martes, 17 de septiembre de 2013

La sanidad, clave en las elecciones USA

El 51% de los americanos cree que Obama gestionaría mejor la Sanidad que Romney. 

Romney dice que, si gana las elecciones, abolirá la Reforma de la Sanidad que Obama convirtió en ley el 23 de marzo de 2010. En el primer debate electoral, Romney añadió que, durante sus dos primeros años, Obama malgastó energías en sacar adelante una ley que los norteamericanos no necesitaban, en vez de centrarse en solucionar el penoso estado de la economía y el desempleo. En sus afirmaciones, hay parte de verdad y parte de distorsión de los hechos. Hasta junio de 2012, para un 70% de estadounidenses, la Sanidad no era una cuestión electoral relevante, pero Obama no sólo aprobó Obamacare, sino también planes de estímulo de la economía, rescate de sectores económicos, Reforma Financiera, finalización de las guerras de Irak y Afganistán, etc.
Obamacare dio lugar al Tea Party, que en 2009 y 2010, generó mucho debate en torno a la Reforma Sanitaria y la intervención del Estado en la vida de las personas, sobre todo en cuestión de impuestos. Fue la consideración de impuesto –la obligación que impone la ley de que toda persona tenga seguro médico–, lo que salvó la constitucionalidad de Obamacare, el 28 de junio de 2012, según sentencia del Tribunal Supremo.

 Hoy la Sanidad es el segundo asunto electoral más importante para los votantes tras su preocupación por la economía y el desempleo. El 50% de electores creen que Obama tiene un buen plan sanitario, frente a un 44% de Romney. En los 12 estados bisagra, al igual que en toda la nación, el 51% cree que Obama gestionaría mejor la Sanidad que Romney. Los motivos son los siguientes: la ley tiene por objetivo que, en dos décadas, el 100% de la población tenga seguro médico. Hoy, de 311 millones (censo de julio de 2012), 50 millones no disponen de cobertura sanitaria.

Gracias a Obamacare, 32 millones de personas la tendrán en 2013. Obama quiere reducir el déficit público acabando con ineficacias e ineficiencias en el sistema sanitario, en 2012, reduciendo gastos –imputables a las aseguradoras– en 716.000 millones de dólares. Hasta la entrada en vigor de la ley, las aseguradoras expulsaban a los hijos de los seguros médicos familiares, cuando cumplían 19 años. En cambio Obamacare ya ha hecho posible que tres millones de jóvenes puedan tener cobertura médica gracias a sus padres hasta los 26. Muchas aseguradoras no aceptaban a algunos pacientes y no cubrían ciertas enfermedades si la persona tenía una dolencia previa a la firma de la póliza del seguro. Obamacare garantiza la cobertura sanitaria.

¿Por qué, a pesar de la polémica que acompañó a la aprobación de Obamacare, una mayoría de americanos está hoy del lado del presidente y no de Romney? Por varios motivos: Estados Unidos tiene una población cada vez más envejecida y, en un cuarto de siglo 100 millones de personas serán mayores de 65 años. En estados bisagra –y electoralmente vitales, como Florida–, el número de jubilados es elevado. No han escuchado de Romney un plan concreto –aunque sí de Obama– sobre la Sanidad y, en cambio, han oído hablar del plan de reducción del déficit público del candidato a vicepresidente republicano, Paul Ryan, que mete un tijeretazo monumental al Estado del Bienestar. Aunque las medidas de Romney-Ryan van dirigidas a los menores de 55 años, muchos jubilados están asustados, incluidos porcentajes muy elevados de republicanos. Obama recuerda que, para redactar su Ley Sanitaria, se inspiró en la reforma de la sanidad que hizo Romney cuando era gobernador de Massachusetts: ambas leyes son (casi) idénticas. Esto preocupa a muchos conservadores, que piensan que Romney no tiene principios y que, en cuestiones morales, es un candidato que cambia de opinión si le conviene electoralmente: sea con el aborto, la contracepción o el matrimonio entre homosexuales. 

