martes, 17 de septiembre de 2013

China 2060: auge y caída

Reviso las previsiones económicas, para el mundo, de la OCDE y del FMI. Las contrasto con las de los principales bancos mundiales: Goldman, Morgan Stanley, Santander, La Caixa, BancSadabell.

Llama la atención que, cada vez más y con mayor intensidad, las predicciones económicas usan mucha econometría. Es lo necesario para anticiparse y predecir el futuro económico, empresarial y de la vida de las familias e individuos. Salta a la vista que las estimaciones tienen vocación de muy largo plazo. Esto es sensato: ya sabemos que la próxima década (2013-2023), para Occidente y, particularmente, para España van a ser malos: decrecimientos del PIB, primero, y estancamiento, después. Aumento del desempleo, hasta niveles insostenibles. Veremos hasta cuándo quiere el Gobierno mantener la percepción de que España no necesita un rescate.

OCDE, FMI y los servicios de estudios de los principales bancos del mundo coindicen –con variaciones-, en que la economía mundial crecerá un 3% hasta 2060. Aunque habrá desequilibrios en el crecimiento, entre regiones. China e India, aunque están desacelerando su crecimiento, seguirán creciendo por encima del 5-6%. En cambio, la Unión Europea, durante muchos años se mantendrá en el 1,5-1,7%. Estados Unidos continuará la tendencia actual, y subiendo: del 2,2-2,5%, aumentará, progresivamente, hasta el 3-3,5%. Con esos niveles de crecimiento, que coincidirán, en una primera fase, con el segundo mandato de Obama, el desempleo se reducirá en otros cinco millones de puestos, creados durante los próximos cuatro años. En total,  cuando Obama deje la Casa Blanca, se habrán generado diez millones de empleos privados: seis millones y medio más, de los que fueron creados en los dos mandatos de Bush. Esto, cara a las elecciones presidenciales de 2016, favorecerá al candidato demócrata a la Casa Blanca. Máxime si Hillary Clinton se presenta a las primarias de su partido.

En China, donde no hay elecciones libres y acaban de realizar su particular y exclusiva forma de cambio de liderazgo, las predicciones económicas dibujan un escenario donde es necesario hacer explicaciones, entrar en matices y adoptar diversos puntos de vista. Resumiendo: en 2060, China será la primera potencia económica de la tierra, seguida por Estados Unidos. En términos de Producto Interior Bruto (PIB). Pero no en poder adquisitivo de sus ciudadanos: en este parámetro, China todavía no alcanzará la paridad ni con Estados Unidos ni con la OCDE, ni con la Unión Europea.

Para los dirigentes chinos, ser la primera potencia económica de la tierra será una buena noticia. Doblarán en tamaño a las economías japonesa, toda la Unión Europea y la OCDE. Incluir a India, con crecimientos del 5-6% en PIB para los próximos decenios, en la ecuación, supone ponerla junto a China: ambos países formarán, cada vez más, un bloque comercial y económico muy fuerte. También crearán de nuevo un bloque los países anglosajones de la Common Wealth, y antiguo Imperio Británico. Casi ningún país anglosajón –excepto Estados Unidos, desde agosto de 2007 a junio de 2009; y Reino Unido, con altibajos- ha caído en la recesión en los últimos años. En cambio, la Unión Europea ha sufrido mucho la crisis y su importancia se desdibujará en los próximos decenios.

El problema demográfico aquejará enormemente a China, la Unión Europea y algunos países anglosajones. Con la política de “solo un hijo”, de Mao, China entrará en barrena en 2060: entonces, un trabajador mantendrá dos pensionistas. Con razón, los chinos, poco o nada gastadores, de por sí, ahorran pensando en su vejez. Sin redes sociales ni familiares que les mantenga en la vejez, los chinos tienen mucho miedo al futuro. Esta realidad afectará de lleno a la economía china, de manera negativa.

En los últimos diez años, siendo Hu Jintao su máximo líder, China tenía que haber conseguido el objetivo de “crecimiento armónico”. No lo ha conseguido y la economía y la sociedad chinas están llenas de desequilibrios y contradicciones: mucho ahorro y exiguo consumo; muchas exportaciones a terceros países (Estados Unidos, Unión Europea), y poco gasto en el interior. Enorme esfuerzo de los trabajadores que trabajan muchas horas a cambio de poco salario: aun así, son poco productivos y China está paulatinamente dejando de ser competitiva. Es el precio de no saber inventar, sino copiar: Apple volvió en la primera semana de diciembre de 2012 a fabricar rentablemente en Estados Unidos. La moneda china  se mantiene artificialmente devaluada, para no perder el ritmo de las exportaciones. Pero es irreal y cortoplacista.
El partido comunista es la vanguardia del proletariado (Lenin, “Para qué”). Y en China se cumple al dictado: los miembros del partido –despreciados y odiados, en muchos casos, por el pueblo al que supuestamente deben proteger, debido a la corrupción rampante- son los primeros en hacer negocios, vestir bien, conducir coches de gran cilindrada, tener posesiones que solo disponen los billonarios rusos y americanos.

El nuevo primer espada de China, Xi Jinping, ha prometido a un pueblo que no le ha elegido democráticamente que, su principal labor es conseguir la prosperidad para todos. Arreglar los desequilibrios. Mantener la senda del crecimiento de los tres decenios previos y hacer que la riqueza no se quede en el partido, sino llegue a la gran mayoría de la población. Para conseguirlo, el Ejército de Liberación cumple, y cumplirá, una labor esencial, que no es la que dice Kaplan (Foreign Affairs, junio 2010), de enfrentarse con Estados Unidos en algún momento del futuro inmediato, sino mantener a toda costa el orden social interno.

China se mirará cada vez a sí misma para recomponer su puzle económico y social. Estados Unidos tiene una prioridad absoluta, que no es solucionar los problemas de medio mundo, sino los propios. Obama aumentará exportaciones, multiplicándolas por dos, y creará cinco millones de empleos en el camino. Los hispanos serán –más pronto que tarde- legalizados y dotarán a Norteamérica de la mano de obra que necesita y del recambio generacional que asegure el futuro.

El modelo chino, por contraste, tiene poco recorrido y fecha de caducidad: 2060, o el canto del cisne, cuando se produzca su momento de máximo esplendor.

