jueves, 16 de febrero de 2012

La inutilidad de una reforma laboral "sin alma"

La reforma laboral será eficaz si va acompañada de un sistema de valores y principios que, como el "Sueño Americano", ponen énfasis en el trabajo duro y esforzado, y lo recompensa.

Hace veinte años, la madre de una conocida mía se reunió con sus amigas para invitarlas a merendar: quería celebrar con ellas "que a su hija le habían hecho fija en la empresa". En otras palabras: la madre ya podía descansar aliviada, porque –en su entendimiento- su hija tenía trabajo para toda la vida. Si, además, supongo, encontraba un novio y se casaba y tenía dos hijos, el círculo de la felicidad de su hija, y el suyo propio, sería perfecto.

Ignoro qué ha sido de aquella muchacha –como denominamos en Castilla La Mancha a las mujeres jóvenes- y de su madre. Sí sé otras cosas: primero, que su madre, estaba influenciada enorme e inconscientemente –psicológica y socialmente- por siglos de "Historia del Trabajo", en nuestro país, que han dado como consecuencia que la mejor resultante deseable, es el tener un trabajo de por vida y, a ser posible, en la misma empresa, aunque esta quiebre. Aquella madre, además, estaba sujeta a un sistema de valores y principios, relativos al Trabajo, que mi propia madre definiría como "la ley del mínimo esfuerzo". Los principios de esta metafórica ley son diametralmente opuestos a la Ética Calvinista del Trabajo o a la Santificación del Trabajo Ordinario de los Católicos. El primer principio lo sostienen los calvinistas, al menos muchos de ellos; el segundo, los católicos, al menos muchos de ellos. Ambos "conjuntos" de valores se reúnen en torno a teorías de cómo ha de desenvolverse una persona en el Trabajo: el por qué y cómo debe realizarlo son extraordinariamente poderosos. Y, de hecho, si se me permite la expresión, gracias a ellos, muchos calvinistas y muchos católicos han sido exitosos en sus negocios. Han sido valores, ideas, principios, ("el alma"), con repercusiones psicológicas y sociales, las que han movido a las personas a trabajar. Unos, generando riqueza mediante la creación de empresas; otros, sin vocación de emprendedores, trabajando duro como profesores, investigadores o taxistas. En ambos casos se produce creación de valor y redistribución de riqueza. Son principios básicos de la Economía de Libre Mercado.

Lo mismo sucede con el llamado "Sueño Americano", cuya definición trasciende a los dos grandes partidos políticos, republicano y demócrata, y a ideologías, conservadoras y progresistas. Desde Reagan a Obama, desde Lincoln a Kennedy, la definición que da el presidente Bill Clinton del Sueño Americano en su último libro, publicado escasamente hace dos meses, ("Vuelta al trabajo: por qué necesitamos un gobierno inteligente para tener una economía fuerte"), es aceptada por todos: "trabaja dura y esforzadamente, sométete a las normas y a las leyes (...), y la empresa y la sociedad te recompensarán con una vida digna para ti y para tu familia, en la juventud, en la madurez y, cuando te retires, en la vejez". Lo primero que dice Clinton es "trabaja dura y esforzadamente". Clinton no dice: "busca un trabajo de por vida" o "conviértete en funcionario", por ejemplo. Estados Unidos, que no ha llevado a cabo ninguna reforma laboral en los últimos años (entendiendo por tal una reforma del mercado de trabajo), salió oficialmente de la recesión en junio de 2009. En los últimos seis meses se han creado una media de 145.000 empleos netos en el ámbito privado –es decir, excluyendo la Administración Federal, Estatal y Local-. La tasa de paro que heredó Obama de Bush Hijo, en enero de 2009, era ligeramente superior al diez por ciento: hoy está (enero de 2012) en el 8,3% de la población activa. Se ha reducido en dos puntos porcentuales.

En Países Emergentes como India (mil doscientos millones de habitantes) y China (mil quinientos millones de ciudadanos), tampoco se han llevado a cabo reformas legales de sus mercados laborales. Es de todos conocido que, en las últimas décadas, ambos países han experimentado espectaculares crecimientos económicos. Esto se ha traducido en dos hechos muy tangibles y positivos: cientos de millones de personas que antes vivían por debajo del umbral de la pobreza –según la ONU, con uno o dos dólares de diarios, por todo ingreso- hoy se han incorporado al mercado de trabajo y forman parte de lo que, en sus respectivas naciones, se entiende por Clase Media. En China, además, aunque no se ha cumplido la promesa de su actual presidente, Hu Jintao, de "crecimiento armonioso" -porque en China no sólo persisten, sino que se acentúan las diferencias sociales entre ricos y pobres-, hay una clase empresarial activa y emprendedora, que también genera riqueza y millones de puestos de trabajo. Eso sí, el proceso de crecimiento en India y en China no se entiende sin considerar la existencia de sistemas productivos eficaces, lo que en Economía denominamos tejidos empresariales diversificados, con muchos y variados sectores de actividad, creciendo de manera interrelacionada. Ambos países, además, han apostado por las exportaciones, dado que el valor de su moneda, respecto al dólar –con gran enfado americano-, es muy bajo. Esto les da "cash", dinero en efectivo, reservas, para invertir en casa, en el estado del bienestar o, como sucede en China, tanto en la economía doméstica como en la estatal, para ahorrar.