El índice de aprobación del presidente es positivo por los pelos (49% frente al 48%) y, hoy, de siete encuestas nacionales, Romney gana en cuatro y Obama en tres. La media aritmética de los datos de las siete encuestas daría como resultado un empate técnico entre candidatos, ambos con un 47,3% de estimación de voto, metodología que no es científica, pero que refleja lo ajustado que será el resultado de la elección. Previamente al primer debate, Obama superaba a Romney en seis puntos –voto popular– y le arrasaba en delegados; ahora, la distancia es mínima: 201 delegados a 191.

Tras el segundo debate, siguen empatados en un 47% y su capacidad para atraer a los votantes hacia su visión sobre la economía, la sanidad y la política internacional decidirá el resultado junto a dos factores tan sencillos como esenciales: Reagan demostró que las elecciones se ganan cayendo bien a la gente, y no inundándola con datos, y que el electorado premia a candidatos que tienen sólidos principios éticos, morales y religiosos, y son coherentes con ellos.

Publicado previamente el 17 de septiembre de 2013 en La Gaceta

jueves, 7 de marzo de 2013

martes, 25 de septiembre de 2012

Sprint final hacia la Casa Blanca

Si hoy hubiera elecciones presidenciales en Estados Unidos, Barack Obama ganaría a Mitt Romney por tres puntos: 48,5% versus 45,5%, en voto popular. Esa diferencia porcentual está dentro del margen de error de cualquier buena encuesta preelectoral: sería un empate técnico. Hay precedentes: en 1960, Nixon versus Kennedy, y en 2000, Kerry y Bush. Pero el sistema electoral estadounidense es indirecto y, en cada Estado, se eligen delegados que forman el colegio electoral: ellos eligen al presidente.

Nuestras estimaciones, basadas en un tracking diario nacional, y otro en cada uno de los Estados, conforme la información provista por media docena de encuestas diarias, nos dan un par de intervalos: en el primero, Obama consigue 237 delegados y Romney, 191; en el segundo, el presidente gana 332, y Romney, 206. La diferencia entre ambas mediciones se explica porque, en un caso se tienen en cuenta solo los Estados en los que sabemos, con certeza, la intención de voto (primer intervalo) y, en el segundo, están incluidos los 12 Estados en que hay un 10% de independientes (media aritmética), cuyo voto es difícil predecir. A finales de septiembre es más fiable el primer intervalo que el segundo. Nunca la sociedad americana había estado tan polarizada y enfrentada.

Obama, además de ganar por votos y delegados, también cae bien a una gran mayoría de americanos. En Europa, este factor es menos relevante en unas elecciones, pero en Estados Unidos es muy importante: tanto que, sin este parámetro, no se entienden las victorias de Ronald Reagan o Bill Clinton, los dos presidentes, junto a JFK (Jack Kennedy), más populares, simpáticos, atractivos y carismáticos según los potenciales votantes. En el caso de Clinton, este dato alcanza hoy el 66%, porque incluye un 25% de republicanos, que recuerdan con nostalgia la era Clinton de bonanza económica: mercados de valores al alza; empresas tecnológicas disparadas; globalización; desregulación financiera; Estados Unidos como única superpotencia del mundo, sin la URSS; crecimientos del PIB del 3,5%, durante ocho años, y 23,1 millones nuevos empleos.

Obama cae bien al 50,4% y cae mal al 43,4%. Romney, cae bien y mal, por igual, al 43,8% de votantes registrados. Nuestras encuestas se han realizado un día antes de que se hiciera público el vídeo en que Romney dijo que el 47% de los votantes de Obama "no le importan y que no les convencerá jamás: creen que tienen derecho a trabajo, comida y ropa gratis, proveída por el Estado. No creen en la responsabilidad personal"; y "si mi padre tuviera apellidos mexicanos, mis posibilidades de ser elegido se doblarían". Veremos en breve cómo estas declaraciones influyen en los votantes de clase media y las minorías: afroamericanos, asiáticos y, por supuesto, hispanos, todos proclives a votar a Obama.

