 2002. En el primer caso, Clinton presidía un país en plena expansión económica, y, en el segundo, Bush tenía el apoyo de toda la nación tras los atentados del 11 de Septiembre de 2011.

En cualquier caso, son muchos los que están calentando motores, cara a las elecciones legislativas de 2014 y a las presidenciales de 2016. En el primer caso, los republicanos tienen que poner su casa en orden y, aparentemente, solo un hombre como Marco Rubio –senador por Florida- parece ser capaz de hacerlo, devolviendo a los republicanos su tan necesaria conexión con la actual realidad económica, política y social americana: los republicanos se apoyan en un electorado conservador, blanco y envejecido. Han dejado fuera al 15% de hispanos, el 13% de afroamericanos, y el 8% de asiáticos. Los estudios internos del partido republicano que ha conocido ADVICE Strategic Consultants, dicen a las claras que los republicanos necesitan conectar de nuevo con la sociedad si no quieren convertirse en un partido minoritario, sin posibilidades de gobernar.

En el campo demócrata, destaca Hillary Clinton: quienes la apoyan ya han puesto en marcha la maquinaria electoral, con un Political Action Comittee (PAC), compuesto por expertos de las dos campañas presidenciales de Obama. Clinton prepara su tercera biografía, centrada ésta en su paso por la Secretaría de Estado. Y no para –emulando a su marido- de dar conferencias por todo el país, cobrando por cada una no menos de 200.000 dólares. En una ocasión,  en abril de 2013, ingresó 750.000 dólares por una conferencia. A este ritmo, en 2016 tendrá suficiente dinero como para financiar una exitosa campaña presidencial, en el caso de que decida anunciar su candidatura a presidenta.

Publicado previamente en Mi Blog de Cinco Días EE.UU y Mercados Emergentes

China 2060: auge y caída

Reviso las previsiones económicas, para el mundo, de la OCDE y del FMI. Las contrasto con las de los principales bancos mundiales: Goldman, Morgan Stanley, Santander, La Caixa, BancSadabell.

Llama la atención que, cada vez más y con mayor intensidad, las predicciones económicas usan mucha econometría. Es lo necesario para anticiparse y predecir el futuro económico, empresarial y de la vida de las familias e individuos. Salta a la vista que las estimaciones tienen vocación de muy largo plazo. Esto es sensato: ya sabemos que la próxima década (2013-2023), para Occidente y, particularmente, para España van a ser malos: decrecimientos del PIB, primero, y estancamiento, después. Aumento del desempleo, hasta niveles insostenibles. Veremos hasta cuándo quiere el Gobierno mantener la percepción de que España no necesita un rescate.

OCDE, FMI y los servicios de estudios de los principales bancos del mundo coindicen –con variaciones-, en que la economía mundial crecerá un 3% hasta 2060. Aunque habrá desequilibrios en el crecimiento, entre regiones. China e India, aunque están desacelerando su crecimiento, seguirán creciendo por encima del 5-6%. En cambio, la Unión Europea, durante muchos años se mantendrá en el 1,5-1,7%. Estados Unidos continuará la tendencia actual, y subiendo: del 2,2-2,5%, aumentará, progresivamente, hasta el 3-3,5%. Con esos niveles de crecimiento, que coincidirán, en una primera fase, con el segundo mandato de Obama, el desempleo se reducirá en otros cinco millones de puestos, creados durante los próximos cuatro años. En total,  cuando Obama deje la Casa Blanca, se habrán generado diez millones de empleos privados: seis millones y medio más, de los que fueron creados en los dos mandatos de Bush. Esto, cara a las elecciones presidenciales de 2016, favorecerá al candidato demócrata a la Casa Blanca. Máxime si Hillary Clinton se presenta a las primarias de su partido.

En China, donde no hay elecciones libres y acaban de realizar su particular y exclusiva forma de cambio de liderazgo, las predicciones económicas dibujan un escenario donde es necesario hacer explicaciones, entrar en matices y adoptar diversos puntos de vista. Resumiendo: en 2060, China será la primera potencia económica de la tierra, seguida por Estados Unidos. En términos de Producto Interior Bruto (PIB). Pero no en poder adquisitivo de sus ciudadanos: en este parámetro, China todavía no alcanzará la paridad ni con Estados Unidos ni con la OCDE, ni con la Unión Europea.

