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martes, 17 de septiembre de 2013

Lo mejor está por llegar

Obama ha entrado en la historia. La sociología del siglo XX dice que las comunidades se transforman según ciclos de 8-10 años. Con su reelección, Obama tiene cuatro años más para cumplir su promesa (20 de enero de 2009: tomó posesión como presidente), para transformar Norteamérica. Con sus propias palabras, dichas con la alegría del que ya se sabe vencedor de una dura, cara y disputada campaña electoral, "lo mejor está por venir". Lo cual no quiere decir que su segundo mandato vaya a ser un camino de rosas: los retos y problemas de ayer siguen necesitando ser acometidos y solucionados. Y con urgencia, dada la envergadura de las cuitas estadounidenses. Romney, reconociendo la victoria de su oponente, dijo -entre aplausos y abucheos- que vienen tiempos duros en que los conservadores y los demócratas habrán de negociar para sacar adelante el país. Y, hasta en cuatro ocasiones, afirmó que rezaría por Obama y pidió oraciones para el presidente. Obama, por teléfono, y también públicamente, agradeció a Romney su magnanimidad.

No es menester explicar cómo y por qué Obama ganó las elecciones. Este diario, en las mismas páginas de su sección de Opinión, anticipó el resultado electoral, hace tres días: estimación de voto, delegados, estados bisagra, intención de voto de los diversos colectivos y segmentos de población según variables sociodemográficas, participación y otros datos que, hoy, publicarán el resto de medios de comunicación. La capacidad de predicción de este periódico permite que nos centremos en lo esencial: lo que aun está por venir.

La Constitución norteamericana establece un equilibrio entre poderes por el que, aun siendo Estados Unidos una nación presidencialista, la Cámara de Representantes y el Senado, y el Poder Judicial, impiden que el presidente pueda hacer enteramente lo que quiera. La negociación es consustancial a la organización del Estado y su estructura de poder. Obama deberá negociar con la Cámara de Representantes, en manos republicanas, y con el Senado, donde los demócratas retienen una mayoría simple. La cuestión más urgente, que requiere de negociación y acuerdo, es evitar que Estados Unidos caiga por el precipicio fiscal, el 1 de enero de 2013: hay que impedir que se pongan en marcha los aumentos de impuestos y reducción del gasto, acordados por la Comisión Simpson-Bowles, que, en colaboración con la Cámara de Representantes y Senado, Obama nombró tras la debacle de los demócratas en las elecciones de mitad de mandato de noviembre de 2010. Es inconcebible que alguien en Estados Unidos desee un mal cierto para la economía, si no hay acuerdo antes de que finalice 2012: Estados Unidos decrecería en la próxima década un 5% anualizado en PIB; se volvería a la recesión.

Esta será la primera labor de Obama, con la colaboración de los dos partidos, a quienes ya ha tendido la mano. El presidente quiere una reducción "equilibrada" del déficit público (hoy supone un 7,9% del PIB, y la deuda es el 103% de la riqueza del país), jugando con subidas y bajadas de impuestos (las primeras, para los más pudientes; las segundas, para el 98% de los contribuyentes). Se examinarán los recortes del gasto público en todas sus partidas, tanto programas sociales como defensa. Aunque Obama, en la noche electoral, dejó claro que quiere que Estados Unidos tenga unas Fuerzas Armadas más sofisticadas y poderosas. Este es un mensaje que no habrá pasado desapercibido a Irán -empeñado en desarrollar armas nucleares propias-, Corea del Norte, Siria y sus aliados de Hezbolá en Líbano, y Hamás, en Palestina.
Tampoco a China, a punto de cambiar su liderazgo. China tiene el Ejército más grande de la tierra -aunue no el más poderoso, que sigue siendo el estadounidense-, para mantener la paz social. El crecimiento armónico enunciado por su antecesor (Hu Jintao), será el gran reto del nuevo presidente chino, Xi Jinping: China es la segunda potencia en PIB, 400 millones de personas son de clase media..., pero, en renta per cápita, China es una país pobre, y 1.100 millones de chinos viven en la penuria. China tendrá que fomentar el consumo interno para dinamizar la economía, y depender menos de las exportaciones: esto, cuando Obama quiere doblar sus exportaciones made in America, en su segundo mandato, y crear dos millones de empleos. Rusia y Estados Unidos deberán profundizar en el acuerdo Start, de reducción de armas nucleares, al tiempo que Obama empleará a fondo sus dotes negociadoras para disipar las dudas de Putin respecto al Escudo Antimisiles, que Rusia cree que Norteamérica dirige contra ella.

El segundo mandato -como para Clinton y para Bush- deberá ser el del intento de Obama por conseguir la paz en Oriente Próximo, cumpliendo Israel con las resoluciones de la ONU, y garantizando los palestinos y los árabes, la seguridad del Estado judío.

La economía debe seguir la senda del crecimiento y acelerar el paso. Esto sucederá en 2014, cuando Norteamérica crecerá al 3%, durante varios años, y se crearán otros 5,5-6 millones de empleos, con bajos tipos de interés, la inflación controlada y la Reserva Federal inyectando liquidez para resucitar el crédito a familias y empresas. Será tiempo de impulsar de nuevo la manufactura en Estados Unidos.

El cambio climático, que exigirá un nuevo modelo energético, menos contaminante; las nuevas tecnologías, y los retos de la globalización que plantean a Norteamérica los países BRIC requerirán un tipo nuevo de trabajador, que aporte mayor valor añadido, sea más productivo y genere más competitividad. Para ello, la reforma educativa que promoverá Obama será vital y demandará la colaboración de los sectores público y privado: está en juego que Estados Unidos continúe siendo la primera potencia económica. Las reformas sanitaria y financiera están para quedarse: Obama controla el Senado; y tiene poder de veto. Queda pendiente la reforma de la inmigración: el 70% de los hispanos han votado a Obama con esa esperanza. Doce millones de latinos ilegales, -trabajan y pagan impuestos- habrán de tener estatus legal. Para ellos, como para el resto de norteamericanos y, hasta que Hillary Clinton sea candidata en 2016, lo mejor está, aún, por llegar.

