miércoles, 23 de julio de 2014

TIC y Vivienda animan la confianza económica en EEUU

El Índice de Confianza Económica que publica cada semana Gallup muestra una recuperación en la tercera semana de julio, en línea con la evolución de los siete primeros meses del año, indicando una tendencia que se está consolidando en 2014. La confianza económica de los estadounidenses se ha recuperado tres puntos y, aunque permanece en terreno negativo (-15), vuelve a los niveles de abril y mayo, tras una reciente caída.

La confianza de los americanos en la economía ha sido estable este año. Goldman Sachs y otras fuentes de información anticipan un crecimiento del 3,3% en PIB de aquí a finales de 2014. En el primer semestre, el país ha experimentado la más fuerte creación de empleo en 15 años, reduciéndose la tasa de paro al 6,1% de la población activa. La riqueza financiera neta de los hogares y el empleo en el sector privado ya han superado los niveles de 2008. El crédito a las pymes ha alcanzado su nivel más algo en siete años.

El panorama económico norteamericano es mucho mejor que el de Japón y la Unión Europea. La Gran Recesión de 2007-2009 hizo que los negocios estadounidenses se reconvirtieran, haciéndose más productivos y más competitivos: los costes de producción son menores y el sistema financiero se ha recapitalizado, especialmente tras la entrada en vigor de la Reforma Financiera Dodd-Frank de julio de 2010. Por ahora, no hay burbuja inmobiliaria, aunque los precios de la vivienda se han recuperado, especialmente en las mejores zonas metropolitanas.

Las empresas -especialmente las pymes- compran e implementan más tecnologías de la información que nunca, incrementando su productividad media un 20%. El sector tecnológico tira de la economía hacia arriba y se ve recompensado por ello: grandes compañías como Intel y Apple alcanzan resultados récord en el segundo trimestre. Otras, como Hewlett-Packard y Microsoft, siguen su proceso de reestructuración, para adaptarse al nuevo entorno digital, que dominan "los cuatro grandes" (Apple, Amazon, Google y Facebook).

Especialmente duro es el ajuste de Microsoft, que despedirá a 18.000 empleados en el ejercicio fiscal 2015 -que ha comenzado en julio de 2014-, en su mayor parte provenientes de su división de móviles, tras la compra de Nokia. Una vez más, el fenómeno de "creative destruction" enunciado por Schumpeter. En los años 90' HP y Microsoft lo fueron todo en el mundo del hardware y del software, respectivamente. Pero los modelos de negocio digitales del siglo XXI no tienen nada que ver con los de aquellos años.

Los consumidores lo han asumido, lo han hecho propio fuertemente. Los hogares norteamericanos son los que tienen más productos tecnológicos del mundo, seguidos por los de Japón y Corea del Sur. Ni siquiera durante los últimos años de leve recuperación económica los hogares han dejado de comprar teléfonos inteligentes y tabletas, que siguen al alza. Aunque ha llevado siete años, el consumo, que supone el 70% del PIB nacional, se está recuperando en todos los sectores, no solo en el tecnológico. La recuperación de la bolsa y del valor de las casas ha hecho que la riqueza financiera neta de las familias vuelva a los niveles de 2007, en su punto más alto antes del estallido de la crisis. La creación de empleo ha sido muy fuerte en la primera mitad de 2014.

Como consecuencia, se recupera la confianza económica del consumidor, que llega casi a niveles previos a los de la crisis. El consumo de las familias podría aumentar de manera pareja al del PIB (3%) este año, conforme aumenta su renta disponible y se modera el ritmo de ahorro. En un año, la tasa de paro podría situarse en el 5%, si continúa el ritmo de creación de empleo de los últimos seis meses, con una media de 248.000 nuevos puestos de trabajo netos cada mes.

Una sana recuperación del mercado inmobiliario era inevitable. Como ya indicamos, el Índice Case-Schiller ha aumentado el 25%, en las 20 principales áreas metropolitanas del país. La construcción de nueva vivienda, además, vuelve a ser fuerte, con algo más de un millón de viviendas construídas este año -por debajo de las 1,5 millones anuales construídas en los años previos a la crisis, pero más del doble de la media de 2007-2012-. Las previsiones apuntan a 1,2 millones de nuevas viviendas en 2015 y 1,6 millones en los años siguientes.

El mercado de la construcción y la vivienda son esenciales para que aumente el consumo y la confianza económica, porque -al igual que las tecnologías de la información- tienen un "efecto tractor" sobre otros sectores de la economía, como los auxiliares de la construcción, servicios, electrónica de consumo, transporte y logística, etc.

La crisis obligó a muchos jóvenes a permanecer con sus padres en vez de independizarse, como era costumbre en Norteamérica, a partir de los 18 años: según Harvard's Joint Center for Housing Studies, el ratio de formación de hogares aumentará hasta los 1,2 millones al año, conforme los jóvenes se independizan y, en consecuencia, aumenta el porcentaje de población adulta y en edad de trabajar.


