miércoles, 18 de septiembre de 2013

Enseñanzas económicas de Detroit

Detroit se ha acogido al llamado Capítulo 9, por el cual sus acreedores no podrán hacerse con el billón de dólares –en activos inmobiliarios y obras de arte- que todavía posee la ciudad, que acaba de declararse en bancarrota, el pasado 18 de julio. Las ciudades en Estados Unidos se gestionan de una manera, un tanto similar, a como se hace con las empresas privadas. El equivalente al Capítulo 9, en el mercado, es el Capítulo 11, por el que las empresas se declaran en suspensión de pagos y ganan tiempo para reestructurar su deuda, y llegar a acuerdos con sus deudores, al igual que Detroit va a hacer ahora.

Las cifras que conocemos de Detroit son tan grandes como su decadencia. En su momento más álgido, cuando Detroit era sinónimo de innovación y manufactura, en los años 50, llegó a tener más de dos millones de habitantes y fue la primera ciudad norteamericana por su aportación al PIB y en renta per cápita. Hoy, apenas está entre las 20 primeras ciudades de América: su población, desde aquellos momentos de gloria, se ha reducido en un 63% (tan solo el 25% desde el año 2000 al 2011), con la consiguiente disminución en la fuerza laboral y, por tanto, menor recaudación de impuestos, que ha caído un 40%. 

Detroit, hoy, tiene 700.000 habitantes. Los ingresos medios por hogar son de 25.193 dólares al año, la más baja entre las treinta principales ciudades americanas. La media nacional está en el intervalo 32.000-36.000 dólares anuales. El 40% de las farolas de Detroit no funcionan. 78.000 edificios del centro de la ciudad están abandonados. La tasa de paro más que dobla la media nacional, situada en el 7,6%, mientras que en Detroit es del 18,6%. El 80% de su población es afro americana, de los cuales, el 36% tiene niveles de calidad de vida, casi por debajo del umbral de la pobreza. El 40% de los que trabajan, lo hacen en la función pública, y verán reducidos sus salarios y pensiones. La ciudad está desierta, pero las ambulancias tardan 58 minutos en atender a un herido en la calle (tiempo de respuesta a una llamada de socorro): la realidad es que, el 70% de las ambulancias, están aparcadas y no pueden funcionar, porque no hay dinero para gasolina, al igual que le sucede al parque de bomberos. Dos tercios de los autobuses nunca llegan a tiempo.

La deuda de la ciudad de Detroit asciende a 18,5 billones de dólares. Sus deudores, inversores institucionales –fondos de inversión, planes de pensiones-, en junio de 2013, llegaron a aceptar hasta una quita del 75%, pero ni siquiera eso pudo conseguir sacar adelante el ayuntamiento, sin perder los pocos activos que le quedaban. 

Algunos han puesto a Detroit como ejemplo de la supuesta decadencia de América. Esta analogía es una frivolidad, cuando menos. Ni siquiera todas las cosas en Detroit son negativas. Una cosa son las finanzas públicas y otra la vida empresarial. En Detroit siguen teniendo sede las tres grandes empresas fabricantes de automóviles, en Estados Unidos: Ford, Chrysler (hoy, en manos de Fiat) y General Motors. Las tres compañías han obtenido resultados económicos record (positivos) en la primera mitad del año. Cierto, la Administración Obama sacó a dos de ellas del atolladero, en febrero de 2009, cuando destinó el 10% del paquete de estímulo (“Recovery Act”) de 787 billones de dólares, a resucitar a un sector que, directa o indirectamente, sostiene casi tres millones de empleos en Estados Unidos. Los tres grandes fabricantes de automóviles no son sinónimos de Detroit: pero, tampoco su quebrado ayuntamiento es equivalente a la ciudad, en su totalidad.

Es necesario entender cómo se organiza y distribuye geográficamente la economía en Estados Unidos. Los sectores de actividad se agrupan en ciudades, como si de parques temáticos se tratara. En torno a la ciudad de San Francisco florecen las tecnologías de la información e Internet. En Dallas hay petróleo, energía. En Miami, turismo y mercado inmobiliario. En Los Ángeles, hay ocio y entretenimiento (cine y música). En Nueva York, hay finanzas, como en Boston. En Washington hay poder, hay políticos y miles de expertos en “lobby” que defienden los intereses de esos sectores económicos de actividad, agrupados en ciudades (“clusters empresariales”): las finanzas de los ayuntamientos de esas ciudades, puede que estén un tanto mejor que en el caso de Detroit, y que su deuda sea menor, lo cual no quiere decir que no estén endeudados. Es el caso de Chicago, Filadelfia, New Orleans, Portland y muchas más: sus “sectores privados”, en cambio, protagonizan la recuperación económica y generan riqueza y empleo, versus un sector público que pierde peso en la economía, puesto que la arrastra para abajo. Estados Unidos crece a una media del 2%: si no fuera por el lastre del sector público, en realidad crecería al 3%, crecimiento que garantizaría el pleno empleo.