Publicado previamente en El Confidencial Digital el 24 de Diciembre del 2012


eviso las previsiones económicas, para el mundo, de la OCDE y del FMI. Las contrasto con las de los principales bancos mundiales: Goldman, Morgan Stanley, Santander, La Caixa, BancSadabell.
Llama la atención que, cada vez más y con mayor intensidad, las predicciones económicas usan mucha econometría. Es lo necesario para anticiparse y predecir el futuro económico, empresarial y de la vida de las familias e individuos. Salta a la vista que las estimaciones tienen vocación de muy largo plazo. Esto es sensato: ya sabemos que la próxima década (2013-2023), para Occidente y, particularmente, para España van a ser malos: decrecimientos del PIB, primero, y estancamiento, después. Aumento del desempleo, hasta niveles insostenibles. Veremos hasta cuándo quiere el Gobierno mantener la percepción de que España no necesita un rescate.
OCDE, FMI y los servicios de estudios de los principales bancos del mundo coindicen –con variaciones-, en que la economía mundial crecerá un 3% hasta 2060. Aunque habrá desequilibrios en el crecimiento, entre regiones. China e India, aunque están desacelerando su crecimiento, seguirán creciendo por encima del 5-6%. En cambio, la Unión Europea, durante muchos años se mantendrá en el 1,5-1,7%. Estados Unidos continuará la tendencia actual, y subiendo: del 2,2-2,5%, aumentará, progresivamente, hasta el 3-3,5%. Con esos niveles de crecimiento, que coincidirán, en una primera fase, con el segundo mandato de Obama, el desempleo se reducirá en otros cinco millones de puestos, creados durante los próximos cuatro años. En total,  cuando Obama deje la Casa Blanca, se habrán generado diez millones de empleos privados: seis millones y medio más, de los que fueron creados en los dos mandatos de Bush. Esto, cara a las elecciones presidenciales de 2016, favorecerá al candidato demócrata a la Casa Blanca. Máxime si Hillary Clinton se presenta a las primarias de su partido.
En China, donde no hay elecciones libres y acaban de realizar su particular y exclusiva forma de cambio de liderazgo, las predicciones económicas dibujan un escenario donde es necesario hacer explicaciones, entrar en matices y adoptar diversos puntos de vista. Resumiendo: en 2060, China será la primera potencia económica de la tierra, seguida por Estados Unidos. En términos de Producto Interior Bruto (PIB). Pero no en poder adquisitivo de sus ciudadanos: en este parámetro, China todavía no alcanzará la paridad ni con Estados Unidos ni con la OCDE, ni con la Unión Europea.
Para los dirigentes chinos, ser la primera potencia económica de la tierra será una buena noticia. Doblarán en tamaño a las economías japonesa, toda la Unión Europea y la OCDE. Incluir a India, con crecimientos del 5-6% en PIB para los próximos decenios, en la ecuación, supone ponerla junto a China: ambos países formarán, cada vez más, un bloque comercial y económico muy fuerte. También crearán de nuevo un bloque los países anglosajones de la Common Wealth, y antiguo Imperio Británico. Casi ningún país anglosajón –excepto Estados Unidos, desde agosto de 2007 a junio de 2009; y Reino Unido, con altibajos- ha caído en la recesión en los últimos años. En cambio, la Unión Europea ha sufrido mucho la crisis y su importancia se desdibujará en los próximos decenios.
El problema demográfico aquejará enormemente a China, la Unión Europea y algunos países anglosajones. Con la política de “solo un hijo”, de Mao, China entrará en barrena en 2060: entonces, un trabajador mantendrá dos pensionistas. Con razón, los chinos, poco o nada gastadores, de por sí, ahorran pensando en su vejez. Sin redes sociales ni familiares que les mantenga en la vejez, los chinos tienen mucho miedo al futuro. Esta realidad afectará de lleno a la economía china, de manera negativa.
En los últimos diez años, siendo Hu Jintao su máximo líder, China tenía que haber conseguido el objetivo de “crecimiento armónico”. No lo ha conseguido y la economía y la sociedad chinas están llenas de desequilibrios y contradicciones: mucho ahorro y exiguo consumo; muchas exportaciones a terceros países (Estados Unidos, Unión Europea), y poco gasto en el interior. Enorme esfuerzo de los trabajadores que trabajan muchas horas a cambio de poco salario: aun así, son poco productivos y China está paulatinamente dejando de ser competitiva. Es el precio de no saber inventar, sino copiar: Apple volvió en la primera semana de diciembre de 2012 a fabricar rentablemente en Estados Unidos. La moneda china  se mantiene artificialmente devaluada, para no perder el ritmo de las exportaciones. Pero es irreal y cortoplacista.
El partido comunista es la vanguardia del proletariado (Lenin, “Para qué”). Y en China se cumple al dictado: los miembros del partido –despreciados y odiados, en muchos casos, por el pueblo al que supuestamente deben proteger, debido a la corrupción rampante- son los primeros en hacer negocios, vestir bien, conducir coches de gran cilindrada, tener posesiones que solo disponen los billonarios rusos y americanos.
El nuevo primer espada de China, Xi Jinping, ha prometido a un pueblo que no le ha elegido democráticamente que, su principal labor es conseguir la prosperidad para todos. Arreglar los desequilibrios. Mantener la senda del crecimiento de los tres decenios previos y hacer que la riqueza no se quede en el partido, sino llegue a la gran mayoría de la población. Para conseguirlo, el Ejército de Liberación cumple, y cumplirá, una labor esencial, que no es la que dice Kaplan (Foreign Affairs, junio 2010), de enfrentarse con Estados Unidos en algún momento del futuro inmediato, sino mantener a toda costa el orden social interno.
China se mirará cada vez a sí misma para recomponer su puzle económico y social. Estados Unidos tiene una prioridad absoluta, que no es solucionar los problemas de medio mundo, sino los propios. Obama aumentará exportaciones, multiplicándolas por dos, y creará cinco millones de empleos en el camino. Los hispanos serán –más pronto que tarde- legalizados y dotarán a Norteamérica de la mano de obra que necesita y del recambio generacional que asegure el futuro.
El modelo chino, por contraste, tiene poco recorrido y fecha de caducidad: 2060, o el canto del cisne, cuando se produzca su momento de máximo esplendor.