Publicado previamente el 23 de julio en mi blog de Cinco Días EE.UU y mercados emergentes

lunes, 21 de julio de 2014

China, 7,5, EEUU, 3: gana USA..., en PIB, por supuesto

El Gobierno chino se había propuesto que, este año, la economía creciera el 7,5%. Así lo ha hecho en el segundo trimestre, versus el 7,4% del trimestre anterior. Estados Unidos, que venía de un fuerte retroceso en el primer trimestre (-2,9%, PIB), crecerá muy posiblemente el 3%. El estudio de los datos muestra una realidad que no es evidente: Estados Unidos fortalece su recuperación y China tiene que mantenerse a flote con gran esfuerzo para cumplir sus objetivos.

Si pudieran establecerse comparaciones homogéneas, nos daríamos cuenta que estamos hablando de realidades distintas, al analizar el crecimiento del PIB americano y el de China. Un crecimiento del 3% en Estados Unidos, con fuerte creación de empleo como la actual, llevaría a un período prolongado de prosperidad, con equilibrio fuerte en sectores de actividad y en regiones. En cambio, para China, crecer por debajo del 7% sería lo equivalente a una recesión en Estados Unidos.

Hay que tener en cuenta que el poder de compra en Estados Unidos, la renta per cápita y el nivel de vida sigue siendo muy superior en Norteamérica por comparación con el chino. De 1.500 millones de chinos (200 millones más que los que reconoce el censo oficial del Gobierno) solo 400 millones podrían tener niveles de renta relativamente equivalentes a los de los norteamericanos, con unos ingresos medios anuales de 36.000 dólares, por comparación con la media estadounidense, de 51.000 dólares: y, aún así, hay una fuerte divergencia. Y, verdaderamente, el problema no es ése, sino los restantes 1,1 billones de chinos (casi tantos como población tiene la India, con 1,2 billones), que todavía viven en relativa pobreza. Además, los chinos más ricos viven en la costa, donde se agolpan en ciudades como Shanghai, versus el interior del país, que es rural y francamente pobre. Hay fuertes desequilibrios regionales, en China.

Xi Jinping -presidente chino- prometió corregir los desequilibrios económicos y sociales de China, pero está descubriendo que no solo no es fácil, sino que -todavía peor-, para mantener el ritmo de crecimiento, China ha de estimular esos mismos desequilibrios con los que tiene que acabar. Por ejemplo, "la burbuja del crédito". Se supone que China debe empujar el consumo interno -ahora, los chinos que ganan dinero, dedican la mitad de sus ingresos al ahorro, tanto por cuestiones culturales como por miedo al futuro- para compensar un crecimiento muy basado en las exportaciones. Dado que el resto del mundo compra poco, animar el consumo interno se convierte en inminente necesidad. Pues bien, cada vez que el PIB baja ligeramente -y lleva haciendo desde 2010-, el gobierno chino estimula el crédito, creando una gran burbuja que ya preocupa el Occidente, dado que los bancos chinos se encuentran entre los más grandes del mundo por activos. No es menos preocupante que el gobierno china tenga invertidos 1,3 trillones de dólares en activos del Tesoro norteamericano.

El crecimiento económico norteamericano en el segundo trimestre se ha basado en los siguientes componentes: producción acelerada, aumento del consumo de las familias y la inversión y la recuperación del turismo nacional y extranjero. La creación de empleo en el trimestre ha sido de 272.000 nuevos puestos de trabajo al mes, de media. En cambio, China, a pesar de aumentar en una décima su crecimiento, sigue estancada. Más aún, la evolución del crecimiento en cada país en los últimos cuatro años no podía ser más divergente: el PIB chino creció el 12% en 2010, cuando Estados Unidos aún luchaba por salir de la recesión y su crecimiento no llegaba al 2%. Del 12% del 2010, China ha pasado al 7,5% del 2014, mientras Estados Unidos ha aumentado del 2% de media al 3% con el que acabará el año: las diferencias esenciales hay que encontrarlas en las ventas del comercio minorista y en la producción industrial: las ventas al por menor, en China aumentaron el 22% en 2010, mientras este año se han acelerado el 12%. El crecimiento de la producción industrial en China fue del 18% en 2010 versus el 8% de 2014.

En cambio, ambos componentes son fuertes y equilibrados en el caso americano: la producción industrial estadounidense, según la Reserva Federal aumenta este año el 5,5%, contribuyendo un 12% al PIB. El Libro Beige de la Reserva Federal de 16 de julio, constata el aumento del consumo y de las ventas al por menor en todo  el país, así como el fuerte incremento de la actividad industrial. Solo el mercado inmobiliario muestra desequilibrios según la zona del país de que se trate e, incluso, dentro de cada estado y ciudad. Cosa que no deja de ser una obviedad, porque en una ciudad de 14,5 millones de habitantes como Los Ángeles, los precios de la vivienda en Beverly Hills han aumentado un 45% (una de las zonas más ricas del país), mientras que en los extrarradios los precios apenas han aumentado.

El "S&P/Case-Shiller 20-City Composite Home Price Index" -que mide el valor del mercado inmobiliario en las 20 mayores áreas metropolitanas de Estados Unidos: Atlanta, Boston, Charlotte, Chicago, Cleveland, Dallas, Denver, Detroit, Las Vegas, Los Angeles, Miami, Minneapolis, New York, Phoenix, Portland, San Diego, San Francisco, Seattle, Tampa y Washington, D.C.- muestra un crecimiento del valor de la vivienda medio del 10,8% en los seis primeros meses del año, pero con fuertes variaciones según ciudades.