Publicado previamente el 7 de noviembre de 2012 en Cinco Días

martes, 25 de septiembre de 2012

Sprint final hacia la Casa Blanca

Si hoy hubiera elecciones presidenciales en Estados Unidos, Barack Obama ganaría a Mitt Romney por tres puntos: 48,5% versus 45,5%, en voto popular. Esa diferencia porcentual está dentro del margen de error de cualquier buena encuesta preelectoral: sería un empate técnico. Hay precedentes: en 1960, Nixon versus Kennedy, y en 2000, Kerry y Bush. Pero el sistema electoral estadounidense es indirecto y, en cada Estado, se eligen delegados que forman el colegio electoral: ellos eligen al presidente.

Nuestras estimaciones, basadas en un tracking diario nacional, y otro en cada uno de los Estados, conforme la información provista por media docena de encuestas diarias, nos dan un par de intervalos: en el primero, Obama consigue 237 delegados y Romney, 191; en el segundo, el presidente gana 332, y Romney, 206. La diferencia entre ambas mediciones se explica porque, en un caso se tienen en cuenta solo los Estados en los que sabemos, con certeza, la intención de voto (primer intervalo) y, en el segundo, están incluidos los 12 Estados en que hay un 10% de independientes (media aritmética), cuyo voto es difícil predecir. A finales de septiembre es más fiable el primer intervalo que el segundo. Nunca la sociedad americana había estado tan polarizada y enfrentada.

Obama, además de ganar por votos y delegados, también cae bien a una gran mayoría de americanos. En Europa, este factor es menos relevante en unas elecciones, pero en Estados Unidos es muy importante: tanto que, sin este parámetro, no se entienden las victorias de Ronald Reagan o Bill Clinton, los dos presidentes, junto a JFK (Jack Kennedy), más populares, simpáticos, atractivos y carismáticos según los potenciales votantes. En el caso de Clinton, este dato alcanza hoy el 66%, porque incluye un 25% de republicanos, que recuerdan con nostalgia la era Clinton de bonanza económica: mercados de valores al alza; empresas tecnológicas disparadas; globalización; desregulación financiera; Estados Unidos como única superpotencia del mundo, sin la URSS; crecimientos del PIB del 3,5%, durante ocho años, y 23,1 millones nuevos empleos.

Obama cae bien al 50,4% y cae mal al 43,4%. Romney, cae bien y mal, por igual, al 43,8% de votantes registrados. Nuestras encuestas se han realizado un día antes de que se hiciera público el vídeo en que Romney dijo que el 47% de los votantes de Obama "no le importan y que no les convencerá jamás: creen que tienen derecho a trabajo, comida y ropa gratis, proveída por el Estado. No creen en la responsabilidad personal"; y "si mi padre tuviera apellidos mexicanos, mis posibilidades de ser elegido se doblarían". Veremos en breve cómo estas declaraciones influyen en los votantes de clase media y las minorías: afroamericanos, asiáticos y, por supuesto, hispanos, todos proclives a votar a Obama.

Durante julio y agosto, la campaña estuvo protagonizada por la carrera de los candidatos para conseguir dinero, la publicidad positiva y negativa de ambas partes, las convenciones, y por el debate en torno a los temas que hoy preocupan a la sociedad americana. Casi todos estos asuntos eran nacionales (domésticos, dicen en EE UU) y tan solo ha entrado en liza la política internacional (donde Obama, en todas las encuestas diarias desde que tomó posesión, ha obtenido calificaciones positivas superiores al 50%), cuando el mundo musulmán se ha enfadado, atacando intereses norteamericanos y occidentales (alemanes y británicos, entre otros), tras la emisión de un vídeo que denigra al profeta Mahoma.

Por lo demás, el verano político se centró en varios asuntos, tanto entre la opinión pública como entre la opinión publicada. Lo sé, no solo porque hago seis encuestas diarias en Estados Unidos y leo muchas publicaciones americanas, sino porque pasé el mes de agosto recorriendo los 12 Estados en que se decidirá el resultado final de la elección: pocas veces la preocupación de las personas normales, de la calle, coincide con lo que dicen los medios de comunicación, manifiestan las encuestas y, ya el colmo, es idéntico al discurso de los políticos. Me pareció un fenómeno digno de estudio y que diferencia esta campaña presidencial de todas las demás: solo es equiparable a la que, en 1980, enfrentó a Carter y a Reagan, y en 1960 a Kennedy con Nixon, por conquistar el alma de Estados Unidos.

¿Qué preocupa hoy a los electores? La supremacía mundial de América; el tamaño del Estado; la mayor o menor intervención del Gobierno en la economía; el desempleo (ahora, en el 8,1%, a pesar de la creación de 4,5 millones de empleos netos entre junio de 2009 y agosto de 2012, que se explica por el aumento de la tasa de actividad y el de la población activa que busca trabajo); inmigración (América tiene 50 millones de ciudadanos hispanos y 15 millones de ilegales o aliens latinos); las reformas sanitaria (Obamacare) y financiera; el recorte del gasto público y en qué partidas (¿defensa o programas sociales?); impuestos; el equilibrio presupuestario (sobre lo que Paul Ryan, candidato a vicepresidente con Romney, tiene un plan muy austero y draconiano) para volver a crecer en PIB por encima del 3%, con el que Estados Unidos conseguiría el pleno empleo; en el exterior, lo de siempre: Irán, Corea del Norte, la esquizofrénica relación de amor y odio con China (la financiación china mantiene el exiguo consumo americano), y los precios de la vivienda y de la gasolina, muy relevantes en Estados Unidos. Por supuesto, las relaciones con Israel, empañadas con los demócratas por el deseo judío de atacar a Irán antes de que obtenga la bomba atómica, lo que provocaría consecuencias imprevisibles en Oriente Medio y torpedearía el proceso de paz palestino-israelí, hoy estancado.

Las elecciones las decidirán 12 Estados y diversos segmentos sociodemográficos de votantes: jóvenes, mujeres, desempleados, latinos (los hispanos legales suponen el 17,9% de la población, según el censo de julio de 2012), veteranos, clase trabajadora y los milmillonarios que aportan fondos a cada candidato. Versus 2008, los 15 millones de seguidores de Barack Obama en Twitter, y el millón de Mitt Romney, tienen poco que decir en las elecciones de 2012. Dinero manda.

Publicado previamente en Cinco Días el 24 de septiembre de 2012

sábado, 12 de mayo de 2012

Elecciones en USA: lo que motiva a los electores


Si hoy se celebraran las elecciones presidenciales estadounidenses, Obama (46,7%) ganaría a Romney (45,4%) por 1,3%. Estadísticamente hablando, es un empate técnico. No es el recuento total del voto popular lo que decide las elecciones, porque el sistema americano es indirecto, sino el número de delegados que, en el llamado Colegio Electoral, apoyan a uno u otro candidato: para ser presidente, son necesarios, al menos, 270.