En nuestro entorno más cercano, Alemania y Francia tienen, en términos relativos, bajas tasas de paro, pero muy fuertes sistemas productivos y empresariales, públicos y privados, orientados tanto al consumo doméstico nacional como a la exportación.

En España no tenemos una Ética Calvinista del Trabajo. El número de católicos declarados, desde 1978 a 2011, se ha reducido en 20 puntos porcentuales: del 93% al 73% de toda la población. Y, de estos, estadísticamente hablando, son pocos, en términos absolutos y relativos, los que creen en la "Santificación del Trabajo Ordinario". En España no tenemos nada similar al "Sueño Americano": no hay una ambición sana por triunfar, por trabajar, por crear, por inventar...; sistemáticamente, las encuestas nos dicen que, desde hace más de setenta años –luego, la Historia cuenta, es importante- la inmensa mayoría de jóvenes sigue queriendo tener "un empleo seguro y de por vida, aun a costa de ganar poco dinero". Desde hace más de cincuenta años, las encuestas del Ministerio de Trabajo dicen que el porcentaje de jóvenes que quieren ser funcionarios no deja de aumentar. Porcentajes no significativos desde el punto de vista estadístico (por debajo del 5%) de jóvenes dicen que quieren ser empresarios; pero, a éstos, en nuestra sociedad, se les demoniza: todo aquel que quiere crear riqueza es mirado con sospecha y recelo, mientras se aplaude al funcionario como héroe social que se resiste al capitalismo rampante. En España no experimentamos fenómenos parecidos a los de China e India, ni tenemos sistemas productivos fuertes como el francés o el alemán.

¡Ah! Pero tenemos una reforma laboral que, por decreto ley y, como dijo Rajoy, "con el tiempo", creará empleo. Repito: alguien cree que una ley va a crear empleo. Alguien cree que el Derecho Positivo va a cambiar la realidad social. No voy a describir los detalles de la Reforma Laboral: no hay medio de comunicación que no la haya comunicado ya de manera concreta, hasta la saciedad y el aburrimiento. Creo, por mi parte, que sin principios, valores, sin "alma", una ley no va a crear empleo por sí sola. Por eso estoy convencido de que esta reforma laboral va a ser inútil. Con una tasa de paro del 22,9%, y creciendo, las probabilidades estadísticas de que aquella conocida de que hablé al principio, cuya madre celebró con sus amigas el "empleo de por vida de su hija", esté hoy en el paro, son del 22,9%, y subiendo.

Publicado previamente en El Confidencial Digital día 14 de febrero de 2012
 

martes, 14 de febrero de 2012

Obama, contracepción y unidad de los cristianos

Obama ha conseguido lo que parecía imposible y por lo que rezan muchos católicos: la unidad de todos los cristianos. En esta caso, como fruto de una política "social" equivocada que le podría costar la relección.

El Vicepresidente de Estados Unidos, Joe Biden es católico y es un político que le tiene muy bien tomado el pulso a la opinión pública norteamericana en general y a la base del partido demócrata en particular. Por eso, Obama y Biden hicieron un buen tándem electoral en 2008: Biden aportó a Obama lo que este carece. De tal manera que, cuando dentro del marco de la Reforma Sanitaria, Obama decidió –hace escasamente unos días, llevar a cabo, "implementar", una política de contracepción-, Biden le advirtió que no lo hiciera. Resulta que, por motivos que no vienen al caso, el cincuenta por ciento de los asesores de Obama en la Casa Blanca, son judíos, y el otro cincuenta por ciento son católicos. Los asesores católicos también aconsejaron a Obama que no siguiera adelante con esta política, porque, como un boomerang, iba a ser contraproducente para el presidente, más aun, en un año electoral.

Obama no hizo caso ni a Biden ni a sus asesores ni a aquellos miembros de su Gabinete (equivalente a nuestro Consejo de Ministros) que son católicos, como la Secretaria de Salud, Kathleen Sebelius, que es quien tendría que llevar a cabo, en la práctica, la política de Obama en materia de contracepción. Como muy bien anticipó Joe Biden, fue anunciar la medida y "all hell broke out", o "se montó la marimorena", que decimos en Toledo. ¿Por qué? Porque la norma obligaba a muchos –demasiados- millones de personas a actuar en contra de su propia conciencia. Pero, ¿no se define América como Land of the Free, lugar donde la gente es libre y puede ejercer sus derechos consagrados en los Documentos Fundacionales sin presión alguna? Los primeros ingleses y holandeses que llegaron a América a principios del siglo XVII habían huido de la persecución de otras sectas protestantes que, en Europa, les impedían vivir la religión tal y como ellos querían: buscaban "la Libertad Religiosa".