El crecimiento económico en Estados Unidos, que va acompañado de fuerte creación de empleo muestra una evolución positiva en los últimos años, porque se está acelerando: esto llevará a la FED a no sólo seguir reduciendo la compra de deuda pública y terminar con el Quantitative Easing en octubre de este año, sino también, aumentar los tipos de interés, que ahora están cerca del 0%. En cambio el crecimiento chino, que se ha reducido a la mitad en los últimos seis años, habrá de seguir fundamentándose en el crédito (ha aumentado el 16,2% en lo que va de año, según el Banco Central Chino), con la consiguiente formación de una burbuja.

Lo dijimos en estas mismas páginas en 2010, lo reiteramos en 2012 y volvemos a insistir en 2014: "ésta" es una carrera a largo plazo, en la que China empieza a dar síntomas de cansancio; por el contrario, Estados Unidos empieza a coger carrerilla y acelerar el paso de su crecimiento.


Publicado previamente el 18 de julio en mi blog en Cinco Días EE.UU y Mercados Emergentes

miércoles, 16 de julio de 2014

España también tiene empresas exitosas

Hay países en que hablar del éxito es tan natural como en otros hablar del tiempo. En Estados Unidos, el éxito personal y el empresarial están bien vistos: las personas quieren mejorar. Los norteamericanos tienen admiración por los individuos y empresas que triunfan, y se sienten orgullosos de Steve Jobs, Bill Gates, Warren Buffett y tantos otros, al igual que de Apple, Microsoft y Berkshire Hathaway.

España también tiene empresas y empresarios exitosos. Generan riqueza y empleo para el país. Bien avanzado el siglo XXI, a nadie debería escandalizar poner en valor a compañías y personas que mejoran nuestra sociedad.

En 2004, iniciamos el Estudio Advice de éxito empresarial para identificar las empresas más exitosas de España y los 25 parámetros que hacen posible ese éxito. Semestralmente, se hacen mediciones empíricas que permiten elaborar rankings de empresas exitosas por cada factor. Los datos son contrastados con 600 líderes de opinión (empresarios, políticos, periodistas, analistas, economistas, tercer sector) y población general (muestra de 1.800 personas, índice de confianza del 95,5% y margen de error del 2,3%): los españoles tenemos mucho que decir sobre el éxito empresarial. Somos ciudadanos, electores, consumidores que recibimos mensajes de las empresas (noticias, publicidad, patrocinios) y tomamos la decisión de comprar unos u otros productos, encumbrando esta empresa y condenando al fracaso a aquella otra.

Somos 46,7 millones de personas con capacidad de discernimiento. No es de extrañar, teniendo este dato en cuenta, que las empresas más exitosas en España se encuentren entre las que tienen un mayor índice de vivacidad, que toma en consideración la notoriedad espontánea, la notoriedad total y la familiaridad o cercanía de esas empresas a los españoles: Telefónica, El Corte Inglés, La Caixa, Repsol, Gas Natural Fenosa, Santander, Inditex, Mercadona, BBVA, Iberdrola, Ferrovial, Acciona, Mango, ACS, Mapfre, Abertis y muchas más.

Hay una segunda premisa importante a la hora de considerar empresas exitosas en España. Es menester comparar peras con peras; no tiene sentido equiparar Apple Retail España –facturó 143 millones en 2013– con Gas Natural Fenosa, con ventas de 24.968 millones de euros. En Estados Unidos, tampoco compararíamos a la filial norteamericana de Abertis, aunque sea muy exitosa, con la casa matriz de HP.

El índice de vivacidad nos indica hasta qué punto los españoles tenemos fresca en la mente a esas grandes empresas, gracias a canales de comunicación concretos identificados empíricamente: la actividad económica a que se dedican; sus patrocinios; las noticias que protagonizan en prensa, radio y televisión; la publicidad, y las noticias que de ellas podemos leer en internet (y en blogs, redes sociales, etc.). Desde 2008, el interés de los españoles por la economía y las noticias empresariales se ha disparado, nos dicen el CIS y el INE: grande es el ansia que tenemos por saber el día y la hora de la recuperación económica, que –según el boletín de junio de 2014 del Banco de España– “está consolidándose”.

A cada empresa antes citada se asocian factores de éxito. La primera, Telefónica, está identificada con “excelencia en gestión empresarial”, “estrategia corporativa”, “innovación”, “internacionalización”, “presidente”, “calidad de productos y servicios” y “buenas relaciones con los medios de comunicación”. Su presidente, César Alierta, se relaciona con “gestión, liderazgo, reputación y buena imagen”. Telefónica –el 93,3% de españoles “saben a qué se dedica, y han visto noticias sobre ella en los medios de comunicación”– lidera su sector y se considera un jugador mundial, no pudiéndosela comparar, en justicia, con las filiales de sus competidores en España, a quienes supera con creces, cuando analistas y medios (Fortune, 2014) la sitúan por encima de Telenor, ATT, Vodafone, América Móvil, Deustche Telekom o Nippon Telegraph & Telephone.