Para los dirigentes chinos, ser la primera potencia económica de la tierra será una buena noticia. Doblarán en tamaño a las economías japonesa, toda la Unión Europea y la OCDE. Incluir a India, con crecimientos del 5-6% en PIB para los próximos decenios, en la ecuación, supone ponerla junto a China: ambos países formarán, cada vez más, un bloque comercial y económico muy fuerte. También crearán de nuevo un bloque los países anglosajones de la Common Wealth, y antiguo Imperio Británico. Casi ningún país anglosajón –excepto Estados Unidos, desde agosto de 2007 a junio de 2009; y Reino Unido, con altibajos- ha caído en la recesión en los últimos años. En cambio, la Unión Europea ha sufrido mucho la crisis y su importancia se desdibujará en los próximos decenios.

El problema demográfico aquejará enormemente a China, la Unión Europea y algunos países anglosajones. Con la política de “solo un hijo”, de Mao, China entrará en barrena en 2060: entonces, un trabajador mantendrá dos pensionistas. Con razón, los chinos, poco o nada gastadores, de por sí, ahorran pensando en su vejez. Sin redes sociales ni familiares que les mantenga en la vejez, los chinos tienen mucho miedo al futuro. Esta realidad afectará de lleno a la economía china, de manera negativa.

En los últimos diez años, siendo Hu Jintao su máximo líder, China tenía que haber conseguido el objetivo de “crecimiento armónico”. No lo ha conseguido y la economía y la sociedad chinas están llenas de desequilibrios y contradicciones: mucho ahorro y exiguo consumo; muchas exportaciones a terceros países (Estados Unidos, Unión Europea), y poco gasto en el interior. Enorme esfuerzo de los trabajadores que trabajan muchas horas a cambio de poco salario: aun así, son poco productivos y China está paulatinamente dejando de ser competitiva. Es el precio de no saber inventar, sino copiar: Apple volvió en la primera semana de diciembre de 2012 a fabricar rentablemente en Estados Unidos. La moneda china  se mantiene artificialmente devaluada, para no perder el ritmo de las exportaciones. Pero es irreal y cortoplacista.
El partido comunista es la vanguardia del proletariado (Lenin, “Para qué”). Y en China se cumple al dictado: los miembros del partido –despreciados y odiados, en muchos casos, por el pueblo al que supuestamente deben proteger, debido a la corrupción rampante- son los primeros en hacer negocios, vestir bien, conducir coches de gran cilindrada, tener posesiones que solo disponen los billonarios rusos y americanos.

El nuevo primer espada de China, Xi Jinping, ha prometido a un pueblo que no le ha elegido democráticamente que, su principal labor es conseguir la prosperidad para todos. Arreglar los desequilibrios. Mantener la senda del crecimiento de los tres decenios previos y hacer que la riqueza no se quede en el partido, sino llegue a la gran mayoría de la población. Para conseguirlo, el Ejército de Liberación cumple, y cumplirá, una labor esencial, que no es la que dice Kaplan (Foreign Affairs, junio 2010), de enfrentarse con Estados Unidos en algún momento del futuro inmediato, sino mantener a toda costa el orden social interno.

China se mirará cada vez a sí misma para recomponer su puzle económico y social. Estados Unidos tiene una prioridad absoluta, que no es solucionar los problemas de medio mundo, sino los propios. Obama aumentará exportaciones, multiplicándolas por dos, y creará cinco millones de empleos en el camino. Los hispanos serán –más pronto que tarde- legalizados y dotarán a Norteamérica de la mano de obra que necesita y del recambio generacional que asegure el futuro.

El modelo chino, por contraste, tiene poco recorrido y fecha de caducidad: 2060, o el canto del cisne, cuando se produzca su momento de máximo esplendor.