Hay coincidencia, tanto entre los que admiran como entre los que odian al presidente, en que Obama es un hombre de extraordinaria inteligencia. También esto, en demasiadas ocasiones, ha derivado en una cierta arrogancia y, frente a presidentes muy carismáticos como Reagan y Clinton, que sí se dejaban aconsejar, Obama no lleva nada bien la crítica, incluida la constructiva. Ninguna "Casa Blanca" toma decisiones sin antes llevar a cabo encuestas entre la opinión pública: muchas encuestas. En España desde Presidencia de Gobierno pueden hacerse semanalmente y, además, están las encuestas del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), que tienen su propia periodicidad. En Estados Unidos, el Equipo de Asesores presidenciales hace, desde los tiempos de Kennedy, encuestas a diario, sobre los temas más variados. En un año electoral, como es el 2012, en que Obama se juega un segundo mandato, toda precaución es poca.

Es obvio que los republicanos no han elegido aun a su candidato oficial, y que el bando conservador está muy dividido: conservadores sociales, conservadores, fiscales, Tea Party, Neoconservadores, etc. Y esto, pone las cosas más fáciles a Obama quien, según todas las encuestas, hasta hace dos días (incluidas todas las encuestas encargadas por la cadena de televisión que menos quiere a Obama, la Fox) ganaría a cualquiera de los cuatro actuales contrincantes republicanos conservadores, de celebrarse hoy las elecciones. Podría citar encuestas de Ipsos Public Affairs, Gallup, YouGov, TNS, y un largo etcétera de institutos de investigación social: Obama gana en todas las encuestas prelectorales. La economía salió de la recesión en junio de 2009, se lleva creando empleo neto desde hace seis meses y tanto el índice de confianza económico de los americanos, como el índice de aprobación del presidente se han incrementado. Por tanto, Obama estaba, hasta hace unos días, en la mejor posición que ha estado, desde noviembre de 2010, para ganar las elecciones presidenciales el 6 de noviembre de este año.

Sin embargo, de repente y de manera inexplicable, Obama quiere sacar adelante una política de contracepción que, por supuesto, no sólo pone todavía más en contra de él a quienes no le van a votar en el bando republicano y conservador, sino que aliena y aleja de él a su propio electorado tradicional. Me explico: cuando el 24 de diciembre de 2009 se aprobó en la Cámara de Representantes la Reforma Sanitaria de Obama y, el 21 de marzo de 2010 se convirtió en ley firmada por el presidente, lo fue porque los congresistas y senadores demócratas de religión católica exigieron a Obama que "arrancara" del proyecto de ley, la financiación pública de los abortos, por ejemplo. Obama reculó, y el proyecto se convirtió en ley. Con su actual política de contracepción que obliga, tanto a iglesias como a hospitales, y centros asociados a ellas a actuar en contra de su conciencia, Obama se salta a la torera el importantísimo principio de Libertad Religiosa, consagrado por la Declaración de Independencia, la Constitución y la Bill of Rights o Carta de Derechos, como le recordó muy recientemente en dos conversaciones telefónicas el arzobispo de Nueva York al presidente Obama. La inmensa mayoría de las 195 diócesis católicas norteamericanas, tras el presidente de su Conferencia Episcopal (Timothy M. Dolan, de Nueva York) se ha opuesto al presidente. 

Según las propias encuestas de la Casa Blanca, el 95% de los católicos (que suponen el 29,7% del electorado, según el último Censo, de 2010), se oponen a la medida de Obama; ¿los Hispanos? Muy posiblemente, en las elecciones presidenciales, como consecuencia de la demografía creciente de este segmento poblacional, sea más relevante que la Afro-Americana y se inviertan los porcentajes: los Hispanos legales que pueden votar alcanzarían el 15%, y los Afro-Americanos, el 13%. En las elecciones de 2008, el 67% de los Hispanos votaron a favor de Obama: hoy, más del 80% se han expresado en las encuestas en contra de las medidas de contracepción de Obama. Por su parte, los Afro-Americanos están descontentos con Obama, porque sus circunstancias económicas no han mejorado desde 2008, pero esto es harina de otro costal. También la inmensa mayoría de los Hispanos han votado habitualmente a los demócratas y, además, son mayoritariamente católicos. Sin la prometida Reforma de la Inmigración, y "atacados" en sus valores católicos, los Hispanos podrían re-plantearse a quién votar en noviembre.

Pero, ¿es esta una cuestión que afecta y molesta solamente a los 70 millones de Católicos norteamericanos? No. Resulta que los Evangélicos del Centro y del Sur (80 millones) "se han unidos a los Católicos". Los Cristianos Ortodoxos –con orígenes rusos, griegos y ucranianos- se han unido a los Católicos. Los líderes religiosos más significativos de Movimientos Calvinistas, Luteranos, Protestantes (Baptistas, Metodistas, etc) se han unido a los Católicos. Los dos Grupos Religiosos Judíos Ortodoxos más importantes de Estados Unidos, también se han unido a los católicos. Los únicos que no han dicho nada públicamente –pero no voy a entrar en los motivos-, son los Musulmanes, que también están en contra, y son la nada despreciable cifra de 2,5 millones de habitantes con derecho a voto. ¿A quién han seguido todos estos líderes religiosos en su reacción contra la política de contracepción de Obama? Al arzobispo católico de Nueva York, Timothy M. Dolan.

