domingo, 8 de noviembre de 2009

Berlín y Moscú, dos ciudades unidas por la Caída del Muro


Hoy, cuando se cumple el veinte aniversario de la Caída del Muro de Berlín, vienen a mi memoria los maravillosos y recientes recuerdos de mis dos visitas turísticas a ambas ciudades, que hicimos mi mujer y yo este verano pasado. Durante un mes, agosto, recorrimos varias ciudades de los Países del Este, entre ellas Berlín y Moscú.

Para mí era inevitable que esas visitas turísticas fueran sobre todo “históricas”. Tantas horas empleadas en las lecturas sobre el Comunismo, la Guerra Fría, el Muro…; y encontrarse de repente en los mismos lugares en que sucedieron algunos de los acontecimientos más importantes del siglo XX. Simple y llanamente, impresionante.

Karl Marx, en “El Capital”, expone muy bien su propia teoría filosófica del determinismo histórico y cómo, inevitablemente y como fruto de la Lucha de Clases, el Socialismo acabará triunfando sobre el Capitalismo. Sin embargo, no acertó en el diagnóstico final, al menos en lo que, muchos años después de publicadas sus obras, sucedió en la Unión Soviética y en sus países satélites. Lenin hizo una brillante y cruel Revolución en la Rusia de los Zares y el Estado Bolchevique fundado por él, sobrevivió durante siete décadas. Sin embargo, hoy, en Moscú, el único vestigio que queda del Comunismo es su Mausoleo, en la Plaza Roja, junto al Kremlin y frente a los Almacenes GUM.

Recuerdo mi emoción, al entrar en el Mausoleo de Lenin. Embalsamado, durante unos segundos, guardias uniformados al estilo soviético te permiten contemplar el cadáver de Lenin, sin pararte, apresuradamente, y, por supuesto, sin poder hacer fotos. A pocos metros del Mausoleo, en el Kremlin, gracias a su último inquilino de la época comunista, Gorbachev, se tomaron decisiones de cierta apertura y relativa libertad (glasnost, perestroika), que hicieron posible la Caída del Muro. Decisiones que posibilitaron que la libertad, en sentido democrático pleno, llegara a muchas repúblicas ex soviéticas, y a los países del Este de Europa. Gorbachev lo narra con todo detalle en una de sus autobiografías: “Memorias de los años decisivos, 1985-1992”. Nadie mejor que él para explicar lo que hizo y por qué lo hizo. Recomiendo vivamente la lectura de dicho libro: Gorbachev es diáfano, honesto, directo, aunque su prosa sea…, francamente aburrida.

El otro gran protagonista de la Caída del Muro, en mi opinión, es Ronald Reagan. Este Presidente norteamericano hizo de la derrota del Comunismo -“empire of evil”, lo denominó- un leit motiv de su Presidencia, al tiempo que impulsó con multitud de acuerdos la reducción de los arsenales nucleares de las dos super potencias. Amigo de frases rompedoras y conceptos sencillos pero poderosísimos, puso en marcha la llamada “Guerra de las Galaxias” o escudo antimisiles (Strategic Defense Initiative o SDI, en su denominación en inglés), que acabó por arruinar a los soviéticos en su lucha por alcanzar la paridad en materia de “nuclear deterrence”.

Pero sobre todo, Ronald Reagan (“An American life” y “The presidencial Diaries”, dos lecturas obligadas sobre el tema), el actor, fue capaz de impresionar para siempre al mundo cuando, teniendo como telón de fondo el Muro de Berlín, le espetó a Gorbachev: “Mr Secretary General, Mr Gorbachev, tear down that Wall!”, Señor Gorvachev, ¡derribe ese muro! ¿Quién no recuerda esta escena en televisión? Yo la tuve muy presente, en mi visita a Berlín de este verano pasado. Como tuve en la cabeza la imagen de Kennedy (JFK), dirigiéndose a miles de berlineses, nada más construido el Muro, por orden de Nikita Krushchev, y dijo aquello de: ¡“Yo también soy berlinés”!

Junto a la Puerta de Branderburgo y, muy cerca de donde estaba el Muro, se encuentran la Embajada de los Estados Unidos y el Museo Kennedy. Este Museo es reconocible a un kilómetro de distancia no porque se vea nada que recuerde al Presidente Kennedy, sino por una inmensa foto del Presidente Obama, que recuerda la visita que hizo a Berlín en el verano de 2008, en plena campaña electoral entre candidatos republicanos y candidatos demócratas, antes de las elecciones presidenciales, de noviembre de ese mismo año.

