lunes, 6 de febrero de 2012

Aborto: Incoherencia de Obama

Acabo de leer esta noticia: “Obama persiste en denegar el pedido de los obispos y de los hospitales de asegurar la libertad de conciencia en las instituciones hospitalarias católicas sobre el aborto, la contracepción y la esterilización”. Confieso que no salgo de mi asombro. Y el motivo de mi sorpresa no es tanto el hecho de que Obama parezca estar a favor del aborto y, por contraste, yo me defina como una persona que está a favor de la vida, desde la concepción hasta la muerte. Por tanto, soy contrario al aborto en cualquiera de sus llamados “supuestos”.

Me importa más poner de relieve que lo que Obama está imponiendo es inconstitucional. Cualquier juez, en cualquier instancia, sin necesidad de llegar al Tribunal Supremo o al Constitucional, podrá tirar por tierra esta “legislación”: en Estados Unidos, al igual que en España, los derechos fundamentales de la persona recogidos en la Constitución (en el caso estadounidense, además, en los otros dos Documentos Fundacionales de la República: la Declaración de Independencia y el Código de Derechos) están por encima de cualquier otro. A instancias de parte, si, por ejemplo un médico o un hospital se niegan a hacer lo que la legislación de Obama pretende imponer, acude a los tribunales, las probabilidades estadísticas de que le den la razón al médico o al hospital son del 99,99%. Obama es profesor de Derecho Constitucional por Harvard Law School y sabe esto perfectamente. Aun así, sigue adelante en su empeño.

Segundo, la postura de Obama, al igual que la de Hillary Clinton, con respecto al aborto, siempre ha sido conciliatoria, nunca de confrontación. El presidente sabe que el aborto (al igual que el matrimonio entre personas del mismo sexo) es una cuestión que en América levanta pasiones, polariza, genera enfrentamiento. En su segunda biografía (“La audacia de la esperanza”, 2006), Obama narra un encuentro que tuvo con una familia numerosa católica que mostraba posturas contrarias a las suyas en lo que al aborto se refiere. Obama quiso razonar con ellos, aludiendo a los casos de violación, incesto, peligro para la vida de la madre, etc. Como la familia numerosa católica se mantenía en sus trece, al final Obama –siempre pragmático-, buscó una solución de compromiso: “bueno –les dijo-, al menos podremos ponernos de acuerdo en encontrar fórmulas para evitar embarazos no deseados, como la educación sexual, ayudas económicas para madres solteras, etc”. No del todo convencidos, los miembros de aquella familia le respondieron que “bueno, al menos, nos damos cuenta de que usted no es un fanático: rezaremos por usted todos los días”. Sin embargo, la posición tan firme en esta materia que ahora sostiene Obama, no va con él, ni con su carácter, ni con su forma de pensar, ni con sus escritos ni con su trayectoria. Es apreciable, una vez más una enorme incoherencia. Me llama mucho la atención.

Los católicos suponen el 23,9% de la población total de Estados Unidos (310 millones, según el último Censo, de 2010). Una gran mayoría de ellos son contrarios al aborto. Un 26,3% de estadounidenses son evangélicos y son abiertamente contrarios al aborto y muy combativos y agresivos en la defensa de sus ideas. Hay un 18% de americanos que pertenecen al resto de ramas protestantes (baptistas, metodistas, etc): en un 90%, son también personas que detestan el aborto. Siendo una cuestión que, por decirlo suavemente, “molesta” a la mitad de la población de Estados Unidos no alcanzo a entender la obstinación del presidente.

Confieso que aún lo comprendo menos desde el punto de vista electoral: el 6 de noviembre de este año 2012 se celebrarán elecciones presidenciales. Para el 73% de los votantes registrados (demócratas y republicanos) la principal preocupación es la economía. El 54% están angustiados por el elevado nivel de desempleo –pero esto es porque no conocen España y sus circunstancias-. En el bando republicano, donde se celebran elecciones primarias para elegir al candidato presidencial que se enfrentará a Obama en noviembre, todos los candidatos (Gingrich, Romney, Santorum y Paul) se oponen al aborto. Y América, en los últimos tres años, ha dado un giro al centro derecha que ya se manifestó claramente en las elecciones legislativas de noviembre de 2010, que ganaron los republicanos. Obama se equivoca electoralmente con su postura “abortista”: en cuestiones sociales, los católicos americanos se declaran demócratas, pero cuando se trata de temas morales y religiosos, los católicos son conservadores.