Nuestra proyección actual para Obama es de 253 y de 170 para Romney; 115 están en el aire, en estados del Centro y el Sur. En estados que inclinan la balanza de las elecciones (Florida, Ohio, Virginia), Obama también gana a Romney por estrecho margen.

Es relevante saber qué preocupa a los electores de ambos partidos, hoy. Nuestras encuestas destacan las siguientes prioridades de los electores, sin mencionar las que están por debajo del 50%: la economía (71%), el precio de la gasolina (65%), el gasto federal y el déficit público (60%), el acceso a -y el poder permitirse- un seguro médico (60%), y el desempleo (55%). Es más fácil entender que Obama vaya en cabeza, sabiendo que el 50% de los americanos confían más en el presidente, que en Romney (42%), a la hora de gestionar la economía. Cierto: ese índice, cuando Obama tomó posesión, en enero de 2009, era del 71%; ha perdido 21 puntos. El índice de aprobación global de la gestión del presidente arroja hoy un saldo neto negativo del -0,6%, por vez primera desde agosto de 2011. Todo tiene que ver con la economía.

Desde que Estados Unidos abandonó la recesión, en junio de 2009, los 11 siguientes trimestres han sido de un crecimiento medio del PIB del 2,5%. Las comparaciones son odiosas, pero tras la recesión de los años ochenta, el aumento medio del PIB, con Ronald Reagan, en los 11 trimestres posteriores a la salida de la crisis, fue del 6,1%. Es verdad que, entonces, el mundo era distinto: el G-8 dominaba el planeta, había dos Superpotencias (Guerra Fría) y no existían, ni el G-20, ni los Países Emergentes. China solo cambió su política económica radicalmente, a favor del capitalismo de Estado, en 1983. Con Clinton, el crecimiento medio (1993-2001) fue del 3,5%, y se crearon 21 millones de empleos: media neta mensual de 200.000 puestos de trabajo.

Entre septiembre y diciembre de 2011, América creó 200.000 empleos netos mensuales. En el primer trimestre de 2012, la media neta mensual fue de 150.000 nuevos empleos (los números de marzo han sido ya revisados al alza), con crecimientos del PIB del 3% (último trimestre de 2011) y 2,2% en 2012. 

La economía es la primera preocupación de los electores. Obama mantiene su base electoral intacta: aumenta el apoyo femenino y baja un poco el hispano, porque aun no hay –la prometida- ley de Inmigración. El problema lo tiene Romney: ha de convencer a 4 colectivos para que le voten: americanos del MidWest (donde Santorum arrasaba), los republicanos más conservadores, los muy religiosos y los jóvenes. Si lo consigue, quizá gane las elecciones.

Publicado previamente en La Gaceta el 11/05/2012

martes, 24 de abril de 2012

Obama versus Romney

La economía estadounidense crecerá este año un 2,7%, según el panel de economistas que, mensualmente, entrevista The Wall Street Journal. La tasa de paro acabará el ejercicio en el 7,9%: ahora está en el 8,2%, tras siete meses de creación de empleo. Esos economistas prevén una tendencia positiva en la economía norteamericana en los años 2013 y 2014: el producto interior bruto (PIB) rondará el 3% y el paro, el 7%. Es un escenario criticado desde lo que en Europa denominamos izquierda y derecha: a la izquierda le parece que la política económica de Barack Obama es tibia en lo social y que debería haber más paquetes de estímulo: económico, fiscal y monetario. Desde la llamada derecha se sigue acusando a Obama de socialista o comunista.

La sociedad americana vive fundamentada en un pilar inamovible que sigue atrayendo a millones de inmigrantes de todo el mundo: el sueño americano. Este concepto cree firmemente en la igualdad de oportunidades para todos, pero se opone al igualitarismo que predican las izquierdas. El sueño americano va a ser el foco principal de atención de la campaña electoral presidencial que acaba de arrancar. Eso sí, sin crecimiento económico y generación de empleo, no hay sueño que valga. Ya hemos dicho al principio que los datos macroeconómicos son positivos, tanto hoy como cara al futuro. Ya los querríamos para Europa y para España.

Si el panel de economistas hubiera sido entrevistado por medios liberales (New York Times, Newsweek, Time, Washington Post), la denominada derecha pondría el grito en el cielo, acusando al medio de falta de objetividad. Por eso, me alegro de que sea un diario capitalista quien haga la encuesta y que medios europeos capitalistas (Financial Times, The Economist) digan lo mismo. Recordemos que todos los medios citados apoyaron a Obama en las elecciones de noviembre de 2008.

Hoy las cosas son, evidentemente, distintas. Lo raro sería que no hubiera habido cambios en cuatro años. Obama será juzgado tanto por lo que ha hecho como presidente como por su promesa de futuro. La reforma sanitaria -hoy sujeta a lo que digan los tribunales-, la reforma financiera, las operaciones de salvamento de sectores enteros de actividad (seguros, automóvil, Wall Street, infraestructuras) y la creación de 4 millones de puestos de trabajo. Un total de 33 millones de personas que no tenían cobertura sanitaria, ahora la tienen. Obama quiere que el 1% de los contribuyentes pague más impuestos, conforme a la norma Buffett, que pide que los millonarios paguen más, para financiar la Seguridad Social, Medicaid y Medicare, y potenciar el crecimiento económico.

En política exterior, Obama ha apretado económicamente las tuercas a Irán y a Corea del Norte, sin llegar a las manos, como quieren los republicanos. Ha finalizado la guerra de Irak y a la de Afganistán le quedan dos telediarios. A Obama no le tembló la mano al ordenar la muerte de Bin Laden. Ha extendido un orden geopolítico multipolar con una relación privilegiada con los países BRIC, especialmente con China: amigo y enemigo, al mismo tiempo.