Obama, como Kennedy y Reagan antes que él, habló ante cientos de miles de berlineses sobre Libertad, que es lo que representa la Caída del Muro de Berlín.

lunes, 2 de noviembre de 2009

Encuestas hoy: quién ganaría las elecciones; desconfianza en los políticos y nuevos liderazgos


La semana pasada, última del mes de octubre de 2009, el diario económico Expansión publicó una encuesta entre población general realizada por Ipsos Public Affairs España. De entre las encuestas publicadas en medios de comunicación en los últimos meses, la de Ipsos es la que más muestra tenía, con un índice de probabilidad estadística del 95,5 y un margen de error de +/- 3,2%: mil individuos elegidos aleatoriamente, entrevistados por teléfono, representando a los muchos millones de ciudadanos que vivimos en España y tenemos derecho a votar. Este dato es relevante y hay que tenerlo en cuenta cuando se realizan encuestas políticas en que se pregunta por intención de voto, y se hace estimación del voto.

Los resultados de la encuesta de Ipsos Public Affairs no han sido muy distintos, esencialmente, de los del resto de las encuestas publicadas en las últimas semanas. Si acaso, han sido aún más acertados, por la amplitud de la muestra, enormemente representativa de la población general española, desde el punto de vista estadístico y sociodemográfico. Básicamente, los ciudadanos con derecho a voto expresan que, de celebrarse elecciones generales hoy, le otorgarían la confianza al Partido Popular, frente al Partido Socialista, que perdería las elecciones y –quizá-, el Gobierno de la Nación. Pero todo esto, con matices. La diferencia en estimación de voto entre PP y PSOE es mínima y, casi, podría hablarse de empate técnico entre ambos partidos. Serían necesarios pactos post-electorales para que alguien formara gobierno. Hasta aquí, todo entra dentro de la normalidad de la vida ordinaria democrática.

Pero, al desgranar los datos, observamos hallazgos relevantes, que encierran verdades más profundas y graves. La población española en su conjunto no aprueba la labor que están llevando a cabo los dos grandes partidos. En el caso del PSOE, los ciudadanos son críticos con la que, entienden, es una mala gestión de la crisis económica. Y, por lo que se refiere al PP, no sólo no obtiene rédito electoral de la crisis económica, sino que se ve envuelto por los escándalos de corrupción, las trifulcas entre facciones del partido, luchas por el poder y crisis de liderazgo.

Cuando hablamos de población general, podemos desglosar y distinguir entre votantes del PSOE y votantes del PP. Unos y otros son críticos y negativos con sus partidos y con sus líderes. En el caso del PSOE y su líder, José Luís Rodríguez Zapatero, ambos son penalizados. En el caso de los votantes del PP, éstos son más críticos con su líder, Mariano Rajoy, que con el partido, aunque éste, tampoco salga bien parado. Sin embargo, en el PSOE no hay crisis de liderazgo, porque todos se lo otorgan sin paliativos a Zapatero, mientras que en el caso del PP ese problema sí que existe.

Alberto Ruiz Gallardón y Esperanza Aguirre siguen siendo más populares entre los votantes del PP que el propio Mariano Rajoy. Y, en el caso de celebrarse las elecciones generales ahora, el líder del PP con más posibilidades de derrotar a Zapatero sería Alberto Ruiz Gallardón. Los datos son tozudos y curiosos: Esperanza Aguirre atrae enormemente a los votantes de su propio partido, los aúna en torno a las siglas del PP. Alberto Ruiz Gallardón mantendría los votantes tradicionales del PP (si no tienen otra opción, ¿a quién van a votar, sino a Gallardón?) y, lo que es más importante, no alienaría a los votantes del PSOE. Por un lado, habría votantes del PSOE que estarían dispuestos a votar a un PP liderado por Gallardón. Por otro lado, habría votantes del PSOE que, presentándose Gallardón a las generales, se abstendrían de votar al PSOE y se quedarían en casa: este escenario dañaría mucho electoralmente al PSOE y, eventualmente, podría otorgarle la victoria al PP…, “por los pelos”. Todo ello, en un entorno en el que la participación electoral se reduciría mucho y la abstención se elevaría.

Lo que de verdad preocupa a los españoles

Sin embargo, desde un cierto punto de vista, todo lo anterior es irrelevante, a efectos prácticos: en principio, y si no hay adelanto electoral, no habrá comicios generales, hasta la primavera de 2012. Mucho camino queda por recorrer hasta entonces. Lo más importante, hoy, es saber qué preocupa verdaderamente a los españoles.