Publicado previamente en El Confidencial Digital el 24 de Diciembre del 2012


eviso las previsiones económicas, para el mundo, de la OCDE y del FMI. Las contrasto con las de los principales bancos mundiales: Goldman, Morgan Stanley, Santander, La Caixa, BancSadabell.
Llama la atención que, cada vez más y con mayor intensidad, las predicciones económicas usan mucha econometría. Es lo necesario para anticiparse y predecir el futuro económico, empresarial y de la vida de las familias e individuos. Salta a la vista que las estimaciones tienen vocación de muy largo plazo. Esto es sensato: ya sabemos que la próxima década (2013-2023), para Occidente y, particularmente, para España van a ser malos: decrecimientos del PIB, primero, y estancamiento, después. Aumento del desempleo, hasta niveles insostenibles. Veremos hasta cuándo quiere el Gobierno mantener la percepción de que España no necesita un rescate.
OCDE, FMI y los servicios de estudios de los principales bancos del mundo coindicen –con variaciones-, en que la economía mundial crecerá un 3% hasta 2060. Aunque habrá desequilibrios en el crecimiento, entre regiones. China e India, aunque están desacelerando su crecimiento, seguirán creciendo por encima del 5-6%. En cambio, la Unión Europea, durante muchos años se mantendrá en el 1,5-1,7%. Estados Unidos continuará la tendencia actual, y subiendo: del 2,2-2,5%, aumentará, progresivamente, hasta el 3-3,5%. Con esos niveles de crecimiento, que coincidirán, en una primera fase, con el segundo mandato de Obama, el desempleo se reducirá en otros cinco millones de puestos, creados durante los próximos cuatro años. En total,  cuando Obama deje la Casa Blanca, se habrán generado diez millones de empleos privados: seis millones y medio más, de los que fueron creados en los dos mandatos de Bush. Esto, cara a las elecciones presidenciales de 2016, favorecerá al candidato demócrata a la Casa Blanca. Máxime si Hillary Clinton se presenta a las primarias de su partido.
En China, donde no hay elecciones libres y acaban de realizar su particular y exclusiva forma de cambio de liderazgo, las predicciones económicas dibujan un escenario donde es necesario hacer explicaciones, entrar en matices y adoptar diversos puntos de vista. Resumiendo: en 2060, China será la primera potencia económica de la tierra, seguida por Estados Unidos. En términos de Producto Interior Bruto (PIB). Pero no en poder adquisitivo de sus ciudadanos: en este parámetro, China todavía no alcanzará la paridad ni con Estados Unidos ni con la OCDE, ni con la Unión Europea.
Para los dirigentes chinos, ser la primera potencia económica de la tierra será una buena noticia. Doblarán en tamaño a las economías japonesa, toda la Unión Europea y la OCDE. Incluir a India, con crecimientos del 5-6% en PIB para los próximos decenios, en la ecuación, supone ponerla junto a China: ambos países formarán, cada vez más, un bloque comercial y económico muy fuerte. También crearán de nuevo un bloque los países anglosajones de la Common Wealth, y antiguo Imperio Británico. Casi ningún país anglosajón –excepto Estados Unidos, desde agosto de 2007 a junio de 2009; y Reino Unido, con altibajos- ha caído en la recesión en los últimos años. En cambio, la Unión Europea ha sufrido mucho la crisis y su importancia se desdibujará en los próximos decenios.
El problema demográfico aquejará enormemente a China, la Unión Europea y algunos países anglosajones. Con la política de “solo un hijo”, de Mao, China entrará en barrena en 2060: entonces, un trabajador mantendrá dos pensionistas. Con razón, los chinos, poco o nada gastadores, de por sí, ahorran pensando en su vejez. Sin redes sociales ni familiares que les mantenga en la vejez, los chinos tienen mucho miedo al futuro. Esta realidad afectará de lleno a la economía china, de manera negativa.
En los últimos diez años, siendo Hu Jintao su máximo líder, China tenía que haber conseguido el objetivo de “crecimiento armónico”. No lo ha conseguido y la economía y la sociedad chinas están llenas de desequilibrios y contradicciones: mucho ahorro y exiguo consumo; muchas exportaciones a terceros países (Estados Unidos, Unión Europea), y poco gasto en el interior. Enorme esfuerzo de los trabajadores que trabajan muchas horas a cambio de poco salario: aun así, son poco productivos y China está paulatinamente dejando de ser competitiva. Es el precio de no saber inventar, sino copiar: Apple volvió en la primera semana de diciembre de 2012 a fabricar rentablemente en Estados Unidos. La moneda china  se mantiene artificialmente devaluada, para no perder el ritmo de las exportaciones. Pero es irreal y cortoplacista.
El partido comunista es la vanguardia del proletariado (Lenin, “Para qué”). Y en China se cumple al dictado: los miembros del partido –despreciados y odiados, en muchos casos, por el pueblo al que supuestamente deben proteger, debido a la corrupción rampante- son los primeros en hacer negocios, vestir bien, conducir coches de gran cilindrada, tener posesiones que solo disponen los billonarios rusos y americanos.
El nuevo primer espada de China, Xi Jinping, ha prometido a un pueblo que no le ha elegido democráticamente que, su principal labor es conseguir la prosperidad para todos. Arreglar los desequilibrios. Mantener la senda del crecimiento de los tres decenios previos y hacer que la riqueza no se quede en el partido, sino llegue a la gran mayoría de la población. Para conseguirlo, el Ejército de Liberación cumple, y cumplirá, una labor esencial, que no es la que dice Kaplan (Foreign Affairs, junio 2010), de enfrentarse con Estados Unidos en algún momento del futuro inmediato, sino mantener a toda costa el orden social interno.
China se mirará cada vez a sí misma para recomponer su puzle económico y social. Estados Unidos tiene una prioridad absoluta, que no es solucionar los problemas de medio mundo, sino los propios. Obama aumentará exportaciones, multiplicándolas por dos, y creará cinco millones de empleos en el camino. Los hispanos serán –más pronto que tarde- legalizados y dotarán a Norteamérica de la mano de obra que necesita y del recambio generacional que asegure el futuro.
El modelo chino, por contraste, tiene poco recorrido y fecha de caducidad: 2060, o el canto del cisne, cuando se produzca su momento de máximo esplendor.