Por último, no me cabe en la cabeza que un presidente que defendió, con la Constitución en la mano, el derecho de los musulmanes a construir una mezquita en la Zona Cero de Nueva York, aludiendo al derecho a la libertad religiosa consagrada en la Carta Magna, ahora, incoherentemente, pisotee los derechos de muchos millones de ciudadanos (católicos, protestantes, evangélicos, musulmanes, y otros muchos no creyentes), imponiendo una ley que, en cualquier caso, la Cámara de Representantes y el Senado podrán tirar por tierra, si es que antes, no lo hacen los tribunales.

Publicado previamente en El Confidiencial Digital el 26 de Enero del 2012
Fotografía Top News

jueves, 26 de enero de 2012

Obama y lecciones de gestión empresarial

Existe una fascinación entre los líderes empresariales y directivos en España hacia los políticos que no tiene parangón en casi ningún otro lugar del mundo. En el caso de Francia, por poner un ejemplo cercano a nuestro país, es tal la facilidad del trasvase de directivos entre la empresa y la política que apenas hay distinción. También es verdad que el peso de la empresa pública en Francia es muy fuerte.

En Estados Unidos las cosas son muy distintas. Para empezar, hay un consenso generalizado en el país sobre que el capitalismo, la economía de libre empresa y de mercado, es la mejor manera de crear riqueza. El American Dream, como el propio nombre indica, es una invención estadounidense.

Como dice Bill Clinton en su último libro Back to work. Why we need a smart Government for a strong Economy, ese sueño consiste en que, si uno trabaja duro y sigue las normas, puede alcanzar el sueño de llegar a ser rico. En EEUU no está mal visto ser millonario y, frente a la envidia que caracteriza a los españoles, en América, el que llega arriba (el financiero Warren Buffett, el fundador de Microsoft, Bill Gates, y tantos otros) es un ejemplo para los demás.

Durante sus ocho años como presidente, Bill Clinton creó 23 millones de empleos, Ronald Reagan, 7,7, y George Bush hijo, 3,5. A Barack Obama, que heredó la peor recesión desde la Gran Depresión de 1929, todavía le queda un año de mandato hasta las elecciones presidenciales del 6 de noviembre y, casi con toda seguridad, superará por unos cientos de miles la cifra de creación de empleos de su antecesor.

Barack Obama tiene fama de tener un estilo de gestión reflexivo, consultivo, incluyente y decisivo. Bill Clinton era impulsivo, y se dejaba llevar por sus instintos. Era un hombre, un político, muy carismático. George Bush hijo solía delegar muchísimo, especialmente teniendo en cuenta que se rodeó de muchos hombres que habían trabajado previamente no sólo con su padre, también presidente, sino con otras administraciones republicanas, remontándose a la época de Nixon y Gerald Ford, entre 1974 y 1976: personas como Donald Rumsfeld o Dick Cheney, que con gran facilidad pasaban de ser consejeros delegados de una gran firma fabricante de armamento a convertirse en secretario de defensa o vicepresidente, por ejemplo.

'Pegados' al terreno

 

A Obama le gusta mucho tomarse su tiempo antes de decidir. Coincide con Clinton, y con Carter, en que necesita leer, estudiar informes sobre cualquier tema importante sobre el que ha de tomar decisiones: ya sea la economía o la seguridad nacional. El presidente es un hombre que escucha mucho, tantas opiniones de expertos como puede conseguir, especialmente si son personas pegadas al terreno. Es incluyente, porque admite opiniones diversas y hasta opuestas entre sí. Por último, sabe que en última instancia quien tiene que tomar las decisiones es él, y nadie más que él, y esto es algo a lo que no está dispuesto a renunciar.

Este comportamiento le ha causado algunos problemas, especialmente en dos ámbitos: en el económico y en el militar. Hay que tener en cuenta que Obama es un profesor de Derecho Constitucional que estudió en Columbia y en Harvard. No es ni economista ni ha servido en las Fuerzas Armadas. En materia económica, incluso antes de tomar posesión como presidente, Obama escogió a los mejores para formar parte de su equipo económico: a modo de ejemplo, un ex secretario del Tesoro con Clinton (Larry Summers, también decano de Harvard Business School), un ex presidente de la Reserva Federal con Ronald Reagan (Paul Volcker) y tantos otros.

Una cuestión que surgió desde el principio es que gente tan relevante exigía varias cosas: ser escuchados por el presidente, tener acceso directo a él y, sobre todo, que el presidente siguiera sus recomendaciones. Sobre lo primero, Obama no tenía –ni tiene- ningún problema, pero sí con las dos siguientes cuestiones. Esto provocó fricciones: gentes tan relevantes como Volcker o Summers querían imponer sus puntos de vista económicos al presidente. Obama no estaba dispuesto; como él mismo suele repetir con frecuencia: “En cada momento de la historia, sólo hay un presidente”.