El decaimiento de Detroit no es sinónimo de la presunta –falsa- decadencia económica de Estados Unidos, sino del mal estado de sus finanzas públicas, sea en ayuntamientos, estados o en el gobierno federal. En marzo de 2013 se pusieron en marcha los mecanismos de reducción del gasto público no solo para este año, sino para la próxima década, por un importe de 1,3 trillones de dólares, fundamentalmente en programas sociales (Medicaid, Medicare, Seguridad Social) y gastos en defensa. El sector privado no ha dejado de crecer desde junio de 2009 hasta julio de 2013, período en el que ha generado 7,2 millones de empleos. No es en el ámbito privado, sino en el público, donde hay problemas, de la misma manera en que el sector privado de Detroit (las empresas automovilísticas) está saliendo adelante, de manera rentable, versus un sistema público anticuado, que no ha adaptado sus estructuras a las realidades del siglo XXI.

Publicado previamente el 29 de julio de 2013 en mi blog en Cinco Días EE.UU y mercados emergentes

Pymes y grandes empresas

Saber el porqué de las cosas es esencial. Oímos que, en España, la pyme es importante para la economía. Nuestro objetivo es averiguar por qué y ser capaces de cuantificarlo. El INE es una fuente de información imprescindible, para lograrlo. Según el Directorio Central de Empresas (DIRCE), en España hay 3.195.210 empresas. Ese es el universo. La primera pregunta es obvia: ¿Cuántas de esas empresas son pyme? Para el INE, un total de 3.191.416 son pyme o, lo que es lo mismo, todas aquellas que tienen entre 0 y 249 asalariados. Ese dato, en términos relativos, es revelador: las pyme son el 99,88% del total de empresas existentes en España, lo que constituye un motivo de mucho peso para considerar que la pyme es muy relevante para nuestra economía.

No quiero decir, con esto, que la gran empresa no sea importante para la marcha económica del país. En absoluto y, más bien, al contrario. Con los criterios del INE, en España hay 3.794 grandes empresas (el 0,2% del total): marcan tendencias, representan a España en el exterior y son causa de revitalización de las pyme. En nuestros estudios de investigación de mercado basados en encuesta cuantitativa, para obtener índices de confianza empresarial, con periodicidad trimestral, las pyme dicen que hay grandes empresas que les ayudan, desde diversos sectores: Telefónica, en Telecomunicaciones; CaixaBank, en Banca; El Corte Inglés, en Distribución; Abertis, en Gestión de Infraestructuras; SAGE, en Tecnologías de la Información, etc. El listado de grandes empresas, que las pymes consideran relevante para ellas, “porque les ayudan”, es importante, pero no es extenso.

Algunas grandes empresas, ajenas a esta realidad que describen la sociología y la economía, mediante la verbalización expresa de las pyme en encuestas, quieren sumarse a la moda. Da igual si se trata de Coca Cola a través de una campaña de publicidad en la que anima a ayudar a los bares (son el 5,81% de las pyme, según el INE), o Inditex, que apoyándose de un concepto al que ya está asociado La Caixa (“lo social”), dice que contribuye a la economía española “a través de la actividad de las más de 6.600 empresas nacionales proveedoras de la empresa”.

SAGE, mediante su Estudio de la Radiografía de la Pyme 2013, demuestra empíricamente cómo las tecnologías de la información pueden ayudar, de manera tangible, a mejorar la productividad y la competitividad del 99,88% del tejido empresarial español. De hecho, si se quiere avanzar en la construcción de un nuevo modelo productivo sólido que saque a España de la crisis, es necesario apostar por la creación de la Sociedad del Conocimiento.

Estados Unidos ya ha recorrido este camino exitosamente: La OCDE, en su “Estudio sobre el impacto económico de las TIC”, de abril de 2013, y el “Informe sobre Competitividad Global 2013”, del World Economic Forum, presentado en Davos, muestran cómo la adopción e implantación de las tecnologías de la información en las pyme incrementan su productividad hasta en un 20,1%. La OCDE pone como ejemplo a Estados Unidos, que es la economía que más exitosamente ha conseguido aumentos de competitividad empresarial en las pyme, gracias a las TIC, de manera intensiva, desde 1995.

El famoso “Recovery Act” o Plan de Estímulo Económico del presidente Obama, de febrero de 2009, que inyectó 787 billones de dólares en la economía para salir de la recesión, dedicó un 10% del total a la implantación de las TIC en las pyme. Los frutos son evidentes: Norteamérica abandonó la recesión en junio de 2009, desde entonces, ha crecido una media aritmética trimestral del 2% y ha creado 6,2 millones de puestos de trabajo netos (“The New, New Deal”, Michael Brunwald, 2012), en los últimos cinco años.

La Agenda Digital del Gobierno de España tiene en cuenta el necesario desarrollo de lasTelecomunicaciones e Internet para fomentar el crecimiento económico y empresarial. Desde este punto de vista, es más fácilmente comprensible el enorme peso que tiene Telefónica para el PIB nacional, o que CaixaBank (primer banco de España por segundo año consecutivo, Premio Euromoney) haya recibido el galardón de “Mejor Banco del Mundo en Innovación Tecnológica”.