Cuando se trata de bancos, el mercado nacional es esencial para los españoles: conocen la exitosa internacionalización de Santander y BBVA, y la cada vez mayor de Sabadell y Popular, pero, en suelo patrio, el líder es La Caixa (CaixaBank), recién convertida en la tercera fundación más importante del mundo, con 20.000 millones de euros en activos y una obra social de 500 millones cada año. La Caixa es reconocida como la empresa con mejor responsabilidad social, concepto que se concreta en “empleo”, “innovación”, “relación calidad-precio”, “proyectos sociales”, “contribución social” y “medio ambiente”. Su principal directivo es Isidro Fainé, reconocido por su “liderazgo, autoridad y prestigio”. Como banco, CaixaBank destaca por “productos-servicios de calidad”, “atención a los clientes”, “presidente”, “estrategia corporativa” y “gestión empresarial”.

El 90% de los españoles considera que “proporcionar productos y servicios de excelente calidad” y “la mejor atención y trato a los clientes” son fundamentales para el éxito empresarial. En España, El Corte Inglés es la compañía de referencia, tanto entre todas las empresas como en su sector, aunque se reconozca la internacionalización de Inditex y Mango, que, también, El Corte Inglés está implementando, a través de internet y el comercio electrónico, de la mano de Isidoro Álvarez. En “productos/servicios de calidad” lidera El Corte Inglés, y le siguen Inditex, Telefónica, Mercadona, La Caixa, Meliá, Repsol, Gas Natural Fenosa, Eroski, Iberia, BBVA, etcétera.

El sector energético ha protagonizado la actualidad: esto es compatible con que Gas Natural Fenosa sobresalga positivamente por “obtener buenos resultados económicos”, “innovación empresarial” y “responsabilidad social” (contribuir a la sociedad, eficiencia energética, sostenibilidad). La contribución a la sociedad es consecuencia de la obtención de buenos resultados económicos: 8 de cada 10 españoles quieren que las grandes empresas paguen impuestos en su territorio y, desde este punto de vista, es esencial que Gas Natural Fenosa, Repsol, Iberdrola o Endesa los obtengan.

“Cumplir lo prometido” es relevante en una economía de libre mercado, en la que el capitalismo popular –con millones de españoles invirtiendo en Bolsa– está muy extendido. En gestión de infraestructuras, Abertis es la empresa que más cumple lo prometido, y se le reconoce el liderazgo mundial de su sector, en que hay otras empresas españolas internacionalizadas: Ferrovial, OHL, ACS, Sacyr, Acciona, FCC.

En los albores de la recuperación, es buena noticia que los españoles –población general y líderes de opinión– reconozcan y aprecien el éxito de muchas empresas españolas.


Publicado el 15 de julio en  El FOCO de Cinco Días

Estados Unidos consigue la ansiada independencia energética

En su segundo libro de memorias, "Hard Choices" (2014), Hillary Clinton recuerda los enfrentamientos que ella y Barack Obama -ya unidos tras las primarias demócratas que ganó Obama- tuvieron con el candidato republicano, Mitt Romney a propósito del precio de la gasolina, que había aumentando, "hurting the pockets of the American people", en el verano de 2008. En Estados Unidos, el aumento del precio del petróleo tiene un efecto inmediato en la inflación -por ser su principal componente- y, en consecuencia, en el poder adquisitivo de las familias, máxime si los salarios se mantienen estables o, peor aún, a la baja. Es, también, tema sensible, electoralmente.

La cuestión energética no es nueva en Estados Unidos. El candidato presidencial Barack Obama ya habló de ella en un discurso titulado "New Energy for America" (4 de agosto, 2008) y, de nuevo, ya recien ganadas las elecciones presidenciales, en "Remarks to the Global Climate Summit" (18 de noviembre, 2008). El presidente Obama retomaba una temática -"cantinela", mejor dicho, por manida-, que ya había propuesto el presidente Richard Nixon en 1973, tras la primera gran crisis del petróleo: la necesidad de que Estados Unidos alcance la llamada "independencia energética". En sus discursos, Obama llamaba a Norteamérica a no depender energéticamente de países que, no necesariamente, tienen por qué compartir los ideales de democracia y economía de libre mercado que fundamentan Estados Unidos, se trate de Rusia, Venezuela, Irán, Irak o Arabia Saudí, todos ellos grandes productores y exportadores de petróleo.

La cuestión tiene raíces históricas: tras la Guerra de Yom Kippur, en octubre de 1973, los países árabes impusieron un fuerte embargo de petróleo a Occidente, provocando aumentos generalizados de precios, con la consiguiente alta inflación y, lo que es peor, en un momento de casi nulo crecimiento económico. Es lo que se dio en llamar "Stagflation": estacamiento económico e inflación disparada. Fenómeno del que hablan extensamente los tres últimos presidentes de la Reserva Federal (FED) en sus libros de memorias, dada la importancia económica del fenómeno y la fuerte dependencia de Estados Unidos del petróleo: Paul Volcker en "The triumph of persistence" (2012), Alan Greenspan ("The age of turbulence", 2007, 2008 y 2009) y Ben Bernanke, en "The FED and the financial crisis" (2013). El fenómeno de 1973 volvió a repetirse en 1979, con un segundo embargo de petróleo por parte de los países árabes.