Durante julio y agosto, la campaña estuvo protagonizada por la carrera de los candidatos para conseguir dinero, la publicidad positiva y negativa de ambas partes, las convenciones, y por el debate en torno a los temas que hoy preocupan a la sociedad americana. Casi todos estos asuntos eran nacionales (domésticos, dicen en EE UU) y tan solo ha entrado en liza la política internacional (donde Obama, en todas las encuestas diarias desde que tomó posesión, ha obtenido calificaciones positivas superiores al 50%), cuando el mundo musulmán se ha enfadado, atacando intereses norteamericanos y occidentales (alemanes y británicos, entre otros), tras la emisión de un vídeo que denigra al profeta Mahoma.

Por lo demás, el verano político se centró en varios asuntos, tanto entre la opinión pública como entre la opinión publicada. Lo sé, no solo porque hago seis encuestas diarias en Estados Unidos y leo muchas publicaciones americanas, sino porque pasé el mes de agosto recorriendo los 12 Estados en que se decidirá el resultado final de la elección: pocas veces la preocupación de las personas normales, de la calle, coincide con lo que dicen los medios de comunicación, manifiestan las encuestas y, ya el colmo, es idéntico al discurso de los políticos. Me pareció un fenómeno digno de estudio y que diferencia esta campaña presidencial de todas las demás: solo es equiparable a la que, en 1980, enfrentó a Carter y a Reagan, y en 1960 a Kennedy con Nixon, por conquistar el alma de Estados Unidos.

¿Qué preocupa hoy a los electores? La supremacía mundial de América; el tamaño del Estado; la mayor o menor intervención del Gobierno en la economía; el desempleo (ahora, en el 8,1%, a pesar de la creación de 4,5 millones de empleos netos entre junio de 2009 y agosto de 2012, que se explica por el aumento de la tasa de actividad y el de la población activa que busca trabajo); inmigración (América tiene 50 millones de ciudadanos hispanos y 15 millones de ilegales o aliens latinos); las reformas sanitaria (Obamacare) y financiera; el recorte del gasto público y en qué partidas (¿defensa o programas sociales?); impuestos; el equilibrio presupuestario (sobre lo que Paul Ryan, candidato a vicepresidente con Romney, tiene un plan muy austero y draconiano) para volver a crecer en PIB por encima del 3%, con el que Estados Unidos conseguiría el pleno empleo; en el exterior, lo de siempre: Irán, Corea del Norte, la esquizofrénica relación de amor y odio con China (la financiación china mantiene el exiguo consumo americano), y los precios de la vivienda y de la gasolina, muy relevantes en Estados Unidos. Por supuesto, las relaciones con Israel, empañadas con los demócratas por el deseo judío de atacar a Irán antes de que obtenga la bomba atómica, lo que provocaría consecuencias imprevisibles en Oriente Medio y torpedearía el proceso de paz palestino-israelí, hoy estancado.

Las elecciones las decidirán 12 Estados y diversos segmentos sociodemográficos de votantes: jóvenes, mujeres, desempleados, latinos (los hispanos legales suponen el 17,9% de la población, según el censo de julio de 2012), veteranos, clase trabajadora y los milmillonarios que aportan fondos a cada candidato. Versus 2008, los 15 millones de seguidores de Barack Obama en Twitter, y el millón de Mitt Romney, tienen poco que decir en las elecciones de 2012. Dinero manda.

Publicado previamente en Cinco Días el 24 de septiembre de 2012

sábado, 12 de mayo de 2012

Elecciones en USA: lo que motiva a los electores


Si hoy se celebraran las elecciones presidenciales estadounidenses, Obama (46,7%) ganaría a Romney (45,4%) por 1,3%. Estadísticamente hablando, es un empate técnico. No es el recuento total del voto popular lo que decide las elecciones, porque el sistema americano es indirecto, sino el número de delegados que, en el llamado Colegio Electoral, apoyan a uno u otro candidato: para ser presidente, son necesarios, al menos, 270.

Nuestra proyección actual para Obama es de 253 y de 170 para Romney; 115 están en el aire, en estados del Centro y el Sur. En estados que inclinan la balanza de las elecciones (Florida, Ohio, Virginia), Obama también gana a Romney por estrecho margen.