En este contexto, el índice de aprobación de la gestión de Obama es ajustado: 47,3% le aprueban y 47,7% le rechazan. El Congreso, republicano, sale peor parado: 79,3% desaprueba su gestión y 13% le aprueba. El 61% cree que el país va en la dirección equivocada y el 33,5% está satisfecho. Así las cosas, y cuando el bando republicano ya tiene, extraoficialmente, un candidato presidencial, Romney, ¿qué pasaría si hubiera elecciones hoy? Obama ganaría, en voto popular, con el 46,6% de los votos, versus Romney, con el 44,2%. La diferencia (+2,4%) no es estadísticamente representativa: sería un empate técnico y cualquiera de los dos podría ganar, si la elección fuera directa. Pero en Estados Unidos la elección es indirecta y el resultado final no lo dicta el voto popular (que se lo recuerden a Al Gore, versus George Bush, en noviembre del año 2000), sino el llamado colegio electoral, donde, hoy, Obama conseguiría 227 delegados y Romney, 170. Un total de 141 delegados quedarían en el aire, porque el voto de los independientes será decisivo, en estas elecciones, que se dirimirán en el centro.

Obama tiene a favor una base electoral demócrata sólida. Ha recaudado más dinero que Romney y tiene una organización nacional en todos los estados, además de la mejor maquinaria electoral en internet jamás conocida. Obama apuesta por las redes sociales y Romney por la televisión/radio. En marzo, Obama recaudó 75 millones de dólares: 12 fueron a publicidad online y 3 millones a radio/televisión; Romney consiguió 67 millones y destinó 14 a publicidad en radio/TV y 1 millón a internet.

Más llamativo aun es que Obama invirtió 15 millones en contratar personal para su campaña y Romney, solo 5 millones. Los dos candidatos siguen lógicas distintas y sus campañas van a ser dirigidas y ejecutadas de manera muy diferente. Para los expertos en consultoría electoral va a ser una delicia estudiar una campaña tan inédita.

Un apunte final. Romney es candidato extraoficial porque Santorum se retiró: Romney obtuvo 656 delegados y Santorum, 272. Sin embargo, la diferencia en número de votos entre ambos es pequeña. Esto es un problema para Romney que tiene que enamorar, dentro de su electorado, a los más conservadores (fiscales y sociales) y a los evangélicos. Son muchos millones de votantes que no se fían de que sus credenciales conservadoras sean auténticas. Fuera de su terreno natural, Romney lo tiene peor: entre población general, hoy, se le oponen el 51% de los votantes registrados, el 57% de las mujeres y el 48% de los independientes. Hay estados que deciden las elecciones (Ohio, Virginia y Florida): hoy, en todos ellos, ganaría Obama en las elecciones presidenciales. El 24 de abril sigue habiendo primarias republicanas (Nueva York, Pensilvania, Delaware, Connecticut y Rhode Island). Ganará Romney, frente a Gingrich y Paul. Pero ya hemos visto que estas primarias internas son el menor de los problemas para Romney. Y pensar que algunos daban por muerto, electoralmente, a Obama…

Publicado previamente en Cinco Días el 19 de abril de 2012

Wisconsin, Maryland, Columbia: la carrera final

Abril es vital para Mitt Romney y Rick Santorum. Son muchas elecciones concentradas en un mes, con primarias en las que el ganador consigue todos los delegados. Un esquema diseñado para que quien va en cabeza obtenga un impulso final: los 300 delegados en juego en abril no otorgarán a ninguno de los dos los 1.441 delegados necesarios para ser oficialmente nominado candidato presidencial. Pero, si las previsiones se cumplen, Romney se distanciará de Santorum. Este es el motivo de que, Romney, en una semana, haya recibido el apoyo de Jeff Bush (exgobernador de Florida), Paul Ryan (presidente del Comité Presupuestario del Congreso) y de George Bush padre, expresidente. Scott Fitzgerald, senador y líder de la mayoría republicana en el Senado de Wisconsin, se ha puesto del lado de Romney. El gran financiador de Gingrich, Sheldon Adelson, le ha dado por difunto y ha sugerido que podría "pasarse al bando mormón".

Los datos avalan a Romney: Gallup le daría por ganador, hoy, entre los cuatro candidatos: Romney (42%), Santorum (27%), Gingrich (11%) y Paul (10%). Romney ha cosechado 566 delegados (4.127.924 votos) frente a Santorum (263 delegados y 2.850.557 votos). Romney gana a Santorum por 15 puntos, le dobla en número de delegados y en votos. Y eso que el voto republicano está muy desanimado: solo un 40% tiene interés por estas primarias. Un 60% dice en las encuestas que la desunión es fratricida y que será la causa del fracaso conservador en noviembre. Al menos, ahora, no les falta razón: Obama, cuyo índice de aprobación (47,8) solo supera por un punto al de desaprobación (46,7), seguiría ganando a Romney (49 versus 45) y a Santorum (51 versus 43).

La última genialidad de los estrategas republicanos es repetir la experiencia de 2008: que el tándem electoral lo formen un moderado pragmático (Romney), acompañado por un conservador con sólidos principios (Santorum). Algo parecido a la feliz pareja que formaron McCain y Sarah Palin: un desastre. Esto podría decidirse en la convención de Tampa, Florida.

Hoy, los republicanos tienen que dirimir quién se lleva los delegados de Wisconsin (42), Maryland (37) y el distrito de Columbia (19). En todos los casos, las encuestas preelectorales bien hechas (muestra bien elaborada, fiel reflejo del censo del Estado y lo más amplia posible; metodología adecuada; índice de confianza nunca menor al 95,5% y margen de error del +/-2,3%: los americanos tienen la suerte de ser ricos y pueden permitirse invertir dinero en encuestas que aciertan) dan por victorioso a Romney: obtendría todos los delegados, consiguiendo un empujón monumental cara a la siguiente cita electoral, el 24 de abril, en Nueva York, Pensilvania, Connecticut, Rhode Island y Delaware.

En el distrito de Columbia, Romney tiene todas las de ganar: el perfil sociodemográfico del votante le es favorable; además, los únicos otros candidatos que se han cualificado para competir son Gingrich -que allí tiene muy mala imagen- y Ron Paul -a quien tienen, todavía, menos simpatía-. En Wisconsin y en Maryland es interesante destacar que Romney ha hecho encuestas que le dicen que el 31% de sus potenciales votantes no ven sus anuncios en televisión en el momento de ser emitidos, sino a posteriori, en internet. Así que ha decidido seguir invirtiendo ingentes cantidades de dinero en publicidad, pero dividiéndolas al 50%, entre televisión e internet.