Esos incrementos de productividad y competitividad de las pyme, en última instancia, han de traducirse en empleo. Ahí es donde la pyme tiene, también, mucho peso: genera el 62,9% del total de asalariados, según los datos del Ministerio de Empleo y Seguridad Social, El Ministerio de Industria y la Comisión Europea. Las pymes emplean a 8.488.179 trabajadores, y las grandes empresas, a 5.015.300. Y, dentro de la pyme, las llamadas “microempresas”, por el INE (0 a 9 asalariados), son las que más empleo sostienen: el 30,2% del total (4.076.179 trabajadores). Diremos lo obvio: la crisis se ha cebado en el empleo de las pyme. Los datos oficiales muestran que, en 2012, la caída interanual del total de empleados de las pyme fue del -5,47%, es decir, una reducción de 404.000 puestos de trabajo. La disminución, para las grandes empresas, fue de 246.900 empleados (variación interanual del -4,69%).

La relación entre pyme y gran empresa no es de antagonismo, sino de complementariedad, porque forman parte del mismo ecosistema. Por volumen de ingresos, el 97,4% de las empresas ingresaron menos de 2 millones euros; el 2% ingresaron entre 2 y 10 millones; el 0,5%, entre 10 y 50 millones, y, solamente, el 0,1% ingresaron más de 50 millones de euros.

El desglose sectorial de la pyme muestra que el 78,8% ejercen su actividad en el sector Servicios (24,2% en Comercio y 54,6% en Resto de Servicios); el 6,7% en la Industria y el 14,5% en Construcción. Desde 1979 hasta hoy, Industria y Construcción (por supuesto, también el Sector Primario) han perdido peso a favor de los Servicios.

El siguiente reto, cara a conseguir un modelo productivo y competitivo que nos saque de la crisis, será el de la evolución hacia la Sociedad del Conocimiento, donde el uso de las TIC, el acceso a la financiación y la colaboración entre las grandes empresas y las pyme, serán factores del éxito empresarial.


Publicado previamente en Cinco Días el 29 de julio de 2013Pymes y grandes empresas

martes, 17 de septiembre de 2013

Obama y economía, en Illinois, hoy: libre mercado y reforzar la clase media

El presidente Obama no pasa por su mejor momento demoscópico, en términos de popularidad ante la opinión pública. Vive, de hecho, en su momento más bajo, si echamos un vistazo al índice de aprobación de su gestión: el 49,5% de norteamericanos le suspenden, frente al 45% que le aprueban.  El saldo neto es del -4,5%. Desde una perspectiva europea, ya quisieran muchos políticos del Viejo Continente que, al menos, el 45% de la ciudadanía, le dieran un aprobado a la manera en que gobiernan y manejan “la cosa pública”.

Desde que fue reelegido, Obama ha gastado mucho capital político en varios frentes: en el ámbito nacional, sacar adelante una amplia legislación para controlar el uso de armas de fuego. También, la ley de inmigración, ya aprobada en el Senado, pero “colgada”, pendiente de un hilo, en la Cámara de Representantes, debido a la recalcitrante oposición de un reducido -pero poderoso-, grupo de republicanos, que ha decidido oponerse a cualquier medida que quiera sacar adelante la Casa Blanca: incluso, y aun a costa de que, el no aprobar la ley que legalizaría a 15 millones de hispanos, es algo que penalizará fuertemente, en las urnas, a los republicanos, y les convertirá en un partido marginal, desde el punto de vista sociológico y electoral. Como ya dijimos, hasta el presidente George W. Bush ha apoyado la causa del presidente Obama, en materia de inmigración.

En política internacional, las crisis de Siria y Egipto también han pasado factura al presidente. En el caso de Siria, los norteamericanos se oponen a una intervención directa –con tropas en el terreno-, como piden los republicanos: de hecho, si los estadounidenses aterrizaran en Siria, el problema ya no sería Bashar Al Asad, sino Hizbulá en el Líbano, y la Guardia Revolucionaria de Irán, puesto que ambos apoyan el régimen de Damasco. Por lo que a Egipto se refiere, para los norteamericanos el embrollo egipcio es un jeroglífico imposible de descifrar y entender.

Muchos estadounidenses pensaban que, con la caída de Mubarak –aliado de Estados Unidos durante tres décadas-, América apoyaba la democracia en Egipto. Resulta que hubo elecciones libres y, -sorpresa-, quien ganó fue un partido islamista radical, los Hermanos Musulmanes, hoy expulsados del poder por los militares –los mismos que trabajaban con Mubarak- y apoyados por casi la mitad de la población, que quieren un gobierno más secular. 

La realidad es que, en el caso sirio y el egipcio, Obama está actuando de una manera que no es obvia para el pueblo americano.  Como publican David E. Sanger en “Confront and conceal. Obama’s secret wars and surprising use of American power” (Crown, 2012), y David Corn en “Showdown” (Morrow, 2012), Obama ha hecho un uso mucho más sutil del poder militar Americano, que su predecessor (Bush hijo). Lo cual, no ha evitado que hayan estallado escándalos en las manos del presidente, como la muerte del embajador americano en Benghazi (Libia) o el espionaje de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA).

