Reviso las previsiones económicas, para el mundo, de la OCDE y del
FMI. Las contrasto con las de los principales bancos mundiales: Goldman,
Morgan Stanley, Santander, La Caixa, BancSadabell.
Llama la atención que, cada vez más y con mayor intensidad, las
predicciones económicas usan mucha econometría. Es lo necesario para
anticiparse y predecir el futuro económico, empresarial y de la vida de
las familias e individuos. Salta a la vista que las estimaciones tienen
vocación de muy largo plazo. Esto es sensato: ya sabemos que la próxima
década (2013-2023), para Occidente y, particularmente, para España van a
ser malos: decrecimientos del PIB, primero, y estancamiento, después.
Aumento del desempleo, hasta niveles insostenibles. Veremos hasta cuándo
quiere el Gobierno mantener la percepción de que España no necesita un
rescate.
OCDE, FMI y los servicios de estudios de los principales bancos del
mundo coindicen –con variaciones-, en que la economía mundial crecerá un
3% hasta 2060. Aunque habrá desequilibrios en el crecimiento, entre
regiones. China e India, aunque están desacelerando su crecimiento,
seguirán creciendo por encima del 5-6%. En cambio, la Unión Europea,
durante muchos años se mantendrá en el 1,5-1,7%. Estados Unidos
continuará la tendencia actual, y subiendo: del 2,2-2,5%, aumentará,
progresivamente, hasta el 3-3,5%. Con esos niveles de crecimiento, que
coincidirán, en una primera fase, con el segundo mandato de Obama, el
desempleo se reducirá en otros cinco millones de puestos, creados
durante los próximos cuatro años. En total, cuando Obama deje la Casa
Blanca, se habrán generado diez millones de empleos privados: seis
millones y medio más, de los que fueron creados en los dos mandatos de
Bush. Esto, cara a las elecciones presidenciales de 2016, favorecerá al
candidato demócrata a la Casa Blanca. Máxime si Hillary Clinton se
presenta a las primarias de su partido.
En China, donde no hay elecciones libres y acaban de realizar su
particular y exclusiva forma de cambio de liderazgo, las predicciones
económicas dibujan un escenario donde es necesario hacer explicaciones,
entrar en matices y adoptar diversos puntos de vista. Resumiendo: en
2060, China será la primera potencia económica de la tierra, seguida por
Estados Unidos. En términos de Producto Interior Bruto (PIB). Pero no
en poder adquisitivo de sus ciudadanos: en este parámetro, China todavía
no alcanzará la paridad ni con Estados Unidos ni con la OCDE, ni con la
Unión Europea.
Para los dirigentes chinos, ser la primera potencia económica de la
tierra será una buena noticia. Doblarán en tamaño a las economías
japonesa, toda la Unión Europea y la OCDE. Incluir a India, con
crecimientos del 5-6% en PIB para los próximos decenios, en la ecuación,
supone ponerla junto a China: ambos países formarán, cada vez más, un
bloque comercial y económico muy fuerte. También crearán de nuevo un
bloque los países anglosajones de la Common Wealth, y antiguo Imperio
Británico. Casi ningún país anglosajón –excepto Estados Unidos, desde
agosto de 2007 a junio de 2009; y Reino Unido, con altibajos- ha caído
en la recesión en los últimos años. En cambio, la Unión Europea ha
sufrido mucho la crisis y su importancia se desdibujará en los próximos
decenios.
El problema demográfico aquejará enormemente a China, la Unión
Europea y algunos países anglosajones. Con la política de “solo un
hijo”, de Mao, China entrará en barrena en 2060: entonces, un trabajador
mantendrá dos pensionistas. Con razón, los chinos, poco o nada
gastadores, de por sí, ahorran pensando en su vejez. Sin redes sociales
ni familiares que les mantenga en la vejez, los chinos tienen mucho
miedo al futuro. Esta realidad afectará de lleno a la economía china, de
manera negativa.
En los últimos diez años, siendo Hu Jintao su máximo líder, China
tenía que haber conseguido el objetivo de “crecimiento armónico”. No lo
ha conseguido y la economía y la sociedad chinas están llenas de
desequilibrios y contradicciones: mucho ahorro y exiguo consumo; muchas
exportaciones a terceros países (Estados Unidos, Unión Europea), y poco
gasto en el interior. Enorme esfuerzo de los trabajadores que trabajan
muchas horas a cambio de poco salario: aun así, son poco productivos y
China está paulatinamente dejando de ser competitiva. Es el precio de no
saber inventar, sino copiar: Apple volvió en la primera semana de
diciembre de 2012 a fabricar rentablemente en Estados Unidos. La moneda
china se mantiene artificialmente devaluada, para no perder el ritmo de
las exportaciones. Pero es irreal y cortoplacista.