En su discurso sobre el Estado de la Unión de enero de 2006, el presidente George Bush dijo textualmente que "nuestra adicción al petróleo (...), dependiendo de partes inestables del mundo", eran una causa de preocupación: en consecuencia, era necesario conseguir la independencia energética de Estados Unidos..., de nuevo. Cuando Barack Obama llegó a Washington, en noviembre de 2008, no se hablaba de otra cosa, en el contexto de las guerras de Irak y Afganistán, y en el de la crisis financiera que acababa de estallar tras la quiebra de Lehman Brothers; aunque, de todos es sabido, esta crisis tenía raíces más profundas y saltó por los aires bastante antes, en el verano de 2007, con el estallido de las hipotecas subprime y el inicio de la "Gran Recesión".

En sus dos discursos ya citados de 2008, Barack Obama buscaba, como sus predecesores (Nixon, Ford,Carter, Reagan, Bush padre, Clinton y Bush hijo), la independencia económica de Estados Unidos. El primer paso serio en esa dirección se dio en febrero de 2009 con la aprobación del gran paquete de estímulo a la economía por importe de 787 billones de dólares, a los que se sumaron otros 400 billones en septiembre de 2011. Un 10% del total de esa inversión, se dirigió a energías alternativas, energías verdes, energías renovables, renovación de la infraestructura energética norteamericana -empezando por todas las instalaciones del Gobierno Federal-, etc. Por tanto, "la nueva política" sobre el Cambio Climático enunciado por la EPA (Environmental Protection Agency), ni es nueva ni, por supuesto es una invención del vicepresidente Al Gore ("An inconvenient truth", 2006): la magna obra económica de Michael Grunwald ("The new new deal", 2012), explica en detalle los componentes energéticos y su derivada económica, del paquete de estímulo económico de Obama.

La realidad es que, hoy, Estados Unidos ya ha superado a Arabia Saudí como primer productor de petróleo del mundo y esto se ha producido con Barack Obama. Bank of America hizo públicos los datos la segunda semana de julio, según los cuales, con una producción de 11 millones de barriles de petróleo al día, en la primera mitad del año, Norteamérica supera tanto a Rusia como a Arabia Saudí en producción de petróleo, aunque una gran parte de ella vaya destinada al consumo interno del mercado americano, con la consiguiente bajada de precios para el consumidor, y, también, a nutrir las reservas estratégicas de petróleo de Estados Unidos.

La revolucionaria forma de extraer petróleo y gas, "from shale rock", ha hecho que las predicciones de la Agencia Internacional de la Energía (IEA), expongan que la producción de petróleo estadounidense aumentará exponencialmente durante los próximos años, alcanzando su zénit en 2019 y, estabilizándose después en la década de 2020. Según el organismo con sede en París, la primacía de Estados Unidos en la producción de petróleo continuará durante los siguientes diez años, hasta que a principios de los 2040, "otros países" (Rusia, Venezuela, Irán, Irak, etc) volverían a alcanzar de nuevo a Estados Unidos.

Aunque, para entonces, Estados Unidos ya habría nutrido suficientemente sus reservas energéticas estratégicas y, cuando menos, en gas, tendría en sus manos la soñada independencia energética, asegurada, durante, al menos los siguientes dos siglos, o, lo que es lo mismo, durante los siguientes doscientos años, garantizando un futuro mejor y más seguro -menos dependiente de Oriente Medio-, para las siguientes generaciones de norteamericanos.


Publicado previamente el 16 de julio en el blog de Cinco Días  EE.UU y Mercados Emergentes

El consumo interno no despega en Estados Unidos..., y por qué

La FED (Reserva Federal norteamericana) ha decidido finalizar su programa de "quantitative easing" (compra de deuda pública e hipotecaria) en octubre de 2014. La Reserva Federal empezó a apoyar a los mercados en 2008, cuando parecía que -especialmente, tras la quiebra de Lehman Brothers el 15 de septiembre de aquel año- Wall Street se venía abajo. El banco central estadounidense ha estado reduciendo paulatinamente la compra de bonos desde septiembre del año pasado -10 billones de dólares menos cada mes- y realizará la última compra en octubre de 2014, por importe de 15.000 millones de dólares. Desde que se inició el programa, hasta su finalización, las tres rondas de QE (quantitative easing) habrán supuesto un balance de 4,4 trillones de dólares o, lo que es lo mismo, cuatro veces más que el coste económico de la guerra de Iraq entre 2003 y 2013, por utilizar una comparación ("The 1 trillion dolar war", del premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz).

La FED ha tomado estas decisiones porque entiende que se están cumpliendo los objetivos para los que dichos programas fueron diseñados: primero, la tasa de desempleo se acerca ya al 6%. Segundo, el crecimiento económico, a final de año, alcanzará el 3%, en términos PIB. Tercero, la inflación ronda el objetivo del 2%; es decir, la Reserva Federal ha impulsado el aumento de los precios, en un esfuerzo por estimular el crecimiento económico. Y, fruto de este mayor crecimiento, la FED espera que aumenten los salarios de manera que aumente la capacidad de adquisitiva de los hogares norteamericanos y, en consecuencia, se estimule el consumo. La creación de 272.000 empleos nuevos al mes en el último trimestre va en esta línea, aunque los salarios todavía no han respondido en la misma medida que la creación de empleo.