Y, aunque todas estas cuestiones han afectado negativamente a la imagen del presidente, ninguna de ellas es la fundamental. La primera preocupación de los americanos es la economía, con un 23%. La segunda es el paro, con el 19%. Después, hay cuestiones como la Sanidad, la Inmigración o el Control de Armas de Fuego, con porcentajes que oscilan entre el 5% y el 8%. El índice de confianza económico de Gallup para la cuarta semana de julio es del -12%, doce puntos menos que hace un mes; es decir, hay una mejora evidente. Un 52% de los estadounidenses creen, hoy, que la economía evolucionará a peor y el 43% piensan que mejorará.

Obama, como otros presidentes demócratas antes que él (FDR y Bill Clinton, muy especialmente) y algún republicano, como Ronald Reagan, sabe que donde debe poner más énfasis es en la economía. Como ha dicho hoy en Illinois, “buenos empleos y crecimiento económico, son los fundamentos para la prosperidad de la clase media americana y la consecución del Sueño Americano”. El presidente inicia el 24 de julio en el Knox College de Illinois, una serie de charlas y conferencias en las que va a exponer su visión para la economía en su segundo mandato. Nos parece que Obama lleva muchos años en la Casa Blanca, pero no debe olvidarse que fue elegido por segunda vez en noviembre de 2012.

Roosevelt pasó a la historia como el presidente que sacó América de la Gran Depresión, ganó la Segunda Guerra Mundial, y puso los fundamentos de la primacía americana desde 1945 hasta nuestros días (“American Caesars”, Nigel Hamilton,  Yale, 2011). Clinton sigue siendo uno de los presidentes más populares de América porque creó 200.000 empleos mensuales a lo largo de sus dos mandatos (1993-2001). Obama quiere seguir la estela de ambos, FDR y Clinton. En lugar de irse de vacaciones, el presidente va a recorrer el país explicando su visión económica para los próximos cuatro años, con especial foco en la creación de empleo de calidad, innovación, tecnologías de la información, telecomunicaciones, Internet de alta velocidad, infraestructuras, manufactura y educación. Dos de las frases más fuertes y relevantes del presidente, hoy en Illinois, han sido que “América es una nación orientada a los negocios”, y “la base de nuestra prosperidad ha de ser el fortalecimiento de la clase media”.

El punto de partida de Obama no es malo: desde que tomó posesión por vez primera (enero de 2009) y, especialmente en los últimos 40 meses, el sector privado ha creado 7,2 millones de puestos de trabajo netos. En el último mes, junio, se generaron 202.000 empleos (cifra revisada al alza respecto a la inicialmente anunciada de 195.000).

Nos proponemos seguir de cerca las explicaciones de la visión económica del presidente Obama, incluso en vivo y en directo, en su propia tierra, Norteamérica. Empezando hoy, en Knox College, Illinois.

Publicado el 24 de julio de 2013  en mi Blog en Cinco Días EE.UU y mercados emergentes

Bernanke ante el Congreso: claridad de la Reserva Federal

“El motivo de que los tipos de interés continúen siendo bajos es que la economía está débil y la inflación está controlada”. De entre las muchas virtudes del presidente de la Reserva Federal norteamericana, destacaría dos: primero, que es un erudito, historiador culto y amante de los matices; segundo, que es buen comunicador y se hace entender. No así su predecesor, Alan Greenspan, a quien gustaba hablar mediante jeroglíficos difíciles de desentrañar: hubimos de esperar a que publicara su formidable libro de memorias (The Age of Turbulance, 2008) para que supiéramos lo que realmente tenía en la cabeza. Bernanke acaba de publicar una obra sencilla (The FED and the financial crisis, 2013) en que repasa la historia de la institución que preside, y sus dos mandatos:  espolear el crecimiento económico y el empleo, y controlar la inflación. Otro presidente de la Reserva Federal, Paul Volcker, ha explicado recientemente en “The triumph of persistence” (2012) cómo se puede, desde la FED, conseguir estos dos objetivos.

Si algo tienen en común los últimos tres presidentes de la Reserva Federal, es lo acertado de sus políticas económicas y monetarias. Bernanke es firme defensor de que las políticas monetarias apoyen las políticas económicas nacionales. Algunos, como Japón recientemente, lo están haciendo para impulsar el crecimiento económico, y otros, como China, manipulan artificialmente el tipo de cambio de su moneda, para favorecer sus exportaciones.

En sus declaraciones ante el Comité de Servicios Financieros de la Cámara de Representantes y del Senado (Capitol Hill) del 17 de julio, Bernanke ha vuelto a poner énfasis en que no es cierto que la FED vaya dejar de lado la política de estímulos mediante la compra de bonos. Una vez más, el presidente de la FED ha explicado que sus políticas “se acomodarán a la marcha de la economía”. No es verdad, ha dicho Bernanke, que “nuestra política esté predeterminada”, lo cual es un gran alivio, puesto que la política económica y monetaria norteamericana suele ser ajena a los vaivenes ideológicos: en cambio, es pragmática, porque busca la eficacia. Así lo hicieron Volcker, Greenspan y Bernanke durante las tres últimas décadas.