Leer más:  China 2060: auge y caída  http://www.elconfidencialdigital.com/opinion/tribuna_libre/080065/china-2060-auge-y-caida#CIu3EjhLGdjPEXuW
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eviso las previsiones económicas, para el mundo, de la OCDE y del FMI. Las contrasto con las de los principales bancos mundiales: Goldman, Morgan Stanley, Santander, La Caixa, BancSadabell.
Llama la atención que, cada vez más y con mayor intensidad, las predicciones económicas usan mucha econometría. Es lo necesario para anticiparse y predecir el futuro económico, empresarial y de la vida de las familias e individuos. Salta a la vista que las estimaciones tienen vocación de muy largo plazo. Esto es sensato: ya sabemos que la próxima década (2013-2023), para Occidente y, particularmente, para España van a ser malos: decrecimientos del PIB, primero, y estancamiento, después. Aumento del desempleo, hasta niveles insostenibles. Veremos hasta cuándo quiere el Gobierno mantener la percepción de que España no necesita un rescate.
OCDE, FMI y los servicios de estudios de los principales bancos del mundo coindicen –con variaciones-, en que la economía mundial crecerá un 3% hasta 2060. Aunque habrá desequilibrios en el crecimiento, entre regiones. China e India, aunque están desacelerando su crecimiento, seguirán creciendo por encima del 5-6%. En cambio, la Unión Europea, durante muchos años se mantendrá en el 1,5-1,7%. Estados Unidos continuará la tendencia actual, y subiendo: del 2,2-2,5%, aumentará, progresivamente, hasta el 3-3,5%. Con esos niveles de crecimiento, que coincidirán, en una primera fase, con el segundo mandato de Obama, el desempleo se reducirá en otros cinco millones de puestos, creados durante los próximos cuatro años. En total,  cuando Obama deje la Casa Blanca, se habrán generado diez millones de empleos privados: seis millones y medio más, de los que fueron creados en los dos mandatos de Bush. Esto, cara a las elecciones presidenciales de 2016, favorecerá al candidato demócrata a la Casa Blanca. Máxime si Hillary Clinton se presenta a las primarias de su partido.
En China, donde no hay elecciones libres y acaban de realizar su particular y exclusiva forma de cambio de liderazgo, las predicciones económicas dibujan un escenario donde es necesario hacer explicaciones, entrar en matices y adoptar diversos puntos de vista. Resumiendo: en 2060, China será la primera potencia económica de la tierra, seguida por Estados Unidos. En términos de Producto Interior Bruto (PIB). Pero no en poder adquisitivo de sus ciudadanos: en este parámetro, China todavía no alcanzará la paridad ni con Estados Unidos ni con la OCDE, ni con la Unión Europea.
Para los dirigentes chinos, ser la primera potencia económica de la tierra será una buena noticia. Doblarán en tamaño a las economías japonesa, toda la Unión Europea y la OCDE. Incluir a India, con crecimientos del 5-6% en PIB para los próximos decenios, en la ecuación, supone ponerla junto a China: ambos países formarán, cada vez más, un bloque comercial y económico muy fuerte. También crearán de nuevo un bloque los países anglosajones de la Common Wealth, y antiguo Imperio Británico. Casi ningún país anglosajón –excepto Estados Unidos, desde agosto de 2007 a junio de 2009; y Reino Unido, con altibajos- ha caído en la recesión en los últimos años. En cambio, la Unión Europea ha sufrido mucho la crisis y su importancia se desdibujará en los próximos decenios.