La inflación aumentó en mayo el 1,8%, comparado con el mismo mes del año anterior, el mejor dato desde octubre de 2012, y el que más se acerca al objetivo de la FED de un aumento de los precios del 2%. "Adjusted for inflation", que se dice en inglés, el consumo cayó por segundo mes consecutivo. Tras seis años de lenta recuperación económica (2% de crecimiento medio del PIB entre 2009 y 2013, versus el 3% de recuperaciones previas), los norteamericanos se han vuelto más cautos en sus gastos.

El aumento de los precios en mayo se ha traducido en que se ha encarecido el carrito de la compra y, sobre todo, la gasolina, que en Norteamérica es un artículo de primera necesidad. Según el CPI (Consumer Price Index) del Departamento de Trabajo, el precio de los alimentos aumentó el 0,5% en mayo respecto a abril. Y los precios de la gasolina están en su máximo histórico en seis años, teniendo en cuenta que ya estamos en verano, cuando el consumo de gasolina aumenta.

El Departamento de Comercio hizo público su informe sobre el consumo interno el pasado 26 de junio: en mayo, la compra de ropa decreció el 0,9% respecto a abril (ya ajustados los precios a la inflación); las comidas fuera del hogar se redujeron en un 0,4% y la asistencia a las salas de cine se derrumó el 10,3%. Hay que tener en mente que el consumo en Norteamérica supone el 70%  del PIB,  y que su crecimiento medio en los últimos seis años ha sido análogo al del Producto Interior Bruto: 2,2% cada trimestre, versus el 3% de la recuperación de 1993-2000. Los salarios han aumentado el 2,5% cada año desde 2009, comparado con el 4,3% de los años del boom inmobiliario (2001-2007).

Si hubiera que seguir al pie de la letra la famosa obra de Piketty ("El Capital en el siglo XXI"), estaríamos verdaderamente observando esa fuerte divergencia en la evolución de ingresos de que habla el economista francés. Las rentas más altas se han visto beneficiadas por la subida de la bolsa y los precios de las casas. Son los menos. En el extremo opuesto, una inmensa mayoría de la fuerza laboral no ha visto un aumento significativo de sus salarios. Según el último estudio de ADVICE Strategic Consultants, "el 49% de los consumidores estadounidenses necesitaría un aumento del salario antes de decidir salir de compras", lo que se traduciría en que, primero, muchos viven con lo justo para pagar los gastos familiares y no les queda mucho excedente para consumir más allá de lo necesario e imprescindible, y, segundo, que ha aumentado el ahorro familiar en un entorno de incertidumbre. Otro estudio de RCB Cappital Markets llega a las mismas conclusiones: "el consumidor tiene el dinero en el bolsillo, pero no la confianza de salir a la calle y comprar".

El índice de confianza económica de Gallup del 8 de julio se mantenía en el -16, inalterable desde principios de junio. De hecho, el índice de gasto del consumidor de la propia Gallup indicaba que los norteamericanos gastaron de media 91 dólares en junio, versus 98 dólares del mes anterior. Y esto en un contexto de fuerte creación de empleo.

Hay una conclusión clara: esta es una recuperación económica con fuerte creación de puestos de trabajo, pero no de aumento del poder adquisitivo de la fuerza laboral, puesto que las empresas optan por aumentos de productividad vía contención salarial, al tiempo que el consumidor se ha vuelto más cauto, tras haber aprendido las lecciones del pasado.


Publicado previamente el 14 de julio en el  blog en Cinco Días EE.UU y mercados emergentes  

martes, 15 de julio de 2014

El estado de la economía española en cinco capítulos (V). La importancia de la pyme en España

Los aumentos de productividad y competitividad en el sector turístico español son factores esenciales para entender el éxito.

Los aumentos de productividad y competitividad en el sector turístico español son factores esenciales para entender el éxito de este sector. No todo se explica por la incertidumbre en los países de Oriente Medio: al fin y al cabo, son pocos los españoles y europeos que han viajado por el mundo árabe y, mucho menos a países de alto riesgo como Siria o Irak. Incluso Egipto, Jordania o Turquía, países turísticos por excelencia, no son hoy el mejor sitio para visitar como turista, debido a la inestabilidad política de la zona.

Pero España ofrece, más allá de “sol y playa”, cada vez más, una excelente atención al cliente y calidad de los productos y servicios. Y las empresas turísticas españolas han jugado un papel esencial en la transformación de este sector haciéndolo atractivo: son los Meliá, NH, Barceló, Paradores Nacionales, y tantas otras empresas de referencia que, además, utilizan cada vez más Internet y el comercio electrónico para atraer visitantes y, de paso, sirven de inspiración vanguardista a los muchos millares de pymes españolas que viven del turismo.

Citar la pyme significa tener en mente al 99,88% de las compañías de nuestro tejido empresarial. Los datos de marzo del Instituto Nacional de Estadística (INE), que elabora el Directorio Central de Empresas o DIRCE, dicen que hay en España 3.142.928 empresas, de las que 3.139.106 (99,88%) son pymes y, por tanto, tienen entre 0 y 249 trabajadores. Ocupan al 63% del total de empleados que hay en España, destacando las microempresas (con el 30,2% del empleo) y las pequeñas empresas (17,4% del empleo total). Por sectores, nos dice el INE, el 55,6% ejerce su actividad en el sector Servicios; el 24,3% en el Comercio, el 13,6% en la Construcción y el 6,5% en la Industria. Por último, las pymes españolas son altamente productivas: con datos del INE, el valor añadido bruto (VAB) por ocupado de la economía española es de 54.251 euros, lo que supone una tasa de crecimiento del 3,15% respecto al año anterior, muy por encima de la media de la Unión europea, estimada por la Comisión Europea en 45.109 euros.