Bernanke es consciente de que la economía aún no está cogiendo velocidad de crucero. En el último mes (junio) se crearon 195.000 empleos netos y, sin embargo, la tasa de paro permanece en el 7,6%. El crecimiento del primer trimestre de 2013, en términos de Producto Interior Bruto, fue del 1,8% y, quizá, sea del 1% en el segundo trimestre del año. Es un crecimiento anémico. Y una gran parte de los nuevos empleos generados lo son a tiempo parcial, lo cual obliga al trabajador a seguir buscando trabajo y, si puede, mantener varios empleos al mismo tiempo. En Norteamérica, con una economía muy orientada al desarrollo de la sociedad del conocimiento, los parados de larga duración (más de seis meses en situación de desempleo), quedan fácilmente obsoletos y solo con mucha dificultad son readmitidos en el mercado de trabajo. 

La FED tiene varios objetivos, que quiere ver cumplidos antes de cambiar sus políticas: primero, que el crecimiento económico oscile entre el 2,8% y el 3%. Segundo, que en el corto plazo, el desempleo se sitúe en el 7% y, en el medio plazo, en el 5,6%. Tercero, que la construcción y el mercado inmobiliario  se recuperen  (casi) permanentemente. 

Al mismo tiempo, Bernanke tiene el ojo puesto en los bancos: por un lado, tal y como establece la reforma financiera Dodd-Frank de julio de 2010, quiere aumentar los requerimientos de capital de los bancos; segundo, es consciente de que, con tipos de interés bajos, muchas entidades financieras están asumiendo grandes riesgos, y financiando operaciones con recursos propios, elevando en demasía su apalancamiento. Bancos como Goldman Sachs y JP Morgan Chase son radicalmente contrarios a las recetas de Bernanke, y se oponen a elevar las exigencias de capital, y a que se cercene su capacidad de asumir riesgos, puesto que en este terreno consiguen altas rentabilidades. 
 
Por último, Ben Bernanke es consciente de que el gobierno debe controlar el gasto público y que no debe excederse el límite de gasto, como ya se hizo en agosto de 2011 para evitar un “default” –que el gobierno no fuera capaz de asumir sus obligaciones financieras-. Al mismo tiempo, el presidente de la Reserva Federal reconoce que el famoso “sequester” ha restado ya 0,7% al PIB en 2013 y que, de no haber sido así, la tasa de paro ya habría descendido al 7%, como anticipamos desde ADVICE Strategic Consultants en las páginas de Cinco Días en marzo de este año.

Habrán de transcurrir tres años, hasta que Bernanke vea cumplidos sus objetivos, tanto de crecimiento, como de empleo: la fecha clave es 2016, año electoral presidencial.

Publicado el 17 de julio 2013 en mi Blog en Cinco Días  EE.UU y mercados emergentes

Economía: entender el presente y anticipar el futuro

Debido a la crisis, el interés por la economía es hoy esencial, para una gran mayoría de españoles. Siendo el paro y la situación económica del país, las principales preocupaciones de la opinión pública, parece lógico que se derive un fuerte deseo de saber qué sucede con la economía. Qué está pasando hoy y –si es posible-, anticipar qué va a suceder en el futuro. En este contexto, cobran una gran importancia las fuentes de información económica, y los medios de comunicación especializados en economía y empresa.

Hasta hace relativamente poco tiempo, la economía tenía mínimo interés para la gente, y era un terreno casi exclusivamente acotado para los expertos. Así fue durante los años de bonanza económica en España. Las cosas han cambiado radicalmente con la crisis, por dos motivos: primero, porque la crisis ya dura demasiados años: empezó en 2007 y, en el segundo trimestre de 2013, el Banco de España dice que el Producto Interior Bruto (PIB) ha decrecido el -0,1%. En el primer trimestre del año, cuando se supo por la Encuesta de Población Activa (EPA) que la tasa de paro era del 27,16%, el PIB decreció el -0,5%. En otras palabras: casi seis años después de que empezara la crisis, España continúa en recesión.

Despejar el futuro, reduciendo incertidumbre

El segundo motivo por el que las personas de la calle nos interesamos por la economía, es la búsqueda de certidumbre. El consumo de las familias, y la inversión de las empresas, suelen depender de si el horizonte económico está despejado, o si, por el contrario, se ven nubarrones en el horizonte. En los años de crisis, ambas variables de la demanda interna han sido negativas y, tan solo más recientemente, la exportación ha dado alegrías, con su aportación positiva al PIB nacional, tanto en 2012, como en el primer semestre de 2013.

