jueves, 10 de julio de 2014

El estado de la economía española en cinco capítulos (I). La recuperación se consolida

España viene de una larga recesión que ha durado más de cinco años. Sin embargo, nuestra economía lleva tres trimestres seguidos en positivo.

España viene de una larga recesión que ha durado más de cinco años. Sin embargo, nuestra economía lleva tres trimestres seguidos en positivo y, si se confirman las previsiones del Gobierno, el Banco de España, Funcas o La Caixa Research, el segundo trimestre de este año sería el cuarto consecutivo en que el PIB crece. El Ministerio de Economía y Competitividad está convencido de que, este año, el Producto Interior Bruto (PIB) de España crecerá el 1,5%, superando, incluso, las previsiones que el Gobierno envió a Bruselas el 30 de abril, como parte del nuevo cuadro económico que acompañó al Programa de Estabilidad y al Plan de Reformas.

El arranque del año en positivo para nuestra economía se ha producido en un contexto internacional extraño: EEUU decreció en el primer trimestre un -2,9%, la Eurozona creció solo un 0,2%, y España, aumentó su riqueza exactamente el doble que Europa, el 0,4%. Las fuentes de información coinciden en destacar que, en 2013, las exportaciones de bienes y servicios (34,1% del PIB) fueron el principal motor del crecimiento. Las previsiones para 2014 apuntan a un aumento de la demanda interna, aunque leve, debido al mayor consumo de las familias y la inversión empresarial, al tiempo que aumentan las importaciones. En los seis primeros meses del año, el consumo privado ya ha aumentado el 3%, según el Ministerio de Economía y Competitividad.

No cabe duda que el desempleo en España sigue siendo muy elevado y que la tasa de paro está descendiendo lentamente (122.000 parados menos en junio, con datos de paro registrado del Servicio Público de Empleo, antiguo INEM). La buena noticia es que en los últimos doce meses ya se está creando empleo neto. Las agencias de calificación crediticia (Fitch, Standard & Poors y Moody’s) han mejorado durante el mes de junio sus perspectivas sobre la economía española porque los incipientes datos positivos de los últimos cuatro trimestres parecen consolidarse y convertirse en tendencia.

La deuda de las familias volvió a caer en mayo, por sexto mes consecutivo, y se situó en 769.535 millones de euros, la cifra más baja desde noviembre de 2006, según datos del Banco de España, que constata el proceso de desendeudamiento de los hogares españoles desde el inicio de la crisis económica. En concreto, la cifra registrada en el quinto mes del año es 1.969 millones inferior a la contabilizada en abril y supone un descenso del 5,2% en comparación con el mismo mes de 2013.

El descenso de mayo respecto al mes anterior (-0,25%) se explica por la caída de la deuda hipotecaria de las familias del 0,30%, hasta los 600.365 millones de euros, y por el descenso del 0,09% de los créditos al consumo, hasta 166.104 millones de euros.

En términos interanuales, los créditos al consumo descendieron un 8,8%, mientras que los créditos hipotecarios bajaron un 4,1%. A pesar de esta caída de la inversión en vivienda a lo largo de la crisis, el importe que las familias destinan a su hogar sigue ocupando la mayor parte de su endeudamiento, ya que supone más de dos tercios del mismo.

Por su parte, la deuda de las empresas cayó en mayo un 0,23% y sumó 1,044 billones de euros. En tasa interanual, la deuda empresarial bajó un 5,9%, como consecuencia del proceso de desendeudamiento de las compañías desde el inicio de la crisis.

Internacionalización de la empresa española

Un sector en el que se apoyó durante muchos años el crecimiento económico de España y que luego se vino abajo, se ha volcado recientemente en los mercados exteriores para levantar el vuelo: las grandes constructoras salvan los primeros resultados del año gracias a que tienen el 75% -de media- de su facturación en el exterior (OHL, FCC, Sacyr, ACS, Acciona, etc). Los inversores premian esa estrategia de internacionalización porque, con la excepción de algunas compañías, casi todas estas empresas se han revalorizado en Bolsa en los seis primeros meses del año.

Abertis -multinacional española líder mundial en gestión de infraestructuras, ajena a los problemas de la construcción-, con capacidad de invertir en proyectos por hasta 8.000 millones, tiene los ojos puestos en comprar autopistas en EEUU –entre otros mercados internacionales-, encargando a Barclays (ironías de la vida: el negocio de este banco en España podría ser adquirido por La Caixa, accionista de referencia en Abertis) que busque alternativas de inversión en Norteamérica. Y, quien dice Estados Unidos, en un punto de planeta, dice Israel, en Oriente Medio, país líder en tecnologías de la información y start-ups, donde Abertis está en negociaciones para adquirir el grupo de satélites Spacecom. Y la multinacional española, de origen catalán, y vocación mundial, sigue tendiendo sus tentáculos en Italia, en el negocio de antenas de telefonía (Wind y Telecom Italia).

El sector del automóvil lidera la recuperación de la industria: Los nuevos modelos disparan la producción de coches a más del 12%. De hecho, las plantas españolas no fabricaban a este ritmo desde los años 90. En abril, se fabricó un 15,7% más pese a tener menos días laborables, y las exportaciones crecieron un 8,35%. Mayo ha sido incluso mejor y la Asociación Española de Concesionarios adelanta que la venta de coches, en la primera mitad del año, podría incrementarse casi un 20%. Los continuos Planes VIVE han ayudado sobremanera a mantener a flote este sector tan vital para la economía española. Gran parte de la producción de vehículos en España no tiene solo por mercado final el local, sino también los mercados internacionales, mediante la exportación, especialmente a la Unión Europea.

Como lo es cualquier hecho que suceda en el sector más importante en volumen de toda nuestra economía, “los Servicios”: en marzo, la facturación del sector servicios registró su mayor repunte en 4 años (+3,9% de aumento). Al mismo tiempo, el ritmo de crecimiento de la actividad manufacturera acumula siete meses consecutivos en positivo y marca sus mejores cifras en 50 meses, siendo mayo y junio dos meses récord.

Publicado previamente el 7 de julio en  El Confidencial Digital

Celebración del 4 de Julio en EEUU: 288.000 parados menos

Los conservadores en Estados Unidos no paran de citar el último estudio de Quinnipiac, según el cual Barack Obama, con un 33% sería el peor presidente de América desde 1945, superado -incluso- por George W. Bush, con un 28% (a mayor porcentaje, en este estudio, peor se considera al Presidente). Ronald Reagan, Bill Clinton y John F. Kennedy, en cambio, aparecen como los mejores presidentes del siglo. En los tres últimos casos, la economía norteamericana vivió momentos gloriosos, de gran crecimiento y creación de empleo, aunque a Reagan le tocó lidiar con la recesión de principios de los 80' y el Crash bursátil de 1987, al igual que a Clinton con la recesión de 1992 y el estallido de la burbuja de Internet de 2000. Pero, en ambos casos, el crecimiento económico superó el 3% de media y la generación de empleo fue de 200.000 empleos mensuales. Esto, lo recuerdan bien los norteamericanos.