El partido comunista es la vanguardia del proletariado (Lenin, “Para
qué”). Y en China se cumple al dictado: los miembros del partido
–despreciados y odiados, en muchos casos, por el pueblo al que
supuestamente deben proteger, debido a la corrupción rampante- son los
primeros en hacer negocios, vestir bien, conducir coches de gran
cilindrada, tener posesiones que solo disponen los billonarios rusos y
americanos.
El nuevo primer espada de China, Xi Jinping, ha prometido a un pueblo
que no le ha elegido democráticamente que, su principal labor es
conseguir la prosperidad para todos. Arreglar los desequilibrios.
Mantener la senda del crecimiento de los tres decenios previos y hacer
que la riqueza no se quede en el partido, sino llegue a la gran mayoría
de la población. Para conseguirlo, el Ejército de Liberación cumple, y
cumplirá, una labor esencial, que no es la que dice Kaplan (Foreign
Affairs, junio 2010), de enfrentarse con Estados Unidos en algún momento
del futuro inmediato, sino mantener a toda costa el orden social
interno.
China se mirará cada vez a sí misma para recomponer su puzle
económico y social. Estados Unidos tiene una prioridad absoluta, que no
es solucionar los problemas de medio mundo, sino los propios. Obama
aumentará exportaciones, multiplicándolas por dos, y creará cinco
millones de empleos en el camino. Los hispanos serán –más pronto que
tarde- legalizados y dotarán a Norteamérica de la mano de obra que
necesita y del recambio generacional que asegure el futuro.
El modelo chino, por contraste, tiene poco recorrido y fecha de
caducidad: 2060, o el canto del cisne, cuando se produzca su momento de
máximo esplendor.
Publicado previamente en El Confidencial Digital el 24 de Diciembre del 2012
eviso
las previsiones económicas, para el mundo, de la OCDE y del FMI. Las
contrasto con las de los principales bancos mundiales: Goldman, Morgan
Stanley, Santander, La Caixa, BancSadabell.
Llama la atención que, cada vez más y con mayor intensidad, las
predicciones económicas usan mucha econometría. Es lo necesario para
anticiparse y predecir el futuro económico, empresarial y de la vida de
las familias e individuos. Salta a la vista que las estimaciones tienen
vocación de muy largo plazo. Esto es sensato: ya sabemos que la próxima
década (2013-2023), para Occidente y, particularmente, para España van a
ser malos: decrecimientos del PIB, primero, y estancamiento, después.
Aumento del desempleo, hasta niveles insostenibles. Veremos hasta cuándo
quiere el Gobierno mantener la percepción de que España no necesita un
rescate.
OCDE, FMI y los servicios de estudios de los principales bancos del
mundo coindicen –con variaciones-, en que la economía mundial crecerá un
3% hasta 2060. Aunque habrá desequilibrios en el crecimiento, entre
regiones. China e India, aunque están desacelerando su crecimiento,
seguirán creciendo por encima del 5-6%. En cambio, la Unión Europea,
durante muchos años se mantendrá en el 1,5-1,7%. Estados Unidos
continuará la tendencia actual, y subiendo: del 2,2-2,5%, aumentará,
progresivamente, hasta el 3-3,5%. Con esos niveles de crecimiento, que
coincidirán, en una primera fase, con el segundo mandato de Obama, el
desempleo se reducirá en otros cinco millones de puestos, creados
durante los próximos cuatro años. En total, cuando Obama deje la Casa
Blanca, se habrán generado diez millones de empleos privados: seis
millones y medio más, de los que fueron creados en los dos mandatos de
Bush. Esto, cara a las elecciones presidenciales de 2016, favorecerá al
candidato demócrata a la Casa Blanca. Máxime si Hillary Clinton se
presenta a las primarias de su partido.
En China, donde no hay elecciones libres y acaban de realizar su
particular y exclusiva forma de cambio de liderazgo, las predicciones
económicas dibujan un escenario donde es necesario hacer explicaciones,
entrar en matices y adoptar diversos puntos de vista. Resumiendo: en
2060, China será la primera potencia económica de la tierra, seguida por
Estados Unidos. En términos de Producto Interior Bruto (PIB). Pero no
en poder adquisitivo de sus ciudadanos: en este parámetro, China todavía
no alcanzará la paridad ni con Estados Unidos ni con la OCDE, ni con la
Unión Europea.