Obama dio, parcialmente marcha atrás, el viernes 10 de febrero. Serán las compañías aseguradoras las que financien la contracepción, "y no las iglesias", como dicen en América. Y se respetará la objeción de conciencia. A la primera persona a la que llamó Obama para comunicarle que iba a poner en marcha el programa de contracepción que tanto ha enfadado a los movimientos religiosos en Estados Unidos, fue al arzobispo Dolan. A la primera persona a la que, el viernes diez de febrero, llamó Obama para decirle que daba parcialmente marcha atrás en su política, fue al arzobispo Dolan. Este, contestó, entre otras cosas, a Obama, con cierta ironía que "aunque no estaba del todo contento, al menos es un primer paso en la buena dirección". Ese mismo viernes diez de febrero por la noche, la Conferencia Episcopal Norteamericana emitía un comunicado en el que rechazaba completamente el pequeño cambio dado por Obama, "ya que no respeta suficientemente los Derechos de Libertad Religiosa".

Hubo un tipo bastante famoso de la Biblia que estuvo dispuesto a jugarse la primogenitura, por un plato de lentejas. Obama no ha querido jugarse, en el último segundo, las elecciones del 6 de noviembre por una cuestión que ofende a una inmensa mayoría de la ciudadanía. Aún muchos se preguntan qué llevó a Obama a empeñarse en algo que le ha causado electoralmente tantos perjuicios.

Y, por último, ironías de la vida: tras los cismas del siglo décimo (Ortodoxos) y siglo XVI (Anglicanos, Luteranos, Protestantes, Calvinistas, etc), los Católicos rezan por "la Unidad de Todos los Cristianos". Ha tenido que venir Obama y cometer una torpeza mayúscula para que Todos, incluidos los Judíos, se pongan de acuerdo en algo esencial, en la primera Nación de la Tierra.

Publicado previamente en El Confidencial Digital el 13 de febrero de 2012

La batalla llega a Maine, Colorado y Minnesota

Lucharé hasta el final, hasta llegar a la convención y conseguir la nominación como candidato, a pesar del aparato del partido y de los moderados". Las palabras no salieron de la boca del ganador de las elecciones conservadoras de Nevada, sino del segundo en liza, Newt Gingrich. Santorum y Paul también declararon su intención de continuar. Aunque hay que recordar que quien ganó en Nevada fue Mitt Romney. Su discurso de aceptación como ganador siguió la tónica con la que inició el posicionamiento de su campaña: en vez de citar a aquellos con los que compite por la nominación republicana, Romney criticó de nuevo a Obama, como si él hubiera sido su oponente. No hace falta ser sociólogo ni politólogo para intuir que la estrategia de Romney se basa en transmitir que él es el candidato republicano mejor preparado y con más posibilidades para batir a Obama el 6 de noviembre, cuando se celebrarán las elecciones presidenciales.

Aún queda mucho camino por delante. Romney tiene más delegados que sus competidores, más dinero y una mejor organización en todos los estados. Lo cual no significa que tenga la victoria asegurada, en absoluto. Tiene un doble reto por delante que le va a costar trabajo superar: los estados del sur y los del medio oeste. Entre ambas zonas geográficas cabe identificar en torno a 80 millones de evangélicos muy conservadores, muy aferrados a sus creencias religiosas y con una abierta aversión a los liberales y moderados de las costas Este y Oeste. Precisamente, estos puntos flacos los está explotando Gingrich, que se deleita en describir a Romney como "un moderado de Massachusetts a favor del aborto y de Wall Street". Toda la frase, casi palabra por palabra, es un insulto a Romney que, de resonar positivamente en los corazones de los votantes republicanos del Sur y del Medio Oeste, pondrá las cosas muy cuesta arriba al candidato mormón. En Nevada, Romney contó con los votos de un 5,9% de la población, que es mormona y conservadora. En las elecciones de hoy en Maine, Colorado y Minnesota, el número de mormones no llega al 2,2%.

Hay que tener en cuenta, eso sí, que el caucus de Maine se inició el 4 de febrero, otorga 28 delegados y los resultados no se sabrán hasta el día 11. Colorado -que al igual que Nevada tiene un nombre que le pusieron los españoles, casi todos vascos, que llegaron allí en el siglo XVI- otorga 36 delegados y Minnesota, 40. Son números relativamente importantes que los candidatos quieren ganar y, por eso, Gingrich, Santorum y Paul quieren seguir en la carrera electoral.

De todas formas, esta es una batalla de dos: Romney versus Gingrich. En buena medida, este enfrentamiento recuerda al que hace cuatro años mantuvieron en el bando demócrata Obama y Hillary Clinton. En su caso, la inevitabilidad de la victoria se le otorgó a Clinton, pero el irrefrenable ascenso de Obama llevó a Clinton, a pesar de sus muchas derrotas, a seguir luchando hasta el final, con el fin de conseguir algo: la campaña de Obama se hizo cargo de las deudas de Clinton y, cuando Obama formó su Gabinete, nombró a esta secretaria de Estado. Estamos acostumbrados a la frase: "La política hace extraños compañeros de cama". 