Adicionalmente, Obama es un hombre que aprende fácil y rápidamente. Enseguida estuvo en disposición de opinar él mismo en materia económica. Esto terminó por hacer explotar a sus colaboradores. Tras año y medio en el cargo, sintiéndose despreciados, no suficientemente bien tratados y dejados de lado, casi todo el equipo económico de Obama fue dejando, por motivos personales su cargo. Incluso en su entorno más cercano, su jefe de gabinete, Rahm Enmanuel dejó la Casa Blanca para intentar ser alcalde de Chicago, cosa que consiguió. Todos los que abandonaron a Obama decían de él dos cosas: es demasiado inteligente y es demasiado arrogante. Cuántas veces ambas cosas van de la mano, en la vida en general, y en el mundo de los negocios en particular.

En lo que a los militares se refiere, hay que tener en mente que Obama es comandante en jefe. Cuando el general McChrystal, que había dirigido operaciones en Irak y Afganistán de forma brillante, vertió críticas y bromas ácidas sobre sus superiores militares en la cadena de mando a través de una entrevista en Rolling Stone, Obama no dudó en destituirle.

Muchas lecciones cabe extraer de la forma de gestionar de Obama: tan bueno es rodearse de colaboradores brillantes, como necesario es el saber gestionar bien a personas de mucho talento. Hay que ser consciente del lugar que se ocupa en la cadena de mando, aunque se sea presidente y comandante en jefe. Pero sin olvidar que los subordinados son también personas, y merecen el mejor trato posible como tales.

Publicado previamente en Diario Abierto enero 2011

martes, 17 de enero de 2012

New Hampshire o la "inevitabilidad"

“New Hampshire es el estado que le catapultará a la victoria en un corto espacio de tiempo”. La frase no es un titular de ningún diario norteamericano que anticipa los resultados de las primarias republicanas que se celebran hoy, 10 de enero de 2012, en el “Estado de Granito”. Se trata de John McCain, apoyando públicamente la candidatura de Mitt Romney. Lo curioso es que McCain no pronunció estas palabras en New Hampshire, sino en Carolina del Sur, el miércoles de la semana pasada, nada más celebrado el “caucus” de Iowa, que otorgó la victoria a Romney, por tan solo 8 votos de diferencia, respecto a su más inmediato seguidor, Rick Santorum. Al día siguiente de su pírrica victoria en Iowa, Mitt Romney viajó al muy conservador y protestante-evangélico-muy religioso estado de Carolina del Sur, donde se celebrarán, también, elecciones primarias el 21 de enero. Es en Carolina del Sur, donde Romney recibió el apoyo de McCain y el de la gobernadora del estado, Nikki R. Haley.

¿Por qué el salto desde Iowa a Carolina del Sur, ignorando New Hampshire, que es donde hoy se celebran las primarias republicanas? Porque hay dos fuentes de información que dan por inevitable la victoria del ex gobernador de Massachusetts. Por un lado, están los medios de comunicación: todos coinciden en la “inevitabilidad” de la victoria de Romney, hoy. Por otro, están las encuestas prelectorales, que otorgan el primer puesto a Romney por un ancho margen. Los sondeos diarios, entre el “caucus” de Iowa y las primarias de New Hampshire de hoy, dan un margen victorioso de 20 puntos porcentuales a Romney. 

La llamada “encuesta de encuestas” que realiza Real Clear Politics, resultado de la media aritmética de todas las encuestas realizadas en New Hampshire, cada día, en la última semana, dice lo siguiente: Romney gana hoy las primarias con un 40,2%, seguido por el libertario Ron Paul (20,8%), Rick Santorum (10,6%); John Huntsman (9,6%); Newt Gingrich (8,6%), y Perry (1%). 

Desde 1976, en el campo conservador, quien gana en New Hampshire, obtiene la nominación del partido como candidato oficial presidencial. Puesto que todas las encuestas dicen que hoy gana Romney, la unanimidad de los titulares de los medios de comunicación americanos es total: “Inevitabilidad de la victoria de Romney”. Inevitabilidad, porque todos los sondeos coinciden, con inapreciables diferencias: Romney supera al segundo (Ron Paul) por 19,4 puntos. ¿Por qué, por tan amplio margen? La respuesta está en una coincidencia de pareceres entre los electores de New Hampshire y Romney, y un rechazo generalizado del electorado del estado hacia los candidatos más conservadores. 