Leer más:  China 2060: auge y caída  http://www.elconfidencialdigital.com/opinion/tribuna_libre/080065/china-2060-auge-y-caida#CIu3EjhLGdjPEXuW
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Llama la atención que, cada vez más y con mayor intensidad, las predicciones económicas usan mucha econometría. Es lo necesario para anticiparse y predecir el futuro económico, empresarial y de la vida de las familias e individuos. Salta a la vista que las estimaciones tienen vocación de muy largo plazo. Esto es sensato: ya sabemos que la próxima década (2013-2023), para Occidente y, particularmente, para España van a ser malos: decrecimientos del PIB, primero, y estancamiento, después. Aumento del desempleo, hasta niveles insostenibles. Veremos hasta cuándo quiere el Gobierno mantener la percepción de que España no necesita un rescate.
OCDE, FMI y los servicios de estudios de los principales bancos del mundo coindicen –con variaciones-, en que la economía mundial crecerá un 3% hasta 2060. Aunque habrá desequilibrios en el crecimiento, entre regiones. China e India, aunque están desacelerando su crecimiento, seguirán creciendo por encima del 5-6%. En cambio, la Unión Europea, durante muchos años se mantendrá en el 1,5-1,7%. Estados Unidos continuará la tendencia actual, y subiendo: del 2,2-2,5%, aumentará, progresivamente, hasta el 3-3,5%. Con esos niveles de crecimiento, que coincidirán, en una primera fase, con el segundo mandato de Obama, el desempleo se reducirá en otros cinco millones de puestos, creados durante los próximos cuatro años. En total,  cuando Obama deje la Casa Blanca, se habrán generado diez millones de empleos privados: seis millones y medio más, de los que fueron creados en los dos mandatos de Bush. Esto, cara a las elecciones presidenciales de 2016, favorecerá al candidato demócrata a la Casa Blanca. Máxime si Hillary Clinton se presenta a las primarias de su partido.
En China, donde no hay elecciones libres y acaban de realizar su particular y exclusiva forma de cambio de liderazgo, las predicciones económicas dibujan un escenario donde es necesario hacer explicaciones, entrar en matices y adoptar diversos puntos de vista. Resumiendo: en 2060, China será la primera potencia económica de la tierra, seguida por Estados Unidos. En términos de Producto Interior Bruto (PIB). Pero no en poder adquisitivo de sus ciudadanos: en este parámetro, China todavía no alcanzará la paridad ni con Estados Unidos ni con la OCDE, ni con la Unión Europea.
Para los dirigentes chinos, ser la primera potencia económica de la tierra será una buena noticia. Doblarán en tamaño a las economías japonesa, toda la Unión Europea y la OCDE. Incluir a India, con crecimientos del 5-6% en PIB para los próximos decenios, en la ecuación, supone ponerla junto a China: ambos países formarán, cada vez más, un bloque comercial y económico muy fuerte. También crearán de nuevo un bloque los países anglosajones de la Common Wealth, y antiguo Imperio Británico. Casi ningún país anglosajón –excepto Estados Unidos, desde agosto de 2007 a junio de 2009; y Reino Unido, con altibajos- ha caído en la recesión en los últimos años. En cambio, la Unión Europea ha sufrido mucho la crisis y su importancia se desdibujará en los próximos decenios.
El problema demográfico aquejará enormemente a China, la Unión Europea y algunos países anglosajones. Con la política de “solo un hijo”, de Mao, China entrará en barrena en 2060: entonces, un trabajador mantendrá dos pensionistas. Con razón, los chinos, poco o nada gastadores, de por sí, ahorran pensando en su vejez. Sin redes sociales ni familiares que les mantenga en la vejez, los chinos tienen mucho miedo al futuro. Esta realidad afectará de lleno a la economía china, de manera negativa.
En los últimos diez años, siendo Hu Jintao su máximo líder, China tenía que haber conseguido el objetivo de “crecimiento armónico”. No lo ha conseguido y la economía y la sociedad chinas están llenas de desequilibrios y contradicciones: mucho ahorro y exiguo consumo; muchas exportaciones a terceros países (Estados Unidos, Unión Europea), y poco gasto en el interior. Enorme esfuerzo de los trabajadores que trabajan muchas horas a cambio de poco salario: aun así, son poco productivos y China está paulatinamente dejando de ser competitiva. Es el precio de no saber inventar, sino copiar: Apple volvió en la primera semana de diciembre de 2012 a fabricar rentablemente en Estados Unidos. La moneda china  se mantiene artificialmente devaluada, para no perder el ritmo de las exportaciones. Pero es irreal y cortoplacista.
El partido comunista es la vanguardia del proletariado (Lenin, “Para qué”). Y en China se cumple al dictado: los miembros del partido –despreciados y odiados, en muchos casos, por el pueblo al que supuestamente deben proteger, debido a la corrupción rampante- son los primeros en hacer negocios, vestir bien, conducir coches de gran cilindrada, tener posesiones que solo disponen los billonarios rusos y americanos.
El nuevo primer espada de China, Xi Jinping, ha prometido a un pueblo que no le ha elegido democráticamente que, su principal labor es conseguir la prosperidad para todos. Arreglar los desequilibrios. Mantener la senda del crecimiento de los tres decenios previos y hacer que la riqueza no se quede en el partido, sino llegue a la gran mayoría de la población. Para conseguirlo, el Ejército de Liberación cumple, y cumplirá, una labor esencial, que no es la que dice Kaplan (Foreign Affairs, junio 2010), de enfrentarse con Estados Unidos en algún momento del futuro inmediato, sino mantener a toda costa el orden social interno.
China se mirará cada vez a sí misma para recomponer su puzle económico y social. Estados Unidos tiene una prioridad absoluta, que no es solucionar los problemas de medio mundo, sino los propios. Obama aumentará exportaciones, multiplicándolas por dos, y creará cinco millones de empleos en el camino. Los hispanos serán –más pronto que tarde- legalizados y dotarán a Norteamérica de la mano de obra que necesita y del recambio generacional que asegure el futuro.
El modelo chino, por contraste, tiene poco recorrido y fecha de caducidad: 2060, o el canto del cisne, cuando se produzca su momento de máximo esplendor.


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Llama la atención que, cada vez más y con mayor intensidad, las predicciones económicas usan mucha econometría. Es lo necesario para anticiparse y predecir el futuro económico, empresarial y de la vida de las familias e individuos. Salta a la vista que las estimaciones tienen vocación de muy largo plazo. Esto es sensato: ya sabemos que la próxima década (2013-2023), para Occidente y, particularmente, para España van a ser malos: decrecimientos del PIB, primero, y estancamiento, después. Aumento del desempleo, hasta niveles insostenibles. Veremos hasta cuándo quiere el Gobierno mantener la percepción de que España no necesita un rescate.
OCDE, FMI y los servicios de estudios de los principales bancos del mundo coindicen –con variaciones-, en que la economía mundial crecerá un 3% hasta 2060. Aunque habrá desequilibrios en el crecimiento, entre regiones. China e India, aunque están desacelerando su crecimiento, seguirán creciendo por encima del 5-6%. En cambio, la Unión Europea, durante muchos años se mantendrá en el 1,5-1,7%. Estados Unidos continuará la tendencia actual, y subiendo: del 2,2-2,5%, aumentará, progresivamente, hasta el 3-3,5%. Con esos niveles de crecimiento, que coincidirán, en una primera fase, con el segundo mandato de Obama, el desempleo se reducirá en otros cinco millones de puestos, creados durante los próximos cuatro años. En total,  cuando Obama deje la Casa Blanca, se habrán generado diez millones de empleos privados: seis millones y medio más, de los que fueron creados en los dos mandatos de Bush. Esto, cara a las elecciones presidenciales de 2016, favorecerá al candidato demócrata a la Casa Blanca. Máxime si Hillary Clinton se presenta a las primarias de su partido.
En China, donde no hay elecciones libres y acaban de realizar su particular y exclusiva forma de cambio de liderazgo, las predicciones económicas dibujan un escenario donde es necesario hacer explicaciones, entrar en matices y adoptar diversos puntos de vista. Resumiendo: en 2060, China será la primera potencia económica de la tierra, seguida por Estados Unidos. En términos de Producto Interior Bruto (PIB). Pero no en poder adquisitivo de sus ciudadanos: en este parámetro, China todavía no alcanzará la paridad ni con Estados Unidos ni con la OCDE, ni con la Unión Europea.
Para los dirigentes chinos, ser la primera potencia económica de la tierra será una buena noticia. Doblarán en tamaño a las economías japonesa, toda la Unión Europea y la OCDE. Incluir a India, con crecimientos del 5-6% en PIB para los próximos decenios, en la ecuación, supone ponerla junto a China: ambos países formarán, cada vez más, un bloque comercial y económico muy fuerte. También crearán de nuevo un bloque los países anglosajones de la Common Wealth, y antiguo Imperio Británico. Casi ningún país anglosajón –excepto Estados Unidos, desde agosto de 2007 a junio de 2009; y Reino Unido, con altibajos- ha caído en la recesión en los últimos años. En cambio, la Unión Europea ha sufrido mucho la crisis y su importancia se desdibujará en los próximos decenios.
El problema demográfico aquejará enormemente a China, la Unión Europea y algunos países anglosajones. Con la política de “solo un hijo”, de Mao, China entrará en barrena en 2060: entonces, un trabajador mantendrá dos pensionistas. Con razón, los chinos, poco o nada gastadores, de por sí, ahorran pensando en su vejez. Sin redes sociales ni familiares que les mantenga en la vejez, los chinos tienen mucho miedo al futuro. Esta realidad afectará de lleno a la economía china, de manera negativa.
En los últimos diez años, siendo Hu Jintao su máximo líder, China tenía que haber conseguido el objetivo de “crecimiento armónico”. No lo ha conseguido y la economía y la sociedad chinas están llenas de desequilibrios y contradicciones: mucho ahorro y exiguo consumo; muchas exportaciones a terceros países (Estados Unidos, Unión Europea), y poco gasto en el interior. Enorme esfuerzo de los trabajadores que trabajan muchas horas a cambio de poco salario: aun así, son poco productivos y China está paulatinamente dejando de ser competitiva. Es el precio de no saber inventar, sino copiar: Apple volvió en la primera semana de diciembre de 2012 a fabricar rentablemente en Estados Unidos. La moneda china  se mantiene artificialmente devaluada, para no perder el ritmo de las exportaciones. Pero es irreal y cortoplacista.
El partido comunista es la vanguardia del proletariado (Lenin, “Para qué”). Y en China se cumple al dictado: los miembros del partido –despreciados y odiados, en muchos casos, por el pueblo al que supuestamente deben proteger, debido a la corrupción rampante- son los primeros en hacer negocios, vestir bien, conducir coches de gran cilindrada, tener posesiones que solo disponen los billonarios rusos y americanos.
El nuevo primer espada de China, Xi Jinping, ha prometido a un pueblo que no le ha elegido democráticamente que, su principal labor es conseguir la prosperidad para todos. Arreglar los desequilibrios. Mantener la senda del crecimiento de los tres decenios previos y hacer que la riqueza no se quede en el partido, sino llegue a la gran mayoría de la población. Para conseguirlo, el Ejército de Liberación cumple, y cumplirá, una labor esencial, que no es la que dice Kaplan (Foreign Affairs, junio 2010), de enfrentarse con Estados Unidos en algún momento del futuro inmediato, sino mantener a toda costa el orden social interno.
China se mirará cada vez a sí misma para recomponer su puzle económico y social. Estados Unidos tiene una prioridad absoluta, que no es solucionar los problemas de medio mundo, sino los propios. Obama aumentará exportaciones, multiplicándolas por dos, y creará cinco millones de empleos en el camino. Los hispanos serán –más pronto que tarde- legalizados y dotarán a Norteamérica de la mano de obra que necesita y del recambio generacional que asegure el futuro.
El modelo chino, por contraste, tiene poco recorrido y fecha de caducidad: 2060, o el canto del cisne, cuando se produzca su momento de máximo esplendor.


