martes, 7 de octubre de 2014

Economía China: de la armonía de Hu Jintao, al dilema de Xi Jinping

XiJinping ascendió a la Secretaría General del Comité de Central del Partido Comunista Chino (marzo 2013) prometiendo un programa de reformas que permitieran seguir creciendo la economía. No es que su promesa fuera electoral y tuviera que rendir cuentas a los votantes. Su compromiso era con los dos pilares que garantizan la estabilidad en un país de 1.500 millones de personas: el Partido Comunista y el Ejército. Ahora bien, una excesiva divergencia entre esos dos baluartes en que se asienta el sistema y la sociedad, podría provocar un cisma con consecuencias sociales imprevisibles. 

De aquí que la economía entre en la ecuación como un factor esencial de la estabilidad del país. Las revueltas estudiantiles en Hong Kong son una broma -más bien, un mosquito- para el Gobierno chino, que podría acabar con ellas con más rapidez y eficacia que con la Revuelta de la Plaza de Tiannamen.
El capitalismo de estado chino ha generado crecimientos económicos de dos dígitos durante tres décadas. 400 millones han salido de la pobreza. Una incipiente clase media -todavía, con ingresos netos anuales situados en un 25% de los norteamericanos o europeos- que se agrupa en la costa, y un millón de personas con más de un millón de dólares -por eso, se les llama millonarios- han cambiado la realidad de China que conoce el mundo exterior. Shanghai es un "show room" con impresionante distrito financiero, altísimos rascacielos, escenario de películas de acción y espionaje occidentales (Skyfall, Misión Imposible...), pero China no es Shanghai, como tampoco es Pekín. Y tampoco la inmensa China se identifica con los espectaculares centros de producción de Guangdong o Chongquing, con fábricas de 800.000 trabajadores...

La primera conclusión del crecimiento económico chino iniciado en 1979 por Deng Xiaoping es los enormes desequilibrios que ha generado dicho ascenso: la sociedad china no es el paraíso comunista -espejismo falso de la realidad- en que todos tienen de todo: unos pocos tienen muchísimo, unos cuantos, tienen algo, una inmensa mayoría apenas tiene. En esto, China no se diferenciaría en demasía del resto del mundo desarrollado, a no ser por el tamaño, las dimensiones.

A los desequilibrios sociales se une otra conclusión: la divergencia entre demanda interna y la externa. Hasta ahora, la gran fábrica del mundo que es China ha producido muy barato para exportar a bajo coste. Las exportaciones han expoleado el PIB, hasta ahora, cuando la economía mundial -lo dijo el 2 de octubre de 2014 el FMI- empieza de nuevo a ralentizarse, excepto en Estados Unidos. Xi Jinping no prometió un crecimiento armonioso -"sociedad armoniosa"-, como el de su predecesor, Hu Jintao. Su gran reto ha sido, desde marzo de 2013, aumentar la capacidad de consumo de los chinos para incrementar el consumo interno y compensar la caída de las exportaciones. Para eso, es menester hacer crecer el poder adquisitivo de los ciudadanos. Lo cual, en China, es opuesto a una política de altísima productividad basada en mucho factor trabajo a bajísimo coste salarial. De hecho, en los últimos doce meses, los costes laborales chinos ha  aumentado, por lo que sus fábricas son menos productivas. Gigantes americanos -Apple, Wall-Mart- han aprovechado para "volver al cacareado y popular (populista) made in America" y devolver significativa producción a Estados Unidos, lo que explica -solo muy parcialmente- la caída del desempleo en Norteamérica.

La realidad es que Xi Jinping está teniendo que elegir, entre seguir con sus reformas o espolear el crecimiento económico. No puede hacer ambas al mismo tiempo, por los vicios innatos al sistema chino, que no es inclusivo en sus instituciones, por no ser democrático ("Why nations fail", 2012, Harvard). Las medidas de estímulo económico puestas en marcha por Xi han tenido impacto, solo inmediato, y la segunda economía del mundo en tamaño, no va a poder evitar una fuerte caída del mercado inmobiliario, y un mayor descenso de la producción industrial: en agosto pasado, aquella cayó el 6,9% -año sobre año-, el crecimiento más bajo desde la Recesión de 2008.

El Gobierno no puede impulsar paquetes de estímulo de estilo de los de Barack Obama en Estados Unidos (787 billones de dólares en febrero de 2009; 400 billones adicionales en septiembre de 2011): se encuentra con altísimos niveles de endeudamiento de bancos -entre los mayores del mundo-, empresas -muchas, estatales- y gobiernos, a todos los niveles de la administración.

El PMI chino, en septiembre, permaneció en el mismo nivel que el mes de agosto: el 51,1. ¿Anecdótico? No, sintomático: es ya una tendencia, en 2014. La cuestión es qué va a hacer Xi Jinping ahora. Tiene dos opciones: tomar fuertes medidas, como recortar mucho los tipos de interés, al igual que Estados Unidos y Europa, o aceptar (resignarse) a la ralentización de la economía, con aumento del desempleo y menor crecimiento. Esto segundo no es una opción,  para un Secretario General del Comité Central del Partido Comunista Chino. Hoy, las "purgas" no son como las de Mao, son más amables, sutiles y..., armoniosas..., pero las hay.