Las respuestas son claras y, casi, no haría falta realizar una encuesta para saberlas: a los españoles les preocupa muchísimo el paro y la economía; y el llegar a fin de mes. Dentro de este marco de preocupaciones tan concretas, los ciudadanos esperan y desean soluciones de los partidos y de los políticos. Sin embargo, no las encuentran. Lo que ven, es lo contrario de lo que quieren, y esto genera desconfianza entre los ciudadanos acerca de la política y los políticos.

A los ciudadanos no les interesa si va a haber elecciones generales hoy, sino mantener su puesto de trabajo, si lo tienen, o encontrar trabajo, si lo han perdido. Sin embargo, según Eurostat, a cierre de octubre, el paro en España superaba el 19%, más que doblando la media europea. 3.000 personas pierden su empleo en España cada día. Con independencia de cuál sea su intención de voto mañana, los ciudadanos observan inermes cómo las medidas del Gobierno para sacar España de la crisis, simplemente, no funcionan, no surten efecto, no son eficaces. Al mismo tiempo, Alemania, Francia y Estados Unidos (al menos, desde el punto de vista macroeconómico, su PIB empieza a crecer) empiezan a salir de la recesión. Quien gobierna tiene la obligación de solucionar los problemas: el PSOE no lo está haciendo y, por ello, lo pagaría (relativamente) caro en unas elecciones generales mañana.

¿Y en el PP? Ni siquiera sus propios militantes están contentos ni están satisfechos con la labor de oposición que hace el Partido Popular. Y la imagen de su líder, Mariano Rajoy (que no levanta cabeza por encima del 33% de buena imagen desde finales del 2004 hasta hoy), sigue por los suelos, alcanzando mínimos históricos. Dicen que Rajoy no quiere ni oír hablar de esto y que, sus “gurús” más cercanos le dicen solamente lo que él desea escuchar. Mientras tanto, a la crisis de liderazgo en la cúspide, se suceden escándalos de corrupción, enfrentamientos internos y liderazgos contrapuestos.

José María Aznar se ofreció amablemente a dar la fórmula mágica del triunfo a Rajoy: una triple receta consistente en “un proyecto, y no varios; un partido, y no varios, y, a ser posible, un líder y no varios; al menos a mí me fue bien de esta manera”, dijo Aznar. Como forma de solucionar los problemas del PP puede que los consejos del ex Presidente Aznar sean eficaces. Sin embargo, los españoles desconfían hoy de las actuales formas de hacer política.

La gran cuestión a dirimir es quién y cómo va a sacar del atolladero económico a los españoles. Si los españoles no confían en los políticos, ¿quién solucionará los problemas? Se imponen nuevos proyectos, partidos renovados y, por qué no, nuevos liderazgos. La ciudadanía se lo merece.

sábado, 31 de octubre de 2009

Ronald Reagan: ilusión y optimismo vital


Los expertos y estudiosos de la mente humana, como el psiquiatra Enrique Rojas dicen que lo que caracteriza a una persona deprimida es su constante mirar hacia el pasado, con nostalgia, echándolo de menos. Por contraste, el optimista es aquel que mira siempre hacia el futuro, teniendo en la cabeza y en las manos un proyecto vital. Ahí entra en juego la ilusión que, en opinión del mismo doctor Rojas, es el secreto de la felicidad.

Ronald Reagan es un ejemplo formidable de persona vitalista, con ilusión y enormemente optimista. Más allá de los topicazos, que identifican a Reagan con rasgos de político militarista (“warmonger”, dirían en Norteamérica), “fascista” (como si en América hubiera muchos fascistas) y otras imbecilidades sin fundamento, lo interesante es fijarse en el hombre, y no sólo en el político.


En sus memorias, publicadas en 1989 (“An American Life”) y en sus “Presidencial Diaries”, publicados hace un año, a finales de 2008, podemos descubrir al hombre, más allá del personaje público. Y he de decir que Reagan se revela como un tipo maravillosamente atractivo, en lo personal.

En el primero de los dos libros, vemos a un Reagan joven que nace y crece en el seno de una familia muy pobre. Reagan no se avergüenza de sus orígenes humildes. Cuando llega a ser Presidente de Norteamérica, se lo recuerda a unos y a otros, para dejar claro que el famoso sueño americano (“American Dream”) se basa en el trabajo duro y esforzado, con independencia de los orígenes sociales. Es el mismo Ronald Reagan que confía plenamente en el New Deal de FDR (Roosevelt, Presidente desde 1932 a 1945) y confía en que esas políticas públicas sacarán a América de la Gran Depresión. Reagan fue Demócrata durante tres décadas, hasta que se pasó al bando republicano. Fue Gobernador de California y uno de los Presidentes más y mejor valorados por los norteamericanos en el siglo XX, según TODAS las encuestas.