Teóricamente, hoy, se iban a hacer públicos los datos de empleo del mes de junio, pero al ser fiesta del 4 de Julio, la comunicación se realizó ayer. Los datos han sido tan positivos, que han superado las previsiones más optimistas. Hace unos días, Bloomberg llevó a cabo una encuesta entre economistas de Wall Street. The Wall Street Journal hizo otra: en ambos casos, el famoso "consenso de analistas" decía que se crearían 215.000 puestos de trabajo en junio y que, por tanto, la tasa de paro quedaría en el 6,3%. Wrong. No way. El dato ha sido de 288.000 parados menos y la tasa de desempleo se ha reducido en un 0,2%, bajando hasta el 6,1%: hasta la FED (Reserva Federal) se ha quedado -gratamente- "sorprendida", porque ese porcentaje se acerca a su objetivo de paro del 6% para aumentar los tipos de interés y dejar de comprar deuda pública e hipotecaria. Las buenas noticias han llegado antes de lo esperado, para bien de todos.

Aquellos que quieren poco al presidente dicen que el desempeño de la economía -con un decrecimiento del PIB de -2,9%- en el primer trimestre, fue un desastre. Aún así, tendrían que explicar cómo es posible que, con esos datos tan malos, se crearan de media mensual 190.000 empleos en el primer trimestre del año. El año 2013 comenzó con una tasa de paro del 7,9% y la media mensual de creación de empleo fue de 210.000, el año pasado. En el segundo trimestre de 2014 ha sido de 272.000 cada mes. Intuyo que habría muchos países que estarían deseosos de experimentar un crecimiento económico poco brillante desde el punto de vista estadístico, a cambio de una tan fuerte creación de empleo como la norteamericana. Sin lugar a dudas, el 4 de Julio va a ser un gran día de celebración, gracias a la generación de esos 288.000 nuevos empleos en junio.

Aunque, ¿no es cierto que, en todos sitios, hay aguafiestas, especialmente en las celebraciones? Los que no quieren al presidente ponen todo tipo de pegas a la creación de empleo con Obama. Sin embargo, algunos datos son elocuentes, como respuesta a sus críticas. Si dicen que ha descendido el paro debido al efecto desánimo (hay menos tasa de actividad porque personas que buscaban empleo han dejado de hacerlo, fruto del desánimo), la respuesta adecuada es que, ese efecto desánimo se ha reducido en dos tercios y que, por tanto, incluso tenido en cuenta, la tasa de paro subiría solamente del 6,1% al 6,5%. Y esto, aun incluyendo a los parados de larga duración, que en Estados Unidos son aquellos que buscan trabajo durante seis meses (no dos años, como sucede en algunos países de Europa).

¿Y qué ocurre con todos aquellos que buscan trabajo? En Europa, una persona con un trabajo a tiempo parcial no estaría considerada desempleada. Si se quiere, podemos tener en cuenta a los que trabajan a tiempo parcial en Estados Unidos y desearían hacerlo a tiempo completo, y los consideramos como desempleados: la tasa de paro estaría en el 12%, versus el 11,9% de la Unión Europea o el 25,8% de algunos países de Europa.

Buscarle tres pies al gato a los datos del paro de Estados Unidos, con una tan fuerte creación de empleo es una labor inútil. A Reagan, Clinton y Kennedy se les considera excelentes presidentes porque con ellos se vivió prosperidad económica. Con Obama, se ha recuperado mucho terreno perdido desde la Gran Recesión de 2007-2009. Hoy la tasa de paro está mejor que en septiembre de 2008, cuando se hundió Lehman Brothers. Hay casi 9 millones de nuevos puestos de trabajo. Y, si se cumplen las previsiones de analistas y economistas, el crecimiento económico del segundo trimestre será del 3%, como en las mejoras épocas de Bill Clinton. Es muy posible que sea su desempeño económico aquello que los norteamericanos recuerden de Obama, cuando este deje el poder y, muy posiblemente, le pase el testigo -tras pasar por las urnas en 2016- a otro presidente (o presidenta) demócrata.

Publicado previamente el 4 de julio en el blog de Cinco Días EE.UU y Mercados Emergentes


Hillary Clinton, Hard Choices, elecciones 2016

El 2 de julio (ayer) pude consultar diez encuestas pre electorales sobre las elecciones presidenciales norteamericanas que tendrán lugar en 2016. Por parte del partido demócrata se proponía como candidata a Hillary Clinton quien, por parte republicana, tenía como oponentes a todos aquellos que, hoy, se cree podrían tener posibilidades electorales en 2016: Bush (Jeff), Ted Cruz, Rand Paul, Mike Huckabee, Marco Rubio, Paul Ryan, Christie, etc. En todas ellas resultaba ganadora por amplio margen Hillary Clinton. Quizá por eso, Clinton está recibiendo tantas críticas desde el partido republicano: la ven como una fuerte amenaza y utilizan cualquier excusa para atacarla.

Que Hillary Clinton ha sido una figura polarizante en Norteamérica..., ya lo sabíamos. Llevo estudiando su figura -y la su marido, el presidente Bill Clinton- desde la campaña electoral presidencial de 1992. Los momentos de mayor popularidad, entre norteamericanos y ciudadanos de todo el mundo, fueron cuando se la consideró la víctima en el caso de Monica Lewinsky, a finales de la presidencia de su marido, y entre 2009 y 2013, en que fue Secretaria de Estado con Barack Obama y, por tanto, la diplomática de mayor rango de Estados Unidos y su representante ante el mundo.

Por lo demás, durante más de una década, las encuestas de Gallup nos dicen que Hillary Clinton es la mujer más admirada del mundo; en 2013, incluso, por encima de Michelle Obama. Encuestas de finales de junio de 2014 publicadas por The New York Times, The Wall Street Journal y la cadena de televisión FOX nos muestran la polarización que la figura de Hillary Clinton vuelve a despertar, tras el lanzamiento de su segundo libro de memorias ("Hard Choices", 10 junio 2014, Simon & Schuster) y la campaña de promoción que le acompaña. Sin embargo, en todos los casos, las encuestas muestras que son más aquellos que le apoyan, que los que la rechazan y, entre estos últimos, son mayoritarios los republicanos. En cambio, demócratas blancos, hispanos, asiáticos, afro americanos, judíos, católicos y un porcentaje significativo de republicanos moderados están a favor de Hillary Clinton.

Uno de los ataques más fuertes que se le ha hecho a Clinton recientemente tiene que ver con la fortuna que ella y su marido poseen. Ambos se han defendido. En palabras de Hillary, "cuando abandonamos la Casa Blanca -enero de 2001-, estábamos en bancarrota. Hemos hecho dinero trabajando duro porque creemos en el Sueño Americano de que si trabajas duro y sigues las normas, la mobilidad social te permitirá llegar lejos". El año pasado el matrimonio Clinton ingreso 16,7 millones de dólares y su patrimonio conjunto alcanza los 200 millones de dólares. "So, what"?, se diría en inglés: ¿Cuál es el problema? Bill y Hillary Clinton han ganado ese dinero dando conferencias y gracias a los derechos de autor de sus libros. Si alguien no quiere pagar 200.000 dólares por escuchar a Hillary Clinton, lo más sencillo que puede hacer es no asistir a su conferencia: supongo que nadie le obliga. Tampoco es menester comprar sus libros, "necesariamente".

¿Ha ganado dinero Bill Clinton con su famosa Clinton Global Initiative? Sí, y también ha hecho mucho bien al mundo. De la misma manera que la labor de Hillary como Secretaria de Estado ayudó sobremanera a recuperar el prestigio de Norteamérica en el mundo. Su último libro de memorias contrasta enormemente con el de su predecesora en el cargo, otra mujer muy inteligente, Condolezza Rice. En "No higher honor" (Simon & Schuster, 2011), Rice habla de una América que le dice al resto del mundo lo que tiene que hacer. En "Hard Choices", Clinton trata de recuperar la primacía de América en el mundo a través de la diplomacia y la fortaleza económica. Son dos enfoques muy distintos de ver la política exterior de Estados Unidos. Con George Bush, Estados Unidos multiplicó por dos el déficit público y se embarcó en dos guerras largas y de difícil arreglo. Con Barack Obama, Norteamérica ha dedicado seis años a la recuperación económica y del empleo perdido durante la Gran Recesión (2007-2009).