En Maryland votarán a Romney, no por sus principios conservadores, sino porque su principal preocupación es la economía, el gasto público, la deuda y el desempleo: son conservadores fiscales (Tea Party), hombres de negocios, veteranos de guerra, que están convencidos de que Romney es el único capaz de vencer a Obama. Romney ganaría a Santorum, en el peor de los casos, por 17 puntos y, en el mejor, por 25. La última encuesta, hoy, arroja estos resultados: Romney (52%), Santorum (27%). No creo que la diferencia final sean tan abultada: es muy probable que, aunque gane Romney, las zonas urbanas se inclinen por él y las rurales por Santorum. Aunque este matiz es irrelevante, porque el ganador se lleva todos los delegados.

En Wisconsin, la joya de la corona con el mayor número de delegados (42), las encuestas no difieren tanto y son más uniformes en sus resultados: Romney (40,3%), Santorum (32,8%). Para ganar en este estado, el candidato tiene que meterse en el bolsillo tres mercados electorales: Milwaukee (43%), Green Bay (21%) y Madison (13%). Romney ya los tiene.

Publicado previamente en Cinco Días el 3 de abril de 2012

martes, 6 de marzo de 2012

El 'supermartes' se decide en Toledo

Es un placer referirse a cuestiones norteamericanas en español, sin utilizar anglicismos. La capital de Ohio, el estado más relevante para los republicanos que celebran hoy elecciones en 10 estados, es Colon (o Columbus, de Cristóbal Colón). La ciudad más importante del estado es Toledo, así llamada cuando, entre 1537 y 1539, estando el emperador Carlos V fuera de España, su mujer, la emperatriz Isabel, vivía en Toledo.

Los candidatos hacen campaña e invierten publicidad en Toledo, donde está la manufactura del estado, como lo estaba en Detroit (Míchigan) porque jamás un candidato republicano ha llegado a ser presidente sin ganar Ohio: tiene un valor simbólico y, además, tras Georgia, es el estado que hoy otorga más delegados. Los republicanos que votan hoy otorgarán 437 delegados que irán a la convención del partido en septiembre. El candidato que obtenga 1.141 delegados será el candidato. Sin embargo, en 2012, el partido ha complicado mucho las normas por las cuales se distribuyen los delegados: estos se reparten proporcionalmente al porcentaje de votos que obtenga cada candidato en cada estado. Hasta las primarias de 2008, quien ganaba en un estado por número de votos se llevaba a casa todos los delegados. Ahora no.

Este sistema está provocando una brutal lucha entre los candidatos y las facciones que les apoyan, hasta el punto de que todos llegan al supermartes de hoy habiéndose dejado la piel en el camino, tras haber gastado ingentes cantidades de dinero: Romney ha invertido 55 millones de dólares, de los 63 recaudados (un 87%); Santorum ha gastado 5,2 (79%) de los 6,6 que tenía: y son los dos candidatos con más posibilidades de obtener la candidatura republicana.

Mientras tanto, Obama, cuyo índice de aprobación (48%) supera al de desaprobación (46%), gracias a la mejora de la economía, ha invertido en la campaña 43 de los 136 millones recaudados (46%). Quien más tiene, más gasta: Romney, millonario, ha invertido 10 millones en publicidad en Ohio: 5 en anuncios que denigran a Santorum. Porque, como sucedió en Míchigan, donde Romney ganó a Santorum por un 3%, también ahora, en Ohio, Romney y Santorum están muy igualados.

Hoy, Romney tiene 203 delegados, Santorum, 92, Gingrich, 33 y Paul, 25. Romney desembarca en el supermartes, tras cinco victorias consecutivas: Míchigan, Arizona, Maine, Wyoming y las elecciones del sábado pasado en Washington (43 delegados). Además, ha recibido el apoyo de Eric Cantor, líder de la mayoría republicana en la Cámara de Representantes, "porque es el candidato más cualificado para arreglar la economía". Romney está harto de tener que debatir con Santorum de cuestiones morales: él quiere hablar de economía. Sin embargo, aquí ha encontrado también la horma de su zapato: aunque en las fábricas de Toledo (Ohio) Romney habla enérgicamente de que hay que competir con China, fortaleciendo la manufactura americana, en los estados del centro y del sur, donde hoy hay elecciones, Romney es percibido como "un rico elitista del este, a quien le gusta comprar empresas y hacerse rico vendiéndolas, dejando miles de trabajadores en la calle". Hasta la portada de Bloomberg-Business Week, fechada este 4 de marzo, se hacía eco de que "la tendencia de Romney a despedir gente es contradictoria con su posicionamiento de creador de puestos de trabajo: es como la kriptonita para Superman".

¿Qué pasará hoy? Primero, no habrá un vencedor definitivo, sino que cada candidato se llevará tantos delegados como porcentaje de votos obtenga. La consecuencia lógica es que, puesto que los cuatro contendientes han dicho que seguirán hasta el final, las primarias se alargarán durante semanas o, incluso, meses. Mientras, tras estudiar durante cinco días todos los distritos electorales de los 10 estados, cada uno de ellos con sus propias normas de proporcionalidad para asignar candidatos, he concluido que, por variables sociodemográficas, el escenario más probable sería el siguiente: victorias de Romney en Massachusetts (41 delegados), con un intervalo mínimo de 44 y máximo de 48; Virginia (49 delegados), intervalo de 30-49; Vermont (17 delegados), intervalo de 17-9; Idaho, donde el 27% de la población es mormona; en Ohio, la joya de la corona, fiel espejo del país, cual microcosmos sociodemográfico, que representa la diversidad de América, intuyo un (casi) empate técnico entre Romney y Santorum, como en Míchigan (donde di por ganador a Romney por un 3% de diferencia, y así fue): Romney 34%, Santorum 31%.

Victorias pírricas de Santorum (a quien sus inconsistencias entre las ideas conservadoras que defiende y su comportamiento incoherente en el Senado, durante 16 años, le está pasando factura) en Tennessee (58 delegados), Santorum 34%, Romney 30%, y Oklahoma (43 delegados), con un intervalo de 16-21. Gingrich despierta pasiones encontradas, divisorias y polarizadoras en su estado natal, Georgia (76 delegados): ganaría, con el apoyo del gobernador, Nathan Deal, y del excandidato georgiano, protagonista de escándalos sexuales, Herman Cain, con el 38-39%, frente a Romney y a Santorum (ambos con un intervalo de 22-24%). En Alaska (27 delegados), el resultado del caucus es incierto: Romney ha recibido el apoyo de destacados miembros del aparato del partido, pero las bases conservadoras se sienten ofendidas por él, porque no se ha dignado a visitar el estado; tampoco Gingrich, que ha conseguido el apoyo de la ya casi olvidada Sarah Palin, y, sorprendentemente, el único candidato que ha visitado Alaska ha sido Ron Paul, que ha despertado furor entre las masas. Dakota del Norte (28 delegados) es un calco de Alaska, en cuyo caucus solo Ron Paul ha hecho el esfuerzo de visitar el estado, dándole la importancia debida a los votantes.