Todo el libro rezuma optimismo: ilusionado con su carrera de actor; ilusionado con su carrera política; ilusionado con acabar con el comunismo; ilusionado con poner en marcha su Strategic Defence Initiative (SDI o “Guerra de las Galaxias”); ilusionado con negociar con los Secretarios del PCUS acuerdos para reducir los arsenales nucleares; ilusionado con que “el sol vuelva a brillar de nuevo en América” (lema de su primera campaña electoral en 1980); ilusionado con que los americanos vuelvan a sentirse de nuevo orgullosos de su Nación y de ser norteamericanos: ilusión, ilusión e ilusión, como base y fundamento de la felicidad, porque se tiene un proyecto de vida por el que luchar.

En “The Presidencial Diaries”, vemos a un Reagan dedicando todas las noches (de 1980 a 1989) un buen rato a escribir un diario “up-close and personal”, íntimo y personal. Un Reagan que, incluso en los peores momentos de su Presidencia, mantiene el optimismo vital. ¿Por qué? Es fácil de identificar ese porqué en todas las entradas de su diario: su profundo y tierno amor a su esposa, Nancy Reagan, y su enorme fe y confianza en Dios. Esos dos pilares son el fundamento de su optimismo y, en última instancia, los motores de su ilusión y proyecto de vida.

domingo, 18 de octubre de 2009

Anthony Beevor y el Desembarco de Normandía



Anthony Beevor es un historiador británico experto en historia militar y con extraordinarios conocimientos acerca de la Segunda Guerra mundial. Cuando parecía imposible que ningún historiador aportara datos nuevos sobre el mayor conflicto bélico de la Historia, Beevor tiene la capacidad enorme de sorprender al lector, por mucho que éste crea que ya ha leído todo sobre el tema.

Varias características definen a Beevor: por un lado, en su lengua materna, el inglés, escribe maravillosamente bien. Leer sus obras es como leer una buena novela: te entretiene, te distrae, te lo hace pasar bien y no puedes dejar de leer. Además, es un autor “exhaustivo”: coge un tema y lo desgrana todo lo que se puede. Te ofrece la visión general y desciende al más nimio detalle.

Su aportación al conocimiento de la Segunda Guerra mundial es sustancial: gracias a él (y a otros autores, como Robert Service o Andrew Roberts), desde hace quince años, conocemos la perspectiva soviética de la Guerra. Durante la Guerra Fría, nunca supimos qué pasó realmente en el frente ruso. Sólo teníamos la versión de Occidente. Se dice, que durante los primeros años convulsos de la era post-soviétiva, cuando Boris Yeltsin era Presidente de la Federación Rusa, Beevor y Service fueron a los archivos de la antigua KGB “y se pusieron las botas” a fotocopiar archivos secretos. Gracias a estas fuentes de información, por ejemplo, Beevor ha aportado datos novedosos sobre batallas fundamentales de la Guerra que afectaban a los soviéticos: Stanligrado y Berlín (“The Downfall”), dos de sus obras, son buen ejemplo de ello.

A pesar de las negaciones públicas del ex Presidente Vladimir Putin, gracias a Beevor, hoy sabemos que los alemanes no fueron los únicos que se comportaron muy mal en la Segunda Guerra mundial. Según Beevor, el Ejército Rojo violó sistemáticamente a más de dos millones de mujeres alemanas, de todas las edades, durante y después de la batalla por tomar la capital del Reich, Berlín. Los soviéticos tenían ganas de vengarse de las atrocidades cometidas por los nazis en suelo ruso.

Ahora sabemos, gracias a la última obra de Beevor, que el desembarco de Normandía no fue el canto heroico y ridículamente pintado de rosa que muestran películas propagandísticas americanas como “El día más largo” (1962, John Wayne, Henry Fonda, Robert Mitchum, etc). Sino algo más parecido al drama dirigido en 1998 por Spielberg y protagonizado por Tom Hanks y Matt Damon, “Saving private Ryan”.