No es descartable un tique electoral futuro, compuesto por el moderado hombre de negocios, generador de empleo, Romney, y el conservador, defensor de valores republicanos a ultranza, antiestado-antiimpuestos, Gingrich. Porque la unión hace la fuerza. Las encuestas (Gallup) muestran, hoy, que Obama ganaría por dos puntos a los dos candidatos republicanos (50-48). Pero, ¿y si se unen las dos almas del partido conservador frente a Obama? El aparato del partido -ese que tanto detesta Gingrich-, varios movimientos evangélicos y del Tea Party ya lo están discutiendo. Lo único importante es batir a Obama, como sea. Veremos qué pasa.

Hoy toca Colorado, donde según varias encuestas ganaría Romney (40%), seguido por Santorum (26%), Gingrich (18%) y Paul (12%). En Minnesota las cosas no parecen tan claras: seis encuestas arrojan resultados distintos. La media aritmética dice que Santorum lidera (29%), Romney obtiene un 27%, Gingrich un 22% y Paul un 19%. Si hay algo que tienen en común los posibles resultados de las encuestas preelectorales de los dos estados conservadores, Colorado y Minnesota, es el paso atrás que da Gingrich.

Publicado previamente en Cinco Días el  7 de febrero de 2012

miércoles, 8 de febrero de 2012

Nevada: consolidación o volver a empezar

La media aritmética de las últimas 10 encuestas realizadas en Nevada, donde este fin de semana se celebra el caucus republicano, dice lo siguiente: Romney gana por 45%, Gingrich (25%), Santorum (11%) y Paul (9%). Romney, tras su victoria en Florida, arrasaría en el primer estado del Oeste en que se celebran elecciones.

Sin embargo, las cosas no son siempre tan simples como aparentan. Conozco Nevada. Tengo familia allí; viajo a menudo a ese estado: si quiero ir a un parque de atracciones para adultos -pero sin jugar un dólar-, viajo a Las Vegas. Si deseo ver a mi familia, voy a Reno. Ayer me dijeron que las encuestas internas de Romney y de Gingrich arrojan datos diferentes a las encuestas públicas: ambos candidatos estarían menos alejados de lo que parece; Ron Paul, que decidió no hacer campaña en Florida, para centrarse en Nevada, saldría mejor parado.

Pocas cosas permanecen completamente estáticas con el paso de los años. A mí me parece que fue ayer cuando, en 2008, Romney ganó las primarias republicanas por el 51%, seguido por Ron Paul. Entonces, Nevada era un estado rebosante de optimismo. La tasa de paro era del 5,5% y sus motores económicos (turismo y construcción) suponían, respectivamente, un 15% y 12% del PIB del estado y eran boyantes.

Hoy el desempleo alcanza el 13% versus el 8,3% de la Unión (enero de 2012); el turismo está de capa caída porque la gente viaja y consume menos; el negocio de la construcción y el inmobiliario están por los suelos: una de cada 175 casas con hipoteca han sido devueltas al banco porque los dueños no podían hacer frente a los pagos. El valor de mercado de las viviendas se ha reducido en dos tercios: no así el valor de la hipoteca. De 2008 a 2012 hay un abismo con nombre: pesimismo. A veces, el pesimismo tiene también nombre propio: una amiga dentista para famosos de Las Vegas ha visto reducido su negocio entre 2009 y 2011 en un 50%. Otro amigo, que se hizo millonario con el boom inmobiliario de Las Vegas, hoy está en quiebra.

Los únicos que parecen tener dinero son los candidatos: Romney lleva recaudados 57 millones de dólares y su comité de acción política ha conseguido otros 30,2 millones. Gingrich ha recaudado solo 12,7 millones de dólares, pero su amigo multimillonario, magnate de los casinos de Las Vegas, Sheldon Adelson, con sus 22.000 millones de dólares, puede permitirse dos lujos: donar al comité de Gingrich 11 millones de dólares y permitir al antiguo house speaker alojarse en el Hotel Venecia de Las Vegas, que le pertenece: aunque esto contraviene las normas electorales, que impiden contactos directos o indirectos entre las campañas de los candidatos y sus comités de acción política que recaudan fondos para anuncios.

Aunque, para anuncios, el que hizo el día 2 el magnate Donald Trump, al apoyar públicamente a Romney: "Él impedirá que a este país le sigan pasando cosas desastrosas". No es fácil discernir si el apoyo de Trump beneficiará o no a Romney: los dos son multimillonarios y a Romney le acompaña el sambenito de ignorar todo sobre la clase media americana. Todos los libros, muchos, escritos por Trump tienen una temática común: "Tienes que ser millonario y yo te voy a decir cómo vas a conseguirlo". Un 29% de americanos tienen mala opinión de Trump -quien en abril de 2011 anunció que también él sería candidato, pero luego se retiró, al perder su batalla con Obama tras acusarle, mintiendo, de no ser americano- y un 27% tiene buena imagen. Luego, polariza y divide.