El problema demográfico aquejará enormemente a China, la Unión Europea y algunos países anglosajones. Con la política de “solo un hijo”, de Mao, China entrará en barrena en 2060: entonces, un trabajador mantendrá dos pensionistas. Con razón, los chinos, poco o nada gastadores, de por sí, ahorran pensando en su vejez. Sin redes sociales ni familiares que les mantenga en la vejez, los chinos tienen mucho miedo al futuro. Esta realidad afectará de lleno a la economía china, de manera negativa.
En los últimos diez años, siendo Hu Jintao su máximo líder, China tenía que haber conseguido el objetivo de “crecimiento armónico”. No lo ha conseguido y la economía y la sociedad chinas están llenas de desequilibrios y contradicciones: mucho ahorro y exiguo consumo; muchas exportaciones a terceros países (Estados Unidos, Unión Europea), y poco gasto en el interior. Enorme esfuerzo de los trabajadores que trabajan muchas horas a cambio de poco salario: aun así, son poco productivos y China está paulatinamente dejando de ser competitiva. Es el precio de no saber inventar, sino copiar: Apple volvió en la primera semana de diciembre de 2012 a fabricar rentablemente en Estados Unidos. La moneda china  se mantiene artificialmente devaluada, para no perder el ritmo de las exportaciones. Pero es irreal y cortoplacista.
El partido comunista es la vanguardia del proletariado (Lenin, “Para qué”). Y en China se cumple al dictado: los miembros del partido –despreciados y odiados, en muchos casos, por el pueblo al que supuestamente deben proteger, debido a la corrupción rampante- son los primeros en hacer negocios, vestir bien, conducir coches de gran cilindrada, tener posesiones que solo disponen los billonarios rusos y americanos.
El nuevo primer espada de China, Xi Jinping, ha prometido a un pueblo que no le ha elegido democráticamente que, su principal labor es conseguir la prosperidad para todos. Arreglar los desequilibrios. Mantener la senda del crecimiento de los tres decenios previos y hacer que la riqueza no se quede en el partido, sino llegue a la gran mayoría de la población. Para conseguirlo, el Ejército de Liberación cumple, y cumplirá, una labor esencial, que no es la que dice Kaplan (Foreign Affairs, junio 2010), de enfrentarse con Estados Unidos en algún momento del futuro inmediato, sino mantener a toda costa el orden social interno.
China se mirará cada vez a sí misma para recomponer su puzle económico y social. Estados Unidos tiene una prioridad absoluta, que no es solucionar los problemas de medio mundo, sino los propios. Obama aumentará exportaciones, multiplicándolas por dos, y creará cinco millones de empleos en el camino. Los hispanos serán –más pronto que tarde- legalizados y dotarán a Norteamérica de la mano de obra que necesita y del recambio generacional que asegure el futuro.
El modelo chino, por contraste, tiene poco recorrido y fecha de caducidad: 2060, o el canto del cisne, cuando se produzca su momento de máximo esplendor.