Según Beevor, la Batalla por Normandía llegó a ser tan barbaric como fue la guerra en el frente ruso: sangrienta, inhumana, despiadada, cruel, horrorosa. Para los alemanes, defender Normandía significaba evitar el desembarco de los aliados en el continente europeo, tras cuatro años de ocupación. Para los Aliados, ocupar el norte de Francia suponía abrir una autopista directa a la liberación de París y, de ahí, a la ocupación de Berlín y la finalización de la Guerra. Por los dos motivos opuestos, ambos bandos lucharon tan encarnizadamente en la Batalla de Normandía.

Beevor no se olvida de nuestra condición humana. Pone ejemplos que dan lugar a la esperanza: civiles franceses que, a pesar de haberlo perdido casi todo en los bombardeos, comparten lo poco que tienen, con infinita generosidad, con aquellos que no tienen nada. Médicos alemanes que atienden a soldados enemigos aliados. Norteamericanos que dan a los alemanes las garantías de la misma Convención de Ginebra, que los nazis no habían reconocido ni respetado.

Historia de dolor y heroismo, que recomiendo leer a cualquier persona interesada en el tema. Estoy seguro de que su lectura, no defraudará a nadie.

domingo, 4 de octubre de 2009

Sesenta años de la República Popular China: una visión personal desde Toledo


“Para nosotros, Mao Zedong es como un abuelo de la patria, además de Fundador de la República Popular China”, nos dijo una historiadora china, mientras comíamos con una familia de Beijing, en uno de los pocos “hutong” que aún quedaban en pie, en Peking, antes de la celebración de las Olimpíadas de agosto de 2008.

En agosto de 2007, mi mujer y yo pasamos varias semanas recorriendo ciertas regiones de China. Reconozco que vi poca pobreza. Pero también es verdad, que sólo visitamos aquellas ciudades en que, oficialmente, viven 400 millones de chinos que, gracias a la convivencia (¿o coexistencia pacífica?) de economía de mercado y socialismo de partido único, salieron de la pobreza en las últimas décadas, y viven con estándares parecidos a los de la clase media europea o norteamericana. Parecidos estándares es sólo un forma de hablar.

Antes de ir a China, mi visión del país estaba fuertemente influenciada por muchas lecturas acerca de Mao. La última, de 2005, titulada “The unknown story, Mao”, de Jung Chang, autora de “Wild swans”, cisnes salvajes, o lo que es lo mismo, la historia de un siglo reciente de China, vista a través de tres generaciones de mujeres (abuela, hija y nieta). La despiadada, cruel e inhumana política de Mao, contada por Jung Chang me dejó fuertemente influenciado. Acaba su biografía del Gran Timonel afirmando que “un gran retrato de Mao sigue presidiendo la Plaza de Tiannamen”, dando a entender que los actuales gobernantes de China siguen al dedillo los dictados del Fundador del Estado Chino. Mala influencia, según Chang, cuya madre y abuela fueron literalmente destrozadas por la Revolución de 1949 y la Revolución Cultural de los años sesenta, respectivamente.

Dos años más tarde, en agosto de 2007, lo que sabía de China estaba impregnado de lecturas económicas y financieras, acerca del país asiático: “China shakes the world, the rise of a hungry nation”, de James Kynge, periodista de Finantial Times. Este fue mi libro de cabecera, antes de ir a China: Capitalismo; economía de mercado. Fondos soberanos chinos invirtiendo en el exterior y financiando la deuda, pública y privada, americana; grandes malls comerciales; marcas de lujo en coches, joyería y ropa. Cierto que, cuando visité China aquel verano, no visitamos las paupérrimas provincias del interior, pero sí pudimos cenar en los restaurantes de moda de Shanghai y ver desde ellos el skyline del distrito financiero, con algunos de los edificios más altos del mundo. Me impresionó.

Vi tal poderío económico y tantas ganas de comerse el mundo (“the rise of a hungry nation...!”) que compré media docena de cursos para aprender a hablar chino mandarín desde el inglés. Al volver a España supe que media docena de amigos tenían a sus hijos estudiando mandarín, “pensando en el futuro”. ¿En qué futuro?

En el futuro que describe el autor económico británico Martin Jacques en su muy recientemente publicado, “When China rules the world: the rise of the Middle Kingdom and the end of the western world”. Pensé que Martin Jacques exageraba, pero su colega británico de Harvard, Niall Fergusson, autor de la mejor (en mi subjetiva opinión) historia del capitalismo, “The ascent of money”, afirma que “the rise of China may well prove to be the defining economic and geopolitical change of our time”.