New Hampshire es el estado más liberal y menos religioso de Estados Unidos. Los republicanos del estado son los más moderados del espectro político conservador y eso explicaría que le otorguen a Romney una impresionante ventaja sobre sus rivales, porque ellos ven a Romney como un candidato republicano moderado y dan poca importancia al hecho de que sea mormón y no protestante o católico. Les importa más la economía, en un estado cuya tasa de paro, desde que comenzó la crisis, no ha bajado del 10% (en diciembre de 2011, la tasa de paro nacional bajó al 8,5%, al crearse 200.000 empleos netos, confirmando una tendencia positiva en la evolución del empleo, por sexto mes consecutivo). 

Además, la composición del electorado de New Hampshire es peculiar, para los estándares americanos generalizados: un 41% de los votantes registrados son “no declarados o independientes”: es decir, dicen no apoyar a ninguno de los dos grandes partidos. En este estado, el partido republicano permite a los “no declarados o independientes” participar en sus primarias. Entre un 35-40% de ellos acuden hoy a votar y dicen que apoyarán mayoritariamente a Romney. Un 30% del electorado son republicanos registrados, de los cuales acuden a las urnas el 62%, también a favor de Romney. El 29% son demócratas registrados.

Es comprensible que, en los dos debates electorales celebrados el pasado fin de semana, los candidatos que no son Romney hayan centrado en él sus ataques; la publicidad negativa de los contendientes ha orientado sus cañones al corazón de Romney. El mensaje más utilizado en esos anuncios en televisión ha sido el de acusar a Romney de moderado. Lo que no entiendo muy bien es cómo acusar a un candidato moderado, como Romney, de ser moderado, en un estado moderado con republicanos moderados, puede perjudicar a Romney y beneficiar a sus contrincantes más conservadores. Se me escapa la lógica de la estrategia.

A no ser que, lo que Santorum, Gingrich y Perry tengan en la cabeza no sea la inevitable pérdida de New Hampshire, sino que su objetivo sean las dos siguientes primarias, que se celebrarán en dos estados mucho más conservadores que New Hampshire: el 21 de enero en Carolina de Sur y en 31 del mismo mes, en Florida. Las credenciales más conservadoras de los candidatos y la religión decidirán quién gana en Carolina del Sur y en Florida. 

La realidad es que lo que se va a dirimir en las próximas primarias es quien inspira y domina el alma republicana. Se tratará de dar respuesta a la pregunta sobre qué pesa más: la gestión de la economía (Romney) o la religión y las cuestiones sociales (el resto). Cuando los republicanos diriman la cuestión, la palabra clave ya no será “inevitabilidad, sino electabilidad”: quién es el mejor candidato conservador para batir a Barack Obama en las elecciones presidenciales del 6 de noviembre.

Publicado en Cinco Días, el día 10/01/2012

martes, 10 de enero de 2012

El 'caucus' de Iowa es solo el principio

En este mismo diario, el año pasado, decíamos que, si las encuestas están bien hechas, conforme a la ficha técnica, y cuando se trata de estudios electorales se mide la evolución temporal para identificar tendencias y anticipar el resultado, lo habitual es acertar. Las matemáticas siguen siendo las matemáticas y 2 más 2 siguen siendo 4.

Estados Unidos se encuentra en campaña electoral presidencial. Extraoficialmente comenzó cuando, en abril de 2011, Obama anunció que se presentaba como candidato de su partido a las elecciones presidenciales del 6 de noviembre de 2012. En el campo republicano las cosas son más complejas: hay varios candidatos y casi todos están incumpliendo lo que Ronald Reagan denominaba el "undécimo mandamiento: nunca criticarás a un contrincante republicano".

Que Estados Unidos es hoy una nación más conservadora que hace tres años, cuando Obama ganó las elecciones en medio de la aclamación popular norteamericana y mundial, despertando simpatías y esperanzas, es un hecho cierto. La Norteamérica angustiada de hoy tiene el presidente con peores calificaciones desde 1948: el índice de aprobación de su gestión es el más bajo de todos los presidentes a estas alturas de su primer mandato: a 4 de enero de 2012, el 43% aprueba su gestión, frente al 48% que la desaprueba; ningún presidente, con estos datos, y con un índice de desempleo del 8,6% y crecimiento del PIB casi plano, ha vuelto a ganar elecciones. Obama, hoy, está peor que Jimmy Carter: la serie histórica de Gallup muestra que, en diciembre de su tercer año de mandato, Carter tenía un índice de aprobación del 53%; Reagan, del 54%; Bush padre, del 51%; Bill Clinton, del 51%, y Bush hijo, del 58%.