En términos sencillos, diré que no veo nada de malo en que los Clinton hayan ganado 200 millones de dólares. Llevan más de 30 años dedicados al servicio público. Hillary ha sido abogado corporativo, esposa de Gobernador (de Arkansas), Primera Dama, senadora por Nueva York y Secretario de Estado. Ha publicado varios libros muy exitosos, dentro y fuera de Estados Unidos, cosa que no le perdonan muchos republicanos, cuyos libros no salen de las fronteras americanas, porque sus líderes no son figuras importantes en la escena internacional, mientras que la "marca Clinton" es una de las de mayor notoridad en todo el mundo.

Por lo demás, en Estados Unidos no hay problema en hablar de dinero. En algunos países de Europa, especialmente en los de Sur, hay más pudor. No en Norteamérica. En cualquier caso, ¿que suponen los 200 millones de euros de los Clinton comparados con las grandes fortunas de miles de millones de Bill Gates y Warren Buffett? ¿O los miles de millones de Mitt Romney, el que fuera contrincante electoral de Barack Obama en 2012?

No va nada con el espíritu estadounidense criticar a alguien por su fortuna porque, afortunadamente, en Estados Unidos se admira a las personas que tienen éxito. El problema de los republicanos es que su base electoral es cada más más pequeña -sus perspectivas electorales rondan el 30%, cuando deberían estar en el 45%, que es donde están los demócratas-. Blancos, del sur, rentas bajas y sin estudios, granjeros, evangélicos..., sienten que "los liberales demócratas", "los intelectuales snob de la Costa Este y de la Costa Este" no representan la América que ellos defienden.

Su problema consiste en que América ha cambiado mucho en las últimas décadas y ellos parecen no haberse enterado.

Publicado previamente el 3 de julio en el Blog de Cinco Días EE.UU y Mercados Emergentes

La economía no es el origen de los problemas de Obama

El índice de aprobación del presidente Obama en Estados Unidos ha alcanzado "un mínimo histórico", desde que inició su presidencia hace seis años. Según el Tracking de Advice Strategic Consultants, el 41,5% de los norteamericanos aprueban su gestión, versus el 53,9% que se muestran descontentos con él. Más aún, desde una relativa perspectiva histórica, comparando los índices actuales de aprobación de los presidentes vivos actualmente, Obama aparece en último lugar y, en cambio, Bill Clinton -con un 60% de buena imagen- destaca por ser el presidente mejor valorado. George Bush hijo tiene mejores puntuaciones que Obama.

Vale la pena poner estos datos -aunque sean nuestros- en contexto. Dos cuestiones a tener en cuenta: no es casualidad que todos los presidentes desde la Segunda Guerra Mundial hasta hoy hayan tenido peor calificación en el segundo mandato que en el primero. El primer mandato siempre se inspira y fundamenta en la ilusión de la elección de un nuevo presidente. Le paso a Ike, a Nixon, a Reagan, a Clinton, a Bush hijo y le está pasando Obama. Obviamente, están descartados presidentes de un solo mandato, como Kennedy, Johnson, Gerald Ford, Carter y Bush padre. Refiriéndose a su reelección como presidente para un segundo mandato en noviembre de 2012, el presidente Obama afirmó: "en 2008 yo signifiqué cambio y aire fresco. Hoy, cuatro años más tarde, soy noticia pasada". La gente, el electorado, está deseoso de cambio y novedad, a la par que el ejercicio del gobierno genera desgaste.

El segundo factor que hay que considerar es la fuerte idealización que tienden a hacer los norteamericanos sobre épocas pasadas, siempre consideradas más gloriosas y doradas. Como dice Hillary Clinton en su recién publicado libro de memorias ("Hard Choices", junio 2014, Simon & Schuster), "cuando llegamos al poder había un debate en la sociedad -años 2007 y 2008- sobre la presunta pérdida de primacía de Estados Unidos en el mundo". Nosotros mismos hablamos de ello en dos de nuestros libros ("Obama y el liderazgo pragmático", Profit, 2010; "La Reinvención de Obama", LID, 2011). Sí hubo un debate de ese estilo en Norteamérica en esos años. Pero tras los cinco años de recuperación económica (2009-2013), con un crecimiento medio trimestral del PIB del 2%, 8,5 millones de puestos de trabajo nuevos creados (tasa de paro actual del 6,3%), ya nadie en América habla del decaímiento o pérdida de liderazgo de Estados Unidos en el mundo. Otra cosa es que las personas idealicen el pasado: "la maravillosa época Clinton", "la época dorada de Kennedy", "el poder de América con Reagan", etc. Incluso se recuerda con cierto aprecio la presidencia de Bush hijo. Pero, al mismo tiempo, se olvida que todos estos presidentes tuvieron que resolver serios problemas en su época y que, cuando fueron presidentes, no siempre gozaron del favor de la opinión pública.

A Obama le está costando sacar adelante su agenda política: la Reforma de la Sanidad -convertida en ley an marzo de 2010- no está siendo implementada como el presidente querría y, peor aún, está siendo un lastre para la economía (restó 0,16pp al PIB del primer trimestre de 2014). La oposición republicana "carga" contra el presidente utilizando la reforma de la sanidad -que siempre polariza opiniones en América- como arma política arrojadiza. La reforma de la inmigración está parada en la Cámara de Representantes -con mayoría republicana, aunque fue aprobada en el Senado, que tiene mayoría simple demócrata. Obama quiere sacar adelante su política medioambiental, cuando aún puede hacerlo.

En política internacional el presidente está intentado involucrar lo menos posible a Estados Unidos en los conflictos de Siria, Iraq y Afganistán, porque su prioridad es consolidar la recuperación económica. Los estadounidenses no quieren que su país se inmiscuya en más guerras, como en la época de George Bush, aunque las tentaciones sean grandes.

En este contexto, sería fácil culpar a los malos datos económicos del primer trimestre de 2014 como causa de la mala imagen del presidente entre sus conciudadanos. Pero no es así, porque la creación de empleo es fuerte y estable, con una media mensual de 190.000 nuevos puestos de trabajo generados desde junio de 2009. Desde The Wall Street Journal a JP Morgan Chase, muchos coinciden en que el retroceso económico del -2,9% entre enero a marzo de este año, es solo un bache en el camino debido al mal tiempo, contracción de consumo privado y la inversión, aumento de las importaciones y descenso de las exportaciones. Las previsiones para el segundo trimestre, en cambio, son muy optimistas. También para el conjunto del año.

No, los problemas de imagen del presidente no se deben a su gestión de la economía, que está obteniendo buenos resultados, sino al cansancio de los cuidadanos-electores, que ya piensan en las elecciones de noviembre (mid-term elections) y, más aún, en las presidenciales de 2016, donde muchos ponen las esperanzas en una renovada Hillary Clinton, que aprovecha el lanzamiento de su libro para dar a conocer sus ideas políticas por todo el pais.