Sesenta años se cumplen ahora del nacimiento de la República Popular China. No voy a juzgar si, como sostiene Jung Chang, Mao sigue inspirando las políticas del actual presidente Chino, Hu Jintao. Pero sí sé que, muchos otros y yo, estamos estudiando chino. Y mi familia no proviene de la Ciudad Imperial de Pekin, sino de otra Ciudad Imperial, Toledo, sita en Castilla, centro geográfico de España.

lunes, 28 de septiembre de 2009

La Candidatura Olímpica Madrid 2016 merece ganar el 2 de octubre


Acaba de saberse que Obama sí representará a Chicago ante el Comité Olímpico Internacional (COI) el próximo 2 de octubre. No cabe duda que Obama es un Presidente carismático que arrastra a las masas y encandila a muchos con su retórica.

Nosotros contamos con la Familia Real, cuyos miembros son Olímpicos; con el Presidente de Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero y un buen número de autoridades y deportistas españoles de renombre internacional, entre otras personalidades. También, nuestra Candidatura estará siendo presentada –y representada- por el líder político más y mejor valorado por todos los españoles, en los últimos seis años: el Alcalde de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón. Esto, tozudamente, lo dicen las encuestas semana tras semana desde enero de 2004 hasta el día de hoy.

También las encuestas dicen que la Candidatura Olímpica Madrid 2016 es la que más apoyo popular tiene de las cuatro ciudades que “compiten”. Una inmensa mayoría de habitantes de la ciudad de Madrid, la Comunidad de Madrid, y toda la Nación, apoyan la Candidatura de la Capital de España. Y no sólo la apoyan, sino que desean ardientemente que gane. Creen los ciudadanos, con buen criterio, que Madrid está más que suficientemente preparada para alojar los Juegos Olímpicos de 2016. Tiene infraestructuras, hoteles, restaurantes, ofertas de ocio, voluntarios a mansalva, seguridad ciudadana y mil cosas más que, en su conjunto, no reúne ninguna de las otras ciudades candidatas.

Ayer, domingo 27 de septiembre de 2009, una marea humana de cientos de miles de personas, construyó un mosaico de colores olímpicos en la Plaza de Cibeles que expresaba su deseo de que Madrid sea la ciudad elegida. Esta mañana, en cadenas de radio tan variopintas como la COPE, la SER, Intereconomía o RNE escuché a muchos ciudadanos reflejar individualmente lo que expresan colectivamente las encuestas: los madrileños, los españoles, creen que es muy bueno, para Madrid y para España, ganar la Candidatura Olímpica: piensan que se generará “oficio y beneficio”, negocio y trabajo, que es lo que más necesitamos en España, en estos momentos.

España necesita ganar los Juegos Olímpicos de 2016. Madrid se lo merece.

Fotografía EFE

domingo, 27 de septiembre de 2009

Redes sociales y su relación con las empresas en 2009


Como analistas, observamos la realidad, tanto para instituciones públicas como privadas, proveyéndolas de información para que puedan tomar decisiones de negocio. Con nuestro Estudio Global Advisor, tomamos el pulso a la realidad política, económica y social de 23 países de manera conjunta, aglutinando el 75% del PIB mundial: EE.UU, Canada, Brasil, México, Argentina, Corea del sur, China, Japón, Australia, Rusia, India, República Checa, Polonia, Hungría, Turquía, Suecia, Holanda, Bélgica, Alemania, Francia, Italia, España y Gran Bretaña.

Nuestro “leit motiv” es anticipar comportamientos y, nuestro lema, “nadie es impredecible”, especialmente en el ámbito de las tendencias sociales, gracias a la investigación de mercado basada en encuesta. Esto se aplica también al universo Internet y al de las redes sociales online. Llevamos estudiando Internet desde 1995 y, por tanto, tenemos información muy rica y una perspectiva histórica.

Lógicamente, a quienes entrevistamos, en este tipo de estudios online, son internautas, de todo tipo, con muestras muy amplias (1.000 personas, en cada país: suficiente, por ejemplo para, en un estudio pre-electoral telefónico, ser capaz de anticipar el resultado de unas elecciones generales en España, o en EEUU, con un mínimo margen de error, en participación y porcentaje de voto, aunque no en número de escaños).

Todo lo que se refiere a Internet (y, muy especialmente, su uso y comportamientos), lo medimos mensualmente; poniendo mucho énfasis en quién está en Internet, por qué está en Internet y para qué lo usan.