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2013-2023, década de estancamiento económico para España

Las últimas predicciones económicas del Fondo Monetario Internacional y de OCDE son muy consistentes. Ambas indican que España inicia en 2013 una década de estancamiento económico. Los cinco primeros años, España verá cómo el Producto Interior Bruto (PIB) sigue decreciendo y la tasa de desempleo continúa aumentando.

Tan solo en 2013 prevemos un millón más de parados. La tasa de desempleo, como porcentaje de la población activa (datos Encuesta Población Activa o EPA) aumentará dos puntos. La fuente del aumento del paro será doble: EREs de las Grandes Empresas Españolas y EREs de las filiales de multinacionales con directa presencia en nuestro país, debido a un aumento de la fiscalidad: pudiendo pagar menos en Irlanda, no tiene sentido paguen más en España.

El déficit público, que tanto preocupa al Gobierno español, seguirá por encima de lo establecido y pactado con Bruselas, tanto en 2012 como en 2013. A falta de nuevos ingresos por aumento de actividad, el Gobierno español optará por intentar recaudar más impuestos. E, inevitablemente, el Gobierno pedirá formalmente el rescate de nuestra economía por parte de Bruselas.

Para las personas corrientes, la gran mayoría de la población general, recuperación económica es sinónimo de tener empleo, pagar la hipoteca y el resto de deudas, y poder ser expansivo en el consumo; si es posible, también, ahorrar un poco. Esto no sucederá, en España, hasta dentro de diez años: cinco, de decrecimiento, y cinco de estabilización o crecimiento plano. En este escenario están de acuerdo todos los bancos de inversión norteamericanos, los mismos que, en Estados Unidos suponen el 56% del PIB.
 
Falta un modelo productivo

Los problemas de España son estructurales y, por tanto, no son solubles en el corto plazo: ausencia de modelos productivos, con excepción de la construcción y el turismo muy barato. Sin ellos, es impensable recolocar a seis millones de personas o el 26% de la población activa.

El porcentaje de deuda pública sobre PIB alcanzará en los próximos doce meses el 90%. Según los economistas Reinhart y Rogoff ("Crecimiento en tiempos de deuda"), cuando una economía alcanza esos niveles de deuda pública (suma de todos sus déficits que, en España, se multiplican por el número de administraciones, más la deuda de los hogares y las empresas), en el caso de que se esté creciendo, se verá abocada a un exiguo crecimiento del PIB del 2% y luego el estancamiento unida a la inflación. En otra palabra, la vuelta a los peores años setenta –suponiendo que los hubo mejores, puesto que la década vivió dos recesiones, ambas consecuencia del aumento de los precios del petróleo, en 1973 y en 1979: toda una década perdida.

En países que, como Estados Unidos, Francia, Alemania o, incluso Italia, sí tienen modelos productivos propios y boyantes, un crecimiento del 2% es muy beneficioso. En el caso norteamericano, por ejemplo, la economía ha crecido una media aritmética mensual del 2,2% entre junio de 2009 y diciembre de 2012. Se han creado 6 millones de puestos de trabajo en el sector privado. Se doblarán las exportaciones en dos años y, como consecuencia, se crearán otros cinco millones de puestos de trabajo americanos. Algo parecido, pero en menor escala veremos en Alemania, Francia o Italia.

El caso de Reino Unido y los países anglosajones –la Common Wealth, el antiguo imperio británico- es distinto al del resto del mundo: ni Canadá, ni Australia, ni Nueva Zelanda, ni India..., han experimentado la recesión. Estados Unidos la sufrió, y mucho, entre agosto de 2007 y junio de 2009. Desde entonces, Estados Unidos no ha parado de crecer. Además, en el caso norteamericano, todo lo que baje del pleno empleo (en Estados Unidos, el 4% de paro) es un desastre.

Los estadounidenses no entienden que España tenga un paro estructural del 8% en épocas de bonanza, que equivale a dos millones y medio de personas. Menos aún el 26%... Teniendo en cuenta que la población, la demografía, en España varía poco –excepto como efecto de la inmigración, que incorporó siete millones de personas al mercado laboral entre 1999 y 2010, según el INE-, el mercado laboral cambia poco. Pero aumenta el número de parados.

En España no tenemos vibrantes Silicon Valleys (tecnologías de la información), Wall Street (entidades financieras), Nuevo México – Los Álamos (I + D), Boston y el MIT (formación, educación, TIC, etc.).

Empresas pequeñas

En España hay un puñado de empresas grandes –pequeñas, para los estándares mundiales-, y unas cuantas filiales de multinacionales que inventan y fabrican fuera de España: inventan en su casa matriz (occidental) y fabrican muy barato en países emergentes. En realidad a estas segundas empresas les importa poco si tienen filiales presentes en España; sus operaciones son de ventas y marketing, y esto lo pueden hacer desde Irlanda, Londres, París o Berlín.

La globalización es un fenómeno, en sí mismo, positivo. Pero, en un momento de desaceleración económica como el actual, países como España dejan de ser productivos y son altamente no competitivos, por contraste con los países BRIC, por ejemplo.

Las tecnologías de la información ayudan en un estadio inicial  pero, como escribió Keynes, la automatización que eleva de nivel a muchos trabajadores, deja sin empleo a muchos más empleados. La lógica es aplastante: ¿cuántos puestos de trabajo hay en la cúspide, donde se piden o requieren o necesitan altísimas cualificaciones profesionales? La respuesta es sencilla: muy pocos. Si España tuviera treinta pujantes sectores de actividad, con fabricación propia, como los países fuertes de Europa, Estados Unidos, India, China, Brasil y Rusia, o la gran mayoría de los países anglosajones, la perspectiva sería más positiva para España. No es el caso.