Publicado previamente  el 27 de junio en el Blog de Cinco Días EE.UU y Mercados Emergentes

miércoles, 9 de abril de 2014

España y la nueva economía

Hay consenso en actualizar al alza las previsiones económicas para nuestro país. 2014 es el año de la recuperación. Para que ésta sea sólida, es menester evolucionar hacia la economía digital, un nuevo enfoque motivador hacia los negocios, apostar por la sostenibilidad y lo social, potenciar la industria, apoyar la pyme, aumentar la financiación, e impulsar la internacionalización de la empresa española y las exportaciones. Y, con los datos positivos, promover la esperanza y la confianza en nosotros mismos, los españoles.

Hace menos de un mes, en febrero de 2014, se produjo una prodigiosa convergencia en las previsiones económicas para nuestro país: el consenso de organismos internacionales y de fuentes de información patrias (Banco de España, Gobierno, Funcas, Servicios de Estudios de grandes entidades financieras como La Caixa y BBVA, etc) convenía que España crecería, en términos de Producto Interior Bruto (PIB) un 1%, este año.

Muy poco después, los mismos analistas internacionales (FMI, Comisión Europea, OCDE) coincidían con los servicios de estudios nacionales en actualizar al alza esas previsiones económicas, elevándolas al 1,2% para 2014. Muy recientemente, el Banco de España, en su Boletín Económico de marzo de 2014, pone su firma a dicho crecimiento, en línea con FUNCAS y con la patronal, la CEOE. Todos coinciden, además, en afirmar que, entre este ejercicio y el siguiente, habrá creación neta de empleo: en torno a 400.000 nuevos puestos de trabajo, entre 2014 y 2015, dicen esas fuentes de información. Los datos de desempleados inscritos en los Servicios Públicos de Empleo (SPEE, antiguo INEM) correspondientes a febrero de este año, ya advertían un cambio de tendencia, por el que se empieza a dejar de destruir empleo neto, y se empieza a crear empleo neto. Como se deduce de la anterior frase, lo importante es –perdón por la redundancia-, el “saldo neto”. En ese sentido, descontado el efecto de la estacionalidad, se estaría creando empleo neto en nuestro país desde hace seis meses y, en los últimos doce, ya habría 61.000 cotizantes nuevos a la Seguridad Social. Cierto, son datos exiguos, que se quedan cortos para una sociedad con 4,8 millones de parados inscritos en los servicios públicos de empleo y, 5,9 millones de desempleados, según la Encuesta de Población Activa (EPA), que elabora el Instituto Nacional de Estadística (INE).

A la vista de estos datos y, tras más de seis años de crisis, podemos optar por quedarnos con los datos negativos y caer en el pesimismo o, como fruto de una decisión libérrima, agarrarnos a los incipientes datos positivos, al objeto de potenciar, si no el optimismo, al menos, fomentar la esperanza que deriva en la necesaria confianza, tanto individual como colectiva, que necesitamos para salir de la crisis, abandonar la recesión y volver al crecimiento económico.

Los datos, lo que algunos llaman con desdén “las estadísticas”, nos dicen que España abandonó la recesión en la segunda mitad de 2013: la economía creció el 0,1% en el tercer trimestre y el 0,2% en el cuarto. El Banco de España pone de manifiesto que ya se produjo un repunte del consumo interno y prevé que esta tendencia se consolide suavemente en el primer trimestre de 2014. BBVA Research afirma que España crecerá el 0,4% en los tres primeros meses del año.

Si en 2013 aumentó un tanto el consumo interno, fundamentalmente tiraron de la economía las exportaciones, que en el conjunto del año crecieron el 5,2%, reduciendo a la mitad el déficit comercial. Cada vez más, España necesita menos financiación exterior, lo cual es una excelente noticia. España exportó bienes y servicios por casi 240.000 millones de euros y ya fueron 140.000 las empresas españolas que exportaron, fundamentalmente a la Unión Europea, pero también a otros destinos. El gran reto no es ya que exporten las grandes empresas, sino que lo haga la pyme, que es el 99,88% de nuestro tejido empresarial y el 63% del empleo, según datos del DIRCE que elabora el INE, y que fueron hechos públicos este mismo mes, correspondientes al 1 de enero de 2013.

Como indica un estudio de la aseguradora Mapfre, ahora lo que necesitan las pymes para exportar es asesoramiento, puesto que el 38% de ellas lo intentan sin ningún tipo de ayuda –ni asesoramiento, ni financiación-, y muchas fracasan desgraciadamente en el empeño.

Crecer rápido gracias a la economía digital

Una encuesta reciente del INE ponía de manifiesto que el entorno económico, la crisis, la falta de financiación eran frenos para la expansión de las pyme. Es ahí donde hay que poner énfasis para que la economía española inicie el despegue. César Alierta, presidente de Telefónica, enmarcó muy bien la cuestión cuando, en el Foro Económico celebrado en Bilbao a principios de marzo (Foro Global España 2014), afirmó que, en habiendo ya desaparecido las suspicacias internacionales que despertaba la economía española, ahora el reto es conseguir “un crecimiento rápido”. El presidente de la primera empresa de España no habla solamente de crecimiento, sino de crecimiento rápido: ahí está la esencia de la cuestión, la piedra angular sobre la que fundamentar esa creación de empleo –fuerte y estable- que todos deseamos.

¿Cómo conseguirlo? Con un nuevo modelo de crecimiento, basado en el desarrollo de la economía del conocimiento. Se trata de un nuevo modelo productivo, en el que las nuevas tecnologías de la información juegan un papel esencial, tanto para la población general –ocio, formación, entretenimiento, educación, conectividad, movilidad, etc-, como para las empresas, puesto que pueden incrementar su productividad y su competitividad. Además, estos incrementos de productividad son más sanos que los que –a lo largo de ya seis años- ha dado lugar la devaluación salarial que ha habido en España, como consecuencia del descenso de los salarios y de los costes laborales en general.

Telefónica puede hablar de estos menesteres –nuevos modelos productivos más competitivos-, porque tiene la “autoridad” (ese concepto que se podría equiparar a “preeminencia fruto de la experiencia, el conocimiento y el ejemplo”, versus la “potestas”, el poder a secas) para hacerlo: en 2013 incrementó sus beneficios un 16,9% y está protagonizando una transformación radical de sus estructuras y orientación de negocio, para convertirse “en una telco digital líder en crecimiento y eficiencia”. Algo estará haciendo bien Telefónica cuando aparece entre las empresas más admiradas del mundo, según el prestigioso ranking de la revista norteamericana Fortune, de marzo de 2014. Más aún, Telefónica aparece en ese ranking mundial, no sólo en el listado general de empresas con más reputación, sino que, con una alta puntuación, es la segunda empresa del sector de Telecomunicaciones más admirada del mundo, por encima de otros gigantes como –por estricto orden-, Telenor, ATT, Vodafone, América Móvil, Deustche Telekom y  Nippon Telegraph & Telephone.

Telefónica está abanderando una transformación de su negocio, del sector, de la economía y la sociedad enteras, en línea con lo que ya se ha hecho en la primera economía del planeta, Estados Unidos, que nos sirve como ejemplo exitoso a imitar. Sabemos que Estados Unidos salió de la recesión en junio de 2009 y que, desde entonces, ha generado 8,5 millones de empleos netos, en buena medida gracias a la intervención de las tecnologías de la información en los procesos organizativos de las empresas, y en sus operaciones.