Para gastar e invertir, personas y empresas necesitan saber qué va a pasar en el futuro. Nosotros creemos firmemente en la economía predictiva. Tanto es así que, hace ya años, en este mismo medio de comunicación (El Confidencial Digital) anticipamos la evolución del PIB y del empleo. Entonces recibimos críticas de lectores, que pusieron en solfa nuestras predicciones: no aportaron datos, sino valoraciones subjetivas ideológicas. Sin embargo, en 2010, 2011 y 2012 acertamos en nuestras predicciones, tanto de evolución de la economía como de la tasa de desempleo.

Simplificar las fuentes de información: datos e interpretación

Junto a la anticipación de tendencias, nos proponemos poner orden en el caos informativo existente en la actualidad, en torno a la economía, derivado de lo que denominamos la fragmentación –exasperante-, de las fuentes de información económica. Ya no existe una única fuente de información sobre la economía: se multiplican los servicios de estudios económicos –nosotros estudiamos los análisis de 25 de ellos, los más relevantes-, que, a veces, dicen cosas aparentemente contradictorias. También hay muchos medios de comunicación que hablan de economía, donde los datos son expuestos e interpretados de manera dispar en función de criterios que no siempre son técnicos, sino ideológicos.  Tenemos prensa, radio, televisión, internet…; y, en Internet, hay infinidad de fuentes de información económica.

Nosotros echamos en falta un “repositorio” de toda la información económica existente.  Un lugar donde se recoja toda la información relevante, los datos, que no las opiniones, aunque sí su significado, tanto para los individuos y familias, como para las empresas.  Significado, en este contexto, significa interpretación; por ejemplo, el dar respuesta a por qué las previsiones económicas de todos los servicios de estudios, públicos y privados, nacionales e internacionales, no han cambiado sustancialmente durante 2013 –el Gobierno, el 26 de abril empeoró sus previsiones para este año, cuando anunció su segundo “paquete” de reformas-, pero hoy se nos dice, desde muchas instancias, que la recesión está terminando y que empieza la recuperación. Para muchos, si los datos (negativos) no han variado, es difícilmente comprensible que, de un día para otro, hayamos de creer que las cosas van a ir a mejor. Y, de vez en cuando, aparecen fuentes de información internacional, como la OCDE y el FMI, que empeoran las previsiones económicas para nuestro país. Estas aparentes contradicciones generan incertidumbre y ansiedad en la ciudadanía: ¿Quién tiene razón?

Preguntas que responder, y dudas que resolver

Hay países de nuestro entorno, como Alemania y Francia, Estados Unidos y Japón, entre otros, que tienen una trayectoria económica más positiva que la española: la nuestra, se asemeja más a la de los llamados “países periféricos”, como Portugal e Italia, que son quienes peor lo están pasando. ¿Por qué esto es así? Hasta hace muy poco, el crecimiento de la economía mundial, dependía de las llamadas “economías emergentes”, como Brasil, Rusia, China e India, entre otros. Muy recientemente, el Fondo Monetario Internacional (FMI) ha revisado a la baja las previsiones de crecimiento económico mundial para 2013 y 2014, y aduce que la causa es la desaceleración en el crecimiento de esos países: ¿por qué?
Estados Unidos y Japón han apostado por políticas de estímulo de la demanda, y les está yendo bien. Alemania defiende la austeridad y, en cambio, Europa vive en recesión. ¿Por qué estas diferencias? Parece que existen distintas alternativas de política económica y que unas naciones han elegido unas –y descartado otras-, generando en unos casos crecimiento y, en otros, lo contrario: ¿Por qué?

Los modelos productivos varían de unos países a otros, con distintos resultados, bien de signo positivo, bien de signo negativo: los países más fuertes económicamente han apostado por la Industria, las Tecnologías de la Información y, también, la Construcción e Infraestructuras. En cambio, los países que peor lo están pasando, tienen un modelo productivo muy dependiente de los Servicios: sin ir más lejos, en España, “el 78,8% de las empresas españolas ejercen su actividad en el sector Servicios” afirma el Ministerio de Industria, Energía y Comercio de España, con datos del INE, en su Documento “Retrato de las PYME 2013”. ¿Por qué estas diferencias con distintos resultados, entre naciones que apuestan por unos u otros sectores productivos?

La lista de preguntas sería, casi, interminable. Baste decir que, en las siguientes tribunas pretendemos poner orden en el caos de fuentes de información económica existente, dar respuesta a tantas preguntas como sea posible, y anticipar lo que va a suceder en el futuro, para que empresas e individuos puedan tomar decisiones de inversión y compra, basándose en fundamentos sólidos.

Publicado previamente en el Confidencial Digital el 24 de julio de 2013

Desequilibrios de la economía china

En la medida en que el crecimiento económico y del empleo, y otros indicadores, no se sitúen por debajo de nuestras expectativas, y la inflación no supere ciertos límites, seguiremos impulsando nuestro programa de reformas”, explicó el primer ministro chino, Li Keqiang, a líderes provinciales del partido, en la segunda semana de julio de 2013.