Sería la primera vez que China no cumpliera, en un escenario hipotético, con su objetivo de crecimiento económico, del 7,5%, para este año. En Europa, acogeríamos ese crecimiento como maná llovido del cielo, pero para la economía china es un nivel ligeramente por encima del recesivo: China necesita expandirse dos dígitos, pero crecimientos de estos, "are long forgotten", han quedado en el olvido. Bloomberg, Wall Street Journal, Barclays, The Economist Intelligence Unit, HSBC..., todos coinciden en que, o Xi Jinping, timonel -grande o pequeño, no sabemos, pero todo indica, que mediano tirando a grande- tendrá que tomar decisiones pronto, y que serán drásticas, para estimular el crecimiento.

Los estudiantes de Hong Kong manifestados con teléfonos móviles, no cualifican ni como "china (piedra) en el zapato de China"...

Publicado previamente el 3 de Octubre en mi Blog de Cinco Días EE.UU y mercados emergentes

Isidoro Álvarez, un hombre bueno... y presidente de El Corte Inglés

El 14 de septiembre de 2014 falleció un hombre bueno, de extraordinaria calidad humana. Desde Carme Chacón (PSOE) a Alberto Ruiz Gallardón (PP), todos han alabado las virtudes humanas de quien fue un hombre bueno: fortaleza, disciplina, capacidad de trabajo, entrega, lealtad y, sobre todo, humanidad, palabra que lo expresa y resume todo.

En épocas en que si un líder de opinión no aparece mucho en los medios de comunicación encumbrándose como gran gestor -lo sea, o no-, Isidoro Álvarez optó por la discreción: todo el protagonismo, para la empresa que dirigió, el Corte Inglés. Sin embargo, los que le conocían y, por supuesto, todo el ámbito empresarial español y europeo, reconocen que era un formidable gestor que, basándose en esa gran virtud empresarial que es la anticipación, tenía todo preparado, incluso la sucesión. Lo que quería decir que no se consideraba imprescindible -aunque lo fuera-, como debe pensar todo excelente gestor.

El nivel de conocimiento, de notoriedad de Isidoro Álvarez, entre población general, no era tan elevado como el de otros. César Alierta (presidente de Telefónica) e Isidre Faine (presidente de La Caixa) son más conocidos, pero Isidoro Álvarez comparte con ellos otros conceptos como "la favorabilidad", "la simpatía", la "buena imagen", "la reputación" y, muy esencialmente, "el ser gestor que contribuye al negocio". Hay otros líderes empresariales que son muy conocidos -conocidísimos-, pero caen mal, tanto a líderes de opinión como a población general. No Isidoro Álvarez, presidente de El Corte Inglés.

Su empresa es una de las más conocidas de España, según el Estudio ADVICE de éxito empresarial. Es muy conocida y cercana para 9 de cada 10 españoles mayores de edad. Su presencia física llega a todos los rincones de España y Portugal, gracias a sus centros comerciales. La excelencia de El Corte Inglés se manifiesta en que siempre ha destacado por sus altísimos índices de calidad de sus productos y servicios, y por la muy buena atención al cliente. Su presencia en la comunidad, le hizo referente en Responsabilidad Social Corporativa, tras la Obra Social de La Caixa.

El Corte Inglés es una columna esencial que sostiene la economía y la sociedad españolas. Es imposible entender España sin El Corte Inglés. Durante décadas, todas las ciudades de España han querido tener un centro de El Corte Inglés, como las ciudades medievales querían tener una muralla con puerta y llaves. Es signo de modernidad. El Corte Inglés es mucho más que centros comerciales: la diversificación de sus negocios le ha convertido en referente en todas las categorías de servicios y productos imaginables; es la única compañía "que tiene de todo". Su facturación supone un 1,4% del PIB de España y, si directamente emplea a 94.000 empleados, indirectamente sostiene a más de un millón, gracias a las miles y miles de pymes que tratan con El Corte Inglés.

Es una empresa que conoce los hábitos de los consumidores. Consciente de la evolución hacia el comercio electrónico, El Corte Inglés hace ya años que se expandió a Internet, donde desde 2009 no tiene nada que envidiar a Amazon en España, liderando muchos meses las cifras de ventas. 

Recientemente, El Corte Inglés, ya referente en Europa gracias a los centros comerciales, donde ya ostentaba el liderazgo, decidió dar el paso a encabezar el comercio electrónico en Europa y sus primeros pasos están siendo exitosos. A ello se une una potencial expansión a Estados Unidos, que se hubiera visto beneficiada por la culminación del Acuerdo de Libre Comercio entre Europa y Estados Unidos.