No en vano –la última, la semana pasada-, la mayor parte de las reuniones del presidente Obama con empresarios, tienen lugar con primeros ejecutivos de empresas tecnológicas emblemáticas del Silicon Valley. Asistente habitual a dichas reuniones con Barack Obama es Eric Schmidt, autor, junto con Jared Cohen, de la obra reciente “The new digital age: reshaping the future of people, nations and business” (La nueva era digital: transformando el futuro de la sociedad, los países y los negocios), publicado por Alfred a. Knopf, en 2013. El título lo dice todo y tiene la credibilidad de venir de la mano del presidente de una empresa significativa y pionera del Silicon Valley. Es una transformación que también está llevando a cabo una empresa española, igualmente emblemática, como Telefónica, en nuestro país y en los mercados internacionales en los que opera. Admiro profundamente Estados Unidos y sus negocios, pero creo que los españoles tenemos sobrados motivos para sentirnos orgullosos de nosotros mismos: si no, seguramente, Telefónica no estaría presente en el listado de empresas más admiradas del mundo de la revista Fortune (marzo 2014, aunque también destacó en 2013).

Los norteamericanos, incluso antes de salir de la recesión, ya tenían muy claro el camino para recuperar el crecimiento rápido, del que hablaba muy bien César Alierta. En mis habituales viajes por Estados Unidos entre 2009 y 2013, he podido acumular hasta 300 libros de economía que anticipaban con certeza la hoja de ruta que hay que seguir para tener éxito. Por citar solo algunos (menciono tres obras, solamente, de entre trescientas…, por mero sentido común), “After the music stopped” (Cuando paró la música, de Alan S. Blinder, 2013, The Penguin Press), “Capitalism 4.0” (Anatole Kaletsky, 2010, Public Affairs in paper), “Macrowikinomics” (Don Tapscott y D. Williams, 2010, Altantis Books)…: todos estos libros hablan de la necesaria transformación de los negocios hacia el entorno digital, como la mejor forma de conseguir ese “rápido crecimiento” al que aludía César Alierta. Los norteamericanos, además, optaron –como casi siempre, en su caso-, por ver el lado bueno de las cosas, la botella medio llena, con ese espíritu emprendedor que les caracteriza y que, cuando se convive con ellos, es contagioso.

Por eso, me parece muy oportuno citar aquí el segundo libro autobiográfico del presidente Obama (“The audacity of hope”, 2006, Canongate): porque los españoles –para quienes en un 81%, el paro sigue siendo la primera de nuestras preocupaciones, en marzo de 2014-, estamos muy necesitados de “esa audacia de la esperanza” de que habla Obama: necesitamos creer más en nosotros  mismos y en nuestras posibilidades. Y, esto, en mi opinión, no es engañarse al solitario, sino decidir cambiar de actitud, con fortaleza, con reciedumbre, con esfuerzo, que a todos cuesta.

Nueva actitud hacia los negocios

En ese sentido y a este respecto, es muy adecuada la obra del magnate estadounidense de los negocios, Donald Trump, “Think like a champion: an informal education in business and life”, 2009, Vanguard Press (“Piensa como un campeón: una educación informal para los negocios y la vida). Me consta que, en Europa, y en España, hay prejuicios hacia el enfoque que tienen los norteamericanos sobre los negocios: son agresivos y quieren ganar. Considero esa actitud como una enorme virtud y hasta publiqué un libro económico y empresarial sobre el tema, titulado “Éxito con o sin crisis” (2012, LID): si los negocios van bien –menuda obviedad-, se genera riqueza y empleo: ¿y acaso no es esto lo que todos queremos para España?

Para ello, es necesario un cambio fuerte de actitud hacia el mundo de los negocios, en España: es un cambio psicológico, social y sociológico, que derive en comportamientos nuevos. En agosto de 2011 tuve la ocasión de conocer a Donald Trump, en la torre que lleva su nombre, en Nueva York. Me contó la siguiente anécdota: en un seminario con directivos europeos, pidió que levantaran la mano aquellos que se consideraban “vendedores”; muy pocos elevaron sus brazos. En cambio, un bosque de manos se vio, cuando preguntó quiénes se consideraban “consultores”: prácticamente todos. “En Europa, ser vendedor está mal visto; por eso todos quieren identificarse con la profesión tan prestigiosa de consultor”. Trump hizo la misma pregunta en otra convención de directivos en Estados Unidos: a la pregunta de quiénes se consideraban vendedores, levantaron orgullosos la mano, la práctica totalidad de los asistentes.

Vender es hacer negocios y no solo no hay nada que objetar a ello, sino todo lo contrario. Por eso, me parece tan relevante el profundo cambio que otra empresa española está queriendo llevar a cabo en sus estructuras internas, que afectarán positivamente a toda la sociedad: El Corte Inglés, que es líder en España en financiación al consumo y que se está expandiendo exitosamente al negocio digital del comercio electrónico, sin nada que envidiarle al gigante Amazon, está poniendo en marcha un nuevo sistema de incentivos para sus vendedores. Parece mentira que, a estas alturas del siglo XXI haya que recordar en España que, a mayor motivación, más incentivos tenemos las personas para querer conseguir objetivos. En el caso de El Corte Inglés, a más ventas, los más de 60.000 vendedores que tiene, también cobrarán más dinero. No me puedo imaginar a nadie que tenga algo que objetar ante algo tan manifiestamente bueno como esta política. Quizá alguien pudiera decir: ¡eso es capitalismo! Mi respuesta sería, “bienvenido al mundo de los negocios del siglo XXI”. En la medida en que El Corte Inglés es una de las más importantes empresas de nuestro país, y líder en el sector de Distribución –uno de los que más confianza infunde en la población general, especialmente en ese 51% de la sociedad que conforman las mujeres-, sus actuaciones en este contexto tienen un valor ejemplar esencial.

Qué mejor que incentivar el consumo interno, sin descuidar el ahorro. Algunas buenas noticias recibimos: en enero y febrero, España ha batido récords en la entrada de turistas extranjeros (FRONTUR, encuesta del INE), pero también se ha incrementado el turismo nacional: en total, más de seis millones de turistas o lo que es lo mismo, un incremento del 13%. En AENA, que conoce el tráfico en aeropuertos, nos dicen que en los dos primeros meses del año, el tránsito de viajeros se ha incrementado el 2,4%, tras muchos meses de caídas. El sector del automóvil “tira para arriba” de la economía, desde distintos puntos de vista: aumenta la producción (9%), en febrero; aumentan las matriculaciones (7%) y aumentan las exportaciones. El Plan PIVE 5, sin lugar a dudas, ayuda a incentivar la demanda en la compra de coches.

Otros sectores quieren seguir el mismo patrón de comportamiento, como el tecnológico, que quiere un Plan Renove para remozar el parque tecnológico empresarial en España. Hay que tener en cuenta que, según la consultora IDC, la venta de ordenadores se redujo en España en 2013 un 24,9%: la industria (Intel, HP, Microsoft, etc) quiere poner en manos de los consumidores y las empresas los mejores y nuevos equipos a precios mucho más asequibles. De conseguirlo, se daría un paso de gigante en la construcción de la economía del conocimiento, cuando el INE (marzo de 2014) nos dice que el 68% de los españoles entre 18 y 74 años acceden ya a Internet, según su retrato sociodemográfico del internauta español. Otras empresas tecnológicas, como SAGE, ponen foco en ayudar a la pyme a ser más productiva y competitiva, al incorporar las tecnologías de la información a sus procesos.