Para mí, el fenómeno de las redes sociales es un aspecto más de la globalización económica. En ese sentido y, precisamente porque pretendo ser breve, propondré varias lecturas, sobre cómo utilizar las redes sociales en el mundo de los negocios, la política y las finanzas. Todos estos libros tratan sobre networking, globalización y negocios: “The world is flat”, Thomas Friedman; “The world is curved”, David M. Smick; “The age of Turbulence” Alan Greenspan; “The post American world”, Fareed Zakaria; “Common Wealth: Economics for a Crowded Planet”, Jeffrey D. Sachs; “Networking with the Affluent”, Thomas J. Stanley y “Great Powers”, Thomas P.M. Barnett.

Un último comentario sobre la muestra del estudio: aunque son representativas de la población general con acceso a Internet de cada país, hemos puesto especial énfasis en los Líderes de Opinión, los Trend Setters y los llamados Early Adopters: porque este tipo de segmentos poblacionales suelen marcar tendencias antes de que éstas sean adoptadas por la gran mayoría de la población.

Redes sociales y empresas

Las redes sociales son un fenómeno realmente importante. Al principio, el crecimiento de redes sociales como Facebook, MySpace o You Tube se debió a la contribución del individuo: hoy el mundo de los negocios está tomando mayor protagonismo. Para las empresas, el interés por las redes sociales se debe a dos motivos, entre otros: primero, porque es ahí donde están muchas de sus audiencias. Segundo, porque tienen, o deberían tener, un enorme deseo de proteger sus marcas y su reputación corporativa.

Los hallazgos más importantes de nuestra exploración tienen que ver con el hecho de que los internautas en los países desarrollados están cada vez más integrados en las redes sociales. Los datos que aportamos ayudarán a los directores de marketing de empresas online y off-line a “atacar” comercialmente sectores de actividad, y a diseñar estrategias sobre cómo desarrollar o expandir su presencia en las redes sociales.

En algunos aspectos, las redes sociales online y los medios sociales online son simplemente nuevos canales de comunicación, como lo fueron la radio en los años 20, y la televisión en los 40.

Como con cualquier nueva plataforma, llevará algo de tiempo saber cómo mejor utilizar las redes sociales para difundir mensajes. La gran diferencia entre las plataformas del pasado y las del presente es el quién controla el contenido.

Pero, ¿por dónde empezar? Las posibilidades son infinitas, con más de 600 redes sociales de interés (relevantes para los internautas) en el mundo desarrollado. Lo que sí sabemos es que una gran proporción de aquellos involucrados en redes sociales son gente de entre 18 y 34 años, aunque esto está a punto de cambiar y, en lugares pioneros como los Estados Unidos, la gente tiende a congregarse en unos cuantos lugares importantes en Internet, dejando de lado otros muchos. Por diversos motivos.

Uno de los más tangibles beneficios de estas plataformas para los directores de marketing, de desarrollo de negocio y de comunicación, es el feedback que se reciben de ellas y la posibilidad de llegar a mercados nicho antes casi inaccesibles. Esto se aplica tanto al mundo de los negocios, como al de la política, hoy en día: cómo y dónde alcanzar a potenciales votantes que nunca acudirían a un meeting político, pero que sí se “congregarían” en una red social en Internet para interactuar con su líder.

El Presidente Barack Obama supo hacerlo muy bien durante las primarias presidenciales de 2008 y en la campaña electoral que le condujo a la victoria en noviembre del año pasado, atrayendo a gentes alejadas de la política: millones de jóvenes, así como afroamericanos e hispanos, además de votantes tradicionales demócratas desencantados con la política, decidieron unirse a Obama gracias a las redes sociales, como vehículo de comunicación, dado que Obama tenía un “producto” que él y su gente sabían iba a ser de interés para esos potenciales votantes. Las encuestas pre-electorales que llevamos a cabo desde Ipsos Public Affairs, mostraron cómo esos colectivos se iban acercando más y más al Partido Demócrata y a Obama, gracias a la inteligente utilización de las redes sociales en Internet: millones de potenciales votantes fueron movilizados gracias a estas herramientas.

La posibilidad de encontrar a los públicos objetivo deseados y la capacidad de comunicarse directamente con ellos es lo que hace a las redes sociales un fenómeno tan importante en un entorno de medios de comunicación tan cambiante. Basándonos en nuestra experiencia de tantas encuestas, el networking social online está (o debería estar) en lo más alto de las prioridades de “cosas que hacer” para muchas compañías.