Se nos va un gran empresario, sí, pero sobre todo, una gran persona. Pocas veces hay tanta unanimidad en calificar a alguien de "bueno". Pero así es. Descanse en paz.

Publicado previamente el 15 de septiembre en Cinco Dias

lunes, 6 de octubre de 2014

USA: 10 millones de empleos en cinco años..., más los 142.000 de agosto

Leo con gran sorpresa que algo tan genérico como "el consenso de analistas" o "el mercado", se han llevado las manos a la cabeza con el último dato de paro de Estados Unidos. Allí se crearon 142.000 empleos netos nuevos en el mes de agosto. Parece ser que alguien esperaba que se generaran más de 200.000 empleos. Curiosamente, los mercados de valores -al menos, los norteamericanos-, ni se inmutaron: el DJ siguió su estela ascendente, el SP-500 -dicen los economistas y analistas con nombres y apellidos entrevistados por Bloomberg y por The Wall Street Journal- continuó imparable hacia el 3.000, tras haber pasado su record histórico de los 2.000 puntos. Estos analistas y economistas saben más que los anónimos "consensos y mercados". He vivido en Estados Unidos en el último mes y medio y he visto trabajo y consumo en todos los rincones de América.

Es asombroso observar cómo muchos se dejan llevar como veletas por el último dato; y corren desaforados con pánico, sin orden ni concierto, sin criterio. De tal manera que, pareciera, según esos comportamientos, que un día Norteamérica va a comerse el mundo y, al día siguiente, va a hundirse en la miseria. Qué maravilla, frente al atolondramiento de los frívolos y superficiales, es fijar la atención en las tendencias, en la evolución, en las causas..., y en los efectos. De otra manera, la vida económica y empresarial es un sin vivir. La economía americana, como el propio país, está llena de contrastes. Pero tiene una lógica interna, sin la cual, no se entiende nada. Ejemplos hay muchos:

El primer trimestre del año 2014 nos dio el susto de la fuerte contracción del PIB en un -2,9%. Los frívolos se escandalizaron, y los libertarios dijeron: "si ya lo decíamos nosotros, Obama no sabe dirigir la economía y así está el índice de aprobación de su gestión, en mínimos históricos". El Departamento de Trabajo estadounidense explicó el papel que el duro invierno había jugado negativamente en el crecimiento económico, porque se produjo una fuerte contracción de la demanda. Alguno se rió, pensando que se trataba de una excusa sin fundamento.

La realidad es que, desde 1939, este fenómeno -la influencia de la metereología en el desempeño económico- ya había sucedido: durante los 8 años en que Bill Clinton fue presidente (1993-2001), se crearon 22 millones de empleos o, lo que es lo mismo, una media de 240.000 empleos mensuales. Hubo una excepción: el invierno de 1996, cuando Clinton inició su segundo mandato, lleno de nevadas, debido a lo cual, se crearon, solamente 2.000 empleos menos en el mes de enero: 220.000, por tanto. Por lo demás, de todos es sabido que, con Clinton, gracias a las nuevas tecnologías e Internet, no solo hubo crecimiento económico y generación de empleo de calidad, sino también, fuertes aumentos de productividad empresarial (media anual del 3%, con aumento de la fuerza de trabajo, también cada año, del 1%).

El PIB creció el 4,2% en el segundo trimestre del año, así que "los analistas anónimos" se quedaron sin argumentos para atacar al presidente Obama: por supuesto, ese crecimiento se debió al inicio de la temporada de verano, de la misma manera en que hubo ralentización en el invierno. ¿Y qué pasó con el empleo? En los seis primeros meses del año, se generaron 1,4 millones de puestos de trabajo o, lo que es lo mismo, 240.000 empleos mensuales de media, como en la entera era Clinton. Y, esto, con decrecimientos del PIB (-2,9%, primer trimestre) y con aumentos del PIB (+4,2%, segundo trimestre).

Agosto no ha sido un mes tan bueno para el empleo, por los ya dichos 142.000 empleos generados en dicho mes en el sector privado. La tasa de paro, eso sí, descendió al 6,1%. Todo hace indicar que, el objetivo de llegar al 5,5% de tasa de desempleo llegará en 2016, a mediados de ese año, facilitando la labor del candidato/a demócrata que quiera suceder a Obama en la Casa Blanca. La tasa de participación quedó en el 59% (baja para los estándares históricos desde finales de la Segunda Guerra Mundial).

¿Quién encontró trabajo? Aquellos con mejores estudios y cualificaciones profesionales en dos sectores concretos de actividad: los Servicios Profesionales y las Tecnologías de la Información, así como en la Sanidad. En el primer caso, de todos es sabido que las TIC e Internet tienen un efecto de arrastre de la demanda, en el resto de sectores empresariales y en el consumo, que supone el 70% del PIB americano. En el segundo caso, parecería que la afluencia de millones de americanos con seguro médico, gracias a la Reforma Sanitaria de Obama (Obamacare, o Affordable Care Act) tiene efectos positivos en la economía, pues los pacientes requieren tratamientos, medicamentos, etc, a los que han de dar respuesta hospitales, laboratorios y personal sanitario -médicos, enfermeros/as-, que antes no eran menester: una vez más, se ha estimulado la demanda de productos y servicios y, por tanto, el consumo.