Cada vez menos españoles

Por último, la demografía juega en contra de España. Cada vez somos menos españoles. Los inmigrantes empiezan a irse de España y vuelven a sus países de origen, ante la ausencia de trabajo y perspectiva de futuro. En los últimos catorce meses, un millón de inmigrantes ha dejado España.

La evolución demográfica es tan negativa como preocupante. Cada vez, menos personas continúan trabajando, para mantener a una creciente y envejecida sociedad, que requiere pensiones y cuidados sociales. En 2036 habrá una primera quiebra del sistema, que se salvará temporalmente con parches (reducción del sector público, menos prestaciones sociales, aumento de impuestos, etc.), para volver a caer en 2050, ya sin remedio.

De esto, ya "amenazó" Naciones Unidas, en su informe de 1 de enero de 2000. Hemos tenido doce años para poner remedio, pero no se ha hecho nada. Da igual el color del partido en el Gobierno: la demografía trasciende  ideologías y es "cuestión de Estado": ni las derechas ni las izquierdas han hecho nada para aumentar la demografía en España.

Lo que se puede hacer

La falta de modelos productivos propios; la globalización, la tecnología, la deuda y la evolución demográfica son letales para España. A la inversa, sería distinto: con modelos productivos propios; inmersos en la globalización siendo productivos y competitivos; el uso de las TIC de manera intensiva e inteligente y no para jugar a videojuegos; la reducción de la deuda y el aumento de la demografía..., darían una resultante mucho más positiva para España.

Pero esto no se improvisa; lleva consigo uno..., o dos ciclos económicos, el conseguirlo: cuatro años para poner los fundamentos; cuatro años de implementación de modelos productivos nuevos; cuatro años de creación de productos y servicios que se puedan vender, de manera competitiva en los mercados internacionales, que no son Andorra, Portugal y Gibraltar. Y, todo ello, acompañado de un cambio de valores y principios; un cambio social profundo donde se premie el trabajo esforzado, se favorezca al generador de riqueza, y no se le mire de reojo y con envidia: no se le penalice, por tanto; un país donde, cada vez más, los jóvenes quieran ser empresarios en vez de funcionarios.

A corto plazo, pueden hacerse solamente dos cosas: dejar hacer –libérrimamente-, a las empresas que triunfan, como Telefónica, La Caixa, Santander, Abertis, Novartis, Ferrovial, HP, Microsoft, El Corte Inglés, Mapfre, Caser, Sanitas...; también a Iberia, que tiene un plan de reestructuración propio de su sector, y al que el mismo Gobierno que transforma lo propio (Bankia, Paradores, Renfe o la SEPI), le pone trabas -que no son propias de una economía de libre mercado- a la aerolínea.

Y, al mismo tiempo, el que tenga dinero, que lo ahorre como Dios le dé a entender. O lo invierta. El mundo, la economía global, crecerá en los próximos cinco años entre el 3,5 y el 4% en PIB. España, no. Vienen tiempos duros y hay que apretarse el cinturón.

Publicado previamente en el Confidencial Digital el 21 de diciembre del 2012


El misterio de China

En su obra Naciones rompedoras (2012, Norton), Ruchir Sharma explica cuáles serán los países que -económicamente- más triunfarán en las próximas décadas. El crecimiento de China se ralentizará, como en 2012, después del crecimiento económico y financiero más espectacular jamás visto por la humanidad en toda su historia (Niall Gerguson, en Civilización, 2012, Allen Lane). Aconseja viajar a los países emergentes para conocerlos y acabar con los tópicos. Sharma lo ha hecho -con éxito- en los países BRIC, entre 1992 y 2012: Ruchir Sharma gestiona 25.000 millones de dólares en mercados emergentes, para la división de gestión de inversiones de Morgan Stanley, que dirige: en 10 años (2002-2012), sus activos se han triplicado, especialmente en China.

Ojalá hubiera seguido yo su consejo la primera vez que visité China, hace años. Quise demostrar mis conocimientos del idioma chino mandarín al funcionario comunista que me acompañaba, hablándole del último emperador chino. Me interrumpió para explicarme que, según mi pronunciación, en vez de referirme al emperador por su nombre, le había calificado como "un mulo". Media hora de explicaciones sobre la pronunciación me dejaron claro que entender algo sobre China era más complejo que llegar y besar el santo: hay que viajar mucho al país, recorrerlo, aprender el idioma, leer muchos libros e interactuar con bastante gente a lo largo de los años, sobre todo en el ámbito de los negocios. Y, aun así, China seguirá siendo un misterio.

China es el gran foco de atención internacional; la segunda potencia económica mundial, tras Norteamérica, ha cambiado por quinta vez, desde 1949, de liderazgo; tras la muerte de Mao Zedong, Deng Xiaoping tomó las riendas, iniciando reformas que combinan el capitalismo, y su mano invisible, con el poder del Estado y su mano visible, que representan el Partido Comunista y el Ejército. A Deng le sucedió Jiang Zeming, y su sucesor fue Hu Jintao, presidente, hasta el 15 de noviembre de 2012, y artífice de la década de mayor crecimiento económico en la era pos-Mao. Hoy el presidente es Xi Jinping, como era previsible hace dos años.

Cuando visito Pekín, me impresiona contemplar la imagen de Mao presidiendo la plaza de Tiananmen. En sus magnas obras sobre el primer presidente de la China comunista, Jung Chang (Mao, la historia desconocida, 2005, Knopf) y Philip Short (Mao, 2004, Editorial Crítica) sostienen que, aunque los nombres de los presidentes de China entre 1949 y el día de hoy han cambiado, el rostro que dirige los destinos del país sigue siendo el de Mao quien, en su Libro Rojo, escribió que "el Este debe utilizar las armas de Occidente para derrotar al Oeste". En opinión de esos historiadores, esta sería la razón fundamental por la que los dirigentes comunistas chinos han abrazado exitosamente el capitalismo: "¿Qué más da -decía Deng Xiaoping- que el gato sea blanco o negro..., si caza ratones?".

Los expertos en geopolítica están de acuerdo con esa teoría: George Friedman, en sus obras La siguiente década (2012, DoubleDay) y Los siguientes 100 años (2011, Anchor); Fareed Zakaria en El mundo posamericano (2008 y 2012, Norton); Guideon Rachman en El mundo de suma cero (2011, Atlantic Books), y Jim O'Neill, el brillante economista jefe de Goldman Sachs que inventó el concepto de las economías BRIC (2001) y 10 años después dibujó un nuevo panorama: El mapa del crecimiento: oportunidades económicas en los BRIC y más allá (2011, Penguin). Un estudio de Ernst & Young, que este diario publicó, en primicia, el 22 de noviembre de 2012, explicaba que "en el año 2035, China será la primera potencia económica del planeta, superando a Estados Unidos". El Estudio toma como referencia el producto interior bruto global, como suma de la riqueza generada por la producción de todos los bienes y servicios de la economía china. Si habláramos de PIB per cápita medido en términos de poder adquisitivo, el panorama sería esencialmente distinto, puesto que lo es el punto de partida: hoy, en Estados Unidos equivale a 50.800 dólares por familia. En China, a finales de noviembre de 2012, es de 9.600 dólares, por mucho que 400 millones, de sus 1.500 millones de habitantes, hayan dejado de ser paupérrimos y sean considerados clase media. A China le queda mucho camino por recorrer.