Es relevante saber qué preocupa a los electores de ambos partidos, hoy. Nuestras encuestas destacan las siguientes prioridades de los electores, sin mencionar las que están por debajo del 50%: la economía (71%), el precio de la gasolina (65%), el gasto federal y el déficit público (60%), el acceso a -y el poder permitirse- un seguro médico (60%), y el desempleo (55%). Es más fácil entender que Obama vaya en cabeza, sabiendo que el 50% de los americanos confían más en el presidente, que en Romney (42%), a la hora de gestionar la economía. Cierto: ese índice, cuando Obama tomó posesión, en enero de 2009, era del 71%; ha perdido 21 puntos. El índice de aprobación global de la gestión del presidente arroja hoy un saldo neto negativo del -0,6%, por vez primera desde agosto de 2011. Todo tiene que ver con la economía.

Desde que Estados Unidos abandonó la recesión, en junio de 2009, los 11 siguientes trimestres han sido de un crecimiento medio del PIB del 2,5%. Las comparaciones son odiosas, pero tras la recesión de los años ochenta, el aumento medio del PIB, con Ronald Reagan, en los 11 trimestres posteriores a la salida de la crisis, fue del 6,1%. Es verdad que, entonces, el mundo era distinto: el G-8 dominaba el planeta, había dos Superpotencias (Guerra Fría) y no existían, ni el G-20, ni los Países Emergentes. China solo cambió su política económica radicalmente, a favor del capitalismo de Estado, en 1983. Con Clinton, el crecimiento medio (1993-2001) fue del 3,5%, y se crearon 21 millones de empleos: media neta mensual de 200.000 puestos de trabajo.

Entre septiembre y diciembre de 2011, América creó 200.000 empleos netos mensuales. En el primer trimestre de 2012, la media neta mensual fue de 150.000 nuevos empleos (los números de marzo han sido ya revisados al alza), con crecimientos del PIB del 3% (último trimestre de 2011) y 2,2% en 2012. 

La economía es la primera preocupación de los electores. Obama mantiene su base electoral intacta: aumenta el apoyo femenino y baja un poco el hispano, porque aun no hay –la prometida- ley de Inmigración. El problema lo tiene Romney: ha de convencer a 4 colectivos para que le voten: americanos del MidWest (donde Santorum arrasaba), los republicanos más conservadores, los muy religiosos y los jóvenes. Si lo consigue, quizá gane las elecciones.

Publicado previamente en La Gaceta el 11/05/2012

martes, 8 de mayo de 2012

La reinvención de Obama

¿Cuál es el futuro de EEUU?¿Quién liderará la salida de la recesión económica? Para hacer frente a estas preguntas Jorge Díaz-Cardiel aborda los principales retos de EEUU y realiza un exhaustivo estudio del pasado, presente y futuro de la figura de Barack Obama como presidente.

¿Cómo ha logrado Obama, liberal y progresista, triunfar en la sociedad americana siendo ésta en su mayoría conservadora? ¿Se debe a su marca personal?¿Funcionaría ahora del mismo modo si se volvieran a celebrar elecciones? O… ¿era necesaria una reinvención de su marca y pasar del progresismo al centro político?

En una primera fase, Obama se muestra decidido y enérgico sacando adelante muchas iniciativas entre las que destacan la creación de una  nueva arquitectura financiera internacional. El slogan que se asocia a su marca es el “Yes, we can” que durante un tiempo funciona, pero que supuso un antes y un después con respecto al decaimiento que se produjo en EEUU, durante 2007-2008, años en los que la marca Obama representaba una promesa de cambio. “Yes, we can” significaba “soy capaz de remontar esta situación difícil con mis propias fuerzas”, explica Jorge Díaz-Cardiel, ser resiliente.

El cambio de dirección en el desarrollo de una marca personal es posible, la reinvención  forma parte de un proceso evolutivo para adaptarse a las necesidades de cada momento.


El personal branding de Barack Obama

La marca personal de Obama llegó a ser tan global gracias a los medios de comunicación y a la “viralidad” de las redes sociales, aunque Jorge Díaz-Cardiel reconoce que lo tenía fácil tratándose del presidente de un país que representa el 25% del PIB mundial y con una cultura que ha impregnado al mundo entero.