De acuerdo, 142.000 empleos con un crecimiento del 4,2% de PIB son pocos puestos de trabajo. ¿Son muchos 268.000 al mes, en el primer trimestre, con un decrecimiento del PIB del -2,9%? Intuyo que también. Luego, ¿con que cifra nos quedamos? La respuesta es terminante: con ninguna. Examinemos qué ha pasado desde que se inició la recuperación económica en junio de 2009: el PIB ha crecido una media del 2,2% y se han generado 10 millones de puestos de trabajo en el sector privado en los últimos 54 meses. Es el período más largo de creación de empleo desde 1939, en Estados Unidos. Y esta es la tendencia que verdaderamente importa.

Publicado previamente el 9 de septiembre de 2014 en mi blog de Cinco Dias: EE.UU y mercados emergentes

Elecciones en noviembre en Estados Unidos: perspectivas electorales

La historia electoral de Estados Unidos muestra que la teoría de la inevitabilidad de la victoria no siempre se cumple. Durante 2007 y hasta mediados de 2008, Hillary Clinton -y, con ella, medio país- creyó que su victoria era inevitable: sería candidata presidencial demócrata y, posiblemente, la primera mujer presidenta de Norteamérica. Pero un factor inesperado en la ecuación -la aparición del desconocido Barack Obama-, tiró por tierra las expectativas de Clinton.

En el verano de 2014, América vive la precampaña electoral de las Mid-Term Elections, por las que se renovarán parcialmente las Cámaras de Representantes, el Senado y bastantes puestos de gobernador. Actualmente, los demócratas tienen una mayoría simple en el Senado, que permite gobernar a Obama, versus la Cámara de Representantes, donde la mayoría republicana hace todo lo posible por bloquear la agenda del presidente. Tanto es así que éste, recientemente, ha dicho que estaba dispuesto a gobernar haciendo uso de sus prerrogativas presidenciales y, ante ese aviso a navegantes, los republicanos han respondido amenazando con llegar a juicio al presidente. La ironía del anuncio de John Boehner de proceder a un "impeachment" de Obama es que está consiguiendo lo que los demócratas no lograban por sí solos: movilizar a su base electoral a favor del partido: cuanto más atacan al presidente, más fuerte se hace la alianza electoral demócrata, muy variopinta según variables sociodemográficas: hispanos y latinos, afroaméricanos, judíos, clase media, demócratas de toda la vida, católicos, mujeres...

La verdadera campaña electoral se da dentro del bando conservador, que no republicano. Porque la auténtica guerra es ideológica y se produce por dirimir quién tiene las credenciales más conservadoras dentro del bando republicano. Los miembros del Tea Party, pocos pero muy bien organizados, han iniciado una batalla electoral orientada a buscar la pureza ideológica republicana, supuestamente acudiendo a principios constitucionales tan genéricos como la libertad de mercado, las bajadas de impuestos y la reducción del peso del estado en la vida de los ciudadanos.

Los miembros del aparato del partido republicano son vistos con sospecha, por no ser considerados suficientemente "puros" ideológicamente. Eric Cantor, el ex líder de la mayoría republicana en la Cámara de Representantes, perdió las elecciones primarias a favor de un desconocido profesor de economía, David Brat, representante del Tea Party, el pasado 10 de junio, a pesar de que Cantor tenía un track record de haber votado en clave muy conservadora en el 95% de las votaciones en que participó. Hasta la cadena FOX mostró su sorpresa, aunque contenta con mantener su cuota de audiencia, apoya manifiestamente a los candidatos más conservadores y representantes de lo que hace más de medio siglo se llamaba el "establishment WASP". El líder de la minoría republicana en el Senado, Mitch McConnell -el mismo que dijo tras la primera victoria de Obama en 2008, que su única misión era impedir la reelección del presidente en 2012; obviamente no lo consiguió- ha tenido que invertir 11 millones de dólares en publicidad para defender sus credenciales conservadoras frente a oponentes mucho más puros ideológicamente.

Si Ronald Reagan viera el panorama del partido republicano, se llevaría las manos a la cabeza. Reagan creía en una América en la que apenas había hispanos y negros y en que los católicos, como el presidente Kennedy, eran una anomalía. La realidad es que hoy los hispanos son el 13% del electorado, los afroaméricanos suponen el 12% y hay 80 millones de católicos. La América uniforme en la que creía Reagan, ya no existe, y no es que no existiera en los años ochenta del siglo pasado, sino que Reagan no quería verla porque no le gustaba, de la misma manera en que en la cadena FOX de representa solo a una muestra no representativa de la sociedad americana en que todos son guapos, rubios/rubias, ricos y protestantes: no hay ni latinos, ni negros, ni judíos ni católicos.