Financiación, sostenibilidad y responsabilidad social

Si a las pymes españolas no les va bien, no lograremos el crecimiento económico rápido de que hablaba el presidente de Telefónica. Bien está el componente digital y tecnológico, ya comentado; también, el cambio cultural y sociológico orientado a la consecución de objetivos y resultados. Ahora bien, sin financiación para las pymes, no hay nada que hacer. El expresidente de la Reserva Federal norteamericana, Ben Bernanke, lo deja meridianamente claro en su obra “The Federal Reserve and the financial crisis” (La Reserva Federal y la crisis financiera; Princeton, 2013): Estados Unidos no hubiera remontado su peor recesión desde la Gran Depresión de 1929, de no haber sido gracias a la intervención de dos componentes esenciales: las tecnologías de la información en las empresas y, en otro orden de cosas, la financiación necesaria.

En el caso de España –mucho más que en el resto del mundo desarrollado-, nuestras pyme dependen más de la financiación bancaria que de cualquier otro tipo de financiación (80% en España; 50% en Alemania; 30% en Estados Unidos). Quizá, por eso, estamos viendo cómo todos los bancos españoles importantes (Santander, BBVA, CaixaBank, Sabadell, Popular,  Bankinter, etc) se vuelcan en ofrecer crédito a las pyme. En su última encuesta trimestral, el Banco de España identificaba varias cuestiones interesantes a este respecto: que, por un lado, aumentaban las peticiones de crédito de las pequeñas y medianas empresas y que, por otro, las grandes entidades financieras estaban dispuestas a relajar los criterios que exigen para conceder crédito nuevo –y, de hecho, éste ya ha aumentado-. De ambas cuestiones se podía concluir que, quizá el crédito bancario a las pymes –tras varios años de caída; el 8% acumulado en 2013- podría por fin incrementarse.

Algunos bancos, en línea con esa nueva necesaria cultura que prima el querer vender rentablemente sin avergonzarse por ello, están enviando miles de vendedores especializados a las pyme para ofrecerles sus servicios. Es el caso de CaixaBank, que combina ese enfoque personalizado en la atención al cliente, con el hecho de haber recibido varios galardones internacionales por ser el banco más innovador, tecnológicamente, del mundo. En una reciente intervención pública en Londres, el consejero delegado de CaixaBank, Juan María Nin, afirmaba que, este ejercicio, 2014, sería un año de transición hacia la consecución de la mejora del margen de intereses, que estimaba, en su caso, podía incrementarse un 5%. Este dato es muy relevante, porque ese margen es el que indica –como un termómetro- cómo evoluciona la marcha del negocio tradicional bancario: se presta dinero cobrando un interés, y se remunera a quien lo deposita en la entidad financiera. La diferencia entre lo uno y lo otro es el llamado margen de intermediación: qué más quiere la banca que dedicarse a su negocio propiamente dicho –conceder créditos a particulares y empresas-, y hacerlo de manera rentable. Si sale bien, es un “win-win”, donde todas las partes salen ganando, ya que quienes reciben los créditos –empresas, familias-, pueden financiar sus operaciones y sus compras, y los bancos ganan dinero, sabiendo que les serán devueltos los créditos, con intereses.

Más allá de esto, con un planteamiento estrictamente capitalista y humanista, es necesaria una nueva forma de hacer banca –al igual que antes hablábamos de una nueva forma de hacer negocios-, que introduce en la ecuación la variable de “lo social”. CaixaBank lo pone en práctica de manera concreta a través de la Obra Social de La Caixa, que en el Estudio ADVICE de éxito empresarial (2014), se identifica con “innovación, creación o mantenimiento del empleo, sostenibilidad, contribución social, proyectos sociales, promoción de la cultura y protección del medioambiente”. La Caixa dedica 500 millones de euros anuales a tales menesteres.

Son características de “la nueva economía” que, también algunos de los mejores economistas norteamericanos descubrieron ya hace años, indicando el camino a seguir: también en este punto tan importante, la bibliografía es muy abundante y llama la atención la identificación de las temáticas de las obras con las actividades de La Caixa: así, en “The Economics of enough: how to run the economy as if the future matters” (La economía de lo suficiente:  dirigir la economía como si el futuro importase; Diane Coyle, 2011, Princeton), se habla de sostenibilidad y cuidar los recursos naturales, al tiempo que se expone cómo, en el siglo XXI y, también desde el mundo de las finanzas, se puede trasladar el crecimiento económico generado por el libre mercado, a la mejora de la calidad de vida de las personas.

En “The Globalization Paradox. Democracy and the future of the world economy” (La paradoja de la globalización. Democracia y el futuro de la economía mundial; Dani Rodrik, 2011, Norton) se trata de cómo conseguir un crecimiento sostenible y equilibrado, que abarca el comercio, las finanzas y el mercado de trabajo. El premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz –ex asesor económico de Bill Clinton, como el autor antes mencionado, Alan S. Blinder- en “The Price of inequality” (El precio de la desigualdad, 2012, Penguin Group), expone la necesidad de un crecimiento equilibrado para todos, en que se cierren las brechas sociales abiertas por la crisis económica, no “tirando para abajo a los de arriba”, sino fomentando el emprendimiento y el fortalecimiento de la clase media. Ciertamente, con un enfoque más templado y moderado que su colega Paul Krugman en “End this depression now!” (¡Acabad con esta depresión, ya! 2012, Norton), también nobel en Economía.

Y, en la misma línea de promover el desarrollo económico y social, los economistas Laurence J. Kotlikoff y Scott Burns, explican las recetas de un crecimiento económico que no hipoteque a las generaciones futuras: ni, por un lado, penalice a nuestros mayores, que merecen pensiones dignas en la vejez, ni, por otro, ponga el peso de una enorme deuda sobre los hombros de los jóvenes, evitando por tanto “The Clash of Generations: Saving ourselves, our kids and our economy” (El choque generacional: salvarnos nosotros, nuestros hijos y nuestra economía; 2012, MIT Press). Por último, en “Return to prosperity” (Vuelta a la prosperidad; Arthur B Laffer y Stephen Moore, 2010, Threshold Editions) se pone énfasis en potenciar la industria, para que “América pueda recuperar su posición económica de superpotencia”: por la misma regla de tres, La Caixa muestra su apuesta por España gracias a su cartera de participadas, con empresas importantes como Abertis, Gas Natural Fenosa, AGBAR o Repsol, entre otras, todas ellas compañías líderes en sus sectores de actividad.

Abertis es un caso emblemático: cuando corren ríos de tinta en España sobre el rescate público de las autopistas de peaje, resulta que la compañía menos afectada por esa cuestión, es la empresa líder mundial en gestión de infraestructuras, Abertis, con el mayor número de kilómetros en autopistas de peaje del mundo. Es la ventaja de ser una compañía fuertemente internacionalizada, presente en muchos países, tan dispares como Francia o Chile, pero expandiéndose a nuevos mercados como el australiano. Abertis es paradigma de las empresas del IBEX-35, columna vertebral de nuestra economía, puesto que, las ventas de las compañías que están en ese mercado de valores, se incrementaron un 3% de media el año pasado y, en conjunto, dos tercios del negocio lo hicieron fuera de España. En el caso de las empresas constructoras (OHL, Ferrovial, ACS, FCC, Acciona, Sacyr), se ha llegado a contabilizar que, en 2013, el 84% de sus pedidos vinieron del exterior, según diversas fuentes.