El día 10 hay caucus en Kansas, Islas Vírgenes y Guam. El 13 en Alabama, Hawai y Misisipi. Ojalá fuera tan sencillo anticipar resultados electorales, en las primarias republicanas, como en las elecciones presidenciales rusas (ganó Putin, ¿verdad?). Pero si se cumple la tradición, quien gane en Toledo (Ohio) conseguirá la nominación presidencial republicana.

Publicado previamente en Cinco Días el 6 de Marzo de 2012

lunes, 27 de febrero de 2012

La religión, foco de las elecciones americanas

Durante las elecciones presidenciales de 1960, que enfrentaron a Kennedy y a Nixon, la condición de católico del candidato demócrata fue el principal foco de atención. Hasta tal punto que, Kennedy, exasperado, se desahogó con su amigo Ted Sorensen: “¡Pero qué tendrá que ver el catolicismo con ser presidente”! Durante un siglo, los protestantes miraron con recelo a los católicos americanos. Kennedy, tras prometer mantener la separación entre Iglesia y Estado, asegurar que no se sometería al Papa, en cuestiones políticas, y que el principio constitucional de la Libertad Religiosa se mantendría incólume, gano las elecciones.

En América, según Gallup, el 78% de los norteamericanos son cristianos y aquellos que viven su religión con más fervor, son más felices, tienen más calidad de vida, y un propósito para “luchar”. Debido a la crisis, el paro, la economía, el tamaño del Estado, el déficit, los impuestos y los beneficios sociales, han sido los ejes de atención de los candidatos. De repente, la religión también surge, para demócratas y republicanos. 

Obama pronunció hace poco estas palabras: “al que mucho se le ha dado, mucho se le pedirá”. Obama utilizó la frase evangélica para justificar el mantener las exenciones fiscales al 99% de los contribuyentes, y excluir al 1% que más ganan: “a más ingresos, más impuestos”.

Obama consiguió lo imposible: con la contracepción, Católicos, Ortodoxos, Protestantes, Evangélicos y Judíos han seguido a la Conferencia Episcopal Católica en su oposición a la medida. Para los cristianos, la política de Obama atentaba contra el principio de la Libertad Religiosa. Obama enfadó a dos grupos afines a los demócratas: católicos (29,7% del electorado) e Hispanos (14% del electorado), mayoritariamente católicos. Los asesores católicos del presidente, incluido el vicepresidente Joe Biden, le advirtieron de que no siguiera adelante con su política. Testarudo, Obama dio un paso al frente, pero al ver las negativas repercusiones electorales, tuvo que dar, parcialmente, marcha atrás.

En el bando republicano Santorum, católico de principios sólidos y muy conservador; Romney, moderado, mormón, y exitoso empresario; Gingrich, oportunista, casado en terceras nupcias, convertido al catolicismo y ansioso por restaurar la gloria de América, y el libertario Ron Paul, se enfrentan por obtener la candidatura presidencial: todos seguirán en la carrera, hasta la celebración de la Convención Republicana en Tampa (Florida), en septiembre. 

La campaña será larga, para los conservadores. Hoy, el duelo lo protagonizan Santorum y Romney. Las encuestas sitúan a Santorum (33,6%) por delante de Romney (28,4%). Santorum ha conseguido el apoyo del Tea Party, conservadores sociales y fiscales y, sobre todo, muchos cristianos, por su oposición al aborto, divorcio, matrimonio entre homosexuales y contracepción. ¿Qué piensan los cristianos de Romney? Un influyente líder religioso protestante dijo: “es mormón…, pero cree en Jesús, y esto me basta”.

Publicado previamente en La Gaceta el 26 de febrero del 2012

martes, 14 de febrero de 2012

Obama, contracepción y unidad de los cristianos

Obama ha conseguido lo que parecía imposible y por lo que rezan muchos católicos: la unidad de todos los cristianos. En esta caso, como fruto de una política "social" equivocada que le podría costar la relección.

El Vicepresidente de Estados Unidos, Joe Biden es católico y es un político que le tiene muy bien tomado el pulso a la opinión pública norteamericana en general y a la base del partido demócrata en particular. Por eso, Obama y Biden hicieron un buen tándem electoral en 2008: Biden aportó a Obama lo que este carece. De tal manera que, cuando dentro del marco de la Reforma Sanitaria, Obama decidió –hace escasamente unos días, llevar a cabo, "implementar", una política de contracepción-, Biden le advirtió que no lo hiciera. Resulta que, por motivos que no vienen al caso, el cincuenta por ciento de los asesores de Obama en la Casa Blanca, son judíos, y el otro cincuenta por ciento son católicos. Los asesores católicos también aconsejaron a Obama que no siguiera adelante con esta política, porque, como un boomerang, iba a ser contraproducente para el presidente, más aun, en un año electoral.

Obama no hizo caso ni a Biden ni a sus asesores ni a aquellos miembros de su Gabinete (equivalente a nuestro Consejo de Ministros) que son católicos, como la Secretaria de Salud, Kathleen Sebelius, que es quien tendría que llevar a cabo, en la práctica, la política de Obama en materia de contracepción. Como muy bien anticipó Joe Biden, fue anunciar la medida y "all hell broke out", o "se montó la marimorena", que decimos en Toledo. ¿Por qué? Porque la norma obligaba a muchos –demasiados- millones de personas a actuar en contra de su propia conciencia. Pero, ¿no se define América como Land of the Free, lugar donde la gente es libre y puede ejercer sus derechos consagrados en los Documentos Fundacionales sin presión alguna? Los primeros ingleses y holandeses que llegaron a América a principios del siglo XVII habían huido de la persecución de otras sectas protestantes que, en Europa, les impedían vivir la religión tal y como ellos querían: buscaban "la Libertad Religiosa".