La gran ventaja para Obama es que la situación, en el campo republicano, es mucho peor. Según el semanario The Economist, en "Estados Unidos las elecciones se deciden en el centro". No es de extrañar, por tanto, que cuando enfrentamos electoralmente al presidente Obama con cualquiera de sus dos más probables contrincantes (tanto el más moderado, Mitt Romney, como el más conservador, Newt Gingrich), gane siempre Obama, por uno o por dos puntos porcentuales. Esto equivaldría a un -casi- empate técnico y tendríamos entre manos las elecciones más ajustadas en su resultado desde las presidenciales de 1960, en que Kennedy ganó a Nixon por solo 100.000 votos.

Si las elecciones de deciden en el centro, como sostiene The Economist, los republicanos deberían llamar a Houston, porque tienen un problema: la influencia arrolladora del Tea Party les ha hecho conservadores hasta el extremo, lo cual no les beneficia electoralmente. Según The Economist, que apoyó a Obama en 2008, "hoy, los candidatos republicanos deben situarse en la extrema derecha si quieren ser considerados por sus votantes". La defensora del Tea Party, candidata Michelle Bachmann, dice que solo lee libros religiosos protestantes-evangélicos, porque el resto de la literatura es basura; afirmó que el terremoto en Nueva York del pasado mes de agosto fue un castigo de Dios a los americanos, por haber votado a Obama. Rick Perry, exgobernador de Texas, como Bush, enseña en sus anuncios electorales a su hijo más pequeño, un crío, cómo se maneja un arma de fuego real. Ron Paul quiere acabar con el Estado y, por supuesto, con la política económica, lo cual supone, de paso, abolir la Reserva Federal. Con estos candidatos republicanos, los conservadores moderados y los independientes se arrojarán electoralmente, en noviembre, a los abrazos de Obama, cada vez más de centro.

Pues bien, según las encuestas -a pie de urna, que diríamos en España- sobre el primer enfrentamiento electoral oficial entre republicanos, en Iowa, en la noche de ayer a hoy, 4 de enero -horario español- (luego vendrán New Hampshire, Carolina del Sur y Florida, por este orden), entre republicanos que han de estar registrados, Mitt Romney y Ron Paul están casi igualados con un 24% y un 22% del voto conservador, respectivamente. Les sigue Rick Santorum, con un 19%. Conforme se celebra el caucus, The New York Times otorga probabilidades estadísticas de ganar a los tres candidatos en cabeza: a Romney le da un 40% de posibilidades, a Paul, un 34% y a Santorum, un 20%.

Sobre el papel, quién gane en Iowa es irrelevante. Iowa es un Estado que no representa sociológica ni sociodemográficamente Estados Unidos. Iowa es importante por su valor simbólico: es la primera cita electoral oficial republicana y atrae mucha atención mediática. Demuestra el interés del candidato por ganar, su capacidad organizativa y de recaudar fondos. Da pistas sobre qué piden a los candidatos las diversas familias electorales republicanas. Ha habido presidentes que, cuando eran candidatos, perdieron las elecciones de Iowa y luego gobernaron ocho años. Para Romney, ganar en Iowa, en cambio, significa un espaldarazo espectacular, porque es uno de los candidatos más moderados y más odiados por el Tea Party: en el campo republicano, es el más capacitado para sacar América de la crisis económica y enfrentarse a Obama con mínimas posibilidades de éxito. La victoria de Ron Paul es la ruptura del partido, por su pensamiento libertario, casi como si de un tercer partido político se tratara. Lo cual beneficiaría a Obama, como sucedió a Clinton con la aparición de Ross Perot, en 1992 y 1996. Rick Santorum en cabeza significa que el Tea Party y el conservadurismo más radical empiezan la campaña electoral con buen pie y dejan en mal lugar al aparato oficial del Partido Republicano.

La victoria de cualquiera de los tres candidatos en cabeza la noche del 3 al 4 de enero no significa nada definitivo: quedará aún mucho partido por jugar. Estas elecciones, tanto las primarias republicanas como las presidenciales del 6 de noviembre, van a ser las más complejas electoral, sociológica, económica y demoscópicamente desde las elecciones ya mencionadas que enfrentaron, en 1960, a Kennedy y a Nixon. La única manera de saber qué va a pasar es hacer un seguimiento diario de las encuestas, estudiar la evolución de la economía y tener la mente abierta para no creer, hoy, en la inevitabilidad de la victoria de un candidato, sea quien sea. Iowa es muy relevante, pero es solo el principio.