Para los dirigentes chinos, ser la primera potencia económica de la
tierra será una buena noticia. Doblarán en tamaño a las economías
japonesa, toda la Unión Europea y la OCDE. Incluir a India, con
crecimientos del 5-6% en PIB para los próximos decenios, en la ecuación,
supone ponerla junto a China: ambos países formarán, cada vez más, un
bloque comercial y económico muy fuerte. También crearán de nuevo un
bloque los países anglosajones de la Common Wealth, y antiguo Imperio
Británico. Casi ningún país anglosajón –excepto Estados Unidos, desde
agosto de 2007 a junio de 2009; y Reino Unido, con altibajos- ha caído
en la recesión en los últimos años. En cambio, la Unión Europea ha
sufrido mucho la crisis y su importancia se desdibujará en los próximos
decenios.
El problema demográfico aquejará enormemente a China, la Unión
Europea y algunos países anglosajones. Con la política de “solo un
hijo”, de Mao, China entrará en barrena en 2060: entonces, un trabajador
mantendrá dos pensionistas. Con razón, los chinos, poco o nada
gastadores, de por sí, ahorran pensando en su vejez. Sin redes sociales
ni familiares que les mantenga en la vejez, los chinos tienen mucho
miedo al futuro. Esta realidad afectará de lleno a la economía china, de
manera negativa.
En los últimos diez años, siendo Hu Jintao su máximo líder, China
tenía que haber conseguido el objetivo de “crecimiento armónico”. No lo
ha conseguido y la economía y la sociedad chinas están llenas de
desequilibrios y contradicciones: mucho ahorro y exiguo consumo; muchas
exportaciones a terceros países (Estados Unidos, Unión Europea), y poco
gasto en el interior. Enorme esfuerzo de los trabajadores que trabajan
muchas horas a cambio de poco salario: aun así, son poco productivos y
China está paulatinamente dejando de ser competitiva. Es el precio de no
saber inventar, sino copiar: Apple volvió en la primera semana de
diciembre de 2012 a fabricar rentablemente en Estados Unidos. La moneda
china se mantiene artificialmente devaluada, para no perder el ritmo de
las exportaciones. Pero es irreal y cortoplacista.
El partido comunista es la vanguardia del proletariado (Lenin, “Para
qué”). Y en China se cumple al dictado: los miembros del partido
–despreciados y odiados, en muchos casos, por el pueblo al que
supuestamente deben proteger, debido a la corrupción rampante- son los
primeros en hacer negocios, vestir bien, conducir coches de gran
cilindrada, tener posesiones que solo disponen los billonarios rusos y
americanos.
El nuevo primer espada de China, Xi Jinping, ha prometido a un pueblo
que no le ha elegido democráticamente que, su principal labor es
conseguir la prosperidad para todos. Arreglar los desequilibrios.
Mantener la senda del crecimiento de los tres decenios previos y hacer
que la riqueza no se quede en el partido, sino llegue a la gran mayoría
de la población. Para conseguirlo, el Ejército de Liberación cumple, y
cumplirá, una labor esencial, que no es la que dice Kaplan (Foreign
Affairs, junio 2010), de enfrentarse con Estados Unidos en algún momento
del futuro inmediato, sino mantener a toda costa el orden social
interno.
China se mirará cada vez a sí misma para recomponer su puzle
económico y social. Estados Unidos tiene una prioridad absoluta, que no
es solucionar los problemas de medio mundo, sino los propios. Obama
aumentará exportaciones, multiplicándolas por dos, y creará cinco
millones de empleos en el camino. Los hispanos serán –más pronto que
tarde- legalizados y dotarán a Norteamérica de la mano de obra que
necesita y del recambio generacional que asegure el futuro.
El modelo chino, por contraste, tiene poco recorrido y fecha de
caducidad: 2060, o el canto del cisne, cuando se produzca su momento de
máximo esplendor.
Leer más:
China 2060: auge y caída http://www.elconfidencialdigital.com/opinion/tribuna_libre/080065/china-2060-auge-y-caida#CIu3EjhLGdjPEXuWConsigue Links a tus Contenidos en
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las previsiones económicas, para el mundo, de la OCDE y del FMI. Las
contrasto con las de los principales bancos mundiales: Goldman, Morgan
Stanley, Santander, La Caixa, BancSadabell.