La productividad tan alta de las pymes españolas tampoco sucede por arte de magia. Hay grandes empresas que les ayudan en aquello que es verdaderamente importante. La Radiografía de la Pyme de la compañía tecnológica SAGE en 2013 ya decía que las pymes consideraban imprescindibles a las TIC para mejorar la gestión de su negocio. Evidentemente la financiación es esencial para las pymes, especialmente la bancaria, puesto que dependen en un 70% de ella y, en un 27% (World Economic Forum, OCDE, Comisión Europea, Eurostat, Radiografía de la Pyme SAGE 2013) la (falta de) financiación bancaria es su problema más importante.

Y ahí están bancos como CaixaBank, primero y Banco Popular, después, ayudando a la pyme en ese sentido. Pero cuando se trata de mejorar procesos internos  y externos, las tecnologías de la información son esenciales, pudiendo ayudar a las pymes –como les ha sucedido a las pymes estadounidenses en los últimos veinte años y el presidente Bill Clinton destacó en su obra “Back to Work”, de 2013- a mejorar su productividad en un 20%. Para conseguirlo, las pymes necesitan socios tecnológicos fiables y cercanos. Por contraste con el enfoque hacia lo que llaman “la gran cuenta”, de empresas proveedoras de servicios tecnológicos como SAP, Microsoft u Oracle, las pymes identifican en SAGE un partner tecnológico en el que se puede confiar, porque les acompaña en todo el proceso desde la A a la Z: desde la implantación del IVA de caja al nuevo sistema de pagos SEPA. Las pymes –como muestran los datos del Estudio Advice de Éxito Empresarial de junio de 2014- reconocen mayoritariamente a SAGE como “la empresa tecnológica en la que más se puede confiar para mejorar su negocio”.

Y, como no sólo de tecnología viven las pymes, sino de los contratos con las grandes empresas, vale sacar a colación el papel que juegan las empresas mejor percibidas por la población general –muy especialmente, por las mujeres-, que son las empresas de la gran distribución; en primer lugar El Corte Inglés, seguida por Inditex, Mango y por Mercadona, a quien le aqueja –según los estudios recientes de la OCU- “la falta de más categorías de productos”, versus El Corte Inglés, que es “la única compañía que tiene de todo”.
Y, como se afirmaba al principio, no solo cara a la población general, sino también en lo que a las pymes se refiere: muchos miles de pymes dependen en España de El Corte Inglés, que les ayuda de manera esencial al sostenimiento y florecimiento de su negocio, así como al mantenimiento del empleo, tanto del directo como del indirecto. Gracias a grandes empresas como El Corte Inglés, el comercio aumentó en mayo por tercer mes consecutivo (+0,8%), según el Instituto Nacional de Estadística (INE).

Es una forma concreta de hacer realidad la política de Responsabilidad Social Empresarial de El Corte Inglés, que encapsula el siguiente mensaje: “Si no quedas satisfecho con lo que pasa en el mundo, intenta cambiarlo”. Y, ciertamente, en una España que ha vivido seis años de larga crisis económica, son muchas las cosas que hay que cambiar. En palabras de un alto directivo de El Corte Inglés, “en El Corte Inglés, somos conscientes de que en nuestra sociedad hay muchas cosas que mejorar. Nuestra forma de demostrarlo es siendo respetuosos con el medioambiente, colaborando con todo tipo de organizaciones sociales (ONG, asociaciones, instituciones públicas y privadas) y participando en numerosas actividades. En El Corte Inglés promovemos cada año más de 4.000 acciones relacionadas con la cultura, la acción social, la educación, el medio ambiente, el deporte y la ayuda al desarrollo”.


Publicado previamente el 11 de julio por el Confidencial Digital

El estado de la economía española en cinco capítulos (IV). Contribución Social de las Grandes Empresas

Gracias a la consecución de beneficios, grandes empresas como Telefónica pueden luchar contra el trabajo infantil.

El mundo de los negocios no es solo terreno para hacer dinero  y desarrollar económicamente la sociedad: gracias a la consecución de beneficios, grandes empresas como Telefónica pueden luchar contra el trabajo infantil (168 millones de niños en todo el mundo) y, como dice el presidente de Telefónica, César Alierta, “desde Fundación Telefónica contribuimos, a través del programa Proniño, a ofrecer oportunidades para mejorar el proyecto de vida de la infancia más vulnerable de Latinoamérica, apoyando una educación de calidad con el apoyo de la tecnología”. Telefónica está ayudando a casi 17 millones de niños en Latinoamérica a que cambien el mundo del trabajo infantil por el de la escuela y la educación.

La toma de conciencia social por parte de las grandes empresas españolas desemboca necesariamente en quien, en nuestro país, más se identifica de manera práctica con la Responsabilidad Social Empresarial. Algo muy fuerte sucede en el mundo empresarial de nuestra nación cuando –“de repente”-, La Caixa se convierte en la tercera fundación más importante del mundo, con activos de 20.000 millones de euros y una dotación de 5.826 millones (el 0,6% del PIB).