Evidentemente, estoy reduciendo la realidad hasta el absurdo para ilustrar el siguiente dato: hoy, las encuestas -todas- dan a los republicanos unas probabilidades del 60% de ganar la mayoría simple en el Senado, obteniendo posiciones en Michigan, Georgia, Carolina del Norte, Colorado y Alaska. En la Cámara de Representantes, las encuestas ni se molestan en elaborar escenarios, sino que directamente otorgan la victoria a los republicanos, con 230 congresistas conservadores versus 188 demócratas. Los republicanos ganarían 23 puestos de gobernador versus 17 de los demócratas.

Es cierto que el presidente Obama no pasa por su mejor momento ante la opinión pública: 41,7% de ciudadanos aprueban su gestión, frente al 54,5% que la rechaza. A estas mismas alturas de su mandato, George Bush hijo, tras su gestión del Huracán Katrina y el estado de las guerras de Irak y Afganistán, apenas pasaba del 20% de aprobación, por lo que todo es relativo en esta vida terrenal. Los ciudadanos, en las mismas encuestas que estamos citando, rechazan aún más la gestión de senadores y congresistas, a quienes califican peor que al presidente, y el 43,7% aprueban a los demócratas versus el 41,2% que lo hacen a los republicanos, que, por tanto, salen peor parados.

El 64,3% de los americanos creen que el país va en la dirección equivocada. A muchos da miedo los atrevimientos del presidente Putin, con una Rusia que quiere pisar fuerte en la escena internacional: en agosto de 2008 fue Georgia, y en agosto de 2014 le ha tocado el turno a Ucrania. Pero los americanos no quieren ir a la guerra con Rusia. Los acontecimientos en Oriente Medio tampoco animan: ni el enfrentamiento en Gaza entre Hamás e Israel, ni la potencial amenaza nuclear de Irán, a quien el presidente ha ofrecido una moratoria de seis meses en las sanciones económicas, para volver a la mesa de negociación. Muchos republicanos ven débil al presidente y, como ha hecho recientemente el ex presidente Dick Chenney, avisan de la amenaza de un atentado terrorista, mucho peor que el del 11 de Septiembre de 2001, si Obama no actúa con más fuerza.

La posible implicación de Estados Unidos en los conflictos de Libia y en la guerra civil en Siria, no anima en demasía a la mayoría de la ciudadanía que, como hasta ahora, preferían mayoritariamente la actitud distante, y comportamiento aún más distanciado del presidente Obama: dos guerras en Oriente Medio ya fueron más que suficiente para la opinión pública.

Hay elementos esenciales de la agenda doméstica de Obama que tienen problemas para salir adelante apropiadamente: la reforma de la inmigración del presidente está parada en la Cámara de Representantes -aunque aprobada en el Senado-, mientras miles de niños inmigrantes se agolpan en la frontera con México y el gobernador Perry manda a la Guardia Nacional para restablecer el orden -se me escapa la relación causa efecto o simple correlación entre 1.000 militares armados y miles de niños hispanos necesitados de atención médica-. La reforma de la Sanidad ha tenido fuerte rechazo en los tribunales, al menos en lo que se refiere a la objeción de conciencia por motivos religiosos: las empresas no tendrán porqué financiar abortos o contracepción a sus empleados a través de "Obamacare", si el hacerlo va contra sus principios éticos y/o religiosos. Los casos de espionaje vuelven a estar de moda: la CIA pide perdón (su Director, Brennan) porque han espiado a miembros del Senado que a su vez investigaban en comités las técnicas de interrogación de la CIA durante la Guerra contra el Terror. Y el director de la Hacienda Pública (IRS) probablemente tendrá que dimitir "bien por malo, bien por tonto, o por ambas cosas a la vez", al afirmar que ha perdido correos electrónicos que demuestran que sus subordinados discriminaron fiscalmente a organizaciones y asociaciones del Tea Party.

Todas estas cosas son importantes, especialmente para la opinión publicada. Pero no lo son tanto para la opinión pública: a ésta le sigue, como siempre, interesando sobremanera la economía y el empleo; la primera crece al 4% en PIB trimestral y el segundo se traduce en creación de 278.000 puestos de trabajo cada mes, desde que comenzó el año, descendiendo la tasa de paro al 6,1%.

El estado positivo de la economía y los ataques republicanos al presidente Obama están haciendo confluir a las familias demócratas a favor del partido del presidente. En cambio,la lucha ideológica está desangrando al partido republicano. Ronald Reagan pensaba que su partido -hay que recordar que él fue demócrata antes que republicano y representante de actores en su sindicato en Hollywood- solo podía ganar elecciones si mantenía unidos tres grupos: los conservadores sociales y/o religiosos, los que apoyan fervientemente el mundo de los negocios y los muy agresivos en defensa y política internacional. Estos tres grupos, por variables sociodemográficas, tienen poco que ver entre sí, es muy poco lo que les une hoy más allá del partido republicano. Pero si no confluyen electoralmente -versus la unión de clase media, negros, hispanos, judíos y católicos en torno a los demócratas- estos tres grupos, muy bien podría suceder lo que tanto temía Ronald Reagan: que, a pesar de tener unas expectativas electorales del 60%, los republicanos se queden en un partido de estimación de voto del 30%, con lo que nunca podrían gobernar. 