También está dividido el Tea Party, entre los que apoyan a Gingrich, Santorum, Paul…, y, ¡sorpresa!, ¡a Romney! Uno de cada cuatro miembros del Tea Party votaría hoy a Romney: creen que es el mejor candidato para ganar a Obama. Un 7% de los nevadinos son mormones: el 95% apoya a Romney. 

Luteranos, protestantes, evangélicos y católicos votarían a Romney. Los hispanos, un 27% de la sociedad, son mayoritariamente demócratas. Hay en juego 28 delegados que serán repartidos proporcionalmente al porcentaje de votos obtenido. En Nevada, Romney tiene la oportunidad de consolidarse pero, si como dicen ciertas encuestas privadas, hay empate entre él y Gingrich, con un Ron Paul crecido, la carrera de las primarias, con 47 estados aún por delante, no habrá hecho sino volver a empezar.

Publicado previamente en Cinco Días día 4 de febrero de 2012
Fotografía cortesía The Inquisitr

martes, 7 de febrero de 2012

Florida tiene la llave

Hoy, día 31 de enero, se celebran las cuartas elecciones entre republicanos. En el Partido Conservador están nerviosos. ¿Por qué? Florida es el Estado más importante en el que se han celebrado las primarias para elegir un líder capaz de enfrentarse al presidente Obama en noviembre, y ganarle. Florida debería decidir hacia dónde va el Partido Republicano.

Se ha llegado al día de hoy sin un ganador claro: en Iowa ganó Santorum por un 0,1%; en New Hampshire arrasó Romney, con un 16,4%. En Carolina del Sur, Newt Gingrich quedó en primer lugar con el 12,6%. Un ganador por cada primaria.

A estas alturas, el Grand Old Party (GOP o Partido Republicano) ya querría tener un claro favorito. Además, en Florida, los republicanos han decidido que los delegados obtenidos fruto de los votos van todos a parar al bolsillo del ganador, mientras que, en otras primarias, los delegados se reparten proporcionalmente conforme al porcentaje de votos obtenidos.

En ese sentido, tanto Gingrich como Romney desean los 50 delegados de Florida.

Ha sido interesante llegar al 31 de enero, jornada electoral, dedicando muchas horas, desde el 21 de enero (elecciones en Carolina del Sur) a intentar anticipar el resultado electoral de hoy.

En las elecciones previas estudié una media de seis encuestas diarias. Aquí he tenido que analizar diez: Florida es un estado complejo desde el punto de vista socio-demográfico. Es el cuarto estado más poblado de la Unión. Tiene diez mercados mediáticos distintos (cada uno con su prensa, radio, televisión e internet). La mayoría de la población vive en ciudades, son menos evangélicos y hay una mayor diversidad de ideas.

Nada de esto favorece a Newt Gingrich: puede parecer una paradoja, pero en Miami, donde hay una mayoría hispana con emigrantes legales, que se declaran católicos coherentes, la gran mayoría se inclinan por un mormón, Romney: las radicales ideas de Newt Gingrich sobre la inmigración, su aparentemente catolicismo postizo (se convirtió al catolicismo gracias a su tercera esposa, Callista, con quien tuvo una relación íntima cuando él estaba casado en segundas nupcias y, qué curioso, Gingrich quería echar de la presidencia a Bill Clinton, en 1998, por hacer lo mismo que él: ser infiel a su mujer, en el caso de Clinton, no con Callista, sino con Mónica). Los hispanos-católicos-conservadores de Miami no se fían de Gingrich.

Más de dos millones de republicanos han acudido a votar hoy. En los últimos diez días, las encuestas diarias se asemejaban a una montaña rusa. El dinero ha sido fundamental, junto a los debates.

En cuanto a los fondos electorales, tanto el candidato como su comité de acción política han invertido más de 20 millones de dólares en publicidad a favor de Romney y en contra de Gingrich. Romney, consistente con su libro, No hay disculpa. Creed en América (2010), defiende su trayectoria empresarial en Bain Capital, creando empleos y riqueza. Solo el hacer públicas sus declaraciones de la renta de 2010 y 2011, conforme a las que puede verse que, a pesar de ser millonario, paga muchos menos impuestos que un americano de clase media, le ha afectado negativamente.

Gingrich ha aprovechado los debates televisados y sus cinco millones de dólares del comité de acción política fundado por su amigo -dueño de casinos- Sheldon Adelson, para acusar a Romney de ser un "rico alejado de los problemas de la clase media americana".

El problema para Gingrich es que, a pesar del apoyo del Tea Party, los evangélicos, Sarah Palin, Marco Rubio… se ha posicionado como un outsider, un hombre no contaminado por el sistema, que va a ir a Washington para ponerlo todo patas arriba, devolviendo el poder al pueblo. Así lo explica en su obra Una nación como ninguna otra: por qué la excepcionalidad de América es importante (2011).