Publicado en Cinco Días, día 4 de Enero de 2012
Fotografía CBS

viernes, 6 de agosto de 2010

Línea directa con la Casa Blanca

Mi mujer y yo no somos el matrimonio Obama», le digo a dos mujeres españolas, andaluzas, que trabajan en el Hotel Villapadierna. Ambas se echan a reir ante la obviedad de lo que acabo de decir y una, más seria, me responde mirándome fijamente a los ojos: «Pero para nosotras, señor Díaz-Cardiel, es como si lo fueran, porque les vamos a tratar igual». Así es la hospitalidad de Málaga, de la Costa del Sur, de Andalucía y, en definitiva de España.

Ayer, como todos los años, llegué al hotel Villapadierna para disfrutar de unos días maravillosos en la Costa del Sol. Alejado de la polémica estéril generada por varios alcaldes de la zona sobre si Michelle Obama está en Benahavís, en Estepona, en Marbella, en Málaga, en España o incluso en la Unión Europea, yo vengo aquí porque, como tantos otros turistas del mundo, adoro la Costa del Sol.

También parece ser éste el caso de la Familia Obama, que ha querido pasar unos días en la Costa del Sol y, curiosamente, en el mismo hotel Villapadierna en el que yo estoy alojado. Muchos amigos y, especialmente periodistas y políticos, me preguntan si es simple casualidad que, habiendo publicado hace escasamente mes y medio mi último libro sobre el presidente Obama, ahora coincida con su mujer en el mismo hotel de la Costa del Sol. Lógicamente, digo la verdad: es mera casualidad y coincidencia. Mi libro, «Obama y el liderazgo pragmático», vio la luz hace dos meses, que es más o menos cuando hice la reserva en este hotel al que vengo desde hace años. Ya me hubiera gustado, pero no recuerdo haber hablado con la familia Obama cuando hice la reserva en el hotel.

En lo que sí hay coincidencia es en el hecho de que a la familia Obama le gustan los hoteles de la cadena Ritz Carlton y el hotel Villapadierna (propiedad de un empresario particular) está gestionado por esta cadena hotelera. Al anterior presidente demócrata de Estados Unidos, Bill Clinton, y a su mujer les gustaban -y les siguen gustando- los hoteles de la cadena Four Seasons. Sobre gustos no hay nada escrito, dice el refrán.

Hace unos días tuve la oportunidad de darle personalmente mi libro al embajador de Estados Unidos en España, empresario de éxito, académico, intelectual y muy amigo de la familia Obama de su época de Chicago, antes de que Barack Obama fuera elegido presidente. Cuando le dije que, según los medios de comunicación, iba a coincidir con la Primera Dama en el mismo hotel, los mismos días, el hombre sonrió y, simplemente, me dijo, en inglés, «estarás en el lugar más seguro del mundo». No le faltaba razón al señor embajador. Desde que dejé la autovía A-7 para tomar la desviación que me lleva al hotel, empecé a ver policías de todo tipo: municipales, nacionales y guardias civiles. Todos muy amables y sonrientes.

Ya, dentro del hotel, los saludos normales a cualquier cliente habitual. Y, más agentes de seguridad, pero éstos últimos norteamericanos y del famoso Servicio Secreto que acompañan siempre a los inquilinos de la Casa Blanca. Unos, de traje oscuro y en cuadrilla; otros, «disfrazados de turistas». Todos, con el «piringanillo» en la oreja que les identifica con el Servicio Secreto. Entre unos y otros, preocupados y ocupados de garantizar la seguridad y la privacidad e intimidad de la Primera Dama y de su hija Sasha.

¿Cómo es Michelle Obama?, me preguntan muchos. En mi libro la denomino «el descanso del guerrero». Ella es una abogada de éxito que comparte con las primeras damas Laura Bush y Hillary Clinton el tener carrera universitaria (ella, por Princeton) y un doctorado (en su caso, en leyes, por la Harvard Law School). Al igual que su marido, es una intelectual y profesora universitaria, con una carrera profesional exitosa que, al llegar a la Casa Blanca, ha decidido aparcar temporalmente para cuidar de su marido y de sus hijas. Tal y como otras primeras damas le han avisado, el peso del Despacho Oval (la famosa habitación de la Casa Blanca donde los presidentes americanos dirimen los destinos del mundo) es muy grande y tiende a hundir los hombros de los presidentes. Es entonces cuando las primeras damas ayudan a sus maridos a poner las cosas en perspectiva: además de presidente, Barack Obama es esposo y padre y, sobre todo, en la Casa Blanca, está de paso: su verdadera casa está en Chicago, de donde ellos provienen.