Como le gustaba citar a Ronald Reagan, "ya decía Nuestro Señor que una casa dividida contra sí misma no podrá prevalecer". Y los republicanos viven en una jaula de grillos donde unos están enfrentados contra otros. No les arriendo la ganancia y, si volviera Reagan, se llevaría las manos a la cabeza, de nuevo: de él es la frase de "el undécimo mandamiento consiste en no atacar nunca a un compañero de partido republicano".

Publicado previamente el 1 de agosto en mi blog de Cinco Días EE.UU y Mercados Emergentes

EEUU, el 4% de PIB, y el retorno a la prosperidad

En "Return to prosperity. How America can regain its economic superpower status" (Threshold Editions, 2010), Arthus B Laffer y Stephen Moore predijeron la vuelta al crecimiento económico, de la manera fuerte y sostenida que ahora estamos viendo, cuatro años después de haber publicado el libro (2014 versus 2010, cuando pocos creían en la recuperación).

Como sostiene Hillary Clinton en su segundo libro de memorias, "Hard Choices" (Simon & Schuster, 2014), "el presidente Obama tiene una mente analítica que lo estudia todo". Esto se aplica de manera especial a la economía, a la que el presidente ha dedicado buena parte de su atención desde enero de 2009. El Producto Interior Bruto ha crecido una media mensual del 2,2% desde junio de 2009.

En el segundo trimestre de 2014, el PIB aumentó el 4%. No nos sorprende, porque los estudios publicados por ADVICE Strategic Consultants a principios de año y hechos públicos en Cinco Días ya indicaban que -cuando terminara el invierno- la economía repuntaría fuertemente. La firma ADP estima más de 210.000 empleos nuevos en julio, a los que habrá que sumar los potencialmente creados por el sector público. Quinto mes consecutivo generando más de 200.000 puestos de trabajo cada mes.

El presidente Obama no lanzó las campanas al vuelo, aunque las noticias economicas positivas serán explotadas por los demócratas en la campaña electoral que se avecina, en noviembre de 2014 ("Mid-Term Elections") en que las encuestas actuales vaticinan victorias republicanas para muchos gobernadores, congresistas y, quien sabe, si también en el Senado, donde hoy vemos empate técnico entre los dos grandes partidos. Obama afirmó que se alegraba que el PIB creciera, así como los beneficios de las grandes empresas... "pero ahora quiero ver que un americano normal consigue un trabajo de 9 a 5 y, después, puede seguir haciendo horas extras y ser pagado por ellas por encima del salario mínimo".

Efectivamente, el gran reto de la recuperación va a ser el aumento de los salarios y del poder adquisitivo de las familias. Previsiblemente, esto sucederá a lo largo de los siguientes 24 meses, de una manera tan sólida, que consolidará fuertemente la recuperación económica, y el legado económico que Obama dejará a su sucesor o sucesora, será inmejorable. Hoy, la tasa de paro está en el 6,1% y, en dos años podría descender al 5% o, lo que es lo mismo, el pleno empleo.

En la última semana de julio, Conference Board anunciaba que la confianza del consumidor alcanzaba su nivel más alto desde julio de 2007. Y el consumo ha aumentado el 1,69% -y el consumo, recordémoslo, supone el 70% del PIB americano-, gracias a la compra de coches, mobiliario y alimentos. La inversión empresarial se incrementó el 0,68%, porque las empresas entendieron que, tras el invierno económico, vendría la primavera económica: las familias consumieron mucho menos en el primer trimestre, no porque no quisieran, sino porque no pudieron, debido al mal tiempo, de tal manera que el PIB decreció el -2,1% (menos de la estimación inicial del-2,9%).

La inversión residencial repuntó el +0,23%, y los inventorios el 1,66%, de tal manera, que los almacenes han estado repletos de bienes listos para ser servidos en el canal de distribución, toda vez que las familias, con más empleo, más poder adquisitivo y, sobre todo, más confianza, han ido a los centros comerciales a comprar. La inversión pública aumentó el 0,3% y, tan solo las exportaciones contribuyeron negativamente al crecimiento (-0,61%, lejos del +7% del primer trimestre).

No es mala cosa que las importaciones sustituyan a las exportaciones como aportación positiva al crecimiento económico: es síntoma de que se recupera la demanda interna y, por tanto, el consumo y la inversión. Si este dato se confirma en los próximos seis meses, la economía americana estará en la rampa de lanzamiento del "retorno a la prosperidad".