La magnitud de las cifras nos marea y, por tanto, queremos entender: Martin Jaques nos explica cómo será la economía internacional Cuando China domine el mundo: el ascenso del Reino Medio y el fin de la civilización occidental, como quería Mao (2009, Allen Lane). Edward Tse desgrana los elementos del éxito de la economía china en La estrategia de China (2010, Basic Books) y da las claves para hacer negocios allí; Karl Gerth, parafraseando la canción de Cole Porter, desmenuza cómo 1.500 millones de consumidores chinos están transformando la economía mundial y la vida de las empresas en Conforme va China, así va el mundo (2010, Hill & Wang); Tom Doctoroff explicita Lo que los chinos quieren (2012, Palgrave McMillan); Shaun Rein habla del Fin de la China barata: tendencias económicas y culturales que cambiarán el mundo (2012, Wiley): su primer capítulo reza: en China hay más billonarios que en Estados Unidos.

El ascenso de China preocupa mucho a los norteamericanos: en el ámbito económico, geoestratégico y militar. La bibliografía es abundante: La lucha por la supremacía, de Aaron L. Friedberg (2011, Norton); Chinamerica, de Handel Jones (2010, McGraw Hill); Chimerica, de Niall Fergusson (2010, Allen) o Ventaja: la innovación norteamericana vencerá el reto chino, de Adam Segal (2011, Norton). En abril de 2009, el presidente Obama inició -de la mano de su homólogo chino, Hu Jintao, y ahora con Xi Jinping- el Diálogo Estratégico y Económico. Los estadounidenses están frustrados con los chinos por la falta de avances. Como lo estuve yo, hace siete años, cuando descubrí que conocer China supone mucho esfuerzo, trabajo, empeño, conocimiento, lecturas e idioma. En lo más profundo de China, ni conocen a Elvis Presley -mucho menos a Justin Bieber- ni han visto la película Crepúsculo y sus vampiros.

Publicado previamente en Cinco Días el 26 de noviembre del 2012

Éxito con o sin crisis

En Noviembre salió al mercado mi libro: "Éxito con o sin crisis". Intento aportar optimismo a través de personas y empresas que están haciendo las cosas bien, y que son dignas de ejemplo.

Éxito con o sin crisis analiza el recorrido de las compañías que cumplen con al menos 25 parámetros empresariales incluidos en su código genético: en los tiempos de bonanza, esos factores son arietes, puntas de lanza que les ayudan a mejorar la
cuenta de resultados, distribuir más dividendo a los accionistas o ganar cuota de mercado. Y, en los complicados, todo se hace más llevadero. Las empresas analizadas son: Telefónica, Iberdrola, Danone, Microsoft, HP, Intel, La Caixa, Abertis, El Corte Inglés, Novartis, AC Hoteles, NH, Iberostar, Sol Meliá, Paradores de Turismo, Mapfre, Caser, Sanitas, Seguros Pelayo, Línea Directa Aseguradora, Santander, Indra, Deloitte y PWC.

Más información en  Éxito con o sin crisis en Lid Editorial

Lo mejor está por llegar

Obama ha entrado en la historia. La sociología del siglo XX dice que las comunidades se transforman según ciclos de 8-10 años. Con su reelección, Obama tiene cuatro años más para cumplir su promesa (20 de enero de 2009: tomó posesión como presidente), para transformar Norteamérica. Con sus propias palabras, dichas con la alegría del que ya se sabe vencedor de una dura, cara y disputada campaña electoral, "lo mejor está por venir". Lo cual no quiere decir que su segundo mandato vaya a ser un camino de rosas: los retos y problemas de ayer siguen necesitando ser acometidos y solucionados. Y con urgencia, dada la envergadura de las cuitas estadounidenses. Romney, reconociendo la victoria de su oponente, dijo -entre aplausos y abucheos- que vienen tiempos duros en que los conservadores y los demócratas habrán de negociar para sacar adelante el país. Y, hasta en cuatro ocasiones, afirmó que rezaría por Obama y pidió oraciones para el presidente. Obama, por teléfono, y también públicamente, agradeció a Romney su magnanimidad.

No es menester explicar cómo y por qué Obama ganó las elecciones. Este diario, en las mismas páginas de su sección de Opinión, anticipó el resultado electoral, hace tres días: estimación de voto, delegados, estados bisagra, intención de voto de los diversos colectivos y segmentos de población según variables sociodemográficas, participación y otros datos que, hoy, publicarán el resto de medios de comunicación. La capacidad de predicción de este periódico permite que nos centremos en lo esencial: lo que aun está por venir.

La Constitución norteamericana establece un equilibrio entre poderes por el que, aun siendo Estados Unidos una nación presidencialista, la Cámara de Representantes y el Senado, y el Poder Judicial, impiden que el presidente pueda hacer enteramente lo que quiera. La negociación es consustancial a la organización del Estado y su estructura de poder. Obama deberá negociar con la Cámara de Representantes, en manos republicanas, y con el Senado, donde los demócratas retienen una mayoría simple. La cuestión más urgente, que requiere de negociación y acuerdo, es evitar que Estados Unidos caiga por el precipicio fiscal, el 1 de enero de 2013: hay que impedir que se pongan en marcha los aumentos de impuestos y reducción del gasto, acordados por la Comisión Simpson-Bowles, que, en colaboración con la Cámara de Representantes y Senado, Obama nombró tras la debacle de los demócratas en las elecciones de mitad de mandato de noviembre de 2010. Es inconcebible que alguien en Estados Unidos desee un mal cierto para la economía, si no hay acuerdo antes de que finalice 2012: Estados Unidos decrecería en la próxima década un 5% anualizado en PIB; se volvería a la recesión.

Esta será la primera labor de Obama, con la colaboración de los dos partidos, a quienes ya ha tendido la mano. El presidente quiere una reducción "equilibrada" del déficit público (hoy supone un 7,9% del PIB, y la deuda es el 103% de la riqueza del país), jugando con subidas y bajadas de impuestos (las primeras, para los más pudientes; las segundas, para el 98% de los contribuyentes). Se examinarán los recortes del gasto público en todas sus partidas, tanto programas sociales como defensa. Aunque Obama, en la noche electoral, dejó claro que quiere que Estados Unidos tenga unas Fuerzas Armadas más sofisticadas y poderosas. Este es un mensaje que no habrá pasado desapercibido a Irán -empeñado en desarrollar armas nucleares propias-, Corea del Norte, Siria y sus aliados de Hezbolá en Líbano, y Hamás, en Palestina.
Tampoco a China, a punto de cambiar su liderazgo. China tiene el Ejército más grande de la tierra -aunue no el más poderoso, que sigue siendo el estadounidense-, para mantener la paz social. El crecimiento armónico enunciado por su antecesor (Hu Jintao), será el gran reto del nuevo presidente chino, Xi Jinping: China es la segunda potencia en PIB, 400 millones de personas son de clase media..., pero, en renta per cápita, China es una país pobre, y 1.100 millones de chinos viven en la penuria. China tendrá que fomentar el consumo interno para dinamizar la economía, y depender menos de las exportaciones: esto, cuando Obama quiere doblar sus exportaciones made in America, en su segundo mandato, y crear dos millones de empleos. Rusia y Estados Unidos deberán profundizar en el acuerdo Start, de reducción de armas nucleares, al tiempo que Obama empleará a fondo sus dotes negociadoras para disipar las dudas de Putin respecto al Escudo Antimisiles, que Rusia cree que Norteamérica dirige contra ella.