«El estar de paso» es algo que se nos puede aplicar a todos, en todos los sentidos. Pero eso no evita que dejemos nuestra huella allá por donde pasamos. De la misma manera en que el presidente americano Bill Clinton dejó huella en Granada, al divisar desde el Balcón de San Nicolás la puesta de sol sobre La Alhambra (algo que ayer, 5 de agosto de 2010, también pudo disfrutar Michelle Obama), el apellido Obama ya ha dejado huella indeleble en la Costa del Sol, en Andalucía, en España y, por supuesto, en Málaga.

Durante años, en mis muchos viajes a Estados Unidos, he tenido que explicar que vengo de Toledo, España, no de Toledo, Ohio. Los famosos conquistadores que, como Hernán Cortés o Pizarro hicieron las Américas, bautizaron ciudades en Estados Unidos que llevaban los mismos nombres que nuestras ciudades en Castilla y en Andalucía. Seguro que, en Estados Unidos, hay alguna ciudad o provincia llamada Málaga. Estoy seguro de que, desde que la familia del primer presidente afroamericano de Estados Unidos (Barack Obama), ha puesto pie en Andalucía, son muchos millones de personas en todo el mundo los que ya conocen el nombre de Málaga (España), y que lo asocian con el buen gusto, el refinamiento, la exquisita educación, la extrema calidad y la maravillosa hospitalidad que caracterizan a Málaga y a la Costa del Sol.

Confieso que no me hacía falta la primera dama de Estados Unidos para recordarme todo eso. Pero sí es verdad que, ahora y gracias ella, no sólo yo, sino todo el planeta, sabemos de las maravillas de la provincia de Málaga y la Costa del Sol. Desde mi habitación y en el mismo hotel, comparto con Michelle Obama una Casa Blanca distinta que no tiene sede en Washington D.C., sino en Benahavís.

Tribuna publicada en La Nueva España, el 6 de Agosto de 2010

Un nuevo orden internacional

El Diálogo Estratégico y Económico es el marco de trabajo en que se desarrollan las relaciones entre las dos grandes potencias del siglo XXI, y nació el 1 de abril de 2009, en el seno del G-20, en Londres. En aquel momento, los presidentes Obama y Hu Jintao hicieron una declaración conjunta en que pusieron de manifiesto su deseo de caminar hacia la mejora de las relaciones entre China y EE UU, en el nuevo siglo. Realmente, y al margen de eufemismos, se trataba del reconocimiento de una nueva realidad: el peso enorme (económico, político, geoestratégico) de las naciones emergentes y el hecho de que América no puede hacer las cosas por sí sola, ni puede continuar siendo el único motor económico del mundo. Como dijo la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, en su visita al Pabellón de Estados Unidos en la Expo de Shanghai, en mayo de 2010: "no hay prácticamente cuestiones que no puedan resolverse sin el concurso de China y EE UU". América, con Obama, ya no anda sola por el mundo: desea -y necesita- tener un compañero de viaje con quien compartir las arduas tareas del liderazgo mundial, aunque lo haga a regañadientes.

El llamado Diálogo abarca muchas cuestiones que afectan a los dos países. Para evitar conflictos, el marco de trabajo se divide en dos ámbitos: una parte del Diálogo, denominado Estratégico, depende de la secretaria de Estado, Hillary Clinton y su homólogo chino Dai Bingguo; la otra parte del Diálogo, la económica, depende del secretario del Tesoro Timothy Geithner y el vicepremier chino Wang Qishan. El Diálogo Estratégico trata la cooperación mutua en materias como economía y comercio, contraterrorismo, imperio de la ley, ciencia y tecnología, educación, cultura, salud, y no proliferación nuclear.

Muy importante es la solución de conflictos, como la desnuclearización de la península de Corea, el enriquecimiento nuclear iraní, la crisis humanitaria en Sudán y la inestabilidad en Asia. Todos estos temas han sido, desde hace mucho tiempo, prioridades para el presidente Obama y sus antecesores, Bush y Clinton. Durante la celebración de las reuniones del Diálogo en Pekín, en mayo de 2010, la crisis entre las dos Coreas y la consiguiente inestabilidad en Asia alcanzó su máximo apogeo: una investigación internacional sentenció que Corea del Norte era el origen del torpedo que hundió el buque de guerra Surcoreano Cheonan, en marzo de este año. Con ambas Coreas al borde de la Guerra, Estados Unidos se empeñó en imponer más sanciones a Corea del Norte a través del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. China, miembro permanente de dicho Consejo y el único país con ascendiente sobre Corea del Norte, tras mucho nadar y guardar la ropa, pareció dispuesta a adoptar una postura más objetiva sobre la disputa. Algo parecido está sucediendo ahora, con Irán.