Leer más:  China 2060: auge y caída  http://www.elconfidencialdigital.com/opinion/tribuna_libre/080065/china-2060-auge-y-caida#CIu3EjhLGdjPEXuW
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Llama la atención que, cada vez más y con mayor intensidad, las predicciones económicas usan mucha econometría. Es lo necesario para anticiparse y predecir el futuro económico, empresarial y de la vida de las familias e individuos. Salta a la vista que las estimaciones tienen vocación de muy largo plazo. Esto es sensato: ya sabemos que la próxima década (2013-2023), para Occidente y, particularmente, para España van a ser malos: decrecimientos del PIB, primero, y estancamiento, después. Aumento del desempleo, hasta niveles insostenibles. Veremos hasta cuándo quiere el Gobierno mantener la percepción de que España no necesita un rescate.
OCDE, FMI y los servicios de estudios de los principales bancos del mundo coindicen –con variaciones-, en que la economía mundial crecerá un 3% hasta 2060. Aunque habrá desequilibrios en el crecimiento, entre regiones. China e India, aunque están desacelerando su crecimiento, seguirán creciendo por encima del 5-6%. En cambio, la Unión Europea, durante muchos años se mantendrá en el 1,5-1,7%. Estados Unidos continuará la tendencia actual, y subiendo: del 2,2-2,5%, aumentará, progresivamente, hasta el 3-3,5%. Con esos niveles de crecimiento, que coincidirán, en una primera fase, con el segundo mandato de Obama, el desempleo se reducirá en otros cinco millones de puestos, creados durante los próximos cuatro años. En total,  cuando Obama deje la Casa Blanca, se habrán generado diez millones de empleos privados: seis millones y medio más, de los que fueron creados en los dos mandatos de Bush. Esto, cara a las elecciones presidenciales de 2016, favorecerá al candidato demócrata a la Casa Blanca. Máxime si Hillary Clinton se presenta a las primarias de su partido.
En China, donde no hay elecciones libres y acaban de realizar su particular y exclusiva forma de cambio de liderazgo, las predicciones económicas dibujan un escenario donde es necesario hacer explicaciones, entrar en matices y adoptar diversos puntos de vista. Resumiendo: en 2060, China será la primera potencia económica de la tierra, seguida por Estados Unidos. En términos de Producto Interior Bruto (PIB). Pero no en poder adquisitivo de sus ciudadanos: en este parámetro, China todavía no alcanzará la paridad ni con Estados Unidos ni con la OCDE, ni con la Unión Europea.
Para los dirigentes chinos, ser la primera potencia económica de la tierra será una buena noticia. Doblarán en tamaño a las economías japonesa, toda la Unión Europea y la OCDE. Incluir a India, con crecimientos del 5-6% en PIB para los próximos decenios, en la ecuación, supone ponerla junto a China: ambos países formarán, cada vez más, un bloque comercial y económico muy fuerte. También crearán de nuevo un bloque los países anglosajones de la Common Wealth, y antiguo Imperio Británico. Casi ningún país anglosajón –excepto Estados Unidos, desde agosto de 2007 a junio de 2009; y Reino Unido, con altibajos- ha caído en la recesión en los últimos años. En cambio, la Unión Europea ha sufrido mucho la crisis y su importancia se desdibujará en los próximos decenios.
El problema demográfico aquejará enormemente a China, la Unión Europea y algunos países anglosajones. Con la política de “solo un hijo”, de Mao, China entrará en barrena en 2060: entonces, un trabajador mantendrá dos pensionistas. Con razón, los chinos, poco o nada gastadores, de por sí, ahorran pensando en su vejez. Sin redes sociales ni familiares que les mantenga en la vejez, los chinos tienen mucho miedo al futuro. Esta realidad afectará de lleno a la economía china, de manera negativa.
En los últimos diez años, siendo Hu Jintao su máximo líder, China tenía que haber conseguido el objetivo de “crecimiento armónico”. No lo ha conseguido y la economía y la sociedad chinas están llenas de desequilibrios y contradicciones: mucho ahorro y exiguo consumo; muchas exportaciones a terceros países (Estados Unidos, Unión Europea), y poco gasto en el interior. Enorme esfuerzo de los trabajadores que trabajan muchas horas a cambio de poco salario: aun así, son poco productivos y China está paulatinamente dejando de ser competitiva. Es el precio de no saber inventar, sino copiar: Apple volvió en la primera semana de diciembre de 2012 a fabricar rentablemente en Estados Unidos. La moneda china  se mantiene artificialmente devaluada, para no perder el ritmo de las exportaciones. Pero es irreal y cortoplacista.
El partido comunista es la vanguardia del proletariado (Lenin, “Para qué”). Y en China se cumple al dictado: los miembros del partido –despreciados y odiados, en muchos casos, por el pueblo al que supuestamente deben proteger, debido a la corrupción rampante- son los primeros en hacer negocios, vestir bien, conducir coches de gran cilindrada, tener posesiones que solo disponen los billonarios rusos y americanos.
El nuevo primer espada de China, Xi Jinping, ha prometido a un pueblo que no le ha elegido democráticamente que, su principal labor es conseguir la prosperidad para todos. Arreglar los desequilibrios. Mantener la senda del crecimiento de los tres decenios previos y hacer que la riqueza no se quede en el partido, sino llegue a la gran mayoría de la población. Para conseguirlo, el Ejército de Liberación cumple, y cumplirá, una labor esencial, que no es la que dice Kaplan (Foreign Affairs, junio 2010), de enfrentarse con Estados Unidos en algún momento del futuro inmediato, sino mantener a toda costa el orden social interno.
China se mirará cada vez a sí misma para recomponer su puzle económico y social. Estados Unidos tiene una prioridad absoluta, que no es solucionar los problemas de medio mundo, sino los propios. Obama aumentará exportaciones, multiplicándolas por dos, y creará cinco millones de empleos en el camino. Los hispanos serán –más pronto que tarde- legalizados y dotarán a Norteamérica de la mano de obra que necesita y del recambio generacional que asegure el futuro.
El modelo chino, por contraste, tiene poco recorrido y fecha de caducidad: 2060, o el canto del cisne, cuando se produzca su momento de máximo esplendor.