Llama la atención que, cada vez más y con mayor intensidad, las
predicciones económicas usan mucha econometría. Es lo necesario para
anticiparse y predecir el futuro económico, empresarial y de la vida de
las familias e individuos. Salta a la vista que las estimaciones tienen
vocación de muy largo plazo. Esto es sensato: ya sabemos que la próxima
década (2013-2023), para Occidente y, particularmente, para España van a
ser malos: decrecimientos del PIB, primero, y estancamiento, después.
Aumento del desempleo, hasta niveles insostenibles. Veremos hasta cuándo
quiere el Gobierno mantener la percepción de que España no necesita un
rescate.
OCDE, FMI y los servicios de estudios de los principales bancos del
mundo coindicen –con variaciones-, en que la economía mundial crecerá un
3% hasta 2060. Aunque habrá desequilibrios en el crecimiento, entre
regiones. China e India, aunque están desacelerando su crecimiento,
seguirán creciendo por encima del 5-6%. En cambio, la Unión Europea,
durante muchos años se mantendrá en el 1,5-1,7%. Estados Unidos
continuará la tendencia actual, y subiendo: del 2,2-2,5%, aumentará,
progresivamente, hasta el 3-3,5%. Con esos niveles de crecimiento, que
coincidirán, en una primera fase, con el segundo mandato de Obama, el
desempleo se reducirá en otros cinco millones de puestos, creados
durante los próximos cuatro años. En total, cuando Obama deje la Casa
Blanca, se habrán generado diez millones de empleos privados: seis
millones y medio más, de los que fueron creados en los dos mandatos de
Bush. Esto, cara a las elecciones presidenciales de 2016, favorecerá al
candidato demócrata a la Casa Blanca. Máxime si Hillary Clinton se
presenta a las primarias de su partido.
En China, donde no hay elecciones libres y acaban de realizar su
particular y exclusiva forma de cambio de liderazgo, las predicciones
económicas dibujan un escenario donde es necesario hacer explicaciones,
entrar en matices y adoptar diversos puntos de vista. Resumiendo: en
2060, China será la primera potencia económica de la tierra, seguida por
Estados Unidos. En términos de Producto Interior Bruto (PIB). Pero no
en poder adquisitivo de sus ciudadanos: en este parámetro, China todavía
no alcanzará la paridad ni con Estados Unidos ni con la OCDE, ni con la
Unión Europea.
Para los dirigentes chinos, ser la primera potencia económica de la
tierra será una buena noticia. Doblarán en tamaño a las economías
japonesa, toda la Unión Europea y la OCDE. Incluir a India, con
crecimientos del 5-6% en PIB para los próximos decenios, en la ecuación,
supone ponerla junto a China: ambos países formarán, cada vez más, un
bloque comercial y económico muy fuerte. También crearán de nuevo un
bloque los países anglosajones de la Common Wealth, y antiguo Imperio
Británico. Casi ningún país anglosajón –excepto Estados Unidos, desde
agosto de 2007 a junio de 2009; y Reino Unido, con altibajos- ha caído
en la recesión en los últimos años. En cambio, la Unión Europea ha
sufrido mucho la crisis y su importancia se desdibujará en los próximos
decenios.
El problema demográfico aquejará enormemente a China, la Unión
Europea y algunos países anglosajones. Con la política de “solo un
hijo”, de Mao, China entrará en barrena en 2060: entonces, un trabajador
mantendrá dos pensionistas. Con razón, los chinos, poco o nada
gastadores, de por sí, ahorran pensando en su vejez. Sin redes sociales
ni familiares que les mantenga en la vejez, los chinos tienen mucho
miedo al futuro. Esta realidad afectará de lleno a la economía china, de
manera negativa.
En los últimos diez años, siendo Hu Jintao su máximo líder, China
tenía que haber conseguido el objetivo de “crecimiento armónico”. No lo
ha conseguido y la economía y la sociedad chinas están llenas de
desequilibrios y contradicciones: mucho ahorro y exiguo consumo; muchas
exportaciones a terceros países (Estados Unidos, Unión Europea), y poco
gasto en el interior. Enorme esfuerzo de los trabajadores que trabajan
muchas horas a cambio de poco salario: aun así, son poco productivos y
China está paulatinamente dejando de ser competitiva. Es el precio de no
saber inventar, sino copiar: Apple volvió en la primera semana de
diciembre de 2012 a fabricar rentablemente en Estados Unidos. La moneda
china se mantiene artificialmente devaluada, para no perder el ritmo de
las exportaciones. Pero es irreal y cortoplacista.