No cabe ninguna duda que queda mucho camino por recorrer. El desánimo en la población, tras muchos años de crisis, es grande. No pueden ignorarse problemas tan grandes como el desempleo. Pero, si no hay esperanza, España no volverá a crecer. Y la esperanza debe apoyarse en hechos concretos, para apalancarse en ellos. Estos hechos son los datos positivos que nos ofrece la economía española. Y el ejemplo de tantas grandes empresas nacionales –hemos mencionado algunas-, que marcan el camino a seguir, como hoja de ruta que ya han aplicado exitosamente, la economía y la empresa norteamericanas.

Publicado previamente en El Confidencial Digital el 28 de marzo de 2014

Obama, Estado de la Unión 2014

“En resumen, es este espíritu el que ha hecho que la Nación Americana haya progresado. Es el espíritu de ciudadanía, de sentido de pertenencia: el reconocimiento de que, mediante el trabajo duro y la responsabilidad personal, podemos perseguir nuestros sueños individuales y, al mismo tiempo, confluir como una gran y única familia norteamericana, que garantice que la siguiente generación también pueda perseguir sus propios sueños”.

Éste es el contexto en el que el presidente Obama dio el 29 de enero de 2014 su Discurso sobre el Estado de la Unión. Es una llamada a la acción para seguir transformando Estados Unidos, no solo para la generación actual, sino también para la siguiente generación. Es un enfoque con ecos “kenedianos” (“not only peace for our time, but peace for all times”). 

Como todos los imperios, el estadounidense tiene vocación, intención de permanencia. Y, como todos los imperios que no desean tener pies de barro, el norteamericano sabe que ha de tener muy sólidos fundamentos económicos. Por eso, el presidente Obama ha empezado su discurso hablando de la economía. Máxime, cuando sabe que a sus conciudadanos lo que más les ocupa y les preocupa es la economía. En la tercera semana de enero, el índice de confianza económica de Gallup mostraba su mejor registro en cinco años, al aumentar 13 puntos.

Obama comenzó su discurso recordando que, tras cinco años de recuperación económica, se han creado más de ocho millones de puestos de trabajo en los últimos cuatro años. El crecimiento del último trimestre de 2013, en términos PIB, fue del 4,1% y la tasa de paro ha descendido al 6,7%. Es mucho el camino que se ha recorrido –en sentido positivo-, desde que Obama tomó posesión por vez primera, en enero de 2009. Pero, para los estándares americanos, todo lo que no sea pleno empleo es poco menos que una hecatombe. Su mentalidad, su modelo productivo, su estilo de vida, el consumismo, la estructura del mercado de trabajo, la ética calvinista y protestante que alaban el trabajo esforzado, hacen que la sociedad americana esté siempre tensionada, estresada y aspirando siempre a algo más, a algo mejor.

Obama reclama la primacía económica mundial para Estados Unidos, destacando que su país es el primer destino de inversión mundial, y no China. El crecimiento económico estadounidense ha de basarse en unas cuantas premisas básicas: énfasis en la manufactura y la producción –especialmente en el sector tecnológico-, ayuda a las pyme, impulso a la exportación, utilización intensiva de las tecnologías de la información en la empresa, apuesta por la energía y aplicación de la reforma de la inmigración. Hay quien ha puesto el acento en que Obama ha dicho que va a gobernar usando sus poderes ejecutivos (por decreto ley); otros han afirmado que el discurso de Obama ha sido genérico, ambiguo y falto de sustancia. Ni lo uno, ni lo otro. 

Desgranar más de hora de discurso supone identificar una hoja de ruta concreta de actuación gubernamental para 2014. Y, cuando Obama ha hecho referencia a sus poderes ejecutivos –sin olvidar que Norteamérica es un país “presidencialista”-, su intención era remover las conciencias de los congresistas y senadores republicanos que han estado boicoteando durante 2013 una buena parte de sus iniciativas políticas: desde la reforma de la inmigración, a la aprobación de un nuevo presupuesto federal, sin el cual, el gobierno tuvo que cerrar sus puertas quince días a mediados de octubre de 2013. Obama quiere liderar con el concurso del resto de la clase política, ya de por sí desprestigiada debido al obstruccionismo político que impide que “las cosas se muevan”. Obama es consciente de que es necesario reconstruir la confianza entre políticos y la población general. Y esto supone acción, más que palabras. Por eso, Obama ha definido 2014 como “un año para la acción”.

La reforma de la inmigración fue promesa electoral no cumplida en su primer mandato. El 78% de los hispanos-latinos (son ya el 13% del electorado, un punto por encima de los afro americanos) votó a Obama en 2008 y en 2012. Cincuenta millones de hispanos “legales” ansían ver cumplida la promesa de Obama, al igual que otros once millones de latinos “ilegales”, que trabajan, pero no pagan impuestos. En junio de 2013, senadores republicanos y demócratas alcanzaron un acuerdo para sacar adelante la reforma, pero los congresistas conservadores pararon la medida en la Cámara de Representantes. Según los cálculos de Obama, los beneficios de conceder un estatus legal a los 11 millones de latinos inmigrantes ilegales “consisten en una aportación de 1 trillón de dólares a lo largo de dos décadas en reducción del déficit público”. El incremento de la recaudación, mediante la actividad económica, pero sin aumentar los impuestos, es uno de los objetivos de Obama y, así, reducir el déficit de manera equilibrada.

Obama insistió mucho en la movilidad social, que ha sido siempre el fundamento del sueño americano. Sin embargo, en los últimos años, tanto los de la recuperación como en los previos de la crisis, se ha ensanchado la brecha de la desigualdad social, “puesto que los beneficios empresariales y la bolsa han subido, pero los salarios de los trabajadores han bajado: la gente, cada vez, tiene que trabajar más para conseguir menos cosas: esto está afectando negativamente a la clase media”. En esto, Obama se apoya mucho en estudios como los realizados por el premio nobel de Economía y ex asesor económico de Bill Clinton (“The Price of inequality” de Joseph Stiglitz). Para reducir diferencias entre ricos y pobres, Obama quiere aumentar el salario mínimo de los trabajadores públicos, por decreto ley, si es necesario.  El presidente quiere “honrar el valor del trabajo”, reconociendo de facto la igualdad de salarios para hombres y mujeres en trabajos de similares condiciones. Obama no es marxista: quiere elevar a la gente de abajo, sacándola de la pobreza, sin tirar por tierra a los que ya están arriba, buscando, eso sí, un cierto equilibrio, que se traduce en el fortalecimiento de la clase media.

Obama es consciente de que el índice de aprobación de su gestión es bajo (43,5%) y el índice de desaprobación es mayor (51,6%). Por estas fechas, su predecesor, George Bush, se encontraba en una situación peor, versus Bill Clinton, que mantuvo hasta que se supieron sus problemas extramaritales, unos muy altos niveles de popularidad. Por eso, Obama ha continuado poniendo énfasis en lo que importa a los americanos, la economía. El presidente ha explicado el papel que cumple la innovación como dinamizador económico. La energía ha de cumplir su papel, también: según Obama, “América, está más cerca que nunca de ser independiente desde el punto de vista energético”; Nixon, ya en 1969, se propuso este objetivo y, hoy, Obama lo ve más cerca gracias al gas natural propio, que reduce la dependencia del petróleo de países del Golfo Pérsico. El gas, además, contamina menos y es, por tanto, un elemento importante en la “lucha contra el cambio climático”.