¿Problema? Que su posicionamiento no se corresponde con la realidad: algo que no gusta a los electores, que buscan un candidato creíble y genuino. Gingrich no puede decir que "es un recién llegado a Washington", cuando lleva trabajando allí más de 30 años. Dice que va a meter a los lobbies en vereda y, sin embargo, su firma consultora ha ganado millones con empresas gubernamentales que, como la entidad hipotecaria Freddi Mac, vendían hipotecas basura.

Así las cosas, concluyo que, haciendo una media aritmética de un total de 60 encuestas, Mitt Romney ganaría hoy con un 40,9%, seguido por Gingrich (29,4%), Santorum (12,9%) y Paul (10,3%).

Publicado previamente en Cinco Días, día 31 de enero de 2012

Las elecciones en América se ganan en el centro

La religión juega un papel muy importante en la vida de los estadounidenses. El 26,3% se declaran protestantes evangélicos (incluidos los baptistas del sur: el 6,7% de la población de Estados Unidos. Los católicos suponen un 23,9%. La mayoría protestante es un 18% y las minorías son mormones (1,7%), judíos (1,7%) y musulmanes (0,6%).

Cuando las primarias republicanas pasaron de New Hampshire a Carolina del Sur, muchos acudieron a lugares comunes: "La carrera electoral se traslada al Sur", que es tanto como decir que, para Romney, ganador del liberal y moderado estado de New Hampshire, Carolina del Sur se convertiría en la prueba de fuego de su capacidad de llegar a ser el candidato oficial republicano. El 60% de los republicanos registrados son evangélicos. Todos muy conservadores. Divididos entre las dos grandes familias que luchan por hacerse con el alma del partido y América: los conservadores fiscales (menos Estado e impuestos; equilibrio presupuestario) y los conservadores sociales, para quienes las cuestiones religiosas son más importantes que la economía: no al aborto, no al matrimonio entre homosexuales, no al divorcio.

A las elecciones primarias del sábado 21 de enero de 2012 acudieron cuatro contendientes: Mitt Romney, Rick Santorum, Ron Paul y Newt Gingrich. Hasta dos días antes de celebrarse los comicios, seis encuestas diarias daban por ganador en Carolina del Sur a Mitt Romney, sacándole una media de 13 puntos a su más inmediato seguidor, el católico casado en terceras nupcias, Gingrich. Rick Santorum, católico practicante, acérrimo defensor de sus valores y nada dispuesto al compromiso, estaba al mismo nivel que el libertario Ron Paul, con un 14,5%. Sin embargo, los imponderables existen y, como escribió el emperador romano Marco Aurelio en sus Meditaciones, "ante los imponderables, hay que amar lo inevitable".

El único motivo por el que los republicanos de Carolina de Sur estaban dispuestos a darle la victoria a Romney era por su capacidad de batir a Obama. Los más pudientes económicamente apoyaban a Romney por sus conocimientos económicos y su capacidad de gestión empresarial, al frente de Bain Capital, denostada por Gingrich y The Wall Street Journal. Curiosamente, los más ricos en Carolina del Sur son también los menos religiosos. De hecho, el presidente de la Convención Baptista de Carolina del Sur se lamentó de que "la economía -y no los valores religiosos- sean la gran motivación de esas elecciones". En las primarias republicanas de 2008, el ganador en este estado fue el pastor Mike Huckabee, con un 43%; Romney se llevó solo un 15% de los votos.

Una de las grandes cuestiones que suscitó las primarias republicanas de Carolina del Sur es si las ramas conservadoras se vuelven más pragmáticas, con dos ejes fundamentales: la economía -y Mitt Romney es el mejor capacitado en el campo republicano para levantarla- y la electabilidad o capacidad de enfrentarse con éxito a Obama. Cuatro años más tarde, todos los republicanos de Carolina del Sur saben que votar a Huckabee en 2008 fue un error garrafal, aunque fuera un excelente pastor.

Santorum no ha dado, todavía, muestras de tener el más mínimo interés por la economía, que es lo que más preocupa a sus conciudadanos: como buen político, ignora todo en materia económica. Y, por encima de todo, valora sus principios cristianos, aunque la crisis económica se lleve por delante la prosperidad de la sociedad de consumo americana. Al menos le preocupa Irán, de quien ha dicho que, de ser él presidente, ya les hubiera bombardeado. Aquí tenemos a un George Bush Júnior II, en potencia. Ron Paul ha repetido que su objetivo no es alcanzar la presidencia, sino concienciar a la sociedad americana de la necesidad de liberarse del peso del Estado.

Poco antes de celebrarse las elecciones en Carolina del Sur, Rick Perry abandonó la carrera y dio su apoyo a Newt Gingrich. De repente, las encuestas se dieron la vuelta: un día antes de las primarias, Gingrich ganaba con el 32,5%, seguido por Romney (31,5%), Paul (14%) y Santorum (11,8%). Las encuestas bien hechas no se equivocan, sino que reflejan de forma evolutiva el sentir de los votantes. FT, The Economist y Bloomberg-Businessweek están de acuerdo: las elecciones, en América, se ganan en el centro. Desde 1980, quien gana las primarias republicanas en Carolina del Sur consigue la nominación presidencial.