Publicado previamente el 31 de julio en mi Blog de Cinco Días: EE.UU y mercados emergentes

La Revolución del Gas Natural en Estados Unidos: geopolítica, economía y medioambiente

Las grandes compañías energéticas norteamericanas disponen de servicios de estudios que publican previsiones periódicamente. Ninguna de ellas había previsto la fuerte recuperación de la producción de gas y petróleo en Estados Unidos, que ahora se está produciendo. Posiblemente porque no habían tenido en cuenta la tecnología propia, "made in the USA" que lo ha hecho posible.

La producción de petróleo en Norteamérica ha decrecido en los últimos cuarenta años, pero América va camino de convertirse en el primer productor de dicha energía en 2015. Los últimos datos de la Agencia Internacional de la Energía así lo ponen de manifiesto. También el gas natural se había producido en mucha menor proporción en las últimas cuatro décadas. Sin embargo, la US Energy Information Administration asegura que, con el ritmo de producción actual, y manteniéndose los actuales ratios de consumo, Estados Unidos tendría asegurados 100 años de provisión de gas natural. El consumo se irá reduciendo, conforme aumenta la eficiencia energética y su uso inteligente, por lo que la Administración norteamericana estima un escenario de independencia energética de hasta 200 años.

La producción de crudo seguirá incrementándose más del 25% al día, hasta los 9,3 millones de barriles diarios en 2015, alcanzando su nivel más alto desde 1972, un año antes de la primera crisis del petróleo. La producción diaria de gas natural, que creció un 5% en 2013, aumentará fuertemente, y convertirá a Estados Unidos en su primer exportador neto mundial, en 2018.

Desde el punto de vista estadounidense, se trata de noticias positivas para el crecimiento económico, el aumento del consumo doméstico y la renta disponible de los hogares, al igual que para la política del presidente Obama de protección del medioambiente, así como para la seguridad nacional de Estados Unidos, para quien es necesaria la independencia energética, como ya dijimos previamente.

Dado que las reservas de gas natural americano son enormes, y que la enegía en Estados Unidos es mucho más barata, la factura energética va a ser mucho menor en todo el país. Y el gas natural está sustituyendo a energías mucho más "sucias", como el petróleo y el carbón, para generar electricidad. Desde el punto de vista geopolítico, conforme Norteamérica importa menos energía de los países del Golfo Pérsico y de China, se convierte en más libre de tomar decisiones a favor de sus intereses en la escena internacional. Y, desde el punto de vista económico, estudiosos tanto conservadores como liberales -Fareed Zakaria, Thomas Friedman, Joseph Stiglitz, Paul Krugman, etc- están de acuerdo en que el auge energético norteamericano es el principal logro económico y social del país, junto con la explosión de Internet en los años 90. Grandes empresas españolas como Gas Natural Fenosa están liderando el proceso en Estados Unidos.

La protección del medioambiente es esencial y la EPA, obedeciendo directrices del presidente Obama, ha puesto en marcha programas para reducir las emisiones de CO2, que, de hecho, están ya decreciendo: hoy son un 5% inferiores a las de 2005. Es plausible pensar que Estados Unidos cumplirá sus objetivos de recorte de emisiones en un 17% en 2020, por debajo de los niveles del 2005.

Las tecnologías de la información y la nueva regulación del presidente Obama explican esta tendencia positiva de reducción de emisiones de CO2, que afectan a la industria del automóvil -mucho más eficiente- y a las fábricas que usan carbón y petróleo, y han de reducir la emisión de CO2.

Norteamérica ha sido -es- líder en crecimiento económico, y también fue uno de los peores enemigos de la protección del medioambiente. Pero con el presidente Clinton esto ya empezó a cambiar para mejor, con fuerte impulso del vicepresidente Al Gore. Barack Obama está culminando esta tarea e inicia un nueva era de crecimiento económico y protección al medioambiente, dando ejemplo al resto del mundo. Es hora de que China, Rusia, Venezuela, y tantos otros, tomen nota del ejemplo positivo norteamericano.

Publicado previamente el 25 de julio de 2014 en mi Blog de Cinco Días: EE.UU y mercados emergentes

Movilidad, Robótica, Impresión 3D y TIC Digital revolucionan el Made in America

Si hay una característica virtuosa que define el espíritu norteamericano es "resilience": fortaleza para soportar los golpes, ánimo para seguir luchando, levantarse siempre, sacudirse el polvo y tirar para adelante. Gracias a esa resilience, Estados Unidos ha salido de muchas crisis de distinta naturaleza, mientras que sus competidores, incapaces de tal perseverancia combinada con el genio inventivo americano, se quedaban atrás.