En su opinión, es posible reinventar la marca personal, y darle un giro para adaptarse a las necesidades de los stakeholders (grupos de interés), de hecho en el caso de Obama, el presidente se da cuenta en el año 2010, de que la sociedad americana había evolucionado hacia el centro derecha; y en lo que podríamos llamar segundo período, asistimos a la evolución de Obama como una figura más humilde y a un movimiento lateral hacia el centro político que provocó un sentimiento de traición entre su electorado más liberal. Mientras, los especialistas económicos no se refieren a este cambio  como un movimiento oportunista, ni hablan de “chaqueterismo”, sino de pragmatismo.

En esta última etapa, la actual, es cuando Barak Obama trata de revalidar su victoria electoral reinventando su marca, tomando un cariz más conservador, adaptándose a la evolución de la sociedad americana y dando un espectacular giro hacia el centro político. Lo que en palabras de Jorge Díaz-Cardiel, autor de “La reinvención de Obama”, es “una receta segura para proveer de esperanza a una sociedad que últimamente había caído en la desilusión”.

Y es curioso el dato que Jorge nos aporta de la información publicada por las revistas económicas americanas “Newsweek” y “Business week“ que presentan a los contrincantes de Obama, no como próximos presidentes de un país, si no como consejeros delegados de ese país. Lo que demanda hoy en día la sociedad son políticos pragmáticos que den la vuelta a la situación económica. Hasta ese punto se pueden encontrar similitudes entre la gestión de un país y de una empresa.

martes, 24 de abril de 2012

Obama versus Romney

La economía estadounidense crecerá este año un 2,7%, según el panel de economistas que, mensualmente, entrevista The Wall Street Journal. La tasa de paro acabará el ejercicio en el 7,9%: ahora está en el 8,2%, tras siete meses de creación de empleo. Esos economistas prevén una tendencia positiva en la economía norteamericana en los años 2013 y 2014: el producto interior bruto (PIB) rondará el 3% y el paro, el 7%. Es un escenario criticado desde lo que en Europa denominamos izquierda y derecha: a la izquierda le parece que la política económica de Barack Obama es tibia en lo social y que debería haber más paquetes de estímulo: económico, fiscal y monetario. Desde la llamada derecha se sigue acusando a Obama de socialista o comunista.

La sociedad americana vive fundamentada en un pilar inamovible que sigue atrayendo a millones de inmigrantes de todo el mundo: el sueño americano. Este concepto cree firmemente en la igualdad de oportunidades para todos, pero se opone al igualitarismo que predican las izquierdas. El sueño americano va a ser el foco principal de atención de la campaña electoral presidencial que acaba de arrancar. Eso sí, sin crecimiento económico y generación de empleo, no hay sueño que valga. Ya hemos dicho al principio que los datos macroeconómicos son positivos, tanto hoy como cara al futuro. Ya los querríamos para Europa y para España.

Si el panel de economistas hubiera sido entrevistado por medios liberales (New York Times, Newsweek, Time, Washington Post), la denominada derecha pondría el grito en el cielo, acusando al medio de falta de objetividad. Por eso, me alegro de que sea un diario capitalista quien haga la encuesta y que medios europeos capitalistas (Financial Times, The Economist) digan lo mismo. Recordemos que todos los medios citados apoyaron a Obama en las elecciones de noviembre de 2008.

Hoy las cosas son, evidentemente, distintas. Lo raro sería que no hubiera habido cambios en cuatro años. Obama será juzgado tanto por lo que ha hecho como presidente como por su promesa de futuro. La reforma sanitaria -hoy sujeta a lo que digan los tribunales-, la reforma financiera, las operaciones de salvamento de sectores enteros de actividad (seguros, automóvil, Wall Street, infraestructuras) y la creación de 4 millones de puestos de trabajo. Un total de 33 millones de personas que no tenían cobertura sanitaria, ahora la tienen. Obama quiere que el 1% de los contribuyentes pague más impuestos, conforme a la norma Buffett, que pide que los millonarios paguen más, para financiar la Seguridad Social, Medicaid y Medicare, y potenciar el crecimiento económico.