Hay coincidencia, tanto entre los que admiran como entre los que odian al presidente, en que Obama es un hombre de extraordinaria inteligencia. También esto, en demasiadas ocasiones, ha derivado en una cierta arrogancia y, frente a presidentes muy carismáticos como Reagan y Clinton, que sí se dejaban aconsejar, Obama no lleva nada bien la crítica, incluida la constructiva. Ninguna "Casa Blanca" toma decisiones sin antes llevar a cabo encuestas entre la opinión pública: muchas encuestas. En España desde Presidencia de Gobierno pueden hacerse semanalmente y, además, están las encuestas del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), que tienen su propia periodicidad. En Estados Unidos, el Equipo de Asesores presidenciales hace, desde los tiempos de Kennedy, encuestas a diario, sobre los temas más variados. En un año electoral, como es el 2012, en que Obama se juega un segundo mandato, toda precaución es poca.

Es obvio que los republicanos no han elegido aun a su candidato oficial, y que el bando conservador está muy dividido: conservadores sociales, conservadores, fiscales, Tea Party, Neoconservadores, etc. Y esto, pone las cosas más fáciles a Obama quien, según todas las encuestas, hasta hace dos días (incluidas todas las encuestas encargadas por la cadena de televisión que menos quiere a Obama, la Fox) ganaría a cualquiera de los cuatro actuales contrincantes republicanos conservadores, de celebrarse hoy las elecciones. Podría citar encuestas de Ipsos Public Affairs, Gallup, YouGov, TNS, y un largo etcétera de institutos de investigación social: Obama gana en todas las encuestas prelectorales. La economía salió de la recesión en junio de 2009, se lleva creando empleo neto desde hace seis meses y tanto el índice de confianza económico de los americanos, como el índice de aprobación del presidente se han incrementado. Por tanto, Obama estaba, hasta hace unos días, en la mejor posición que ha estado, desde noviembre de 2010, para ganar las elecciones presidenciales el 6 de noviembre de este año.

Sin embargo, de repente y de manera inexplicable, Obama quiere sacar adelante una política de contracepción que, por supuesto, no sólo pone todavía más en contra de él a quienes no le van a votar en el bando republicano y conservador, sino que aliena y aleja de él a su propio electorado tradicional. Me explico: cuando el 24 de diciembre de 2009 se aprobó en la Cámara de Representantes la Reforma Sanitaria de Obama y, el 21 de marzo de 2010 se convirtió en ley firmada por el presidente, lo fue porque los congresistas y senadores demócratas de religión católica exigieron a Obama que "arrancara" del proyecto de ley, la financiación pública de los abortos, por ejemplo. Obama reculó, y el proyecto se convirtió en ley. Con su actual política de contracepción que obliga, tanto a iglesias como a hospitales, y centros asociados a ellas a actuar en contra de su conciencia, Obama se salta a la torera el importantísimo principio de Libertad Religiosa, consagrado por la Declaración de Independencia, la Constitución y la Bill of Rights o Carta de Derechos, como le recordó muy recientemente en dos conversaciones telefónicas el arzobispo de Nueva York al presidente Obama. La inmensa mayoría de las 195 diócesis católicas norteamericanas, tras el presidente de su Conferencia Episcopal (Timothy M. Dolan, de Nueva York) se ha opuesto al presidente. 

Según las propias encuestas de la Casa Blanca, el 95% de los católicos (que suponen el 29,7% del electorado, según el último Censo, de 2010), se oponen a la medida de Obama; ¿los Hispanos? Muy posiblemente, en las elecciones presidenciales, como consecuencia de la demografía creciente de este segmento poblacional, sea más relevante que la Afro-Americana y se inviertan los porcentajes: los Hispanos legales que pueden votar alcanzarían el 15%, y los Afro-Americanos, el 13%. En las elecciones de 2008, el 67% de los Hispanos votaron a favor de Obama: hoy, más del 80% se han expresado en las encuestas en contra de las medidas de contracepción de Obama. Por su parte, los Afro-Americanos están descontentos con Obama, porque sus circunstancias económicas no han mejorado desde 2008, pero esto es harina de otro costal. También la inmensa mayoría de los Hispanos han votado habitualmente a los demócratas y, además, son mayoritariamente católicos. Sin la prometida Reforma de la Inmigración, y "atacados" en sus valores católicos, los Hispanos podrían re-plantearse a quién votar en noviembre.

Pero, ¿es esta una cuestión que afecta y molesta solamente a los 70 millones de Católicos norteamericanos? No. Resulta que los Evangélicos del Centro y del Sur (80 millones) "se han unidos a los Católicos". Los Cristianos Ortodoxos –con orígenes rusos, griegos y ucranianos- se han unido a los Católicos. Los líderes religiosos más significativos de Movimientos Calvinistas, Luteranos, Protestantes (Baptistas, Metodistas, etc) se han unido a los Católicos. Los dos Grupos Religiosos Judíos Ortodoxos más importantes de Estados Unidos, también se han unido a los católicos. Los únicos que no han dicho nada públicamente –pero no voy a entrar en los motivos-, son los Musulmanes, que también están en contra, y son la nada despreciable cifra de 2,5 millones de habitantes con derecho a voto. ¿A quién han seguido todos estos líderes religiosos en su reacción contra la política de contracepción de Obama? Al arzobispo católico de Nueva York, Timothy M. Dolan.

Obama dio, parcialmente marcha atrás, el viernes 10 de febrero. Serán las compañías aseguradoras las que financien la contracepción, "y no las iglesias", como dicen en América. Y se respetará la objeción de conciencia. A la primera persona a la que llamó Obama para comunicarle que iba a poner en marcha el programa de contracepción que tanto ha enfadado a los movimientos religiosos en Estados Unidos, fue al arzobispo Dolan. A la primera persona a la que, el viernes diez de febrero, llamó Obama para decirle que daba parcialmente marcha atrás en su política, fue al arzobispo Dolan. Este, contestó, entre otras cosas, a Obama, con cierta ironía que "aunque no estaba del todo contento, al menos es un primer paso en la buena dirección". Ese mismo viernes diez de febrero por la noche, la Conferencia Episcopal Norteamericana emitía un comunicado en el que rechazaba completamente el pequeño cambio dado por Obama, "ya que no respeta suficientemente los Derechos de Libertad Religiosa".