Leer más:  China 2060: auge y caída  http://www.elconfidencialdigital.com/opinion/tribuna_libre/080065/china-2060-auge-y-caida#CIu3EjhLGdjPEXuW
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El misterio de China

En su obra Naciones rompedoras (2012, Norton), Ruchir Sharma explica cuáles serán los países que -económicamente- más triunfarán en las próximas décadas. El crecimiento de China se ralentizará, como en 2012, después del crecimiento económico y financiero más espectacular jamás visto por la humanidad en toda su historia (Niall Gerguson, en Civilización, 2012, Allen Lane). Aconseja viajar a los países emergentes para conocerlos y acabar con los tópicos. Sharma lo ha hecho -con éxito- en los países BRIC, entre 1992 y 2012: Ruchir Sharma gestiona 25.000 millones de dólares en mercados emergentes, para la división de gestión de inversiones de Morgan Stanley, que dirige: en 10 años (2002-2012), sus activos se han triplicado, especialmente en China.

Ojalá hubiera seguido yo su consejo la primera vez que visité China, hace años. Quise demostrar mis conocimientos del idioma chino mandarín al funcionario comunista que me acompañaba, hablándole del último emperador chino. Me interrumpió para explicarme que, según mi pronunciación, en vez de referirme al emperador por su nombre, le había calificado como "un mulo". Media hora de explicaciones sobre la pronunciación me dejaron claro que entender algo sobre China era más complejo que llegar y besar el santo: hay que viajar mucho al país, recorrerlo, aprender el idioma, leer muchos libros e interactuar con bastante gente a lo largo de los años, sobre todo en el ámbito de los negocios. Y, aun así, China seguirá siendo un misterio.

China es el gran foco de atención internacional; la segunda potencia económica mundial, tras Norteamérica, ha cambiado por quinta vez, desde 1949, de liderazgo; tras la muerte de Mao Zedong, Deng Xiaoping tomó las riendas, iniciando reformas que combinan el capitalismo, y su mano invisible, con el poder del Estado y su mano visible, que representan el Partido Comunista y el Ejército. A Deng le sucedió Jiang Zeming, y su sucesor fue Hu Jintao, presidente, hasta el 15 de noviembre de 2012, y artífice de la década de mayor crecimiento económico en la era pos-Mao. Hoy el presidente es Xi Jinping, como era previsible hace dos años.