El segundo mandato -como para Clinton y para Bush- deberá ser el del intento de Obama por conseguir la paz en Oriente Próximo, cumpliendo Israel con las resoluciones de la ONU, y garantizando los palestinos y los árabes, la seguridad del Estado judío.

La economía debe seguir la senda del crecimiento y acelerar el paso. Esto sucederá en 2014, cuando Norteamérica crecerá al 3%, durante varios años, y se crearán otros 5,5-6 millones de empleos, con bajos tipos de interés, la inflación controlada y la Reserva Federal inyectando liquidez para resucitar el crédito a familias y empresas. Será tiempo de impulsar de nuevo la manufactura en Estados Unidos.

El cambio climático, que exigirá un nuevo modelo energético, menos contaminante; las nuevas tecnologías, y los retos de la globalización que plantean a Norteamérica los países BRIC requerirán un tipo nuevo de trabajador, que aporte mayor valor añadido, sea más productivo y genere más competitividad. Para ello, la reforma educativa que promoverá Obama será vital y demandará la colaboración de los sectores público y privado: está en juego que Estados Unidos continúe siendo la primera potencia económica. Las reformas sanitaria y financiera están para quedarse: Obama controla el Senado; y tiene poder de veto. Queda pendiente la reforma de la inmigración: el 70% de los hispanos han votado a Obama con esa esperanza. Doce millones de latinos ilegales, -trabajan y pagan impuestos- habrán de tener estatus legal. Para ellos, como para el resto de norteamericanos y, hasta que Hillary Clinton sea candidata en 2016, lo mejor está, aún, por llegar.

Publicado previamente el 7 de noviembre de 2012 en Cinco Días

La victoria depende de un 1%

Faltan 48 horas para saber quién será presidente en Estados Unidos. Durante meses hemos leído muchas encuestas publicadas por los medios de comunicación. Las encuestas preelectorales no suelen predecir el resultado: tienen poca muestra, índice de confianza bajo y demasiado margen de error. Además, medios y partidos políticos las utilizan para influir en el electorado: movilizar el propio y desmoralizar al contrario. Su utilidad es señalar tendencias, no acertar el _resultado.

El empate técnico en voto popular entre Romney y Obama (47%) es tal que, por vez primera en décadas, los institutos de opinión están haciendo buenas encuestas, a dos días de celebrarse las elecciones, con sobremuestra, índice de confianza del 95,5% y margen de error del 2,3%. Son consultas nacionales y, también, hechas en los estados bisagra más relevantes, para inclinar la balanza a favor de un candidato u otro: Ohio, Florida, etc.

Prestando atención solo a estas encuestas -una docena- de entre las más de 60 publicadas por diversas fuentes, entre el 1 y el 4 de noviembre, es posible apreciar conclusiones interesantes sobre cuál podría ser el resultado. Las encuestas más sólidas dan la victoria a Obama en estimación de voto popular, en un 3% sobre Romney. Las menos sólidas otorgan la victoria al presidente por el 1%. Solo una buena encuesta da la victoria a Romney (+1%). El voto popular, en una situación de empate técnico, no es significativo de cara a la victoria final, puesto que lo verdaderamente relevante es obtener más de 270 delegados en el colegio electoral: Obama podría ganar en voto popular -donde la media aritmética de las mejores últimas encuestas, que no son las de Real Clear Politics, le dan la victoria pírrica del +1,3%, en toda la nación- y perder en número de delegados. O no.

Lo mejor de las buenas encuestas es lo que el ojo no ve, pero la mente concluye, al estudiar las intimidades de los estudios. Así, la probabilidad estadístico-matemática de que Obama gane es del 86,3% (a Romney le quedaría el 13,7%); el presidente obtendría el 50,6% del voto popular versus el 48,5% de Romney; Obama ganaría 307,2 delegados y Romney, 230,8. Según este modelo, Obama habría ganado Ohio y Florida (los dos estados bisagra con mayor número de delegados), obligando a Romney a, necesariamente, vencer en el resto de swing states, potencial realidad plausible, aunque estadísticamente improbable: hasta en el estado de Massachusetts, del que Romney fue gobernador, las buenas encuestas dan 20 puntos de ventaja al presidente Obama. No sería así en Nevada o en Wisconsin, donde Obama vencería solamente por un punto.

Como Kennedy versus Nixon en 1960, Obama necesita un 1% de voto popular de ventaja frente a Romney, para llevarse de calle el colegio electoral. Y en ese 1% estarían incluidas las victorias de Obama -aun simbólicas, incluso por un voto- en estados tan bisagras y claves como Ohio, Florida, Nevada, Virginia, Iowa, New Hampshire y Wisconsin.

Se ha hablado hasta la saciedad de que, por este orden, la economía y el paro, la sanidad y la política exterior decidirán el resultado electoral. Cierto; pero quien tiene una visión concreta sobre estos temas no es un ente amorfo llamado población general registrada con intención de votar. Con una participación estimada del 57%-58%, en línea con elecciones anteriores, cada votante tiene una idea concreta sobre su visión de Estados Unidos, el sueño americano, su situación económica personal, la de su familia, cuánto le cuesta la gasolina y la cesta de la compra, si su salario ha aumentado, decrecido o mantenido estable en estos años, si tiene más o menos poder adquisitivo y/o de compra, si puede ahorrar o no, pagar la hipoteca o, por el contrario, le han desahuciado y se ha quedado en la calle. Son 100 millones de votos, grosso modo. Imposible hablar de cada uno de ellos en esta tribuna. Podemos escribir de estados y de segmentos de población según variables sociodemográficas.

De los estados bisagra ya hemos dado una pincelada. Los hispanos: 50 millones ciudadanos americanos, según el censo de julio de 2012. Pueden votar 23,7 millones o un 7,8% del censo electoral nacional. Hoy, el 70% votaría por Obama y un 25% por Romney.

La campaña republicana se ha propuesto aumentar ese porcentaje en 5 puntos y obtener el 30% del voto latino. No hablamos de los 12 millones de hispanos ilegales, lógicamente. Aunque las leyes sobre inmigración de estados como Arizona -permiten detener, pedir papeles y expulsar del país a una persona si la policía piensa que es latino ilegal o alien, tan solo por su aspecto físico- han alienado -sin cursiva- el voto latino de los republicanos y lo han arrojado en brazos demócratas. En Florida hay 2,089 millones de hispanos con derecho a voto (15,9% del censo); en Nevada son 268.000 hispanos (15,1%), y en Colorado hay 484.000 hispanos o 13,7% del censo electoral registrado y con intención de votar.

Católicos: suponen un tercio de los votantes registrados con intención de votar. Aunque los católicos no son un bloque uniforme, blancos, humildes, de clase trabajadora y origen irlandés, como hace 60 años, es obvio que ningún candidato podría ganar si tuviera en contra el voto de los católicos: hoy, un 48% votaría por Obama y un 44% a favor de Romney.

Si a los hispanos les preocupaba la inmigración y la reunificación familiar, resumiendo hasta el infinito, a los católicos les importan dos cuestiones: a unos, los temas morales como el aborto, el divorcio o el matrimonio entre personas del mismo sexo; a otros, la justicia social en un país con 50 millones de pobres, que viven de la beneficencia pública. Los primeros votan a Romney y los segundos, a Obama.

También hay mujeres, jóvenes, minorías (afroamericanos, asiáticos) y blancos de clase media y trabajadora que mayoritariamente votarán a Obama: si estos colectivos, junto a católicos e hispanos, acuden a votar en masa, se cumplirán las estimaciones arriba mencionadas y Obama ganará las elecciones: en voto popular, siquiera por un 1% y en delegados electorales.