El resto del discurso de Obama ha sido una declaración de intenciones de lo que quiere conseguir durante los tres próximos años. El presidente apuesta por la educación como instrumento para alcanzar la movilidad social. Obama quiere que los trabajadores puedan ahorrar para la jubilación. Desea una renovación del seguro de desempleo, para que no desincentive la búsqueda de trabajo. Obama otorga una enorme importancia a la formación para la fuerza de trabajo, haciéndola más productiva y competitiva, así como la educación para los jóvenes, como preparación esencial para el futuro: formación y educación no son en Estados Unidos peones de ajedrez de la política con minúsculas, sino puntas de lanza de la competitividad de la economía del conocimiento.

Obama quiere estimular la cooperación entre el gobierno, la universidad y la empresa privada en la generación de empleos de calidad en las tecnologías de la información. Con datos de la Reserva Federal, Obama – como Bill Clinton- puede afirmar que un empleo de manufactura en tecnologías de la información genera otros 16 de apoyo. La OCDE o el Informe de Competitividad de Davos avalan los mismos datos. Obama quiere que América siga siendo la primera potencia investigadora del planeta y que se siga inventando y produciendo tecnologías de la información en suelo americano. Esto lleva consigo un fuerte impulso a la gestión de infraestructuras, que manifiesta el grado de desarrollo de una economía y una sociedad. Y, también, el empuje a las superautopistas de la sociedad de la información, con la ayuda de empresas como Apple, Microsoft, Sprint y Verizon, y otras empresas privadas.

Obama ha dedicado poca atención a la política exterior o internacional. Ha dejado clara la “finalización de la guerra de Afganistán, este año” y la imperiosa necesidad del uso de la diplomacia, y no de la fuerza, con Irán, para impedir que el país persa desarrolle un arma nuclear que amenace tanto a sus aliados árabes (Jordania, Arabia Saudí) como a su principal amigo en Oriente Medio, Israel, cuya seguridad quiere garantizar. Citando a Kennedy, y a Reagan, que “negociaron con potencias muy superiores a Irán” (en referencia a la Unión Soviética), Obama quiere tener las manos libres para llegar a un acuerdo con Irán que impida su consecución de un arma nuclear. El evitar una guerra con Irán no solo será bueno para la economía –las guerras a largo plazo, en América, aumentan exponencialmente el déficit público, como pasó con Vietnam, Irak y Afganistán-, sino también para la estabilidad geopolítica mundial.

Publicado previamente en el Blog de Cinco Días EE.UU y Mercados Emergentes el 29 de enero de 2014

En 2016, pleno empleo en Estados Unidos

Con el actual ritmo de generación de puestos de trabajo, la economía norteamericana alcanzará el deseado objetivo del pleno empleo en 2016. Para ello, la tasa de desempleo deberá ser del 5%, que es la medida estándar que utilizan los economistas. A finales del año que viene -2014- la tasa de paro será del 6,4%, bajando al 5,7% cuando termine 2015. Confiamos mucho en las predicciones de ADVICE Strategic Consultants, que se han demostrado acertadas en los últimos cinco años.

La actual tasa de paro en Estados Unidos es del 7%, la más baja en cinco años. En octubre de 2009, siendo Obama ya presidente, era del 10%. La generación de empleo en los últimos doce meses ha sido notable: una media mensual de 195.000 nuevos puestos de trabajo. En el último cuatrimestre, hubo 200.000  nuevos empleos mensuales en tres de los cuatro meses: noviembre, último mes medido, "produjo" 203.000 nuevos empleos. Todos estos datos son positivos en sí mismos. Y van en la dirección de conseguir los objetivos que se ha propuesto la Reserva Federal de reducir el desempleo al 6,5%, antes de acabar con la compra de bonos (85.000 millones de dólares todos los meses, entre deuda pública e hipotecaria). Los tipos de interés a corto plazo seguirán cercanos al 0% y, la inflación, muy por debajo del 2% (hoy, en el 0,7%).

Pero, hay que vivir en Norteamérica para, metiéndose en la piel de los estadounidenses, comprender por qué, desde el partido demócrata y del republicano y, sobre todo, desde la perspectiva de la ciudadanía, estas mejoras en el mercado de trabajo son claramente insuficientes. Para los americanos, todo lo que no sea pleno empleo es sinónimo de fracaso. Por eso añoran épocas doradas en que sí hubo pleno empleo, como sucedió con Kennedy o, más recientemente, con Bill Clinton.

Además, persisten desequilibrios importantes en el mercado de trabajo norteamericano. La tasa de paro entre los que no tienen estudios es del 10,8%. Entre los afro americanos, el desempleo es del 12,5%, el doble que entre los blancos. Los hispanos viven una situación francamente mejor, motivo por el que los dos grandes partidos estarán dispuestos a llegar a un acuerdo sobre la reforma de la inmigración, dado que hay 11 millones de latinos trabajando en situación ilegal que, de ser "naturalizados", pagarían impuestos y seguridad social, generando ingresos vitales en momentos delicados de reducción del déficit público.

Aunque Estados Unidos tiene una gran capacidad para endeudarse -la historia nos dice que las recuperaciones económicas posteriores a las recesiones, absorben los déficits generados y que la mayor actividad económica produce más ingresos, vía más recaudación de impuestos-, la necesaria reducción del déficit público a largo plazo (una década) ha hecho posible que republicanos y demócratas alcancen un acuerdo sobre el presupuesto de 2014, el primero que se produce en condiciones normales desde agosto de 2011.

Hay que tener en cuenta que 2014 es año electoral, porque se renovarán parcialmente las cámaras de Senado y Cámara de Representantes en noviembre de ese año. Congresistas y Senadores tienen un índice de aprobación del 10%, versus el 42% del presidente Obama. "Nadie" quiere enfrentarse al electorado, si puede ser acusado por el contrincante político de ser el causante de otro cierre del gobierno, por ejemplo, como sucedió en la primera quincena de octubre de este año.

Y, los efectos del llamado "Sequester" en la economía, han sido devastadores: han restado, como ya anticipamos en Cinco Días hace un año, exactamente, un 1,5% de crecimiento anualizado. Aún así, los datos de crecimiento económico del tercer trimestre han sido buenos: el 3,6% en PIB, versus el 2,8% inicialmente estimado. Aunque muchas empresas se han quitado de encima inventario, adelantando ventas que podrían restar crecimiento al cuarto trimestre, hay que tener en cuenta que, éste, coincide con la campaña de Navidad, cuando el consumo es más elevado y que, esto, podría dar sorpresas positivas.

En el tercer trimestre del año, los beneficios de las empresas, después de impuestos, aumentaron el 5,8%, lo que podría presuponer que los empresarios están más dispuestos a contratar e invertir más. Los salarios aumentaron el 2%. El gasto público se incrementó el 1,7% y el consumo doméstico subió el 1,4%.

En Estados Unidos, por mucho que se mejore, siempre habrá motivos para querer que las cosas vayan mejor. Está en su ADN. Por eso, no tiene sentido presuponer o prejuzgar (=ideas preconcebidas o prejuicios) lo que vaya a hacer la FED en sus reuniones del 17 y 18 de diciembre. Los norteamericanos siempre querrán "más y mejor", por lo que la FED mantendrá su política de estímulos hasta conseguir su objetivo. Esto beneficiará al candidato demócrata a las elecciones presidenciales de 2016. La presidencia de Obama, está ya encauzada: su legado será haber puesto la economía en orden tras la dura recesión de 2007-2009. Los réditos los recogerá su sucesor, en forma de ganancia electoral. Podría bien ser Hillary Clinton, si se lanza de nuevo a la carrera electoral, cuando llegue el momento.

Publicado previamente en el Blog de Cinco Días EE.UU y mercados emergentes el 16 de diciembre del 2013