El partido comunista es la vanguardia del proletariado (Lenin, “Para
qué”). Y en China se cumple al dictado: los miembros del partido
–despreciados y odiados, en muchos casos, por el pueblo al que
supuestamente deben proteger, debido a la corrupción rampante- son los
primeros en hacer negocios, vestir bien, conducir coches de gran
cilindrada, tener posesiones que solo disponen los billonarios rusos y
americanos.
El nuevo primer espada de China, Xi Jinping, ha prometido a un pueblo
que no le ha elegido democráticamente que, su principal labor es
conseguir la prosperidad para todos. Arreglar los desequilibrios.
Mantener la senda del crecimiento de los tres decenios previos y hacer
que la riqueza no se quede en el partido, sino llegue a la gran mayoría
de la población. Para conseguirlo, el Ejército de Liberación cumple, y
cumplirá, una labor esencial, que no es la que dice Kaplan (Foreign
Affairs, junio 2010), de enfrentarse con Estados Unidos en algún momento
del futuro inmediato, sino mantener a toda costa el orden social
interno.
China se mirará cada vez a sí misma para recomponer su puzle
económico y social. Estados Unidos tiene una prioridad absoluta, que no
es solucionar los problemas de medio mundo, sino los propios. Obama
aumentará exportaciones, multiplicándolas por dos, y creará cinco
millones de empleos en el camino. Los hispanos serán –más pronto que
tarde- legalizados y dotarán a Norteamérica de la mano de obra que
necesita y del recambio generacional que asegure el futuro.
El modelo chino, por contraste, tiene poco recorrido y fecha de
caducidad: 2060, o el canto del cisne, cuando se produzca su momento de
máximo esplendor.
Leer más:
China 2060: auge y caída http://www.elconfidencialdigital.com/opinion/tribuna_libre/080065/china-2060-auge-y-caida#CIu3EjhLGdjPEXuWConsigue Links a tus Contenidos en
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las previsiones económicas, para el mundo, de la OCDE y del FMI. Las
contrasto con las de los principales bancos mundiales: Goldman, Morgan
Stanley, Santander, La Caixa, BancSadabell.
Llama la atención que, cada vez más y con mayor intensidad, las
predicciones económicas usan mucha econometría. Es lo necesario para
anticiparse y predecir el futuro económico, empresarial y de la vida de
las familias e individuos. Salta a la vista que las estimaciones tienen
vocación de muy largo plazo. Esto es sensato: ya sabemos que la próxima
década (2013-2023), para Occidente y, particularmente, para España van a
ser malos: decrecimientos del PIB, primero, y estancamiento, después.
Aumento del desempleo, hasta niveles insostenibles. Veremos hasta cuándo
quiere el Gobierno mantener la percepción de que España no necesita un
rescate.
OCDE, FMI y los servicios de estudios de los principales bancos del
mundo coindicen –con variaciones-, en que la economía mundial crecerá un
3% hasta 2060. Aunque habrá desequilibrios en el crecimiento, entre
regiones. China e India, aunque están desacelerando su crecimiento,
seguirán creciendo por encima del 5-6%. En cambio, la Unión Europea,
durante muchos años se mantendrá en el 1,5-1,7%. Estados Unidos
continuará la tendencia actual, y subiendo: del 2,2-2,5%, aumentará,
progresivamente, hasta el 3-3,5%. Con esos niveles de crecimiento, que
coincidirán, en una primera fase, con el segundo mandato de Obama, el
desempleo se reducirá en otros cinco millones de puestos, creados
durante los próximos cuatro años. En total, cuando Obama deje la Casa
Blanca, se habrán generado diez millones de empleos privados: seis
millones y medio más, de los que fueron creados en los dos mandatos de
Bush. Esto, cara a las elecciones presidenciales de 2016, favorecerá al
candidato demócrata a la Casa Blanca. Máxime si Hillary Clinton se
presenta a las primarias de su partido.