Nuestras últimas estadísticas en USA muestran que la participación en el networking social online se incrementó un 4% de 2007 a 2008. Y sigue aumentando. La audiencia norteamericana de networking social se estima en torno a 122 millones de personas. Mientras MySpace es todavía el jugador más importante en el mercado americano, Facebook es, de lejos, la más grande y más conocida red social del mundo desarrollado: en 2009, un 93% de internautas a nivel mundial la conocen. Además, un 56% de internautas tienen un perfil en alguna red social (una o varias) y, de éstos, el 85% tienen un perfil personal en Facebook.

Redes como Facebook y Myspace empezaron, fundamentalmente, como herramientas de comunicación universitarias, pero, no nos equivoquemos, hoy están ahí para generar dinero. Si no fuera así, ¿por qué inversores líderes y negocios exitosos han invertido en ellas millones de euros, o compañías de capital riesgo siguen llamando a sus puertas?

Sin embargo, muchas de estas redes sociales están todavía intentando definir el cómo van a ganar dinero. De hecho, incluso Mark Zuckerberg, CEO de Facebook, dijo a finales de 2008 que no tendría un plan de negocio sino al cabo de tres años. Y, a mediados de septiembre de 2009, anunciaba que había alcanzado ya el número de 300 millones de personas con perfil en su red social. Ninguna referencia a rentabilidad…, todavía.

La historia está llena de empresas punto.com que proveyeron de servicios gratis o los subvencionaron, sólo para acabar descubriendo que la gente no pagaría por ellos en el largo plazo. Casi con toda seguridad, esto no sucederá con las redes sociales, que están ahí para permanecer, aunque evolucionarán muy rápidamente, con nuevos usos y aplicaciones y, muchas de ellas al servicio no sólo del individuo, sino también de las empresas (siempre compuestas por personas/individuos, no lo olvidemos).

Utilizar inteligentemente las redes sociales

Incluso con toda esta incertidumbre, las empresas necesitan prestar atención a las redes sociales en Internet para hacer un seguimiento de su reputación corporativa, su imagen de marca, llegar a sus audiencias o compartir mensajes. Algunas compañías están en Internet en términos de networking social o como forma de presencia en un medio de comunicación social. Otras empresas intentan captar talento o compartirlo internamente. Eso sí, estamos hablando de un medio, cuya naturaleza es interactiva y las empresas deben saber que, si van a comunicar a través de las redes, están abriendo la posibilidad de recibir feedback, tanto bueno como malo, instantáneo, real, tangible y, muchas veces, en grandes volúmenes.

Otros muchos negocios están empezando a usar redes sociales para comunicar, tanto controlada como incontroladamente. Por ejemplo, el fabricante estadounidense de coches, Ford. En septiembre de 2008, Business Week publicó un artículo online sobre un vehículo poco contaminante de Ford. El problema es que ese modelo no estaba disponible en los Estados Unidos. El artículo generó miles de comentarios, la mayor parte negativos. Este es un buen ejemplo de una compañía que no pudo controlar la noticia o influir en ella, más allá de anunciar que lanzaba un nuevo coche.

Ford aprendió de sus errores: ha lanzado recientemente una página en Facebook, dedicada a su nuevo Ford Fiesta, que ha sido enormemente exitosa. Además, en estos tiempos tan duros económicamente, Ford ha aprovechado múltiples redes sociales para contar su versión del lanzamiento (aprovechando para explicar que, frente a su competencia, no ha pedido un rescate financiero del Gobierno Obama, como sí han hecho las otras dos grandes empresas automovilísticas de Detroit, GM y Chrysler, a costa de los contribuyentes). La noticia puede verse en You Tube, Twitter, de.li.cous, Scrib, Flickr, o Yahoo! Autos.

En el actual universo multicanal, las compañías tienen que utilizar todas las herramientas a su disposición para contar su versión de la noticia. Y, si uno decide no participar, como pasó en el artículo de Business Week, otros pueden contar otra versión; versión quizá menos benigna o, incluso, malintencionada.

No sólo los expertos en marketing, y aquellos con presencia online, necesitan entender el networking social en Internet, sino también asumir qué es aquello que se va a convertir en el siguiente gran fenómeno: por ejemplo, Twitter. Ciertamente, está atrayendo enorme atención de celebridades de los medios en Estados Unidos, como Oprah Winfrey o Richard Quest (CNN), quienes utilizaron esa red social de manera intensiva durante las elecciones presidenciales americanas, al igual que el propio Barack Obama, como ya he comentado.

Twitter, como todas las redes sociales, existe para acabar generando dinero. Es una simple cuestión del cómo y del cuándo. Las grandes empresas tienen que decidir si quieren y cómo quieren utilizar estas herramientas nuevas de comunicación, en su beneficio. Sólo tienen que dar un paso al frente.