Por ahora, los datos que conocemos de la economía china se mantienen dentro de los parámetros establecidos por el gobierno. El crecimiento económico (en términos de Producto Interior Bruto) del segundo trimestre de 2013, fue del 7,5%, que es el objetivo establecido para el conjunto del ejercicio. El trimestre previo vio un crecimiento del 7,7% y, en 2012, el PIB aumentó el 8%. Los datos muestran que la economía china se está desacelerando. Lo anticipamos desde ADVICE Strategic Consultants en Cinco Días en el año 2012: si se confirma el objetivo de crecimiento para 2013, se tratará del peor año de la serie histórica desde 1990.

Los desequilibrios de la economía china, de que tanto hemos hablado, se ponen cada vez más de manifiesto, y son la causa de la desaceleración. China había apostado fuertemente por las exportaciones, en las dos últimas décadas: sin embargo, se han reducido el 3,1%, en el segundo trimestre del año, debido a una menor demanda de productos y servicios de Estados Unidos y la Unión Europea. 

En la primera mitad del año se han creado siete millones de puestos de trabajo nuevos, aunque el departamento de estadísticas chino solo provee datos referidos a los empleos generados en las ciudades, optando por ignorar lo que sucede en las zonas rurales, de las que solo dice que “se sigue produciendo un éxodo progresivo de trabajadores del campo a las ciudades”.

Hasta ahora, el patrón de crecimiento chino se apoyaba en la producción industrial y en la inversión, fundamentalmente. La primera creció el 8,9% (la previsión era el 9,1%) y la segunda aumentó el 20,2%, versus las expectativas del 20,2%: cuando hablamos de la segunda economía del mundo, con más de mil trescientos millones de personas, las décimas cobran un enorme significado y relevancia. La construcción de barcos y la producción de acero, esenciales para componer el índice de producción industrial chino, vieron una progresiva desaceleración, que se remonta a los dos últimos trimestres de 2012.

En cambio, el consumo privado, en el mercado doméstico, aumentó hasta el 13,3%, aun cuando se redujo la renta disponible de los hogares –una vez más, en las ciudades-, hasta el 6,5%, desde el 9,7% del mismo período del año anterior (2012). Una de las razones más relevantes que explican por qué aumenta el consumo, aunque los individuos han visto cómo disminuye su poder adquisitivo, está en el hecho de que, en China, no todos consumen por igual. El mercado del lujo es el segmento que más ha crecido, pero afecta relativamente a unos pocos, aunque sean cientos de miles de personas: empresarios, funcionarios del partido, militares y personas cercanas al régimen. El Gobierno prevé que los mayores crecimientos en la demanda, provengan del consumo de “comida y coches”. 

Posiblemente, cuando el presidente chino y secretario general del partido comunista (Xi Jinping) dice que quiere corregir los desequilibrios en la economía, también está pensando en que cambien los patrones de consumo. En su caso, que el aumento de la demanda de coches y comida se aplique a las masas, y no solo a unos cuantos privilegiados. Aunque se trate de un supuesto igualitario paraíso comunista en el que, parafraseando a George Orwell “The Animal Farm”, todos son iguales, pero unos más iguales que otros.

Publicado previamente en mi Blog de Cinco Días EE.UU y mercados emergentes

EEUU vs China, primacía mundial: quién ganará, realmente

El último estudio de investigación de mercado basado en encuesta cuantitativa global de Pew Research, sobre las percepciones que, en todo el mundo, se tiene sobre Estados Unidos y China, no deja lugar a dudas. Cada vez, son más los ciudadanos del mundo que creen que China acabará superando a Estados Unidos en poderío económico. Hasta los norteamericanos temen que, tarde o temprano, su país cederá el testigo de nación más rica y poderosa de la tierra a China. Hace tiempo que, en Estados Unidos, se encuentra muy extendido un sentimiento de falta de fe, en que el país puede seguir ostentando la primacía mundial. Hay mucha literatura al respecto,  especialmente desde 2008 hasta el día de hoy, que citaré más adelante. Aunque una cosa son las percepciones y, otra muy distinta, la realidad.

Tras la caída de Lehman Brothers, el 15 de septiembre de 2008, la percepción de que China va a ser la primera potencia económica de la tierra, se ha ido extendiendo entre millones de personas en todo el planeta. Esto no quiere decir que China sea una nación querida o estimada, o que lo sea más de lo que son queridos los Estados Unidos. América tiene un índice de favorabilidad mundial del 63%, frente al 50% de China. En otras palabras, Norteamérica sigue teniendo mucha mejor imagen positiva global que China. Uno de los motivos, es que todavía son muchos más los que piensan que Norteamérica sigue respetando más los derechos individuales de sus ciudadanos, enormemente más que China. 

El Estudio de Pew Research Center está fechado el 18 de julio de 2013, cuando ya se sabía en detalle, de las filtraciones que el ex trabajador para la CIA (Edward Snowden), había hecho acerca de los programas secretos de la Agencia de Seguridad Nacional, para recolectar datos a través de conversaciones telefónicas y tráfico en Internet. Sin embargo, estas actividades de Estados Unidos son, todavía, aprobadas por una mayoría de americanos: El 24 de junio, una encuesta de TIME/ABT SBRI mostraba que el 48% de estadounidenses estaban de acuerdo con que el gobierno “recolectara información de conversaciones telefónicas, correos electrónicos y búsquedas en Internet, al objeto de impedir ataques terroristas”. El 44% no estaba a favor. 