En China, donde no hay elecciones libres y acaban de realizar su
particular y exclusiva forma de cambio de liderazgo, las predicciones
económicas dibujan un escenario donde es necesario hacer explicaciones,
entrar en matices y adoptar diversos puntos de vista. Resumiendo: en
2060, China será la primera potencia económica de la tierra, seguida por
Estados Unidos. En términos de Producto Interior Bruto (PIB). Pero no
en poder adquisitivo de sus ciudadanos: en este parámetro, China todavía
no alcanzará la paridad ni con Estados Unidos ni con la OCDE, ni con la
Unión Europea.
Para los dirigentes chinos, ser la primera potencia económica de la
tierra será una buena noticia. Doblarán en tamaño a las economías
japonesa, toda la Unión Europea y la OCDE. Incluir a India, con
crecimientos del 5-6% en PIB para los próximos decenios, en la ecuación,
supone ponerla junto a China: ambos países formarán, cada vez más, un
bloque comercial y económico muy fuerte. También crearán de nuevo un
bloque los países anglosajones de la Common Wealth, y antiguo Imperio
Británico. Casi ningún país anglosajón –excepto Estados Unidos, desde
agosto de 2007 a junio de 2009; y Reino Unido, con altibajos- ha caído
en la recesión en los últimos años. En cambio, la Unión Europea ha
sufrido mucho la crisis y su importancia se desdibujará en los próximos
decenios.
El problema demográfico aquejará enormemente a China, la Unión
Europea y algunos países anglosajones. Con la política de “solo un
hijo”, de Mao, China entrará en barrena en 2060: entonces, un trabajador
mantendrá dos pensionistas. Con razón, los chinos, poco o nada
gastadores, de por sí, ahorran pensando en su vejez. Sin redes sociales
ni familiares que les mantenga en la vejez, los chinos tienen mucho
miedo al futuro. Esta realidad afectará de lleno a la economía china, de
manera negativa.
En los últimos diez años, siendo Hu Jintao su máximo líder, China
tenía que haber conseguido el objetivo de “crecimiento armónico”. No lo
ha conseguido y la economía y la sociedad chinas están llenas de
desequilibrios y contradicciones: mucho ahorro y exiguo consumo; muchas
exportaciones a terceros países (Estados Unidos, Unión Europea), y poco
gasto en el interior. Enorme esfuerzo de los trabajadores que trabajan
muchas horas a cambio de poco salario: aun así, son poco productivos y
China está paulatinamente dejando de ser competitiva. Es el precio de no
saber inventar, sino copiar: Apple volvió en la primera semana de
diciembre de 2012 a fabricar rentablemente en Estados Unidos. La moneda
china se mantiene artificialmente devaluada, para no perder el ritmo de
las exportaciones. Pero es irreal y cortoplacista.
El partido comunista es la vanguardia del proletariado (Lenin, “Para
qué”). Y en China se cumple al dictado: los miembros del partido
–despreciados y odiados, en muchos casos, por el pueblo al que
supuestamente deben proteger, debido a la corrupción rampante- son los
primeros en hacer negocios, vestir bien, conducir coches de gran
cilindrada, tener posesiones que solo disponen los billonarios rusos y
americanos.
El nuevo primer espada de China, Xi Jinping, ha prometido a un pueblo
que no le ha elegido democráticamente que, su principal labor es
conseguir la prosperidad para todos. Arreglar los desequilibrios.
Mantener la senda del crecimiento de los tres decenios previos y hacer
que la riqueza no se quede en el partido, sino llegue a la gran mayoría
de la población. Para conseguirlo, el Ejército de Liberación cumple, y
cumplirá, una labor esencial, que no es la que dice Kaplan (Foreign
Affairs, junio 2010), de enfrentarse con Estados Unidos en algún momento
del futuro inmediato, sino mantener a toda costa el orden social
interno.
China se mirará cada vez a sí misma para recomponer su puzle
económico y social. Estados Unidos tiene una prioridad absoluta, que no
es solucionar los problemas de medio mundo, sino los propios. Obama
aumentará exportaciones, multiplicándolas por dos, y creará cinco
millones de empleos en el camino. Los hispanos serán –más pronto que
tarde- legalizados y dotarán a Norteamérica de la mano de obra que
necesita y del recambio generacional que asegure el futuro.
El modelo chino, por contraste, tiene poco recorrido y fecha de
caducidad: 2060, o el canto del cisne, cuando se produzca su momento de
máximo esplendor.
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China 2060: auge y caída http://www.elconfidencialdigital.com/opinion/tribuna_libre/080065/china-2060-auge-y-caida#CIu3EjhLGdjPEXuWConsigue Links a tus Contenidos en
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