En política exterior, Obama ha apretado económicamente las tuercas a Irán y a Corea del Norte, sin llegar a las manos, como quieren los republicanos. Ha finalizado la guerra de Irak y a la de Afganistán le quedan dos telediarios. A Obama no le tembló la mano al ordenar la muerte de Bin Laden. Ha extendido un orden geopolítico multipolar con una relación privilegiada con los países BRIC, especialmente con China: amigo y enemigo, al mismo tiempo.

En este contexto, el índice de aprobación de la gestión de Obama es ajustado: 47,3% le aprueban y 47,7% le rechazan. El Congreso, republicano, sale peor parado: 79,3% desaprueba su gestión y 13% le aprueba. El 61% cree que el país va en la dirección equivocada y el 33,5% está satisfecho. Así las cosas, y cuando el bando republicano ya tiene, extraoficialmente, un candidato presidencial, Romney, ¿qué pasaría si hubiera elecciones hoy? Obama ganaría, en voto popular, con el 46,6% de los votos, versus Romney, con el 44,2%. La diferencia (+2,4%) no es estadísticamente representativa: sería un empate técnico y cualquiera de los dos podría ganar, si la elección fuera directa. Pero en Estados Unidos la elección es indirecta y el resultado final no lo dicta el voto popular (que se lo recuerden a Al Gore, versus George Bush, en noviembre del año 2000), sino el llamado colegio electoral, donde, hoy, Obama conseguiría 227 delegados y Romney, 170. Un total de 141 delegados quedarían en el aire, porque el voto de los independientes será decisivo, en estas elecciones, que se dirimirán en el centro.

Obama tiene a favor una base electoral demócrata sólida. Ha recaudado más dinero que Romney y tiene una organización nacional en todos los estados, además de la mejor maquinaria electoral en internet jamás conocida. Obama apuesta por las redes sociales y Romney por la televisión/radio. En marzo, Obama recaudó 75 millones de dólares: 12 fueron a publicidad online y 3 millones a radio/televisión; Romney consiguió 67 millones y destinó 14 a publicidad en radio/TV y 1 millón a internet.

Más llamativo aun es que Obama invirtió 15 millones en contratar personal para su campaña y Romney, solo 5 millones. Los dos candidatos siguen lógicas distintas y sus campañas van a ser dirigidas y ejecutadas de manera muy diferente. Para los expertos en consultoría electoral va a ser una delicia estudiar una campaña tan inédita.

Un apunte final. Romney es candidato extraoficial porque Santorum se retiró: Romney obtuvo 656 delegados y Santorum, 272. Sin embargo, la diferencia en número de votos entre ambos es pequeña. Esto es un problema para Romney que tiene que enamorar, dentro de su electorado, a los más conservadores (fiscales y sociales) y a los evangélicos. Son muchos millones de votantes que no se fían de que sus credenciales conservadoras sean auténticas. Fuera de su terreno natural, Romney lo tiene peor: entre población general, hoy, se le oponen el 51% de los votantes registrados, el 57% de las mujeres y el 48% de los independientes. Hay estados que deciden las elecciones (Ohio, Virginia y Florida): hoy, en todos ellos, ganaría Obama en las elecciones presidenciales. El 24 de abril sigue habiendo primarias republicanas (Nueva York, Pensilvania, Delaware, Connecticut y Rhode Island). Ganará Romney, frente a Gingrich y Paul. Pero ya hemos visto que estas primarias internas son el menor de los problemas para Romney. Y pensar que algunos daban por muerto, electoralmente, a Obama…

Publicado previamente en Cinco Días el 19 de abril de 2012

Wisconsin, Maryland, Columbia: la carrera final

Abril es vital para Mitt Romney y Rick Santorum. Son muchas elecciones concentradas en un mes, con primarias en las que el ganador consigue todos los delegados. Un esquema diseñado para que quien va en cabeza obtenga un impulso final: los 300 delegados en juego en abril no otorgarán a ninguno de los dos los 1.441 delegados necesarios para ser oficialmente nominado candidato presidencial. Pero, si las previsiones se cumplen, Romney se distanciará de Santorum. Este es el motivo de que, Romney, en una semana, haya recibido el apoyo de Jeff Bush (exgobernador de Florida), Paul Ryan (presidente del Comité Presupuestario del Congreso) y de George Bush padre, expresidente. Scott Fitzgerald, senador y líder de la mayoría republicana en el Senado de Wisconsin, se ha puesto del lado de Romney. El gran financiador de Gingrich, Sheldon Adelson, le ha dado por difunto y ha sugerido que podría "pasarse al bando mormón".