Más aún, frente a aquellos que consideran a Snowden un héroe, el 53% de americanos afirman que “el Gobierno debería llevar a juicio a aquellos que filtran material clasificado que pueda poner en riesgo la seguridad nacional”. Solo el 28% defienden a aquellos que, como el militar Bradley Manning, filtraron información secreta a Wikileaks: Manning ha acabado en los tribunales, acusado de “ayudar al enemigo”. El 70% de la población mundial opina que Estados Unidos respeta los derechos individuales de sus ciudadanos, versus el 36% que piensa lo mismo de China (10.000 ejecuciones al año).

Estados Unidos es visto más favorablemente que China en todas las regiones del planeta, con la sola excepción de Oriente Medio: aquí, solo el 21% de ciudadanos tienen en alta estima a Norteamérica, frente al 45% que “piensan bien de China”. Pero en Asia, donde se percibe a China como una nación “invasora”, el 64% tienen buena opinión de Estados Unidos, frente al 58%. Y en Latinoamérica, con naciones muy críticas con América, como Venezuela, Argentina, Bolivia y Ecuador, la mayoría de sus habitantes tienen buena imagen de los Estados Unidos: el 66% frente al 58% de China.

Uno de los principales motivos por los que se percibe más favorablemente a Estados Unidos que a China, es que son mayoría los que piensan que América es una nación amiga, frente a los que opinan que Estados Unidos es “el enemigo”: el 59% creen que América es nación amiga, frente al 39% que opinan lo mismo de China. 

El rasgo de imagen que más caracteriza a China es la de potencia económica en ascenso, que acabará por destronar a Estados Unidos. Todavía hoy, Estados Unidos sigue siendo percibida como la primera nación de la tierra, pero desde 2008 al 2013, las percepciones a favor de China han evolucionado mucho: en 2008, el 47% opinaban que Estados Unidos era la primera potencia del planeta, frente al 20% que pensaban lo mismo de China. En 2013, son el 41% y el 34%, respectivamente, los que mantienen esas percepciones.
Nos interesan, sobre todo, las opiniones, cara a futuro: el hecho de que se piense que, “en algún momento futuro, tarde o temprano, China será la primera nación económica de la tierra”. Hoy, hasta el 47% de los estadounidenses creen esta idea. Y, lo que es aún más llamativo, los principales socios económicos y comerciales de Estados Unidos también piensan de la misma manera: el 67% de los canadienses y el 57% de los europeos. 

Ya dije más arriba que es bastante abundante la bibliografía que, en los últimos años, ha alimentado la idea de que la supremacía de China es inevitable: “Chinamerica. Why the future of America is China” (Handel Jones, 2010, Mc Graw Hill), “A contest for supremacy: China, America, and the struggle for mastery in Asia”, de Aaron L. Friedberg (2011, Norton), “Advantage”, de Adam Segal (Norton, 2011), “The end of cheap China” (Shaun Rein, 2012, Wiley), “What Chinese want”, de Tom Doctoroff  (Palgrave, 2012), “The China Strategy”, de Edward Tse (2010, Basic Books), “As China goes, so goes the world”, de Karl Gerth (2010, Hill and Wang), y el más importante e impactante de todos los libros sobre la materia: “When China rules the world”, de Martin Jacques (“2009, Allen Lane). 

Mucho más recientemente, se han empezado a publicar libros que ponen en tela de juicio que el ascenso de China al puesto de número uno mundial sea inevitable. El historiador de Harvard David Shambaugh, tras tres décadas de estudiar la economía, política y sociología china, concluye que el poderío de China nunca será global, ni absoluto: El autor ha recogido sus experiencias en una obra publicada en febrero de 2013 titulada “China goes global: the partial power” (Oxford University Press, 2013). La desaceleración de la economía china, ya experimentada lentamente a lo largo de 2012, y de manera más clara en el primer semestre de 2013, podría abonar las teorías de Shambaugh, puesto que China está siendo víctima de sus fuertes desequilibrios sociales y políticos, que afectan al rendimiento y crecimiento de su economía.

Por último, hay una percepción muy fuerte a nivel mundial, cercana al 80%, que favorece a Estados Unidos, frente a China. Es lo que se denomina en anglosajón “soft power”, “poder suave”, versus el poderío militar. Es un concepto que se refiere a la primacía de Estados Unidos desde el punto de vista de la innovación y la tecnología, el sistema capitalista y la forma de hacer negocios, la cultura, el ocio, el cine y la música: todos estos elementos positivos atraen a una inmensa mayoría de ciudadanos del mundo, sin que China tenga nada parecido que ofrecer, para contrarrestar a Norteamérica.

Publicado previamente en mi Blog en Cinco Días EE.UU y mercados emergentes