Cuando visito Pekín, me impresiona contemplar la imagen de Mao presidiendo la plaza de Tiananmen. En sus magnas obras sobre el primer presidente de la China comunista, Jung Chang (Mao, la historia desconocida, 2005, Knopf) y Philip Short (Mao, 2004, Editorial Crítica) sostienen que, aunque los nombres de los presidentes de China entre 1949 y el día de hoy han cambiado, el rostro que dirige los destinos del país sigue siendo el de Mao quien, en su Libro Rojo, escribió que "el Este debe utilizar las armas de Occidente para derrotar al Oeste". En opinión de esos historiadores, esta sería la razón fundamental por la que los dirigentes comunistas chinos han abrazado exitosamente el capitalismo: "¿Qué más da -decía Deng Xiaoping- que el gato sea blanco o negro..., si caza ratones?".

Los expertos en geopolítica están de acuerdo con esa teoría: George Friedman, en sus obras La siguiente década (2012, DoubleDay) y Los siguientes 100 años (2011, Anchor); Fareed Zakaria en El mundo posamericano (2008 y 2012, Norton); Guideon Rachman en El mundo de suma cero (2011, Atlantic Books), y Jim O'Neill, el brillante economista jefe de Goldman Sachs que inventó el concepto de las economías BRIC (2001) y 10 años después dibujó un nuevo panorama: El mapa del crecimiento: oportunidades económicas en los BRIC y más allá (2011, Penguin). Un estudio de Ernst & Young, que este diario publicó, en primicia, el 22 de noviembre de 2012, explicaba que "en el año 2035, China será la primera potencia económica del planeta, superando a Estados Unidos". El Estudio toma como referencia el producto interior bruto global, como suma de la riqueza generada por la producción de todos los bienes y servicios de la economía china. Si habláramos de PIB per cápita medido en términos de poder adquisitivo, el panorama sería esencialmente distinto, puesto que lo es el punto de partida: hoy, en Estados Unidos equivale a 50.800 dólares por familia. En China, a finales de noviembre de 2012, es de 9.600 dólares, por mucho que 400 millones, de sus 1.500 millones de habitantes, hayan dejado de ser paupérrimos y sean considerados clase media. A China le queda mucho camino por recorrer.

La magnitud de las cifras nos marea y, por tanto, queremos entender: Martin Jaques nos explica cómo será la economía internacional Cuando China domine el mundo: el ascenso del Reino Medio y el fin de la civilización occidental, como quería Mao (2009, Allen Lane). Edward Tse desgrana los elementos del éxito de la economía china en La estrategia de China (2010, Basic Books) y da las claves para hacer negocios allí; Karl Gerth, parafraseando la canción de Cole Porter, desmenuza cómo 1.500 millones de consumidores chinos están transformando la economía mundial y la vida de las empresas en Conforme va China, así va el mundo (2010, Hill & Wang); Tom Doctoroff explicita Lo que los chinos quieren (2012, Palgrave McMillan); Shaun Rein habla del Fin de la China barata: tendencias económicas y culturales que cambiarán el mundo (2012, Wiley): su primer capítulo reza: en China hay más billonarios que en Estados Unidos.

El ascenso de China preocupa mucho a los norteamericanos: en el ámbito económico, geoestratégico y militar. La bibliografía es abundante: La lucha por la supremacía, de Aaron L. Friedberg (2011, Norton); Chinamerica, de Handel Jones (2010, McGraw Hill); Chimerica, de Niall Fergusson (2010, Allen) o Ventaja: la innovación norteamericana vencerá el reto chino, de Adam Segal (2011, Norton). En abril de 2009, el presidente Obama inició -de la mano de su homólogo chino, Hu Jintao, y ahora con Xi Jinping- el Diálogo Estratégico y Económico. Los estadounidenses están frustrados con los chinos por la falta de avances. Como lo estuve yo, hace siete años, cuando descubrí que conocer China supone mucho esfuerzo, trabajo, empeño, conocimiento, lecturas e idioma. En lo más profundo de China, ni conocen a Elvis Presley -mucho menos a Justin Bieber- ni han visto la película Crepúsculo y sus vampiros.

Publicado previamente en Cinco Días el 26 de noviembre del 2012