En Japón -aliado de Estados Unidos, que se protege de Corea del Norte gracias a las bases americanas en suelo japonés-, se produjo un cambio inesperado en el Gobierno: el primer ministro, Yukio Hatoyama, dimitía a finales de mayo de 2010 por no haber cumplido con la promesa electoral que le aupó al poder: cerrar la base militar americana de Okinawa. La gran cuestión es qué hubiera hecho cualquier primer ministro japonés de haber estado en los zapatos de Hatoyama: ¿echar a los norteamericanos de Japón, dejando indefenso el suelo patrio, en el mismo momento en que Corea del Norte amenazaba la estabilidad de toda la región?

Cuando Estados Unidos envía a China, en el marco del Diálogo Estratégico y Económico a su secretaria de Estado, Hillary Clinton, y a su secretario del Tesoro, Timothy Geithner, junto a los que fueron doscientos altos funcionarios del Gobierno americano, en la más grande y alta representación norteamericana en un viaje oficial a un país extranjero, Obama está reconociendo el enorme peso de China y el inmenso respeto que China le impone. Por supuesto que las armas son importantes, pero en el siglo XXI, cuando el mundo aún no ha salido de la mayor recesión económica desde 1929, la primacía la imponen el producto interior bruto, la generación de riqueza y empleos, la innovación tecnológica y la calidad de vida. Por un momento, Estados Unidos, en sus relaciones con China, está dispuesto a dejar de lado -temporalmente- Taiwán, internet, los derechos humanos, Tíbet y el Dalai Lama. Estados Unidos ve cómo China, con un quinto de la población mundial y crecimientos del PIB, desde principios de los años ochenta, superiores a dos dígitos porcentuales, está forjando el mundo del siglo XXI.
Al mismo tiempo, Estados Unidos reconoce que las reglas del juego en política internacional han cambiado: a las viejas potencias, surgidas de la II Guerra Mundial, han sustituido otras, a las que Estados Unidos debe otorgar importancia: Eso exige, en opinión de Obama, la apertura de Estados Unidos al mundo con una voluntad de cooperación, no de imposición. "Seremos firmes en la consolidación de las viejas alianzas que nos han servido tanto, pero en la medida en que otros países empiezan a ser influyentes, tenemos que construir nuevas alianzas y diseñar instituciones internacionales más robustas".
El 22 de mayo de 2010, la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, quien encabezaba "la pata" Estratégica del Diálogo entre Estados Unidos y China, hablaba sobre la naturaleza de las relaciones entre ambos países. Aprovechando su visita al Pabellón de Estados Unidos en la Expo de Shanghai, Hillary Clinton afirmaba: "La forma del futuro del mundo depende en un grado muy alto, de la relación evolutiva entre EE UU y China: si nuestras relaciones son definidas por soluciones en que ambos ganamos, en vez de juegos de suma cero basadas en rivalidades, todos triunfaremos y prosperaremos juntos. No siempre estaremos de acuerdo en todo, pero deberíamos buscar y coger las oportunidades -como esta Expo- para construir un mayor entendimiento entre nuestros pueblos".

Clinton no perdió oportunidad de decir por qué Estados Unidos es la primera nación de la tierra, todavía: "Este pabellón de Estados Unidos en Shanghai encarna muchas de las cualidades que hacen de mi país una nación próspera y vibrante: innovación, sostenibilidad, diversidad y el libre intercambio de ideas".

Tribuna publicada en Cinco Días el 5 de Agosto de 2010

domingo, 4 de julio de 2010

Obama y el liderazgo pragmático

Quiero agradecer a tantos amigos, y a periodistas, y a medios de comunicación que se han hecho eco de mi último libro: “Obama y el liderazgo pragmático”, de Profit Editorial (venta online). Tres semanas en las librerías (Corte Inglés, Fnac, Casa del Libro, Carrefour etc) y el libro está teniendo muy buena acogida. 

En “Obama y el liderazgo pragmático”, dedico atención a las reformas del presidente Obama en política nacional, así como a la economía y las relaciones internacionales. Desde una perspectiva histórica y poniendo en contexto la figura de Obama junto a la de los presidentes norteamericanos del siglo XX, desde FDR (F.D. Roosevelt) hasta hoy. Y procurando proyectar su política hacia el futuro en la medida en que afectará a estadounidenses y ciudadanos del mundo, españoles también.

El Pais de hoy dedica dos páginas al libro.