Hubo un tipo bastante famoso de la Biblia que estuvo dispuesto a jugarse la primogenitura, por un plato de lentejas. Obama no ha querido jugarse, en el último segundo, las elecciones del 6 de noviembre por una cuestión que ofende a una inmensa mayoría de la ciudadanía. Aún muchos se preguntan qué llevó a Obama a empeñarse en algo que le ha causado electoralmente tantos perjuicios.

Y, por último, ironías de la vida: tras los cismas del siglo décimo (Ortodoxos) y siglo XVI (Anglicanos, Luteranos, Protestantes, Calvinistas, etc), los Católicos rezan por "la Unidad de Todos los Cristianos". Ha tenido que venir Obama y cometer una torpeza mayúscula para que Todos, incluidos los Judíos, se pongan de acuerdo en algo esencial, en la primera Nación de la Tierra.

Publicado previamente en El Confidencial Digital el 13 de febrero de 2012

martes, 17 de enero de 2012

New Hampshire o la "inevitabilidad"

“New Hampshire es el estado que le catapultará a la victoria en un corto espacio de tiempo”. La frase no es un titular de ningún diario norteamericano que anticipa los resultados de las primarias republicanas que se celebran hoy, 10 de enero de 2012, en el “Estado de Granito”. Se trata de John McCain, apoyando públicamente la candidatura de Mitt Romney. Lo curioso es que McCain no pronunció estas palabras en New Hampshire, sino en Carolina del Sur, el miércoles de la semana pasada, nada más celebrado el “caucus” de Iowa, que otorgó la victoria a Romney, por tan solo 8 votos de diferencia, respecto a su más inmediato seguidor, Rick Santorum. Al día siguiente de su pírrica victoria en Iowa, Mitt Romney viajó al muy conservador y protestante-evangélico-muy religioso estado de Carolina del Sur, donde se celebrarán, también, elecciones primarias el 21 de enero. Es en Carolina del Sur, donde Romney recibió el apoyo de McCain y el de la gobernadora del estado, Nikki R. Haley.

¿Por qué el salto desde Iowa a Carolina del Sur, ignorando New Hampshire, que es donde hoy se celebran las primarias republicanas? Porque hay dos fuentes de información que dan por inevitable la victoria del ex gobernador de Massachusetts. Por un lado, están los medios de comunicación: todos coinciden en la “inevitabilidad” de la victoria de Romney, hoy. Por otro, están las encuestas prelectorales, que otorgan el primer puesto a Romney por un ancho margen. Los sondeos diarios, entre el “caucus” de Iowa y las primarias de New Hampshire de hoy, dan un margen victorioso de 20 puntos porcentuales a Romney. 

La llamada “encuesta de encuestas” que realiza Real Clear Politics, resultado de la media aritmética de todas las encuestas realizadas en New Hampshire, cada día, en la última semana, dice lo siguiente: Romney gana hoy las primarias con un 40,2%, seguido por el libertario Ron Paul (20,8%), Rick Santorum (10,6%); John Huntsman (9,6%); Newt Gingrich (8,6%), y Perry (1%). 

Desde 1976, en el campo conservador, quien gana en New Hampshire, obtiene la nominación del partido como candidato oficial presidencial. Puesto que todas las encuestas dicen que hoy gana Romney, la unanimidad de los titulares de los medios de comunicación americanos es total: “Inevitabilidad de la victoria de Romney”. Inevitabilidad, porque todos los sondeos coinciden, con inapreciables diferencias: Romney supera al segundo (Ron Paul) por 19,4 puntos. ¿Por qué, por tan amplio margen? La respuesta está en una coincidencia de pareceres entre los electores de New Hampshire y Romney, y un rechazo generalizado del electorado del estado hacia los candidatos más conservadores. 

New Hampshire es el estado más liberal y menos religioso de Estados Unidos. Los republicanos del estado son los más moderados del espectro político conservador y eso explicaría que le otorguen a Romney una impresionante ventaja sobre sus rivales, porque ellos ven a Romney como un candidato republicano moderado y dan poca importancia al hecho de que sea mormón y no protestante o católico. Les importa más la economía, en un estado cuya tasa de paro, desde que comenzó la crisis, no ha bajado del 10% (en diciembre de 2011, la tasa de paro nacional bajó al 8,5%, al crearse 200.000 empleos netos, confirmando una tendencia positiva en la evolución del empleo, por sexto mes consecutivo). 

Además, la composición del electorado de New Hampshire es peculiar, para los estándares americanos generalizados: un 41% de los votantes registrados son “no declarados o independientes”: es decir, dicen no apoyar a ninguno de los dos grandes partidos. En este estado, el partido republicano permite a los “no declarados o independientes” participar en sus primarias. Entre un 35-40% de ellos acuden hoy a votar y dicen que apoyarán mayoritariamente a Romney. Un 30% del electorado son republicanos registrados, de los cuales acuden a las urnas el 62%, también a favor de Romney. El 29% son demócratas registrados.

Es comprensible que, en los dos debates electorales celebrados el pasado fin de semana, los candidatos que no son Romney hayan centrado en él sus ataques; la publicidad negativa de los contendientes ha orientado sus cañones al corazón de Romney. El mensaje más utilizado en esos anuncios en televisión ha sido el de acusar a Romney de moderado. Lo que no entiendo muy bien es cómo acusar a un candidato moderado, como Romney, de ser moderado, en un estado moderado con republicanos moderados, puede perjudicar a Romney y beneficiar a sus contrincantes más conservadores. Se me escapa la lógica de la estrategia.

A no ser que, lo que Santorum, Gingrich y Perry tengan en la cabeza no sea la inevitable pérdida de New Hampshire, sino que su objetivo sean las dos siguientes primarias, que se celebrarán en dos estados mucho más conservadores que New Hampshire: el 21 de enero en Carolina de Sur y en 31 del mismo mes, en Florida. Las credenciales más conservadoras de los candidatos y la religión decidirán quién gana en Carolina del Sur y en Florida. 

La realidad es que lo que se va a dirimir en las próximas primarias es quien inspira y domina el alma republicana. Se tratará de dar respuesta a la pregunta sobre qué pesa más: la gestión de la economía (Romney) o la religión y las cuestiones sociales (el resto). Cuando los republicanos diriman la cuestión, la palabra clave ya no será “inevitabilidad, sino electabilidad”: quién es el mejor candidato conservador para batir a Barack Obama en las elecciones presidenciales del 6 de noviembre.

Publicado en Cinco Días, el día 10/01/2012