Los datos avalan a Romney: Gallup le daría por ganador, hoy, entre los cuatro candidatos: Romney (42%), Santorum (27%), Gingrich (11%) y Paul (10%). Romney ha cosechado 566 delegados (4.127.924 votos) frente a Santorum (263 delegados y 2.850.557 votos). Romney gana a Santorum por 15 puntos, le dobla en número de delegados y en votos. Y eso que el voto republicano está muy desanimado: solo un 40% tiene interés por estas primarias. Un 60% dice en las encuestas que la desunión es fratricida y que será la causa del fracaso conservador en noviembre. Al menos, ahora, no les falta razón: Obama, cuyo índice de aprobación (47,8) solo supera por un punto al de desaprobación (46,7), seguiría ganando a Romney (49 versus 45) y a Santorum (51 versus 43).

La última genialidad de los estrategas republicanos es repetir la experiencia de 2008: que el tándem electoral lo formen un moderado pragmático (Romney), acompañado por un conservador con sólidos principios (Santorum). Algo parecido a la feliz pareja que formaron McCain y Sarah Palin: un desastre. Esto podría decidirse en la convención de Tampa, Florida.

Hoy, los republicanos tienen que dirimir quién se lleva los delegados de Wisconsin (42), Maryland (37) y el distrito de Columbia (19). En todos los casos, las encuestas preelectorales bien hechas (muestra bien elaborada, fiel reflejo del censo del Estado y lo más amplia posible; metodología adecuada; índice de confianza nunca menor al 95,5% y margen de error del +/-2,3%: los americanos tienen la suerte de ser ricos y pueden permitirse invertir dinero en encuestas que aciertan) dan por victorioso a Romney: obtendría todos los delegados, consiguiendo un empujón monumental cara a la siguiente cita electoral, el 24 de abril, en Nueva York, Pensilvania, Connecticut, Rhode Island y Delaware.

En el distrito de Columbia, Romney tiene todas las de ganar: el perfil sociodemográfico del votante le es favorable; además, los únicos otros candidatos que se han cualificado para competir son Gingrich -que allí tiene muy mala imagen- y Ron Paul -a quien tienen, todavía, menos simpatía-. En Wisconsin y en Maryland es interesante destacar que Romney ha hecho encuestas que le dicen que el 31% de sus potenciales votantes no ven sus anuncios en televisión en el momento de ser emitidos, sino a posteriori, en internet. Así que ha decidido seguir invirtiendo ingentes cantidades de dinero en publicidad, pero dividiéndolas al 50%, entre televisión e internet.

En Maryland votarán a Romney, no por sus principios conservadores, sino porque su principal preocupación es la economía, el gasto público, la deuda y el desempleo: son conservadores fiscales (Tea Party), hombres de negocios, veteranos de guerra, que están convencidos de que Romney es el único capaz de vencer a Obama. Romney ganaría a Santorum, en el peor de los casos, por 17 puntos y, en el mejor, por 25. La última encuesta, hoy, arroja estos resultados: Romney (52%), Santorum (27%). No creo que la diferencia final sean tan abultada: es muy probable que, aunque gane Romney, las zonas urbanas se inclinen por él y las rurales por Santorum. Aunque este matiz es irrelevante, porque el ganador se lleva todos los delegados.

En Wisconsin, la joya de la corona con el mayor número de delegados (42), las encuestas no difieren tanto y son más uniformes en sus resultados: Romney (40,3%), Santorum (32,8%). Para ganar en este estado, el candidato tiene que meterse en el bolsillo tres mercados electorales: Milwaukee (43%), Green Bay (21%) y Madison (13%). Romney ya los tiene.

Publicado previamente en Cinco Días el 3 de abril de 2012