Publicado previamente el 6 de noviembre del 2012 en Cinco Días

Elecciones para prevenir una recaída planetaria

El día 6 de noviembre los estadounidenses elegirán presidente. Obama ya ha pasado a la historia por ser el primer afroamericano que se convierte en jefe de estado de la primera potencia económica y militar de la tierra, con un 22% del PIB mundial. En las elecciones más ajustadas desde 1960 (Kennedy versus Nixon), con Obama y Romney empatados en estimación de voto en un 47%, serán 12 estados bisagra, mujeres, trabajadores, católicos, evangélicos, jóvenes, latinos y otras minorías quienes decidirán el resultado electoral.
Dependiendo de quién gane, se impondrá una visión multipolar del mundo, inclusiva hacia terceros y negociadora en cuestiones de comercio mundial e intercambio de capitales, bienes y servicios, como la de Obama. Si gana Romney, la creencia en la excepcionalidad de Norteamérica podría traducirse en aislacionismo internacional, dureza en las relaciones comerciales, y un capitalismo más agresivo que desmonte el ya endeble estado del bienestar americano. Sea como fuere, el resultado electoral afectará a los 7 billones de habitantes del planeta: según el Fondo Monetario Internacional, en 2012 y 2013, el crecimiento económico mundial se ralentizará y, si Alemania es la locomotora económica de Europa, EE UU lo sigue siendo de todo el mundo.

Entre junio de 2009 y octubre de 2012 Norteamérica no ha estado en recesión y el PIB avanzó, de media, el 2,2%. El crecimiento del tercer trimestre de 2012 fue del 2%: 1,3% (consumo de hogares; 71% del PIB) y 0,7% (inversión pública en Defensa). Si demócratas y republicanos se ponen de acuerdo y evitan el precipicio fiscal -que, de producirse, restaría un 5% anual al PIB y llevaría a la recesión-, Norteamérica crecerá en 2013 otro 2,2% y creará 140.000 empleos al mes. En 2014, el crecimiento alcanzará el 3% y se mantendrá estable hasta 2016, sea quien sea el presidente.

Desde que Estados Unidos abandonó la recesión, se han creado 5 millones de puestos de trabajo, en el sector privado; el empleo en el sector público se ha expandido un 0,8%, creando 22.000 empleos y destruyendo 560.000. La tasa de paro, hoy, es del 7,9%, mismo porcentaje que el 20 de enero de 2009, cuando Obama tomó posesión: aquel enero, la recesión destruyó 818.000 empleos. El mes anterior, los despedidos fueron 803.000. En el último trimestre de 2008, en las postrimerías del segundo mandato de Bush, el PIB se contrajo el 8,9%. Durante los 8 años de la era Bush, se generaron 3,5 millones de empleos. Con Obama, se han creado 5 millones.

Si los datos económicos son mejores con Obama que con su antecesor ¿por qué muchos definen Estados Unidos como un país en decadencia? Los republicanos son muy críticos con la política económica de Obama y sus resultados. La población general otorga al presidente un índice de aprobación superior al de desaprobación, y considera que tiene muchos factores positivos, humanos y de liderazgo. Su porcentaje de favorabilidad dobla al de Romney. Sin embargo, el 51% considera que el republicano gestionaría mejor la economía que Obama (45%).

Muchos factores explican por qué la gestión económica del presidente no es reconocida; destacan dos: primero, los estadounidenses creen en el Sueño Americano, según el cual todos tienen la oportunidad de triunfar, porque hay movilidad social y económica. El ansia de triunfar forma parte del ADN norteamericano. Desde este punto de vista, la población compara la situación actual con los 23 millones de empleos que generó Clinton y sienten nostalgia, recordando tiempos mejores. Alan Greenspan escribió en "La edad de la turbulencia" que Clinton fue el mejor presidente, en lo económico, del siglo XX.

Segundo, hay que tener en cuenta a los países que el economista de Goldman Sachs, Jim O'Neill, denominó BRIC (Brasil, Rusia, India y China). Cuando se comparan los logros de Obama con los de Reagan, muchos olvidan que, hace 30 años, los BRIC eran irrelevantes y el G-7 dominaba económicamente el mundo. En 2012, los emergentes -aunque ahora experimenten una cierta desaceleración, fruto de la falta de demanda de Occidente- han crecido mucho en las últimas décadas: toda la riqueza y empleos que no han generado las economías más desarrolladas la han generado ellos. Por eso, Obama se ha propuesto dos objetivos: impulsar la manufactura y las exportaciones americanas, doblando estas últimas en 5 años y creando, así, 2 millones de empleos.

La herencia económica que recibió Obama fue la crisis más profunda desde la Gran Depresión. Obama tuvo que salvar aseguradoras, automovilísticas, bancos y poner en marcha tres paquetes de estímulo económico de 787.00, 400.000 y 200.000 millones de dólares cada uno para conseguir que América pasara de decrecer el 8,9%, a crecer el 2,2%, en PIB, y de destruir 800.000 empleos mensuales, a crear una media de 140.000. Esta revitalización económica, aunque leve para los estándares americanos ha incrementado el déficit público en 5 billones de dólares. Bush le entregó un déficit de 13,5 billones de dólares y Obama lo ha aumentado hasta los 16,4 (7% del PIB); la deuda pública (suma de todos los déficits acumulados) es el 103% del PIB.

¿Cuál es el balance económico de Obama? El PIB, en términos absolutos, es de 15,6 billones de dólares (+12%); el paro es del 7,9% y se han creado 5 millones de empleos; los mercados de valores se han disparado entre enero de 2009 y el 31 de octubre de 2012: el Dow Jones se ha revalorizado un 70% y el S&P 500 ha doblado tamaño; los hogares han destinado 8,6 billones de dólares al ahorro (+4,4%). Cada vez que la Reserva Federal anunciaba uno de sus programas de estímulo y bajadas de tipos de interés, las Bolsas se disparaban. Los consumidores, gracias a la Reforma Financiera Dodd-Frank, tienen más información, existe una Agencia de Protección al Consumidor Financiero, los bancos están más recapitalizados y, según la "norma Volcker", las entidades financieras no pueden especular con recursos propios, ni con el dinero de sus clientes.

El regulador es consciente de los riesgos sistémicos y, aun así, los 5 bancos más grandes de Estados Unidos tienen activos que equivalen al 56% del PIB. El mercado inmobiliario se recupera (+11% a lo largo del mandato; 15% en septiembre y 14,4% en octubre de 2012). El comercio ha aumentado, gracias a los acuerdos con Panamá, Colombia y Corea del Sur. EE UU ha aumentado en un 10% su independencia energética -algo que planteó por vez primera Nixon-, aumentando su producción de petróleo y gas en un 25% y reduciendo proporcionalmente importaciones de Irán, Venezuela y Arabia Saudí.

Gracias a la reforma sanitaria, 30 millones de personas tendrán cobertura médica desde 2014. Los salarios se han incrementado un 7% de media (lejos del 221% de los máximos ejecutivos del S&P 500), y los ingresos por hogar se han mantenido estables en los 50.800 dólares. El 1% de los americanos acumula el 70% de la riqueza, y el 0,1%, el 40%. Frente a la visión de los republicanos -según la encuesta de The Economist entre economistas y expertos financieros, de octubre de 2012-, el 51% prefieren la política económica de Obama a la de Romney. Después de todo, ser capitalista no es sinónimo de ser republicano.

Publicado previamente en Cinco Días el 2 de noviembre del 2012