Publicado previamente en Cinco Días, el 23 de enero del 2012

lunes, 6 de febrero de 2012

Aborto: Incoherencia de Obama

Acabo de leer esta noticia: “Obama persiste en denegar el pedido de los obispos y de los hospitales de asegurar la libertad de conciencia en las instituciones hospitalarias católicas sobre el aborto, la contracepción y la esterilización”. Confieso que no salgo de mi asombro. Y el motivo de mi sorpresa no es tanto el hecho de que Obama parezca estar a favor del aborto y, por contraste, yo me defina como una persona que está a favor de la vida, desde la concepción hasta la muerte. Por tanto, soy contrario al aborto en cualquiera de sus llamados “supuestos”.

Me importa más poner de relieve que lo que Obama está imponiendo es inconstitucional. Cualquier juez, en cualquier instancia, sin necesidad de llegar al Tribunal Supremo o al Constitucional, podrá tirar por tierra esta “legislación”: en Estados Unidos, al igual que en España, los derechos fundamentales de la persona recogidos en la Constitución (en el caso estadounidense, además, en los otros dos Documentos Fundacionales de la República: la Declaración de Independencia y el Código de Derechos) están por encima de cualquier otro. A instancias de parte, si, por ejemplo un médico o un hospital se niegan a hacer lo que la legislación de Obama pretende imponer, acude a los tribunales, las probabilidades estadísticas de que le den la razón al médico o al hospital son del 99,99%. Obama es profesor de Derecho Constitucional por Harvard Law School y sabe esto perfectamente. Aun así, sigue adelante en su empeño.

Segundo, la postura de Obama, al igual que la de Hillary Clinton, con respecto al aborto, siempre ha sido conciliatoria, nunca de confrontación. El presidente sabe que el aborto (al igual que el matrimonio entre personas del mismo sexo) es una cuestión que en América levanta pasiones, polariza, genera enfrentamiento. En su segunda biografía (“La audacia de la esperanza”, 2006), Obama narra un encuentro que tuvo con una familia numerosa católica que mostraba posturas contrarias a las suyas en lo que al aborto se refiere. Obama quiso razonar con ellos, aludiendo a los casos de violación, incesto, peligro para la vida de la madre, etc. Como la familia numerosa católica se mantenía en sus trece, al final Obama –siempre pragmático-, buscó una solución de compromiso: “bueno –les dijo-, al menos podremos ponernos de acuerdo en encontrar fórmulas para evitar embarazos no deseados, como la educación sexual, ayudas económicas para madres solteras, etc”. No del todo convencidos, los miembros de aquella familia le respondieron que “bueno, al menos, nos damos cuenta de que usted no es un fanático: rezaremos por usted todos los días”. Sin embargo, la posición tan firme en esta materia que ahora sostiene Obama, no va con él, ni con su carácter, ni con su forma de pensar, ni con sus escritos ni con su trayectoria. Es apreciable, una vez más una enorme incoherencia. Me llama mucho la atención.

Los católicos suponen el 23,9% de la población total de Estados Unidos (310 millones, según el último Censo, de 2010). Una gran mayoría de ellos son contrarios al aborto. Un 26,3% de estadounidenses son evangélicos y son abiertamente contrarios al aborto y muy combativos y agresivos en la defensa de sus ideas. Hay un 18% de americanos que pertenecen al resto de ramas protestantes (baptistas, metodistas, etc): en un 90%, son también personas que detestan el aborto. Siendo una cuestión que, por decirlo suavemente, “molesta” a la mitad de la población de Estados Unidos no alcanzo a entender la obstinación del presidente.

Confieso que aún lo comprendo menos desde el punto de vista electoral: el 6 de noviembre de este año 2012 se celebrarán elecciones presidenciales. Para el 73% de los votantes registrados (demócratas y republicanos) la principal preocupación es la economía. El 54% están angustiados por el elevado nivel de desempleo –pero esto es porque no conocen España y sus circunstancias-. En el bando republicano, donde se celebran elecciones primarias para elegir al candidato presidencial que se enfrentará a Obama en noviembre, todos los candidatos (Gingrich, Romney, Santorum y Paul) se oponen al aborto. Y América, en los últimos tres años, ha dado un giro al centro derecha que ya se manifestó claramente en las elecciones legislativas de noviembre de 2010, que ganaron los republicanos. Obama se equivoca electoralmente con su postura “abortista”: en cuestiones sociales, los católicos americanos se declaran demócratas, pero cuando se trata de temas morales y religiosos, los católicos son conservadores.

Por último, no me cabe en la cabeza que un presidente que defendió, con la Constitución en la mano, el derecho de los musulmanes a construir una mezquita en la Zona Cero de Nueva York, aludiendo al derecho a la libertad religiosa consagrada en la Carta Magna, ahora, incoherentemente, pisotee los derechos de muchos millones de ciudadanos (católicos, protestantes, evangélicos, musulmanes, y otros muchos no creyentes), imponiendo una ley que, en cualquier caso, la Cámara de Representantes y el Senado podrán tirar por tierra, si es que antes, no lo hacen los tribunales.

Publicado previamente en El Confidiencial Digital el 26 de Enero del 2012
Fotografía Top News