La cuestión es muy relevante, porque visto con perspectiva, La Caixa es una de las empresas más importantes del país. A través de Criteria (Caixa Holding), tiene por un lado, el primer banco de España, CaixaBank, que con casi 14 millones de clientes es líder en el mercado bancario nacional. Es accionista importante en Telefónica (5,4%) y en Repsol (11,8%), compañías líderes en sus respectivos mercados y, en el caso de Telefónica, la primera empresa de España. Al mismo tiempo, su cartera industrial e inmobiliaria contiene participaciones esenciales en Gas Natural Fenosa (34,5%), Abertis, (19,2%), AGBAR (24,2%), SABA (50%) y otras. No cabe pensar en coincidencias cuando los datos muestran que esas empresas son líderes en sus respectivos mercados, sea el energético, el de gestión de infraestructuras o el de “utilities”.

En lo que el director general ejecutivo de la Fundación Bancaria La Caixa, Jaume Giró, ha dado en llamar el “capitalismo humanista”, La Caixa contribuye a la sociedad mediante su Obra Social, la más grande de España, con una dotación anual mantenida en el tiempo, de 500 millones de euros. La Caixa se constituye en la primera fundación de Europa continental (Wellcome Trust, la segunda del mundo, tiene sede en Reino Unido) y tercera del mundo: la primera es la Fundación Bill y Melinda Gates, con sede en Estados Unidos.
Poder afirmar que España tiene la tercera fundación más importante del mundo (Fundación Bancaria La Caixa)  es un gran logro, dado que el negocio bancario, asociado al éxito empresarial, da aquí lugar a multitud de iniciativas sociales que verdaderamente ayudan a las familias y a las empresas. Sin olvidar que el banco de La Caixa (CaixaBank) ha conseguido subirse al pódium de las entidades financieras nacionales (de todos es sabido los procesos de internacionalización que han llevado a cabo Banco Santander y BBVA, primero, y ahora, Banc Sabadell y Banco Popular), con activos de más de 340.000 millones de euros, 13,6 millones de clientes y una cuota de mercado en el ámbito retail del 27,4%.

La realidad es que Cataluña, que encabeza la recuperación industrial en España es una de las pocas comunidades autónomas que puede decir que tiene 100 empresas que facturan más de 400 millones de euros. Todas juntas facturan 159.000 millones y, visto desde un punto de vista macroeconómico, se entiende que Cataluña suponga casi un 20% del PIB nacional. Su empresa más grande, líder del sector energético y gran multinacional presente en docenas de países es Gas Natural Fenosa, con ventas de 25.000 millones de euros en 2013 y beneficios de 1.445 millones. Es un motivo de orgullo para la economía y el mundo empresarial españoles; también para el catalán, siempre industrioso, trabajador y emprendedor.

Cuando en Estados Unidos –primera economía del planeta- no se habla de otra cosa sino del “shale gas”, cuya multinacional de referencia es Cheniere, resulta que la compañía pionera en contratar con dicha empresa estadounidense es Gas Natural Fenosa: ya en 2011 firmó un contrato con ella por 18.000 millones de euros a 20 años; en 2014 ha firmado otro por 9.500 millones de euros, también a 20 años. Otras empresas del sector energético en España, como Endesa e Iberdrola, han seguido la estela de Gas Natural Fenosa, aunque en menor medida. No sólo una gran empresa española entra por la puerta grande en Estados Unidos, sino que lo hace a través del “negocio de moda”, ya que el “shale gas” y la forma de extraerlo, (“fracking”) han revolucionado el mercado energético mundial y ha resultado ser esencial para los norteamericanos, que, por vez primera, desde que lo enunció el presidente Nixon a primeros de los 70’, han conseguido “la independencia energética”. Estados Unidos ha pasado de importar gas a exportarlo. Y una empresa  española como Gas Natural Fenosa, es coprotagonista de ese éxito.

El turismo está siendo un motor claro de la recuperación, puesto que cada vez llegan más turistas extranjeros y gastan más en nuestro país. Los datos no paran de actualizarse, siempre para mejor: La llegada de turistas extranjeros logró su mejor cuatrimestre desde 2007 –enero a abril de 2014: entre enero y abril de este año, al país llegaron 15,3 millones de visitantes foráneos, el 9,2% más que en el primer cuatrimestre de 2013, lo que representa el mayor crecimiento para los primeros cuatro meses de un año desde que inició la crisis económica. El mes de mayo no ha hecho sino confirmar la tendencia, porque, hasta ese mes, España recibió 21 millones de turistas extranjeros, lo que supone un aumento del 8% con respecto al mismo periodo del año anterior, según la Encuesta de Movimientos Turísticos en Frontera (Frontur) del Ministerio de Industria, Energía y Turismo.

Tan solo en mayo, más de 6 millones de turistas internacionales visitaron el país, con un aumento del 5% en relación al mismo mes de 2013. En los cinco primeros meses del año casi todos los principales países emisores contribuyeron a este crecimiento, especialmente Reino Unido y Francia con 300.000 turistas extranjeros adicionales y crecimientos del 6% y del 11%, respectivamente.


 Publicado previament el 10 de julio por El Confidencial Digital