En los años 80' muchos daban por muerta a Norteamérica, frente a la exitosa Japón, reina de la electrónica de consumo y las tecnologías de la información. Los famosos conglomerados japoneses desembarcaron en Estados Unidos, comprando todo lo que se les ponía por delante. Sony adquiría Columbia, icono del cine americano. Hasta Steve Jobs se maravillaba del "Walkman" y lo definía como el mayor invento tecnológico de todos los tiempos. El fundador de Apple llegó a plantear a Sony que, en su compañía fabricante de ordenadores personales, utilizaran su sistema operativo, el de Apple. Los japoneses, altivos, dueños del mundo, dijeron que no. Japón se hizo con el Rockefeller Center, en Nueva York y todo hacía indicar que el Imperio del Sol Naciente le daría la vuelta a la tortilla de su humillante derrota en la Segunda Guerra Mundial. La industria cinematográfica norteamericana, siempre haciéndose eco de "los temas de moda de cada momento", lanzó películas en que se manifestaba esa superioridad empresarial económica y empresarial norteamericana: "La Jungla de Cristal" (Bruce Willis), "Sol Naciente" (Sean Connery), entre otras.

Sin embargo, pocos años después, Estados Unidos salía de la "malaise" de la que habló de manera ignominiosa el presidente Carter y, con el liderazgo de Reagan, primero, y de Bill Clinton, esencialmente, después, volvía a crecer y a pasar por la izquierda a Japón: El Imperio del Sol Naciente iniciaba un período de dos décadas de estancamiento económico, y sus empresas -muy especialmente las tecnológicas- estaban en franca retirada. El "ipod" de Apple destronó al "Walkman" de Sony. Los ordenadores Vaio de Sony ya no pertenecen a esta compañía, que los vendió a un fondo de inversión que pierde dinero con ellos. Las tabletas de Sony no son rentables, frente al líder de la categoría, el "ipad" de Apple.

Sony, Panasonic, Sharp... todas están pasando a mejor vida, mientras las empresas tecnológicas norteamericanas florecen y triunfan, como Facebook, Google, Apple y Amazon. La movilidad, hoy, es el "todo absoluto". Todas estas empresas, y las tradicionales del sector tecnológico norteamericano, ganan dinero gracias a la movilidad. El último caso ha sido Facebook, que anunció a finales de julio de 2014 beneficios más del doble de lo estimado por los analistas e ingresos récord por noveno mes consecutivo: el 62% de sus ingresos publicitarios ahora vienen de anuncios en teléfonos móviles y tabletas. Amazon anuncia que lanza su propio teléfono móvil para no tener que depender de Android (Google). Apple acaba de obtener beneficios formidables gracias, esencialmente, a la venta de teléfonos inteligentes, más que ninguna otra línea de negocios, incluída la de ipads.

Hay una lección en todo esto. Los norteamericanos viven en continuo estado de paranoia y, como escribió en 1997, el presidente de Intel, Andry Grove, "only the paranoids survive", solo los paranoicos sobreviven. Esa paranoia es el secreto de su éxito: En los años 80' fue Japón quien amenazó la primacía mundial norteamericana; Estados Unidos reaccionó, como hemos visto, y Norteamérica vuelve a liderar en crecimiento económico y empresarial. Para triunfar, Estados Unidos, un país eminentemente competitivo por naturaleza, necesita un enemigo al que batir: durante la Guerra Fría fue la extinta Unión Soviética, que espoleó la carrera espacial y el desarrollo tecnológico: en los años 70', IBM o Kodak dominaban el mundo tecnológico y de la fotografía, respectivamente, mientras los soviétivos apenas sabían lo que eran los ordenadores personales. En consecuencia, la productividad norteamericana aumentó exponencialmente, y el sistema soviético, viciado económicamente en sus cimientos, se vino abajo.

El enemigo hoy es China, que junto con otros emergentes, quiere disputar la primacía mundial a Estados Unidos. Ya hablamos de ello en "Obama y el liderazgo pragmático" (2010) y "La Reinvención de Obama" (2011). En 2008 había tratado el tema Fareed Zakaria, en "The Post American World". China, convertida en la gran fábrica del mundo, gracias a los costes de fabricación, hasta ahora baratos, pero cada vez más equiparables a los de Occidente: la diferencia, antes abismal, es hoy de un 15%. Es por ello, que las empresas estadounidenses vuelven a poner énfasis en la manufactura local: un informe de Brookings Institution enfatiza que la robótica, la impresión 3D y la tecnología digital están transformando la fabricación norteamericana, versus la china que depende fundamentalmente de la mano de obra.

Eso explica que muchos fabricantes estadounidenses estén llevándose de nuevo la producción a casa: Walmart ha anunciado que va a vender 50 billones de dólares más de productos "made in America", durante los próximos diez años y the Boston Consulting Group estima que un 30% de la producción americana en el extranjero volverá a casa.

Bendita sea la competencia con los chinos, que ha hecho reaccionar a Norteamérica y, como afirmó el presidente Obama en su Discurso de la Unión de 2011: "It used to be us" o, lo que es lo mismo, los que tenemos que liderar somos nosotros, los norteamericanos, y no los chinos.

Publicado previamente el 24 julio 2014 en mi blog de Cinco Días: EE.UU y Mercados Emergentes